Narcisista.
Igual que la flor que nace en las orillas de los estanques y crece inclinada hacia el agua que se sirve de espejo, mirándose siempre en ella, el narcisista sólo ve lo bueno que hay en él.
Su incapacidad para asumir sus defectos le lleva a una suceptibilidad casi enfermiza ante cualquier critica. Tal engreimiento le impide estimar las cualidades de los demás y reclama continuamente pleitesía, sumisión, acatamiento y hasta servilismo de los demás.
A menudo es seductor y brillante. Marie France Hirigoyen lo explica de este modo:"EI narciso, al no disponer de sustancia, se conectará al otro y, como una sanguijuela, intentará sorver su vida. Sólo puede crear una relación en un registro de malignidad destructora. Goza al someterle y humillarle".


Soberbio.
Su origen etimológico "superbia" nos ofrece un significado exacto: actitud de la persona que se tiene por bastante más de lo que es.
El soberbio debe mostrar superioridad, categoría y preeminencia. "Lo hace sólo en aquélla faceta en la que sobresale, pero en otro contexto le delata su baja autoestima", explica el psicólogo Héctor González Ordi.


Manipulador.
Suele mostrar una gran habilidad para conducir el comportamiento de los demás. Sus modales impertinentes y de menosprecio derivan a menudo en menosprecio.


Envidioso.

Lamenta el éxito de los demás e intenta transmitirles su pesimismo y arrebatarles toda energía positiva, para luego reprochárselo.

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Acoso Moral


 

 

RETRATO ROBOT DEL ACOSADOR

(Extraído de fichas Istas-Instituto Sindical de Trabajo , Ambiente y Salud)