EL DERECHO A LA REBELIÓN
y
LA LUCHA NO VIOLENTA
Guillermo Alejandro Sullings

NOTA DEL AUTOR
Este modesto y sencillo escrito no pretende ser
un análisis profundo de la problemática de la marginación
y la lucha no violenta. Para eso habrá que consultar a
los especialistas.
Con este escrito se pretende plantear algunos conceptos, en el
lenguaje más simple posible, para entendernos con su destinatario
principal: las personas marginadas por esta sociedad y todos aquellos
que se solidarizan con la lucha por los Derechos Humanos.
Debo aclarar también que en mi condición de Humanista
considero que la violencia es repudiable en cualquier circunstancia
y que la lucha no-violenta no necesita justificarse por la inutilidad
de la lucha violenta; no obstante, si en algunos pasajes de este
trabajo enfatizo en la inconveniencia del uso de la violencia
es porque entiendo que muchas personas de buen corazón
pueden caer en la trampa del sistema de llevar la lucha al terreno
violento.
Hay mucho por discutir y mucho por transitar sobre cómo
desarrollar la lucha para rebelarse contra los condicionamientos
de una sociedad que margina cada vez a más gente.
Espero que este sencillo trabajo aporte su grano de arena.
Los conceptos vertidos aquí, excepto las citas, forman
parte de mi opinión personal y no deben interpretarse como
la postura conjunta de una organización; no obstante creo
que corresponde dejar claro ante el ocasional lector mi plena
identificación con la filosofía y proyecto del Movimiento
Humanista, en el cual participo activamente desde hace muchos
años, y de cuya amplia bibliografía he extraído
los siguientes conceptos que a continuación transcribo:
"Los Derechos Humanos no tienen la vigencia universal que
sería deseable porque no dependen del poder universal del
ser humano sino del poder de una parte sobre el todo y si los
más elementales reclamos sobre el gobierno del propio cuerpo
son pisoteados en todas las latitudes, sólo podemos hablar
de aspiraciones que tendrán que convertirse en derechos.
Los Derechos Humanos no pertenecen al pasado, están allí
en el futuro succionando la intencionalidad, alimentando una lucha
que se reaviva en cada nueva violación al destino del hombre.
Por esto todo reclamo que se haga a favor de ellos tiene sentido
porque muestra a los poderes actuales que no son omnipotentes
y que no tienen controlado el futuro" .(Silo, "Humanizar
la Tierra", "El Paisaje Humano")
"Hasta
tanto el ser humano no realice plenamente una sociedad humana,
es decir una sociedad en la que el poder esté en el todo
social y no en una parte de él (sometiendo y objetivando
al conjunto), la violencia será el signo bajo el cuál
se realice toda actividad social. Por ello, al hablar de violencia
hay que mencionar al mundo instituido, y si a ese mundo se opone
una lucha no-violenta debe destacarse en primer lugar que una
lucha no-violenta es tal porque no tolera la violencia. De
manera que no es el caso de justificar un determinado tipo de
lucha sino de definir las condiciones de violencia que impone
ese sistema inhumano". (Silo, "Humanizar la Tierra",
"El Paisaje Humano").
"Los humanistas no son violentos, pero por sobre todo no
son cobardes ni temen enfrentar a la violencia porque su acción
tiene sentido. Los humanistas conectan su vida personal, con la
vida social. No plantean falsas antinomias y en ello radica su
coherencia" (Silo, "Cartas a mis Amigos")
"El Nuevo Humanismo se esfuerza en minimizar la violencia
hasta el límite extremo, superarla completamente en perspectiva
y encaminar todos los métodos y formas de resolver oposiciones
y conflictos sobre los rieles de la no-violencia creadora."
(Silo, "Diccionario del Nuevo Humanismo")

INTRODUCCIÓN
La sociedad actual pareciera encontrarse en un callejón
sin salida, mientras se van sucediendo los diferentes gobiernos
democráticos elegidos por la gente, va aumentando la disconformidad
de esa misma gente por sus gobiernos. La paradoja de una democracia
formal, donde parece que elegimos entre opciones diversas pero
donde finalmente siempre gobierna el mismo poder, nos llena de
impotencia. Mientras tanto, millones de seres humanos son arrojados
fuera del sistema, cayendo en el desempleo y la marginación
social, sin que aparentemente se pueda hacer nada para cambiar
el rumbo de las cosas.
Y mientras crece la impotencia en cada uno de esos seres humanos
arrojados a su suerte, la respuesta del Estado es siempre la misma:
No se puede solucionar el problema, la globalización es
más fuerte, pero ya pasará. Parece ser que la
impotencia tiñe a la sociedad toda. A veces la impotencia
explota catárticamente en conflictos sociales aislados
y desarticulados que no logran cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Mientras tanto el poder económico se sigue concentrando
y los pueblos se siguen empobreciendo; la banca sigue succionando
con tasas usureras y las multinacionales siguen devorando todo
a su paso.
Y en una sociedad que nos enseñó que nuestros derechos
terminan donde comienzan los derechos de los demás, empezamos
a ver crecer y crecer los derechos de los que más tienen,
mientras que los nuestros se van reduciendo drásticamente,
al punto tal que ni siquiera se nos respetan los mínimos
derechos humanos, como son el derecho al trabajo, a la vivienda,
a la salud y la educación. Y sin embargo, todo parece funcionar
dentro de la legalidad y con las instituciones democráticas
vigentes.
Nos dan una palmada en el hombro y nos dicen que nuestros reclamos
son genuinos, que hay que esperar y que ya lo van a resolver;
mientras vemos como se llenan los bolsillos los funcionarios y
acumulan poder los bancos y las multinacionales.
Pero todo es legal, la pérdida de nuestros derechos
es legal, y no se puede hacer nada, salvo esperar al próximo
gobierno que seguramente hará lo mismo.
Algo no funciona, algo no nos han dicho cuando nos leyeron nuestros
derechos mientras nos arrojaban al pozo de la marginación.
Lo que no nos dijeron es que todo ser humano, viva en dictadura
o viva en democracia, cuando es despojado del derecho al trabajo,
del derecho a la salud, del derecho a la educación y a
una vivienda digna, cuando se ha quedado sin ninguno de estos
derechos, aún le queda el último derecho que no
le podrán quitar:
El derecho a la rebelión.
Una rebelión sin violencia, una rebelión organizada
y con inteligencia, una rebelión donde la fuerza esté
en el espíritu de los que luchan por una causa justa. Una
rebelión que utilice las metodologías de lucha de
la no-violencia activa para cambiar el rumbo de las cosas.
Y cambiar el rumbo significa empezar a luchar contra el poder
real, que es el poder económico.

LA VIOLACIÓN DE LOS
DERECHOS HUMANOS EN DEMOCRACIA
Desde luego que son muchos los casos en los que en plena democracia
se violan derechos fundamentales a través del encarcelamiento,
la tortura y la muerte. Pero no nos referiremos a esos derechos
que se violan clandestinamente, ya que una democracia jamás
aceptaría que semejante realidad se difunda porque sería
incompatible con el sistema y su imagen pública. Hablaremos
de aquellos otros derechos humanos que a pesar de formar parte
de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948,
pocas veces son considerados como tales: el derecho a la salud,
a la educación, al trabajo, a una vivienda digna. Estos
derechos que continuamente son negados y violados con total desparpajo
dentro del marco de la legalidad.
Si le preguntáramos a alguien si un gobierno elegido democráticamente,
puede violar los derechos humanos, la respuesta inmediata sería
que no, pero a veces esos límites no están tan claros,
como no lo están los derechos.
Por ejemplo, si en un país donde existen odios raciales
ganara las elecciones democráticas un partido que representa
a una de las razas y en su plataforma propone reimplantar la esclavitud
para la raza perdedora, es para todos evidente que semejante propuesta
no puede ser legitimada por el simple hecho de tener el aval del
voto mayoritario. Si el partido gobernante insistiera en convertir
en ley la reinstauración de la esclavitud, dicha norma
sería legal pero no sería legítima porque
viola el derecho a la libertad de las personas, y en ese caso
los ciudadanos que se ven perjudicados por dicha ley tienen todo
el derecho a rebelarse contra su implementación.
Este ejemplo sobre la violación de un derecho humano que
hoy nos resulta tan evidente, no resultaba tan evidente hace escasos
dos siglos, para una humanidad que había considerado a
la esclavitud como una institución legítima durante
miles de años. Hoy la visión retrospectiva convierte
en incomprensibles usos y costumbres que en otra época,
no tan remota, eran lo dado, lo normal, lo aceptado.
¿Cuántas cosas que hoy aceptamos como lo normal,
les resultarán incomprensibles a nuestros nietos?
¿Acaso la aceptación de que la convivencia entre
la opulencia de unos pocos y la miseria de muchos es lo correcto
porque así lo establecen las reglas del capitalismo?
¿Acaso la aceptación de la fatalidad de que haya
niños que mueren por causas previsibles, mientras políticos
faranduleros llenan las tapas de las revistas de moda?
¿Acaso la contradicción de una democracia formal
mediante la cuál el pueblo elige para gobernar a quienes
al minuto siguiente detesta?
¡Cuántas cosas que hoy nos pasan y que vemos como
fatalidades algún día se verán como lo que
son: violaciones de derechos disfrazadas de "usos
y costumbres aceptados"!
Porque si hoy alguien golpeara en nuestra casa y nos comunicara
que somos esclavos e intentara encadenarnos, seguramente nos rebelaríamos
con todas nuestras fuerzas y recibiríamos la ayuda de nuestros
vecinos y amigos ante semejante atentado; y si alguien nos pretendiera
obligar a casarnos con quien no queremos o a votar por quien no
deseamos, seguramente también nos rebelaríamos.
¿Por qué entonces no nos rebelamos cuando no se
nos deja trabajar para mantener a nuestra familia, o cuando no
tenemos una casa donde vivir o cuando estamos enfermos y no tenemos
atención adecuada?
¿Por qué creemos que estamos pidiendo un favor cuando
reclamamos por algunos de nuestros derechos humanos, y hasta creemos
que estamos cometiendo un delito si reclamamos fuera de los cánones
que nos impone una ley redactada por quienes violan nuestros derechos?
¿Será que nos falta esclarecimiento acerca de cuáles
son nuestros derechos?
¿Será que lo que es aceptado por la mayoría
nos hace sentir impotentes para reclamar lo que creemos genuino?
¿Será que no logramos establecer la relación
que existe entre las acciones del poder establecido y nuestros
sufrimientos sociales, y no sabemos quien es el culpable?
¿Será que no hay culpables, o que todos somos un
poco responsables por acción u omisión?
Tal vez una mezcla de todas estas cosas.
Pero, ¿cuál será el punto de inflexión,
cuál será el momento en que lo aceptado y lo dado
ya no se vea como tal, sino como la violación de un derecho
y entonces comience la rebelión?
Tal vez cuando haya una conciencia generalizada acerca de cuáles
son nuestros derechos.
Tal vez cuando sepamos contra qué hay que luchar.
Tal vez cuando sepamos que la lucha tiene posibilidades de llegar
a buen término
Tal vez una mezcla de todas estas cosas, o tal vez simplemente
cuando resolvamos que queremos vivir y en condiciones dignas.

La burocratización en la violación
de los derechos humanos.
Si habitamos una casa y alguien nos despojara de ella, nos resultaría
evidente que ese alguien está violando nuestro derecho.
Si un gobierno estableciera por ley que determinado sector de
la población no tiene derecho a comer, resultaría
muy clara la violación de un derecho. Lo mismo ocurriría
si nos despojaran por decreto del derecho a la salud o a la educación.
Sin embargo en este mundo complejo y globalizado, donde la toma
de decisiones nace en círculos de poder que ya no tienen
identidad ni asiento geográfico visible, y esas decisiones
se transmiten por una maraña de circuitos por donde circula
la presión económica, el poder político y
el manejo de la opinión pública. En esa compleja
interacción de factores muchas veces se violan nuestros
derechos sin que sepamos muy bien de donde viene el latigazo ni
quién es el responsable si es que lo hay, y entonces nos
encontramos con que fuimos despojados del derecho a una vivienda
digna, del derecho al trabajo, a la salud y a la educación,
como quien es víctima de una inundación o un terremoto
o algún otro flagelo de la naturaleza, fuera del control
de la voluntad humana.
En la época del proceso militar argentino se puso en marcha
un siniestro plan para la desaparición de personas; en
muchos aspectos este plan era ejecutado por una infernal maquinaria
en la que la toma de decisiones e implementación era burocratizada
de modo tal que muchos participaban en ella sin sentir que cargaban
con la culpa de estar asesinando a una persona porque sólo
habían sido un eslabón en una cadena, procedimientos
ya utilizados por la maquinaria nazi en el exterminio de judíos.
Las culpas se diluyen entre muchos, y entonces nadie se siente
(o trata de no sentirse) totalmente responsable.
En una de las famosas novelas de intriga policial de Agatha Christie,
un grupo de personas se puso de acuerdo para asesinar a alguien
a quien todos odiaban, pero ninguno quería cargar en
su conciencia el peso de un homicidio; entonces decidieron darle
un somnífero y cuando dormía en su camarote en plena
oscuridad, todos alteraron sus relojes y en diferentes momentos
le dieron una puñalada cada uno. De ese modo nunca nadie
supo quien le había asestado la puñalada mortal
ni quien había apuñalado a un cadáver, y
todos se sintieron un poquito culpables, pero nadie en su totalidad.
Del mismo modo, el sistema económico y social es una maquinaria
de destrucción burocratizada, en la que unos pocos ponen
la intención de destruir y violar los derechos de las mayorías,
mientras muchos intermediarios son ejecutores parciales. En este
sistema individualista del sálvese quien pueda, cualquiera
puede justificar su accionar para defender sus propios intereses,
aunque con ese accionar perjudique a otro (algo así como
la obediencia debida del proceso militar).
Hay quienes toman decisiones financieras en algún lugar
del mundo, entonces aumentan las tasas de interés en otro
lugar del mundo, entonces una empresa tiene problemas financieros,
entonces debe despedir gente para poder subsistir, y mientras
tanto un Estado desfinanciado, mitad por obra de los usureros,
mitad por obra de los corruptos del gobierno, no tiene dinero
para dar un subsidio al desempleado. Entonces el desempleado se
explica su situación diciendo que como la economía
anda mal él quedó desocupado y como el Estado no
tiene recursos él quedó desprotegido, y no hay nadie
que pueda hacer nada. Se vive la situación con impotencia
y desconcierto, porque no se sabe muy bien como se origina ni
quienes son y donde están los responsables.
Y este ejemplo es muy sencillo, porque en realidad los circuitos
de la toma de decisiones son mucho más complejos.
En definitiva, lo que intentamos decir es que
al burocratizarse la metodología de violación de
los derechos humanos, pasa lo siguiente:
No caemos
en cuenta que se están violando nuestros derechos.
No tenemos
claro quienes son los responsables de nuestra situación.
No tenemos
claro quién nos puede resolver los problemas.
Sentimos
que nuestro problema es nuestro, y no de la organización
social, y por lo tanto lo debemos resolver aisladamente.
Estos conceptos son muy importantes, porque son el principio de
la explicación del porqué mucha gente no se rebela
frente a la creciente violación de sus derechos, y quienes
intentan hacerlo no logran tener eficacia en su accionar.

LA ACCION DIRECTA - ACCION
Y REACCION
Si alguien nos atacara en forma directa, nuestra respuesta tiende
a ser también directa. Si nos golpean, nos defendemos,
o en todo caso huimos si estamos en inferioridad de condiciones.
Pero cuando se produce un terremoto: ¿Cuál es
la acción directa que podemos efectuar para terminar
con el sismo? Ninguna, porque el origen del fenómeno
está fuera de nuestro alcance.
Esto es lo que suele pasar con los problemas sociales, sentimos
que no tenemos posibilidades de ejercer una acción directa
que cambie el rumbo de las cosas. Pero a veces tendemos, casi
por reflejo a ejercer alguna acción directa, a veces
de modo catártico y hasta violento, pero casi siempre
ineficaz.
Si estamos frente al cajero de un banco y este nos quiere dar
un billete falso, nuestra acción directa puede ser un
escándalo ante el cuál finalmente se aclare la
situación y resolvamos el problema. Pero si estamos frente
a un cajero que nos efectúa un descuento no habitual
en el pago de nuestro salario, porque tiene orden de la gerencia,
y la gerencia a su vez recibió instrucciones de la casa
matriz de efectuar ese descuento por resolución del Banco
Central quien a su vez responde a una decisión económica
tomada por el Ministerio de Hacienda a pedido del Fondo Monetario
Internacional, que está presionado por los lobbies bancarios,
etc, etc, . entonces por más que tomemos de la solapa
al pobre cajero, no vamos a poder resolver el problema y el
descuento se nos hará aunque signifique un atropello;
y mejor que soltemos rápido al cajero porque si no además
nos meten presos.
Bueno, ese es un ejemplo de la burocratización en la
violación de nuestros derechos y la consecuente ineficacia
de la acción directa inmediata y aislada.
Podemos gritar e insultar para dejar sentado que no somos unos
gallinas que se quedan callados, si, si, si....pero la platita
igual se la quedó el banco.
Claro que también podemos presentar un recurso judicial,
que nos costará más caro que el descuento que
se nos hizo, y demorarán varios meses para finalmente
decirnos que tenía razón el banco.

LA MARGINACION
Este sistema social desecha gente y la arroja hacia la desprotección.
Pero este fenómeno es muy diferente al fenómeno
de la explotación capitalista salvaje que predominó
entre fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX; en
esa época se explotaba a la gente que trabajaba y entonces
las organizaciones sindicales lucharon por sus reivindicaciones,
por los derechos de los trabajadores, utilizando el instrumento
de la huelga ya que de ese modo, paralizando las fábricas,
tenían un elemento de presión sobre el capitalismo.
Hoy en día, independientemente de que continúe
la explotación de los trabajadores en muchos lugares,
el mayor problema es el de la creciente desocupación.
El desocupado queda marginado del sistema y no tiene modo de
ejercer presión al capital con el que ha perdido todo
vínculo.
Como veremos más adelante, la lucha contra la marginación
debe tener características muy diferentes a la vieja
lucha de clases, incluyendo metodologías distintas.
La marginación social es funcional al capitalismo liberal,
por lo tanto no figuran dentro de las aspiraciones del sistema
ni el pleno empleo, ni la mejora en las condiciones de vida
de la gente.
Numerosas empresas, entre ellas las multinacionales, tienen
una política parecida con respecto a su personal, algo
que podríamos definir como: ¡El que sale último
queda fuera del juego!
Hay empresas que utilizan la táctica de despedir todos
los años al 10 % de su personal, sistemáticamente
sin importar cuán buenas personas sean todos. Desde luego
que cada departamento selecciona a su criterio quienes fueron
los que menos han rendido en el año, para que figuren
entre los despedidos. Esto lleva a que todos compitan durante
el año y se esfuercen histéricamente por rendir
más que los demás, para no estar entre los que
a fin de año se van. Y, de cualquier modo, el 10 % se
irá.
Otras empresas despiden a los vendedores que menos ventas efectuaron
en el mes, no importa que hayan sido buenos, si no fueron los
mejores igual los despiden. Eso lleva a una feroz competencia
en la búsqueda de mejorar el rendimiento, y de todos
modos algunos serán despedidos.
¡El que sale último, se cae al pozo!
Pero para que la amenaza funcione, tiene que existir un pozo
adonde arrojar a los perdedores. Ese pozo es la marginación
social, sin ella no hay chantaje posible.
Y seguramente que los aprendices de alcahuetes que aplican estas
técnicas en las empresas creerán que están
aplicando nuevas tecnologías en la organización
de los Recursos Humanos (nombre pomposo para denominar la sofisticación
de la nueva esclavitud), pero en realidad lo que están
aplicando son las viejas teorías de David Ricardo, quien
ya hace dos siglos afirmaba que el obrero debía ganar
poco para que deba trabajar muchas horas para subsistir, pero
no tan poco como para morirse y dejar de trabajar, y para ello
una gran masa de desocupados haciendo fila para reemplazarlo,
era el mejor estímulo para que se deje explotar.
Una persona desocupada, sin una vivienda digna, sin sistema
de salud ni educación, es un paria, es un marginal, pero
además es un "buen ejemplo" para mostrar adonde
pueden llegar los que aún no están allí
si no se portan bien.
El capitalismo competitivo, en el que unos buscan devorarse
a otros, necesariamente lleva a la concentración del
poder en pocas manos y necesariamente lleva a una sociedad en
la que cada vez menos personas están dentro del sistema,
mientras el resto queda marginado. Y a su vez, la existencia
del pozo de los marginados es el mejor estímulo para
que los que aún están dentro del sistema hagan
buena letra para ser eficientes y compitan y se saquen los ojos
por un puesto, con tal de no caer al pozo; por lo cual irremediablemente
un porcentaje de todos modos se caerá al pozo. A esto
podemos llamarle un verdadero círculo vicioso.
Con su fuerza centrífuga el sistema arroja gente a la
marginalidad y con su fuerza centrípeta hace que los
que van quedando dentro traten de aferrarse cada vez más
fuertemente.
Si bien esa fuerza, esa presión en ambos sentidos la
ejercen quienes concentran el poder económico, necesitan
indefectiblemente de una buena parte de la población,
la que aún esté dentro del sistema, para que siga
girando la rueda de su enriquecimiento sobre las cabezas de
los marginados. Es decir que lamentablemente las mismas personas
que entran en el juego son ejecutores (involuntarios o no) de
los que van quedando fuera.
Veamos otro ejemplo. Un joven con estudios universitarios, sin
hijos y con deseos de reunir dinero para viajar, tentado por
las propagandas de las agencias de viaje y la TV, sale a buscar
trabajo. Simultáneamente, un hombre de 40 años,
con 5 hijos, que no terminó la primaria, también
sale a buscar el mismo trabajo. Es más probable que la
competencia la gane el joven, aunque tenga menos necesidades
que el padre de una familia. Posiblemente nunca se conozcan,
y a nadie se le ocurriría pensar que la marginalidad
del padre de familia que no puede darle alimento a sus hijos
es culpa de este joven. Tampoco se podría culpar a quien
selecciona el personal, a quien le dan pautas para que seleccione
por edad y nivel de estudio, tampoco a la empresa que para poder
competir en el mercado debe maximizar el rendimiento al menor
costo. Podríamos entonces culpar al mercado, pero ¿Quién
es, donde está?¿No es nadie, somos todos?.
¿Estaremos frente a la burocratización de la violación
de los derechos humanos, donde todos son ejecutores de una parte
del acto como en el cuento de Ágatha Christie?

EL PAPEL DEL ESTADO
Se podría pensar que la Democracia por sí sola,
tal cual está, debería ser la mejor solución
para el problema de la marginación, ya que si los marginados
van siendo mayoría, bastará con que voten a un
gobierno que los defienda, ya sea modificando el sistema económico
que los margina, o ya sea creando subsidios y redes de contención
dignas para los que quedan fuera del sistema.
Este concepto tiene por lo menos dos grandes fallas. Por una
parte, ¿Qué pasa si los marginados aún
son un porcentaje menor que los que permanecen en el sistema,
y a estos últimos no les importa la suerte de los primeros,
y por lo tanto votan a quien les mantenga su status?
Por otra parte, es evidente que hoy las democracias no son
reales sino formales, porque a través de los medios
de difusión financiados por el poder económico,
se potencian siempre a unas pocas opciones electorales que representan
al mismo sistema, aunque tengan un discurso progresista para
captar los votos. Los ejemplos abundan de aquellos políticos
que en su campaña prometen trabajo, techo, salud y educación
para todos, y cuando están en el poder defienden a las
multinacionales y a los bancos.
No obstante, está claro que la democracia de todos modos
ofrece la posibilidad de generar alternativas electorales reales
por donde los marginados puedan ir canalizando su divergencia
con el sistema que los deja fuera. Pero estas alternativas,
si efectivamente buscan cambiar el sistema, es decir si son
genuinas, no contarán con el respaldo económico
de los poderes a los que buscan combatir por razones obvias,
y por lo tanto carecerán del aparato publicitario o inclusive
lo tendrán en contra; esto hará que el crecimiento
de tales alternativas políticas sea más lento.
Esta lentitud, si bien no invalida la vía democrática,
no se corresponde con el nivel de urgencia de algunas franjas
de la población, las que pueden incluir dentro de su
nihilismo político a todo el espectro político:
a los políticos tradicionales porque los traicionan y
a los alternativos porque avanzan muy lentamente. Esta encerrona
hace que la gente busque salidas rápidas que de todos
modos no conducen a nada pero le dejan la sensación de
que algo se está haciendo. La respuesta catártica
y violenta del estallido de un conflicto social, es una señal
de impotencia.
Los pueblos viven una encerrona: el sistema económico
los margina, el Estado no los protege y falsos líderes
los traicionan.
Pero ojalá eso fuera todo, porque en los últimos
años se agregó el fenómeno de la globalización,
mediante el cuál los estados han pasado a ser rehenes
de la banca internacional, por lo que muchas decisiones
que afectan a la gente ya ni siquiera dependen de la voluntad
política de sus gobernantes, que sólo son gerentes
del verdadero poder..

EL ESTADO
Y LA GLOBALIZACIÓN
Hay quienes creen que efectuar críticas contra la globalización
significa estar en contra del progreso; nada más alejado
de la realidad. Una cosa es el fenómeno de la mundialización,
en el que las comunicaciones y el intercambio cultural van haciendo
que el mundo sea uno, más allá de las fronteras,
lo cuál está muy bien y ojalá pronto el
mundo sea una Gran Nación Humana Universal. Pero otra
cosa muy distinta es lo que está pasando porque el poder
económico utiliza el progreso y las comunicaciones para
seguir concentrando riqueza y empobrecer a los pueblos.
El poder económico concentrado, y sobre todo el poder
financiero, la banca internacional se han montado sobre el proceso
de globalización para manejarlo a su antojo y sacar provecho.
El endeudamiento de los estados, las recetas económicas
de los organismos financieros internacionales como el Fondo
Monetario y el Banco Mundial, las intervenciones de las Naciones
Unidas y USA en los asuntos internos de todos los países,
las presiones de la Organización Mundial de Comercio
para la apertura arbitraria de las fronteras comerciales, son
sólo algunos de los ejemplos.
Hoy los capitales van y vienen libremente de un país
a otro disciplinando las economías nacionales a su voluntad
y pueden "secar" un país en un abrir y cerrar
de ojos para luego ponerlo de rodillas y obligarlo a entregar
su patrimonio a cambio del crédito usurero.
Esa libertad tienen los capitales financieros. Sin embargo las
poblaciones no tienen la misma libertad para migrar desde su
país en busca de trabajo hacia otras naciones. Las personas
no gozan de la libertad de circular libremente por el mundo.
Los países del denominado primer mundo, hacia donde tienden
a migrar los marginados de los denominados "países
en vías de desarrollo", ponen serias limitaciones
a la inmigración.
Ellos quieren la globalización que los enriquece pero
no quieren que la pobreza que generan se les acerque. Los países
del primer mundo tienden a ser como esos barrios privados denominados
"countrys", donde los pobres no pueden entrar porque
un guardia de seguridad los detiene.
Desde luego que también dentro de los países del
denominado primer mundo hay marginados, pero en general las
fuerzas imperiales tratan de tener "tranquila su casa",
mientras les otorgan patente de pirata a sus multinacionales
para que saqueen a los pueblos de los países del resto
del mundo.
Entonces a medida que la marginación avanza la gente
trata de emigrar hacia los países ricos buscando oportunidades
laborales, aunque sólo un bajo porcentaje logra concretarlo.
Los pobres de todo el mundo tienen un problema similar a parte
del pueblo cubano, a éstos no los dejan emigrar de su
país y a los otros no los quieren recibir en ningún
lado; conclusión ninguno tiene libertad para circular
por el mundo. Entonces tenemos países enteros donde las
poblaciones se mueren de hambre o apenas sobreviven en condiciones
infrahumanas, y no pueden salir de allí porque nadie
quiere recibirlos. Son como gigantescos campos de concentración
adonde a veces llegan algunos alimentos o alguna ONG del sistema
haciendo su negocio. Y desde ya que de todos modos muchos logran
emigrar ilegalmente o aprovechando algún artilugio legal,
pero el porcentaje es mucho menor al de los que emigrarían
si la circulación de las personas fuese libre por todo
el mundo, como libre es la circulación de los capitales.
¿Qué pasaría si los miles de millones de
pobres de Asia, África Latinoamérica y Europa
del Este pudieran emigrar libremente a Europa Occidental o a
USA? Les colapsaría el sistema por los cuatro costados.
La globalización como está planteada es funcional
al imperialismo, ya que mientras recibe los beneficios económicos
succionando recursos con la libre circulación del capital
financiero y las multinacionales, evita tener que hacerse cargo
de la pobreza que genera gracias a las restricciones en la circulación
de las personas.
Desde luego que para globalizar bajo esas condiciones se necesita
que los gobernantes de los países sean obedientes al
poder mundial, ya sea por complicidad o por chantaje o una combinación
de ambas cosas. Y así las cosas los gobernantes siempre
tienen la excusa de que no se pueden hacer determinadas cosas
porque las presiones externas de un mundo complejo y globalizado
no se lo permiten.
En el caso de Argentina, si al ingreso nacional se lo dividiera
en partes iguales por cada familia, alcanzaría la cifra
de 3.000 dólares mensuales para cada una, por lo tanto
no debería haber un solo pobre. El problema es que para
redistribuir los ingresos habría que afectar intereses,
por ejemplo los de las empresas privatizadas, los grupos empresarios
locales, las multinacionales y los bancos, y lógicamente
que esos poderes son los que controlan a los gobiernos y no
permitirían semejante afrenta. Sería una "violación
a sus derechos usureros", en nombre de una cosa tan "secundaria"
como los derechos humanos del pueblo.
Y desde luego que si a algún funcionario distraído
se le ocurriera pensar en tocar levemente esos intereses, tronará
el escarmiento con la suba del riesgo país, la caída
de las bolsas, la salida de capitales y otros chantajes que
hacen volver en razón al díscolo funcionario.
Es por eso que muchas luchas sociales dirigidas a presionar
a los gobiernos para obtener reivindicaciones chocan con la
muralla del "no se puede" de los gobernantes, y en
cierta manera dicen la verdad: ellos, no pueden.
-¡Los gobernantes somos sólo los gerentes, usted
debe hablar con el dueño!-, parecen decirnos a modo de
excusa. -¿Y el dueño donde está?-, preguntamos
nosotros.-¡No sabemos muy bien, pero en otro país
seguro, y cada vez que no hacemos lo que dicen se viene una
tormenta!-, responden.
Pareciera que estamos atrapados y sin salida.

QUÉ HACER ENTONCES
Desde luego que en el mediano plazo debemos ir hacia una democracia
real y participativa, donde el pueblo realmente gobierne a través
de sus genuinos representantes.
Desde luego que la solución no es una dictadura ni la
anarquía.
La respuesta es la democracia real, y no la formal que ahora
tenemos.
Pero el dilema es cómo avanzar hacia ello mientras se
trata de dar respuesta a las urgencias de los más necesitados.
Porque hay dos problemas que en realidad son dos aspectos de
la misma cosa:
Una verdadera alternativa política a los partidos tradicionales
sólo puede crecer y tomar el poder si encarna un verdadero
Movimiento Social que cuente con el apoyo organizado de la mayor
parte de la población; porque queda descartado que un
partido así podría ascender con el apoyo del poder
económico por razones obvias.
Pero por otra parte, mientras la alternativa política
crece ¿De qué viven los marginados?
Además, en el transcurrir del proceso podría pasar
que los sectores marginados no apoyen a un Movimiento Social
que teoriza a futuro mientras ellos se mueren de hambre. Y si
los más necesitados no se identifican con ese Movimiento
Social ¿De qué Movimiento Social estaríamos
hablando?
Y desde luego que un Movimiento Social implica mucho más
que la lucha por mejorar las condiciones de vida mínimas,
sus objetivos deben ser más amplios, profundos y diversos.
Pero en el aspecto que estamos analizando ahora, de la rebeldía
frente a la marginación, seguramente que un Movimiento
Social debería crecer desde la lucha junto a los que
menos tienen, a la vez que vaya creciendo como alternativa política.
Ahora bien, cuando se habla de lucha, muchas son las interpretaciones
que puede tener esa palabra, y a veces se la suele asociar con
la violencia. En tal sentido debemos ser claros y contundentes:
La violencia no conduce a nada positivo para el ser humano,
ya sea que se la plantee a priori como metodología de
acción, ya sea que se desemboque en ella como respuesta
a la represión del gobierno.

LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA
ES UN CALLEJON SIN SALIDA
Para quienes consideramos a todo tipo de violencia como repudiable,
nos resulta claro que hay una sola vía de resolver los
conflictos, sin embargo aún para aquellos que tienen
dudas sobre la eficacia de la no violencia, o interpretan que
el uso de la violencia es una suerte de castigo a los opresores,
cabría aclararse los objetivos.
La pregunta correcta no es ¿Tenemos derecho a ejercer
acciones violentas contra quienes nos oprimen?
La pregunta correcta es ¿Terminaremos con la violencia
y la opresión mediante el uso de la violencia?
Y la respuesta es NO.
La complejidad de la organización social actual y el
enorme poder que tienen los que dominan, hacen que cualquier
acción violenta por parte de los oprimidos genere una
reacción mayor que termina por aplastar y disgregar a
quienes se rebelan.
Si lanzas una piedra responderán con una bala.
Si lanzas una bala volverán con una tanque.
Si consigues un tanque enviarán los aviones.
¿Qué hacer entonces, quedarnos quietos?
De ninguna manera, pero debemos salir del juego de acciones
y reacciones en el que siempre ganarán los violentos.
Precisamente los poderosos son tales porque tienen el manejo
de la fuerza bruta; pretender desafiarlos en ese terreno no
tiene sentido, a menos que el objetivo sea demostrar hombría,
o pasar a la historia como mártires de una revolución
inconclusa. Pero si el objetivo es llevar adelante una verdadera
revolución, no que se declame sino que se realice, entonces
debemos usar la fuerza de la inteligencia y la organización
que son recursos al alcance de los oprimidos: "Si debes
enfrentar a un campeón mundial de boxeo, no subas al
cuadrilátero, hazlo sentarse frente a un tablero de ajedrez".
La fuerza bruta no es un recurso al alcance de los oprimidos
sino de los opresores. Pero en la debilidad de los oprimidos
radica su verdadera fuerza, la fuerza del espíritu, la
fuerza de la inteligencia, la fuerza de la organización.
Pero esto hay que desarrollarlo, no es tan espontáneo.
Lo espontáneo suele ser la reacción violenta
del torpe o la pasividad del cobarde, y ambas son suicidas.
Hay quienes creen que la violencia, si bien no alcanza para
derrotar en una primera instancia al opresor, sirve para debilitarlo
y desestabilizarlo. Sin embargo la experiencia demuestra que
cuando se logra una desestabilización enseguida llega
una fuerza mayor a poner orden y aumenta el autoritarismo y
la represión. Muchos golpes militares han justificado
su intervención ante la sociedad con el pretexto de terminar
con la desestabilización y el caos.

EL SIN SENTIDO DE LA ACCIÓN
VIOLENTA
Existen algunas teorías que afirman que ningún
cambio en la historia se logró sin el uso de la violencia.
Estas teorías tienen tantas excepciones que lejos están
de ser una verdad absoluta a nivel histórico.
En primer lugar podemos decir que muchos de los cambios logrados
mediante el uso de la violencia, si bien sirvieron para derrocar
algún tirano, éste luego fue reemplazado por otro
tirano similar, aunque de diferente signo político. Por
lo tanto cuando hablamos de cambios, hay que diferenciar entre
los cambios que le hicieron un bien a los pueblos y aquellos
que los dejaron igual o peor que antes.
En otros casos, aquellos que tuvieron la capacidad para derrocar
un sistema, no tuvieron luego la capacidad para reemplazarlo
por algo mejor e inclusive empeoraron las cosas.
Ocurre que muchas veces la decisión del uso de la
violencia nace del resentimiento y por ello lleva dentro el
germen de la destrucción y la intolerancia, y esa
misma intolerancia luego se vuelve contra el mismo pueblo en
el nombre del cuál se decía luchar, toda vez que
ese pueblo disiente con las políticas del gobierno revolucionario.
La historia también es abundante en intentos fallidos
de revoluciones violentas que terminaron con el exterminio de
los revolucionarios, la tortura y la desaparición de
personas, con lo cuál se retrocedió en la voluntad
de cambio de la sociedad en su conjunto. Los procesos latinoamericanos
de la década del 70, con la posterior desmovilización
social de los 80, son un claro ejemplo de ello.
Por otra parte existen en la historia numerosos ejemplos de
haber avanzado en transformaciones sociales a través
de la lucha no-violenta: el boicot y la no cooperación
de la India de Gandhi hasta independizarse de los ingleses y
la lucha contra la discriminación a los negros en EEUU
liderada por Luther King son los ejemplos más conocidos.
Pero también podemos citar la lucha de los sindicatos
a través de las huelgas que llevó a una sensible
mejora en las condiciones laborales hacia la primer mitad del
siglo XX. En realidad a diario tenemos ejemplos de lucha no
violenta y del logro de objetivos en muchos aspectos del campo
de los Derechos Humanos; el ejemplo de las madres de Plaza de
Mayo en Argentina es todo un símbolo.
De modo que esa creencia de que sólo por medio de la
violencia se obtienen las cosas, no tiene el menor asidero,
y mucho menos en esta época en que el enemigo se ha hecho
invisible detrás de la globalización.
Desde luego que cuando hablamos de enfrentarnos con el poder
económico, muchos podrán decir que la cosa no
será tan fácil, y que si no es por la fuerza el
poder económico no va a ceder sus privilegios para mejorar
la situación de los pueblos. Y en cierta manera tienen
razón, porque no será pidiéndole permiso
que el poder económico cederá posiciones, pero
cuando se trata de fuerza, no necesariamente debemos identificar
la fuerza con la violencia. Millones de seres humanos organizados
son una inmensa fuerza que puede desarticular a los más
poderosos sin necesidad de emplear la violencia, y lo que
es más importante aún, minimizando la posibilidad
de que los poderosos ejerzan violencia sobre los rebeldes.
Claro que para llegar a millones organizados, primero hay que
llegar a cientos y luego a miles, y de eso se trata este asunto.

LA LUCHA NO VIOLENTA DENTRO
DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO
Ya han pasado las épocas de los gobiernos militares en
Latinoamérica. El Imperio necesitaba de los gobiernos
de facto porque los sistemas democráticos aún
eran permeables a "ideologías prohibidas";
pero con el tiempo, la represión, las desapariciones,
la educación alineada con la "verdad oficial",
la propaganda y el chantaje económico fueron "encarrilando"
a políticos y votantes, hasta hacer de los sistemas democráticos
simples pantallas locales de la fuerza imperial. Hoy a ningún
partido político tradicional, ni siquiera al comunista
o al socialista se le ocurriría proponer en su plataforma
política un cambio de sistema económico. Hoy todos
aceptan al capitalismo aunque con distintas tonalidades, tenemos
los neoliberales que pretenden que el mercado regule la vida
y muerte de las personas, y tenemos los seudo progresistas que
piden por un "capitalismo de rostro humano", y en
el campo progresista se habla más de reivindicaciones
que de cambio de sistema. Y desde luego que, gobierne quien
gobierne, se termina haciendo lo que el poder central quiere:
donde conviene liberalizar los mercados para comerse todo, se
liberan los mercados, donde conviene regular para que no compitan
otros, se regula y donde alguien quiere tomar medidas a favor
de la gente, se les dice no se puede por ahora.
El capital financiero se ha apoderado de todo y mediante la
rienda del endeudamiento digita las políticas nacionales
y exprime a los pueblos con intereses usureros. Semejante concentración
de poder hace que cada vez sea más difícil lograr
reivindicaciones sociales, por el contrario, se ha comenzado
a retroceder aceleradamente con el crecimiento de la desocupación,
marginación y la flexibilización laboral.
Hoy podemos ver como toda la fuerte oposición que se
levanta frente a ese poder a través de huelgas, protestas,
manifestaciones, y presiones políticas, si bien son imprescindibles
para ponerle trabas al avance del poder imperial, no alcanzan
para frenarlo. El Imperio utiliza la táctica de avanzar
dos pasos y retroceder uno. Continuamente se recortan salarios
y se genera desocupación y miseria, y cuando esas medidas
tienen rechazo por parte de las organizaciones sociales, entonces
se dan algunas concesiones menores para más tarde volver
a avanzar.
En los últimos años hemos visto multiplicarse
los estallidos sociales, las protestas sindicales, las manifestaciones
contra el FMI, contra la globalización, contra los despidos,
etc. Mucha fuerza se ha hecho para detener el avance de la fuerza
imperial, y eso es muy positivo, sin embargo la conclusión
es que ésta ha avanzado inexorablemente. Claro que posiblemente
si todas estas protestas no hubieran existido, el avance hubiese
sido más rápido, pero la conclusión es
que el avance es continuo y no parece haber fuerza en el mundo
capaz de detenerlo.
Y si vemos como ese avance ha dejado como resultado la mayor
concentración de riqueza y el mayor empobrecimiento de
los pueblos, es previsible un negro futuro para la humanidad,
mucho más negro de lo que hoy vemos o alcanzamos a imaginar.
Entonces, si todo lo que se ha hecho hasta ahora para detener
ese avance no ha servido, la pregunta es qué es lo que
debe hacerse.
Hay que golpear donde les duele, hay que golpear hasta que caigan.
Pero golpear no es dar golpes de violencia, porque no es ético
y porque no les duele.
Al poder económico no le duele la pedrada que le pegan
a un gendarme, y al pueblo sí le duele la bala que el
gendarme devuelve.
Al poder económico no le duele una comisaría incendiada,
y al pueblo sí le duelen sus militantes encarcelados
y torturados.
Lo que al poder económico le duele es perder dinero,
perder el poder político de sus secuaces nacionales;
le duele que lo desenmascaren y que la gente se deshipnotice;
le duele que la gente se organice y haga crecer una opción,
un Movimiento Social que no puedan comprar con dinero.
Le duele que se le den vuelta sus propios socios y guardianes.
El sistema está muy bien preparado para
reprimir acciones violentas y cada vez se va a perfeccionar
más. El que piense que por esa vía va a conseguir
algo, se equivoca o persigue otros fines . La violencia no
solamente debe ser descartada por razones de ética, lo
que de por sí bastaría, sino también por
inútil.
Y si alguien cree que las fricciones violentas harán
enardecer a la población que finalmente saldrá
mancomunadamente a derrocar al gobierno, se equivoca, porque
si la población ya estuviera en condiciones de unirse
espontáneamente, comenzaría por no votar al gobierno
que supuestamente debe derrocar; y además en esa creencia
se desconoce el proceso de desestructuración que sufre
la sociedad. Las fricciones violentas no suman gente a la
causa, la restan.
Sin embargo, sabemos que muchas veces la opción violenta
nace de la impotencia de ver que las otras vías están
agotadas. Lo que ocurre es que esas otras vías, las del
simple petitorio o reclamo no son suficientes, el sistema ya
tiene anticuerpos contra ellas.
100.000 personas en una plaza pidiendo que el gobierno no se
arrodille ante el Fondo Monetario es seguramente un gran avance,
pero si además esas cien mil personas estuvieran organizadas
llevando adelante acciones no violentas de boicot contra la
banca y el gobierno, el resultado sería mucho mayor.
El simple petitorio no sirve, la simple declaración
no sirve, o mejor dicho sirve para difundir la demanda, pero
eso solo no alcanza.
Por otra parte existen cúpulas sindicales que de tanto
en tanto realizan un paro de 24 horas para ubicarse en una posición
de fuerza que les permita negociar prebendas o posicionarse
políticamente, pero indefectiblemente después
terminan traicionando a la gente, con lo cual se va deteriorando
la posibilidad de que exista una resistencia organizada. La
gente cada vez cree menos en las organizaciones porque las cúpulas
son corruptas y a la vez la lucha desorganizada no tiene posibilidades
de avanzar: una de las paradojas del momento actual.

EL DERECHO DE LOS DEMÁS
Y LA LUCHA NO VIOLENTA
La creciente ola de manifestaciones y cortes de ruta en Argentina,
e inclusive los paros sindicales han sido motivo del siguiente
planteo: ¿Es legítimo afectar a otros al reclamar
por un derecho propio? ¿Es legítimo cortar una
calle o una ruta o parar el transporte, lo que afecta el derecho
de las demás personas a circular libremente?
Sí, es legítimo.
Antes hablábamos del individualismo y la competencia
en la sociedad, de cómo sin darnos cuenta éramos
a veces verdugos de nuestros hermanos por la sencilla razón
de que formamos parte de una gran maquinaria que escupe gente
al pozo de la marginación. Ese mismo individualismo lleva
muchas veces a que los que aún están dentro del
sistema, los que aún tiene trabajo, se olviden de las
penurias que pasan los marginados y los vean casi como enemigos
porque al manifestarse por sus derechos entorpecen el tránsito.
¿Y qué pretenden, que la gente marginada proteste
desde su casa o eleve un simple petitorio escrito al gobierno
reclamando trabajo?, si fuera tan sencillo, si se atendieran
sus reclamos de manera tan simple, los primeros interesados
en dejar de cortar rutas y calles serían los propios
manifestantes.
Hay que diferenciar entre el derecho individual de cada persona
y la posibilidad que tiene de ejercerlos dentro de un sistema
social. Cuando un sistema funciona, cuando se puede circular
por las calles, cuando se busca trabajo y se encuentra, cuando
se tiene hambre y se come, cuando se está enfermo y se
tiene atención médica digna, cuando se es viejo
y se percibe una jubilación adecuada, entonces quien
altera el normal desenvolvimiento de esa sociedad podemos suponer
que está atentando contra los derechos de los individuos.
Pero cuando un sistema funciona para unos pocos y margina al
resto, es el sistema el que no funciona, y todos somos responsables,
ya sea por votar a un gobierno que no atiende las necesidades
de los marginados, ya sea porque no nos importa la suerte de
los demás o la nuestra misma. ¿Cómo
podemos exigir que nuestros derechos sean respetados si no nos
preocupamos de que se respeten los mínimos derechos de
los demás?
Semejante desentendimiento, semejante falta de solidaridad lleva
a una peligrosa división social y genera resentimientos
que llevan a la sociedad a una suerte de guerra civil encubierta.
¿O qué es la creciente ola de delincuencia y de
violencia sino un rechazo a una sociedad indiferente?. Hoy la
delincuencia ya tiene su propia sub-cultura, su música,
sus códigos, sus mártires, sus simpatizantes y
hasta sus santos. Y este proceso de todos contra todos lleva
la sociedad al caos.
¿Pero acaso la semilla del caos no la impuso el liberalismo
económico cuando dijo "sálvese quien pueda"?
Bueno, cada uno hace lo que puede en esta lucha de todos contra
todos y allí están las consecuencias.
Basta de hipocresías.
Ocupémonos de reconstituir el tejido social, seamos solidarios
con las necesidades de los demás y veamos claramente
quien es el enemigo: la banca y el poder económico mundial.
Ellos se llevan la torta para hacernos pelear entre nosotros
por las migajas.
En la lucha no violenta en democracia es imprescindible trabajar
para organizar a toda la sociedad, a los marginados y a los
que aún no lo son.
¡Están exterminando a un tercio de la raza humana
y el mundo sigue andando!
¡Hay que parar el mundo!

LA METODOLOGÍA DE
LA NO VIOLENCIA ACTIVA
Experiencias históricas
Las experiencias anteriores no necesariamente pueden servirnos
para implementar las mismas estrategias y tácticas, porque
varían mucho las épocas, el contexto histórico,
las culturas, los sistemas políticos y los objetivos.
Tampoco necesariamente se debe compartir la actitud en algunos
casos de sacrificio o inmolación que han tenido algunos
de los protagonistas. No obstante, veamos un sencillo resumen
de las mismas para ilustrar este punto.
En todo caso podemos decir que el ensayo "Desobediencia
Civil" publicado en 1849 por Henry Thoreau, quien fue a
la cárcel por negarse a pagar impuestos en un país
que aceptaba la esclavitud (USA), sienta las bases teóricas
de la resistencia pasiva.
Luego Mahatma Gandhi, durante la primer mitad del siglo XX luchó
mediante la política de la resistencia pasiva y la no-cooperación,
primero en Sudáfrica y después en su país,
la India, logrando en este último finalmente la independencia
con el Reino Unido. La no cooperación y el boicot a los
productos británicos llevados adelante masivamente por
el pueblo de la India terminaron por debilitar a los ingleses.
En la década del 50, Martín Luther King organizó
una campaña contra la segregación racial en el
transporte público de Montgomery (USA), en la que todas
las personas de raza negra dejaron de usar el transporte público
haciendo quebrar a las compañías, hasta que finalmente
el Tribunal Supremo Prohibió la segregación racial
en el transporte. Luego dirigió varias campañas
contra la segregación y una histórica marcha a
Washington en 1963.
Tal vez las figuras más míticas de la lucha no-violencia
fueron Gandhi y Luther King, pero han sido innumerables las
organizaciones que han empleado esta metodología con
éxito.

Algunos conceptos teóricos sobre
la lucha no-violenta
Veamos algunos conceptos vertidos por teóricos y prácticos
de la no-violencia.
"El
movimiento de desobediencia civil, una vez puesto en marcha
debidamente, no necesita caudillos", (Gandhi)
"Si
la fuerza del alma se hiciera universal, revolucionaría
los ideales sociales y eliminaría los despotismos..."(Gandhi)
"El
único deber que tengo el derecho de asumir es hacer,
en todo momento, lo que considere justo"(Thoreau)
"Si
un solo hombre honesto en este estado de Massachussets, dejara
de tener esclavos, se apartara de la colaboración con
el gobierno y se viera encarcelado por ello, eso significaría
la abolición de la esclavitud en los EEUU. Porque no
importa lo pequeño que pueda parecer el comienzo:
lo que se hace bien una vez se hace para siempre."(Thoreau)
"La
violencia requiere de cabezas calientes, la no-violencia requiere
más bien de cabezas frías y ecuánimes.
La violencia es más fácil empezarla y más
difícil sostenerla con claridad de objetivos y métodos....No
debe confundirse el doler y el hacer doler con el conseguir
el propósito político" (Shelling)
"El
ejercicio del poder del gobernante requiere del consentimiento
del gobernado, quien al retirar el consentimiento, puede controlar
y hasta destruir el poder del contrincante."(Sharp).
"Cuando
la gente se rehúsa a cooperar, se niega a prestar ayuda,
y persiste en esta desobediencia y postura retadora, le está
negando a su adversario el apoyo y cooperación humanas
básicas que cualquier gobierno o sistema jerárquico
requiere. Si lo hace suficiente gente y por un tiempo suficientemente
largo, ese gobierno o sistema jerárquico perderá
el poder. Esta es la premisa política básica de
la acción no-violenta" (Sharp).

LOS METODOS DE LA ACCIÓN
NO VIOLENTA
Precisamente Gene Sharp en su obra "La
lucha política no violenta", enumera toda una gama
de tácticas de lucha, algunas de las cuales detallamos
a continuación a modo de ejemplo.
Sharp los clasifica en tres grupos:
De protesta
y persuasión
De No cooperación
De Intervención
no violenta
Protesta y persuasión:
Estas son acciones mas bien de tipo simbólico, que ejercen
presión y hacen que se difunda y se conozca la protesta.
· Actos públicos y discursos de protesta
· Cartas de oposición o apoyo
· Declaraciones públicas
· Petitorios
· Difusión de la protesta por diferentes medios
periodísticos o publicitarios
· Ruidos simbólicos (sirenas, campanas, silbatos,
cacerolazos, etc)
· Molestar a funcionarios (insultos, estorbarlo continuamente,
etc)
· Vigilias
· Canciones y sátiras
· Peregrinajes y caravanas
· Foros y mitines
· Retirarse de actos públicos, dar la espalda,
etc.
No cooperación:
Los más importantes se relacionan con el no consumir
o el no trabajar.
· Boicot social a colaboradores del régimen
· Suspensión de actividades sociales o deportivas
· Huelgas estudiantiles
· Desobediencia social de reglas y costumbres
· No comprar determinados productos o reducir el consumo
a lo indispensable
· Huelga en el pago de las rentas
· No comprar productos importados
· Huelgas obreras
· Boicots de proveedores de algún producto (no
distribuirlo)
· Cierre de comercios
· Retiro de depósitos bancarios
· Negarse a pagar cuotas
· Listas negras de comerciantes o productores
· Huelgas relámpago sin previo aviso
· Huelgas de profesionales
· Trabajo a reglamento
· Ausentismo por "enfermedad"
· Boicots en puestos de trabajo del gobierno
· Desobediencia disfrazada (se simula obediencia)
· Plantones sentados
· Desobediencia civil de leyes ilegítimas
Acciones de intervención
no violenta:
Son acciones donde se interviene para cambiar una situación
· Ayunos y huelgas de hambre
· Molestias constantes públicas y privadas
· Plantones sentados ocupando espacios públicos
· Toma pacífica de edificios
· Invadir áreas prohibidas
· Obstrucciones para evitar desplazamientos o acciones
· Sobrecargar instalaciones
· Tortuguismo (enlentecimiento de acciones para provocar
demoras)
· Sistemas alternos de comunicación (diarios,
radios)
· Invasión de tierras
· Falsificación política de documentos
o dinero
· Mercados paralelos
· Sistemas de transporte alternos
· Sobrecargar sistemas administrativos

LAS POSIBILIDADES DE LA LUCHA
NO VIOLENTA EN EL MUNDO ACTUAL
Como dijimos antes, muchos de los ejemplos de la lucha no violenta
a nivel histórico no son reproducibles en otras sociedades
en cuanto a tácticas y formas organizativas, porque hay
diferencias culturales y epocales. No obstante, si algo podemos
sacar como denominador común es que cuando mucha gente
se organiza con un objetivo, no necesita la violencia para obtenerlo.
Y en cuanto al tipo de acción, también podemos
sacar como conclusión que cada vez que la lucha no violenta
afectó realmente los intereses políticos y económicos
del enemigo, este retrocedió herido.
Como ya hemos dicho, la violencia lleva a un callejón
sin salida, ya que en ese campo los opresores tienen el control,
y sobre todo en este mundo globalizado en que el Imperio se
va adueñando de todo.
Las acciones violentas, ya sean iniciativas de violencia o ya
sean respuesta a la represión, terminan con la cárcel,
con heridos y hasta muertos, y sin ninguna posibilidad de lograr
los cambios buscados. Por el contrario, la respuesta de los
gobernantes será fortalecer el aparato represivo, y poco
a poco la lucha infructuosa desgastará a la población.
Además, en contextos democráticos, es mucho más
difícil que la gente acepte la salida violenta, de por
sí nefasta en cualquier contexto.
Y entrando a revisar las diferentes tácticas de lucha,
podemos decir que en la actualidad todo lo que sean acciones
de meros reclamos o declaraciones (los del primer punto de la
clasificación anterior), pueden tener un efecto publicitario
de interés, pero no servirán para torcer el brazo
del poder político y mucho menos del poder económico
que lo maneja. Si se trata de lograr reivindicaciones secundarias,
como la obtención de un espacio verde en un barrio o
la colocación de semáforo, es probable que baste
con juntar firmas y elevar un petitorio, y en todo caso reforzar
con algunas acciones de mayor difusión. Pero cuando se
trata de resolver la problemática de millones de marginados
y desocupados, cuando se trata en definitiva de redistribuir
la riqueza y modificar las políticas económicas,
allí donde se piden transformaciones que afectan al poder
establecido, allí seguramente no bastará con pedidos
ni declaraciones. Aún para obtener reivindicaciones parciales,
como subsidios para los marginados (lo que no significa cambiar
los modelos económicos), aún para tan humilde
petición la resistencia será grande, porque los
estados se van achicando ante el avance del monopolio privado
y el presupuesto cada vez más magro se utiliza para pagar
intereses de la deuda externa. Pedir que el Estado ponga recursos
en la gente es pedirle que se los saque al sector privado, y
el sector privado que más recursos tiene es precisamente
el que controla al gobierno: las multinacionales y la banca,
y obviamente no lo permitirán.
Entonces en realidad la lucha es contra gobernantes marionetas
que no tienen poder de decisión y solo distraerán
con dilaciones. Esto no quiere decir que no haya que presionar
a los gobernantes, que en definitiva son cómplices del
poder económico, pero hay también que empezar
a golpear al poder económico si se quiere herir al gigante
aunque sea en los tobillos.
Cada vez más los gobiernos son títeres del poder
económico, por lo cual el desgaste de los políticos
en los conflictos sociales sin resolver, no afecta al poder
real que puede cambiar de figuritas cuando quiere. El poder
económico puede cambiar ministros y hasta presidentes
cuando quiera, y manejar los medios de difusión para
convencer a la gente de que el próximo será mejor.
Es por eso que en el contexto democrático una herramienta
fundamental de la lucha no violenta es el la comunicación
entre la gente, creer en nuestro vecino y dejar de creer
en lo que intentan vender los medios de difusión y desenmascarar
la realidad. En una dictadura está claro que se lucha
contra el dictador. En la democracia no suele estar tan claro
contra quien se lucha, por lo tanto hay que identificar al enemigo,
ponerle nombre y apellido, dejar en claro como son las cosas.
Otra característica de la sociedad actual, es la creciente
desestructuración y ruptura del tejido social. Así
como muchos que aún están en el sistema no se
solidarizan con la lucha de los marginados y además compiten
entre sí, también la misma gente que tiene problemas
suele abocarse a su propio conflicto y no se organizan con otros
ni apoyan otros conflictos. La falta de credibilidad de
los líderes sindicales y políticos, la disgregación
de las organizaciones sociales y la falta de referencias fuertes
y creíbles, imposibilita acciones de grandes grupos de
modo organizado y permanente. Es posible coincidir en una marcha,
una movilización o una huelga que pretende urticar y
denunciar el conflicto, pero al día siguiente todo sigue
igual y cada uno por su lado.
Esto es una dificultad, ya que muchas de las tácticas
de la lucha no violenta requieren de grandes grupos organizados
y entrenados. En la India de Gandhi, era otra época pero
además todo un pueblo identificado con un objetivo; sacarse
de encima al Imperio inglés. En el caso de Luther King,
eran los negros que luchaban contra la discriminación
por parte de los blancos. En la sociedad actual hay cada vez
menos uniformidad y los sentimientos de identidad están
cada vez más atomizados y no es que esté mal la
diversidad, pero mientras todo se divide y subdivide, y el poder
económico se concentra y reina.
Seguramente deberá surgir una mística que le dé
cohesión a un nuevo Movimiento Social que luche por los
derechos de los pueblos, respetando la diversidad pero con unidad
en la acción. Y tal vez el comienzo sea algún
efecto demostración que en uno o algunos puntos señale
el camino de lo que hay que hacer.
Por lo tanto, en una primer etapa, la lucha no violenta debiera
diseñarse en cuanto a sus tácticas y métodos
como para que puedan ser llevados adelante por grupos quizá
no tan numerosos de personas, pero que se vayan insertando en
el resto de la sociedad ganando apoyo y consenso y hasta ayuda
logística..
La organización de los grupos para pedir el apoyo de
la población para cubrir sus necesidades básicas
(alimentos para comedores, ropa, medicamentos, etc.) si bien
entra dentro de lo que podríamos denominar asistencia
social, y no forma parte de la lucha misma, es algo fundamental
para dar respuesta a las urgencias de la población marginada
y organizarse en torno a ello, a la vez que sirve para esclarecer
sobre el conflicto y conseguir la adhesión de números
más grandes de gente.
Las tácticas de la no violencia adaptadas a época
actual
Desde luego que los detalles de las acciones a llevar adelante
es algo que tienen que ir diseñando los grupos, adaptando
las ideas generales a cada situación, pero algunas cuestiones
a tener en cuenta serían:
Exponerse lo menos posible a la confrontación que pueda
facilitar el uso de la violencia por parte de las fuerzas de
represión. No ofrecer blanco fijo. Ej. Cortes de rutas
o caminos móviles, entrar y salir o en diversos puntos.
Utilizar todas las herramientas dentro de la "legalidad"
para eludir represiones y confundir; obstrucción, tortuguismo,
boicots, saturación de la administración publica
y privada, huelgas, etc.
Estas precauciones tienen un objetivo múltiple: salvaguardar
a las personas, lograr que se sume gente "menos atrevida",
y generar simpatía en la sociedad por el ingenio de las
tácticas usadas.
En muchas ocasiones a pesar de las acciones no se conseguirá
que el gobierno atienda las exigencias, pero se fortalecerá
el Movimiento Social y se obtendrá más ayuda de
la población para resolver necesidades básicas.
Es importante trabajar en equipo, sin liderazgos personalistas,
porque entonces esos líderes pueden ser detectados por
los represores y descabezar los grupos encarcelándolos
por cualquier motivo. En este sentido es probable que los
gobernantes, que van haciendo las leyes a su medida, conviertan
en ilegales acciones que hoy son legales, con el argumento de
que se altera la "normal convivencia social". En tal
sentido hay que explicar lo que es legal y lo que es legítimo,
y que ante la marginación, el derecho a rebelarse siempre
es legítimo.
Es de importancia también la organización, ya
que este tipo de tácticas requieren de entrenamiento
y de que todos los participantes tengan claro que no se debe
actuar con violencia. A veces, si la cantidad de gente que participa
desborda la capacidad organizativa del Movimiento, pueden ocurrir
episodios de violencia desgraciados, como le ocurrió
a Gandhi en el episodio de Chauri Chaura.
Un concepto que se puede instalar es el de que los subsidios
a los desocupados y marginados los tienen que pagar los que
concentran el poder económico, o sea los bancos, las
multinacionales, las grandes empresas y hasta los políticos
que se enriquecen a costa de la gente. Y en ese sentido, exigir
que hagan donaciones de alimentos, medicamentos, y todo tipo
de servicios, sería un modo de empezar a señalarlos.
Lo cual no quiere decir que la lucha se termina cuando entreguen
la limosna, cosa que difícilmente harán. A la
vez se debiera apuntar los cañones de la no violencia
precisamente a estos sectores; boicots a grandes empresas, entorpecerles
el normal funcionamiento para hacerles perder plata a empresas
y bancos sería empezar a pegar donde les duele.
Y a todas las acciones hay que tratar de darles la mayor publicidad
posible para que la opinión pública sepa lo que
se está haciendo y marcar un camino ante la confusión
generalizada.
Tal vez mostrando el camino se empiecen a sumar las fuerzas,
tal vez cuando a todos les quede claro que están luchando
por sus derechos, tal vez entonces los seres humanos comprendan
que aunque les hayan pisoteado todos sus derechos, aún
les queda el último: El Derecho a la Rebelión.

SÍNTESIS
·
Todo ser humano tiene derecho, por el simple hecho de nacer,
a un trabajo, a la salud, a la educación y a una vivienda
digna.
·
Todo gobierno que no lleve adelante las políticas necesarias
para garantizar estos derechos a todos los ciudadanos, ya sea
por acción u omisión, está violando los
derechos humanos.
·
Ningún gobierno, ni aún invocando el poder delegado
por el voto popular, puede ejecutar políticas que atenten
contra estos derechos, y todas las leyes que se sancionen y
apliquen en ese sentido carecen de legitimidad.
·
Toda persona cuyos derechos humanos fundamentales son violados
tiene derecho a rebelarse contra el orden establecido que sostiene
o ampara dicha violación.
·
Ninguna persona tiene derecho a ejercer violencia de ningún
tipo sobre otra persona, por lo tanto, para que los actos de
rebelión contra el orden establecido sean a su vez legítimos,
deberán encuadrarse dentro de metodología de la
no-violencia activa.
·
En el complejo sistema de relaciones de intereses del sistema
social actual, los derechos humanos mencionados suelen ser violados
como resultado de la acumulación de riqueza en pocas
manos y la pasividad del Estado frente a tal injusticia. En
consecuencia la lucha no-violenta debe "patear el tablero"
de una organización social que margina a las personas,
dirigiendo su lucha hacia el poder económico y financiero
y los gobiernos cómplices.
·
Esta acción desestabilizadora hacia el sistema, en tanto
no ataque a las personas, debe ser interpretada como no-violenta.
Desde luego que habrá gente que puede ver afectado su
normal desenvolvimiento por dichas acciones no-violentas, pero
esto no puede interpretarse como un ataque personal sino como
una consecuencia más del mal funcionamiento del sistema
social que margina a una parte de la población. El sistema
margina a muchos y por lo tanto desestabiliza al resto; la combinación
marginación y estabilidad (deseada por algunos que aún
la pasan bien) no será posible mientras exista la injusticia
y la intencionalidad humana luchando contra ella..
·
Los sectores vinculados al poder, afectados por las acciones
no-violentas, buscarán adecuar la legalidad para caratular
tales acciones como delictivas y reprimirlas, por lo tanto habrá
que adecuar la organización del Movimiento Social para
prevenir tal represalia.
·
La violencia, no solamente es ilegítima sino además
inútil, porque lleva a un callejón sin salida
donde los gobernantes aumentan la represión y los rebeldes
se debilitan y disgregan. La violencia produce rechazo en la
población lo que resta legitimidad a los que se rebelan.
En cambio las tácticas no violentas generan simpatía
y la represión a las mismas resta legitimidad al gobierno
represor.
·
La táctica no violenta debe en lo posible desarrollarse
en andariveles diferentes a los de la confrontación ya
que ésta lleva a la escalada de la violencia y al callejón
sin salida. Cuando el Movimiento Social sea lo suficientemente
numeroso y organizado, cualquier acción, por pequeña
e inofensiva que parezca, multiplicada por millones será
imparable.
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