Tatie Danièle
En el filme "Tatie Danièle ", de Étienne Chatilez (1990), nos divierten las torturas morales que una anciana inflinge a su círculo de allegados . Empieza por martirizar a su vieja asistenta, hasta el punto que la hace morir "accidentalemente".

El espectador piensa: " Le está bien empleado;
era demasiado sumisa". Luego , vierte su maldad sobre la familia de su
sobrino,que la ha acogido en su casa. El sobrino y su esposa hacen todo lo
que pueden para satisfacerla, pero cuanto más le dan, más vengativa
se vuelve.
Para ello, utiliza un cierto numero de técnicas de desestabilización
que son habituales entre los perversos: las insinuaciones, las alusiones malintencionadas,
la mentira y las humillaciones.
Uno se sorprende cuando ve que sus víctimas no se dan cuenta de esa manipulación malévola. Intentan comprender y se sienten responsables . "¿Qué hemos hecho para que nos deteste tanto?".

Tía Danièle no se pica irritadamente. Es únicamente fría y malvada; pero no de una forma ostensible que pudiera acarrearle la enemistad de alguien, sino, simplemente, cuando hace uso de pequeños toques desestabilizadores que son difíciles de identificar. Tía Danièle es muy fuerte; le da la vuelta a la situación, pues se sitúa como víctima al tiempo que coloca a los miembros de su familia en una posición de perseguidores, amparándose en el hecho de que han dejado sola una mujer anciana de ochenta y dos años, encerrada en un piso, con el único alimento de la comida para perros.
En este ejemplo cinematográfico cargado de humor, las
víctimas no reaccionan con una acción violenta como podría
ocurrir en la vida corriente; creen que su amabilidad terminará por
encontrar un eco y que la agresora se volverá más dulce.
Siempre se produce todo lo contrario, pues un exceso de amabilidad es como
una provocación insoportable. Finalmente, la única persona que
goza del favor de tía Danièle es una recién llegada que
la "mete en cintura". Por fin ha encontrado una compañera
que está a su altura, y así empieza una relación casi
amistosa.

Si esta anciana nos divierte y nos conmueve tanto, es porque sentimos claramente
que tanta maldad sólo puede provenir de un gran sufrimiento.
La compadecemos igual que la compadece su familia y, por eso mismo, nos manipula como manipula a su familia. Nosotros, los espectadores , no sentimos ninguna piedad por las pobres víctimas, que parecen bien tontas. Cuanto más mala es tía Danièle, más amables se vuelven sus parientes y, por lo tanto, más insoportables le resultan a tía Danièle, pero también a nosotros mismos.
No por ello sus ataques dejan de ser perversos. Estas agresiones se derivan de un proceso inconsciente de destrucción psicológico, formado por actitudes hostiles evidentes u ocultas.
Extraído de "El Acoso Moral" de Marie-France Hirigoyen.