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El acoso moral, otra vez
04.08.06 @ 18:09:26. Archivado en Actualidad
Sé
de un individuo al que le estaban acosando moralmente en su
trabajo y que, a su vez, acosaba a otro trabajador de la misma
empresa. El ordenante de la villanía era la misma persona
para ambos casos. Cuando el primero dejó de ser víctima,
dedicó una sonrisa agradecida al culpable y siguió
acosando al otro, mucho más enterizo, inteligente y
leal. Hay gente para todo. Para algunos la dignidad tiene
que ver lo abultado de sus carteras o con el lugar que ocupan
en la manada.
Yo soy capaz de discutir vehementemente con alguien, pero
si en algún momento percibo que se ha terminado la
igualdad previa y que mi situación es superior, ya
no puedo seguir con la disputa. Sería, por tanto, incapaz
de acosar a nadie y en el caso de que acosaran a alguien en
mi presencia, no podría callar. Si sólo pudiera
protestar, protestaría.
De esta misma manera de pensar sobre esta cuestión,
son, por ejemplo, Marina
Parés Soliva y Carmen
Sánchez Carazo, a las que ya cité
cuando al hablar de los acosadores expliqué que entre
esos tipos y yo hay algo personal. Marina y Carmen
son de las que dan la cara, se identifican plenamente y luchan
por lo creen, conscientes de que pueden cometer errores, pero
también de la nobleza y de la importancia de sus afanes.
Otras personas se esconden; y desde sus escondites, atacan
o inducen a otros a hacerlo. Los ataques personales son de
muy difícil defensa. No deberían existir y menos
si hacen de modo embozado. Antonio Machado habló de
la mala gente que camina y va apestando la tierra...Cervantes
explicó que suele ofender más un mosquito de
lo que puede favorecer un águila.
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