'Bullying', 'mobbing' y 'burnout'
JAVIER MARÍN CEBALLOS/
Acosadores y macarras han existido siempre.
En vertical o en horizontal. En el colegio o en el trabajo.
Entre iguales o con abuso de poder. En la vía pública
o por vía jerárquica y a través de
la cadena de mando.
Contra ellos basta usar las mismas armas
que contra todo tipo de terrorismo: la repulsa unánime
y disciplinada, la justicia y las medidas policiales.
El problema es cuando el sistema lo considera normal
y lo integra como parte de la carrera (trabajo) o del
proceso de crecimiento (escuela), y al no intervenir, lo
fomenta.
Como suele ocurrir, los países nórdicos
fueron los pioneros en detectar estos problemas, publicando
los primeros estudios en los años 70. Pero parece
que hasta que no se traduce al inglés no se asienta
la idea, ni se extiende, ni se entiende. De ahí,
que el título de este artículo parezca el
de una novela de serie negra americana.
Efectivamente, bully, en inglés
significa matón, bravucón, gángster,
gorila, agresor, fanfarrón, macarra. Y mob quiere
decir acosar o asediar.
Se ha intentado traducir por brabuconear
y por ningunear, respectivamente, pero no es eso. Viene
a ser lo mismo, pero no es igual. Bullying implica agresión
física y psicológica, acompañada
de amenazas, y se aplica para el acoso en el ámbito
escolar, entre niños y adolescentes.
Mientras que el mobbing sucede en
los ámbitos laborales donde la violencia física
es sustituida por métodos mucho más sofisticados.
Ataca la personalidad, dignidad o integridad física
o mental de una persona, poniendo en riesgo su puesto
de trabajo o destruyendo la armonía en el ambiente
laboral. Para que entendamos lo sofisticado que puede llegar
a ser, una de las modalidades del mobbing más extendida
en la administración pública en el Reino Unido
se le llama Enviar a alguien a Coventry, que viene a significar:
modificar las responsabilidades y funciones de la victima
dándole otras muy inferiores, que no le corresponden
y que en realidad son simplemente una putada, que si es
consentida por empresa se convierte en un arma muy eficaz
de asedio.
Si se toleran, mobbing o bullying, se
hacen crónicos en el sistema, se ve como normal
y hasta natural, y termina pasando que ni el agresor tiene
conciencia de ser un torturador ni la víctima de
ser perseguida. Me pegan o me acosan lo normal.
El acoso escolar o laboral no es
una broma, es un proceso meticuloso de destrucción
con pequeñas actuaciones que, aisladas, podrían
parecer anodinas, pero, repetidas constantemente, tienen
efectos devastadores. El caldo de cultivo para que estas
mierdecillas de psicópatas prosperen es un sistema
cultural que funciona según la ley del más
fuerte (o del más indecente), en el que la honradez
se presenta como una debilidad.
Dicen los psiquiatras que el acoso es el
resultado de la «mediocridad inoperante activa»,
un trastorno de la personalidad caracterizado por el ansia
patológica de notoriedad, que llega hasta la impostura
(apropiación del mérito de las víctimas),
y, sobre todo, por una intensa envidia hacia la excelencia
ajena, que procura destruir por todos los medios.
Hay que tomar medidas ya. Lo mas importante
es evitar que existen condiciones favorables, caldos de
cultivo. Y escuchar, atender y proteger a las víctimas.
Y perseguir a los maltratadores. En Francia acaban de organizar
un sistema que destina un policía tutor para cada
centro escolar a fin de prevenir los casos más flagrantes
de violencia en las aulas. Aquí, eso sería
imposible, dada la escandalosa y alarmante faltan de medios
policiales. La disuasión y la prevención no
existen.
Además el profesorado está
agotado, saturado, deprimido, acosado y quemado por el sistema
(como bien relata Salvador García Jiménez
en su libro Síndrome de burnout o el infierno de
la ESO), por lo que si no se aumentan las dotaciones y las
atenciones en los centros educativos, hay muy pocas posibilidades
de mejorar la dignidad de los alumnos ni de los profesores.
En los casos de bullying, mobbing o burnout
las administraciones deben estar para algo más que
tramitar las solicitudes de traslado o de baja e incluso
de defunción del personal acosado: deben abrir sus
puertas para escuchar y apoyar a las víctimas y desenmascarar
a los acosadores en lugar de encubrirlos.
http://www.laverdad.es/murcia/edicion/prensa/noticias/Articulos_Murcia/200410/12/MUR-OPI-134.html
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Aportación de Buttle en los forosdelmobbing.info