Cuidado
con los vampiros emocionales
por: Giselle Balido
Fuente:
Vanidades
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estas personas te deja agotada mentalmente, deprimida, con el ánimo apagado.
Incluso un nuevo estudio sugiere que son negativas para tu salud
Por
suerte, puedes neutralizarlas. Vampiros emocionales. De acuerdo, el término
es bastante dramático, y algunos dirían que hasta excesivo... pero
después de un encuentro por breve que sea con uno de estos
individuos, todos estamos de acuerdo en que es el único que realmente los
describe. Después de tratarlos, nos sentimos como si una especie de Drácula
síquico nos hubiera drenado emocionalmente, dejándonos deprimidos,
sin energía, con el ánimo apagado.
Todos conocemos por lo menos
uno.

¿No
lo crees? Haz una prueba sencilla: ¿Existe alguien que evitas o rehúyes,
sea en persona o por teléfono? ¿A quién te cuesta mucho trabajo
devolverle una llamada, porque la sola idea de hablar con él o ella te
cansa? Después de compartir con cierta persona, por agradable
que haya sido el encuentro, ¿te quedas tensa, molesta o agotada... y muchas
veces ni siquiera entiendes por qué?
Si has respondido que sí
a cualquiera de estas preguntas, no lo dudes: estás lidiando con un vampiro
emocional. Lo insidioso de este problema, es que puede ser un desconocido... o
un ser querido: el padre, el esposo o la mejor amiga. De igual manera, la relación
puede ser cercana o distante; la persona agradable o desagradable... pero el efecto
que tiene sobre ti siempre es tóxico.
Existen dos clases de vampiros
emocionales ambos igualmente tóxicos que debes aprender a reconocer:
el invisible y el visible.
Amenaza
invisible
El primero es el vampiro invisible. Y es que muchas veces, el
comportamiento de estas personas no es abiertamente tóxico, por decirlo
de esta forma. Por lo tanto, es difícil reconocerlas y neutralizarlas.
Después de todo, son pocos los que no captan cuando alguien se comporta
de una manera grosera o desagradable con ellos, o cuando trata de ofenderlos de
acción o de palabra. Pero dicen que no hay peor contrincante que un enemigo
invisible, y es verdad.
Muchos
vampiros emocionales operan por debajo del radar. En otras palabras:
su comportamiento tóxico no es evidente; este se oculta detrás de
una actitud o unas palabras inocentes. Esto se debe a que ellos envían
mensajes dobles, que es el arte de decir una cosa aparentemente inocua,
e insinuar otra muy diferente. Por ejemplo:
Qué bien te queda
ese vestido, dice tu mejor amiga... antes de agregar: Incluso
te hace cintura. Qué bien te ves... para tu edad.
Este tipo de comentario también se conoce como el dulce envenenado,
porque, detrás del elogio, siempre hay una crítica implícita.
El vampiro solapado también suele recurrir al humor como una forma
de atacarte sin dar la cara ni sufrir las consecuencias. La regla que funciona
aquí es la siguiente: si él o ella bromean con que tienes sobrepeso
o no encuentras pareja... no debes ofenderte, porque se trata de una broma.

Cuando
Susana, un ama de casa de 32 años, le pidió a su suegro que no le
hiciera más chistes sobre su peso, él no solo le hizo sentir que
ella era una acomplejada sin el mínimo sentido del humor... sino
que acabó dándome cátedra sobre la importancia de quererme
tal como soy. O sea, que el problema acabé siendo yo, contó,
indignada.
El lenguaje corporal también es una estrategia muy común
de los vampiros emocionales. Te dicen Respeto tu decisión...
con una sonrisa cínica en la cara; juran que te aprecian... con los brazos
cruzados; te piden que les creas... y desvían la mirada (a veces el gesto
es tan sutil, lo que los sicólogos llaman una microexpresión, que
no lo captas a nivel consciente; pero sientes que algo simplemente no cuadra).
Ellos te dicen una cosa, pero tú percibes todo lo contrario. Esta discordancia
crea una confusión interior que, a la larga, te drena.
Vale aclarar
que, muchas veces, el vampiro emocional no opera a nivel consciente; no sabe el
efecto que tiene en los demás. Simplemente, es su forma de ser. Como también
ocurre con el segundo ejemplar.
Vampiro
a la vista...
La segunda clase de vampiro emocional es más fácil
de detectar, pero no menos difícil de sobrellevar. Estos son algunos de
los ejemplares más comunes, de acuerdo con las teorías de las expertas
en relaciones interpersonales Cheryl Richardson, autora de Take Time for Your
Life (Toma tiempo para tu vida) y la doctora Lillian Glass, autora de Toxic People
(Gente tóxica).
Los negativos. Ven el mundo a través
de lentes oscuros. Y a ti te toca la ardua tarea de elevarles el ánimo,
lo cual es como subir una piedra montaña arriba. Tengo que buscar
trabajo, dice ella. Ahora hay muchas oportunidades en tu campo,
le dices tú. Sí, pero a mi edad..., apunta ella.
La experiencia vale de mucho, señalas. Ay,
pero las empresas prefieren personas jóvenes.... Llega el momento
en que tú, que tratabas de animarla, acabas más deprimida que ella,
y temiendo por tu futuro laboral.
Los quejosos. Se pasan la vida lamentándose
de lo mismo y lo mismo puede ser la pareja, el empleo, los hijos,
la economía, pero nada hacen para cambiar la situación. En
realidad, esta persona solo quiere quejarse, pues esto le produce un alivio momentáneo.
¿Tú? Después de una sesión maratónica de quejas,
en la que al final nada se resuelve, acabas drenada.
Los criticones.
Ponen objeción a todo lo que dices y haces; para ellos, tú nunca
das la talla. Por supuesto, insisten en que las críticas son por
tu bien. Pero la realidad es que te dejan por el piso.
Por regla
general, estas personas le encuentran un defecto a todo: la película, la
cena, el servicio en el restaurante... Son irritantes y ¡agotadoras!
Los
belicosos. Cualquier incidente, por mínimo que sea, provoca en ellos
una reacción agresiva. Sientes que debes vigilar lo que dices o haces,
para no encender la pólvora, porque cuando estallan, ¡arde Troya!
Esto apaga tu espíritu.
Los debiles e indefensos. Constantemente
necesitan que hables por ellos, los defiendas, los apoyes, los protejas... porque
ellos, pobrecitos, no saben valerse por sí mismos. Pero, sin duda, llevar
todo ese peso sobre tus espaldas te quita hasta la última gota de energía.
¿Ellos? Tranquilos y felices, porque no tienen que hacerse responsables
por sí mismos.
En este grupo hay que incluir a los poca cosa
que practican la agresión pasiva; esos que, después de un desacuerdo,
te juran que no te guardan rencor... pero luego se olvidan, por ejemplo, de pasar
por ti a la hora acordada. Es su forma indirecta de castigarte.
Los sarcasticos.
Sus comentarios crueles, burlones, en fin: sarcásticos pueden
resultar chistosos, pero cuando ese humor negro siempre va dirigido a ti, acaba
por minar tu espíritu. Después de una sesión de ironías
y comentarios ácidos, te sientes dolida e insultada. Su humor hiriente
es tóxico para el alma, porque siempre golpea donde más duele.
Los
catastroficos. Siempre están hablando de huracanes, enfermedades, muertes,
desgracias y colapsos económicos. Para ellos, la vida es un peligro inminente,
y si algo va a ocurrir, seguramente será muy malo. Cinco minutos con ellos
acaban con tus nervios.

Un
peligro real
Daniel Goleman, autor del best seller internacional La
inteligencia emocional, nos asegura que el efecto que nos causan estas personas
va más allá de una molestia momentánea. De acuerdo con su
último libro, Social Intelligence (Inteligencia social), nuestros
intercambios diarios con la pareja, los hijos, el jefe y aun con extraños,
moldean la estructura física de nuestro cerebro a nivel celular; esto,
a su vez, afecta todas las células del cuerpo, efectuando cambios incluso
a nivel genético. En otras palabras: nuestra reacción ante los demás
tiene un impacto biológico en nuestro organismo, ya que durante un contacto
social segregamos hormonas que afectan desde nuestro corazón hasta nuestro
sistema inmunológico. Según Goleman, las buenas relaciones son como
una vitamina; las malas, como un veneno. Y no solo eso: las emociones ajenas son
contagiosas, lo mismo que un catarro. ¿Entiendes ahora por qué es
tan importante neutralizar a los vampiros emocionales?
LOS
PASOS CLAVES
1 Reconocerlos. Determina en qué categoría
cae esa persona que te deja drenada anímicamente. De esta manera nunca
te toma desprevenida, pues ya sabes cómo opera.
2 Mantener el balance
interior. Para evitar el contagio, muchas veces entender por qué esa
persona tiene ese efecto sobre ti, te ayuda a protegerte de su influencia negativa.
Cuando sabes que es ella, y no tú, la que tiene un problema (porque es
negativa, belicosa, catastrófica, etc.), puedes mantener una distancia
emocional que te permite observar su comportamiento desde afuera,
sin que te afecte.
3 Alejarte. Si esta persona no es esencial en tu
vida, puedes diluir la relación. Muchas veces la costumbre nos ata
a amistades tóxicas.
4 Sanar la relacion. Si la relación
es importante para ti, Cheryl Richardson aconseja que le dejes saber a esa persona
de qué manera te está afectando. No se trata de enfrentarla, herirla
ni atacarla. En el momento oportuno, cuando ambas estén en buenos términos,
debes llamarla aparte y dejarle saber que, justamente porque la quieres y valoras
la relación, tienes algo que decirle. Cuando haces/dices tal cosa,
yo me siento tensa/triste/ansiosa/ofendida. Te pido que no lo hagas más.
Esto puede iniciar un diálogo muy sano para las dos.
http://www.esmas.com/vanidades/medicinasalud/661023.html