LOS TRES CABELLOS DE ORO

por Clarissa Pinkola Estés

Una vez, en una profunda y oscura noche, una de esas noches en que la tierra es de color negro y los árboles parecen nudosas manos recortándose contra el cielo azul oscuro, en una noche exactamente como ésta un solitario anciano atravesaba el bosque con paso vacilante .

A pesar de que las ramas de los árboles le arañaban el rostro y le medio cegaban los ojos, él sostenía en alto una pequeña linterna. Dentro del farolillo la vela encendida se iba agotando poco a poco.

El anciano era todo un espectáculo con su largo cabello amarillento, sus amarillentos dientes medio rotos y sus curvadas uñas de color ámbar . Tenía la espalda tan encorvada como un saco de harina y era tan viejo que la piel le colgaba en volantes de la barbilla, los brazos y las caderas.El anciano avanzaba a través del bosque , agarrándose a un abeto y, con este movimiento de remero y el poco aliento que le quedaba, proseguía su camino.Todos los huesos del cuerpo le dolían como si estuvieran ardiendo.

Las lechuzas de los árboles emitían unos chirridos semejantes a los de sus articulaciones mientras él proyectaba el cuerpo hacia adelante en medio de la oscuridad . A lo lejos brillaba una minúscula y trémula luz, una casita, un fuego , un hogar , un lugar de descanso. El anciano avanzó con gran esfuerzo hacia aquella luz. Llegó a la puerta exhausto, la vela de la linterna se apagó y él entró y se desplomó en el suelo.

Dentro había una anciana sentada delante de una espléndida chimenea encendida.La anciana corrió a su lado, lo tomó en brazos y lo llevó a la chimenea. Allí lo sostuvo en sus brazos como una madre sostiene a su hijo y lo acunó en su mecedora. Allí estaban ellos , el pobre y frágil anciano que no era más que un saco de huesos y la vigorosa anciana que lo acunaba hacia delate y hacia atrás diciéndole: "Calma, calma, no pasa nada".

Se pasó toda la noche acunándolo y, cuando ya estaba a punto de rayar el alba , el anciano había rejuvenecido y ahora era un apuesto joven de cabello de oro y largos y fuertes miembros . Pero ella lo seguía acunando : "Calma, calma. No pasa nada".El amanecer ya estaba muy cerca y el joven se había convertido en un niñito precioso de cabello de oro trenzado como el trigo. Al rayar el alba, la anciana arrancó rápidamente tres cabellos de la preciosa cabeza del niñito y los arrojó a los azulejos del suelo. Los cabellos hicieron: " ¡Tiiing! ¡Tiiing! ¡Tiiing! " . Y el niñito que la anciana sostenía en sus brazos bajó a gatas de su regazo y corrió a la puerta. Se volvió un instante para mirar a la anciana , le dirigió una deslumbradora sonrisa y después dio media vuelta y ascendió al cielo para convertirse en el radiante sol matinal.

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El tema del cuento es la manera que permite recuperar la concentración cuando ésta se ha perdido. La concentración está formada por la percepción y el oído, y sigue las instrucciones de la voz del alma.

Perdemos la concentración cuando nos cansamos . Los seres humanos perdemos la concentración provisionalmente, es un proceso natural. Para comprender este cuento hemos de bajar a una conciencia nocturna. De noche es cuando estamos más cerca de nosotros mismos, de las ideas y sentimientos esenciales que no se perciben con tanta claridad durante las horas diurnas.

En este cuento, la noche tipifica el periodo en el que la energía, bajo la forma de un viejo muy viejo, es cada vez más débil. Es un período en el que nos encontramos en cierto modo en las últimas.

Perder la concentración equivale a perder energía. Y lo peor que se puede hacer cuando hemos perdido la concentración es correr de un lado a otro para intentar reunirlo todo otra vez. No hay que correr. Tal como vemos en el cuento, lo que hay que hacer es sentarse y acunar. La paciencia, la paz, y el movimiento de balanceo renuevan las ideas. El simple hecho de sostener la idea y de tener la paciencia de acunarla es lo mejor , aunque algunos lo llamen un lujo, en realidad es una necesidad.

Muchas veces ,cuando las ideas no se despliegan o no funcionan con suavidad o nosotros no las hacemos funcionar bien, perdemos la concentración. Eso es una parte de un ciclo natural y ocurre porque la idea se ha enranciado o nosotros hemos perdido la capacidad de verla de forma renovada. Nos hemos hecho viejos y frágiles como el anciano del cuento.

Este cuento resulta excelente porque recorre todo el ciclo de una idea, la diminuta luz que se le concede y que, naturalmente, es la misma idea, la cual se agota y está a punto de extingirse como parte de su ciclo natural. El hecho de que nos sostengan en brazos delante del fuego de la chimenea es restaurador y reparador. El anciano está cansado a causa del mucho tiempo que ha dedicado al trabajo. ¿Has visto alguna vez a una mujer trabajar como una fiera y detenerse de pronto sin más? ¿Has visto alguna vez a una mujer que lucha con denuedo por alguna causa social y que, al dia siguiente, le vuelve la espalda y dice "Que se vaya todo al infierno"?.

Yo trabajo con muchas mujeres dedicadas en cuerpo y alma al activismo social. Y no cabe duda de que, al final de este ciclo se cansan y se arrastran por el bosque con trémulas piernas mientras la llama de la linterna parpadea , a punto de apagarse. Es el momento en que dicen: "Ya no puedo más. Lo dejo".

Cualquiera que sea la idea que ellas tengan de lo que es una tregua y aunque hablen movidas por un profundo cansancio y una fuerte fustración, yo digo que la tregua es una buena idea y que conviene descansar. Al final la mujer tiene que descansar, equilibrarse y recuperar la concentración. Tiene que rejuvenecerse y recobrar la energía. Ella cree que no puede, pero sí que puede. Una mujer creativa tiene que descansar y regresar mas tarde a su trabajo. Tiene que ir a ver a la vieja del bosque , a la revitalizadora.

La Mujer Salvaje no se sorprende de este desplome, sabe que se cansa con regularidad. Ya está preparada. No se nos acercará corriendo, presa del pánico.Nosotros tampoco hemos de asustarnos cuando perdamos el impulso o la concentración . Debemos sostener la idea y quedarnos un ratito con ella. Esfuerzos prolongados hacen que la energía envejezca , se venga abajo y y no pueda seguir adelante.

Es mejor que se sepa desde el comienzo de una actividad, pues el cansancio suele sorprender. Algunos gimotean, murmuran, comentan en voz baja su fracaso, su incapacidad y cosas por el estilo. No, no. Esta pérdida de energía es normal. Es la Naturaleza.

Una excelente manera de renovar o fortalecer los objetivos o actividades que están agotados consiste en desprenderse de algunas ideas y concentrarse en el resto.

Arranca tres cabellos de tu actividad y arrójalos al suelo. Allí se convierten en una llama para que despertemos. El sonido de algunas ideas que caen al suelo se convierte en el anuncio de una nueva era o de una nueva oportunidad.

La concentración es el uso de todos nuestos sentidos, incluido el de la intuición. Allí acuden las mujeres para recuperar su voz, sus valores, su imaginación, su clarividencia,y su prespicacia. Si has perdido la concentración, siéntate y no te muevas. Toma la idea y acúnala hacia adelante y hacia atrás. Quédate con una parte de ella, arroja el resto y verás como te renuevas.

Extraído por M. Parés de "Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés.

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