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El
pecado de ser brillante en la Universidad española
María
Luisa y Laura eran demasiado brillantes y demasiado éticas
para arrodillarse ante el 'gurú' de su departamento.
La consecuencia fue una feroz persecución que, en ambos
casos, salpicó al Rectorado de la Universidad de Alcalá
(Madrid)
J.
B. "Campus". Madrid 11 de febrero de 2003.
María
Luisa
María
Luisa Picazo es licenciada en Veterinaria, doctora en Medicina
y Cirugía, y profesora durante 11 años en la
Universidad de Alcalá (UA), en Madrid. Según
el presidente de la Junta del Personal Docente e Investigador
y las cuatro evaluaciones de sus alumnos, "una profesora
brillantísima". Estas referencias habrían
bastado para que labrara su futuro en una cátedra,
pero en su camino se cruzaron el acoso y los ardides de un
catedrático de Biología Celular.
"Todavía
no logro explicar si esta tortura comenzó por motivos
personales, celos o intereses de terceros", comenta María
Luisa. Lo cierto es que el Rectorado alcalaíno le concedió
una plaza de interino como mejor ayudante. Cuando llegó
la hora de pasar a la titularidad, los baremos habían
cambiado. Un becario afín a su acosador se hizo con
una plaza que, objetivamente, no merecía.
Fue
el primer capítulo de una persecución que, desde
1997, se ha repetido una decena de veces. "Aunque las
hicieran públicas en agosto o en Navidad no han podido
evitar que me presente a cada plaza convocada", afirma
desafiante. Las estrategias del acosador iban variando: "Recluía
mi expediente al mísero cajón de sastre de otros
méritos, decía que mi formación académica
no es en Biología, que no tengo capacidad docente para
ciertas clases, que sólo cuenta la docencia acreditada
por él". El resultado era siempre el mismo: la
plaza se la llevaba un pipiolo. De hecho, una de esas beneficiadas
estuvo "llevando durante un cuatrimestre una asignatura
completa sin tener contrato ni retribución conocida",
lo que dio lugar a una querella penal contra el catedrático
aún sin resolver.
"Hace
unos días he recibido una sentencia que dictó
el Tribunal Superior de Justicia en diciembre de 2002",
anuncia, "en ella se revocan dos de las tres plazas otorgadas
irregularmente en estos años y, por jurisprudencia,
a la tercera". Ahora la pelota está en el tejado
del rector alcalaíno, Virgilio Zapatero, que debe ejecutar
la sentencia, por mucho que le duela a un catedrático
que él mismo ha designado para el Consejo de Gobierno.
Con ello, se abriría una puerta a la esperanza. Una
puerta, no obstante, demasiado pequeña. "Después
de cinco años alejada de la docencia y la investigación,
han logrado destruir mi vida profesional", se lamenta.
Laura
De
entre la silenciosa marabunta de acosados no resulta difícil
encontrar una segunda víctima de la corrupción
y el hostigamiento laboral. Laura -nombre ficticio- era profesora
del departamento de Ciencias de la Computación de la
Universidad de Alcalá cuando empezó a ver cosas
que transformaron su ingenuidad en desazón. "Empecé
a sentirme extraña porque me llamaban a casa para que
fuera a una reunión a votar a favor de algo sin decirme
de qué se trataba", recuerda. "Otras veces
encontraba en las actas cosas tan raras como que delegábamos
todas nuestras funciones al director del departamento".
Pero
sus verdaderos problemas empezaron cuando quiso tirar del
hilo en una de esas irregularidades. "En 1997 dos alumnos
vinieron a quejarse de que uno de sus profesores no estaba
contratado", comenta Laura, que encontró en el
departamento una explicación no menos extraña
que los hechos que pretendía esclarecer: "Habían
firmado por nosotros en el Consejo de Departamento para permitirlo".
Creyendo
que ya se había colmado la canasta de las corruptelas,
acudió a quien suponía autoridad imparcial en
la materia, el vicerrector de Departamentos, para darse de
bruces con la realidad. "Ahí hay mucha mierda,
te aconsejo que no te metas y, si quieres, te cambiamos de
departamento", le espetó. En aquel momento, Laura
no llegó a entender el significado de sus palabras
aunque tenía por delante cinco años de persecución,
aislamiento y juego sucio. La Justicia le ha dado la razón.
Radiografía
María
Luisa Picazo despertó los celos profesionales de su
acosador, lo que le llevó a anteponer reiteradamente
a sus lacayos sobre la valoración objetiva de los méritos.
Laura fue perseguida y expedientada por no participar de las
irregularidades del director de su Departamento.
Extraído de http://www2.uah.es/vivatacademia/corrupcion/congreso.htm
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