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DIANA
SCIALPI
"En la Argentina no se considera violencia el hecho de
burlar la ley"
Diana
Scialpi es socióloga y pionera en la investigación
del fenómeno de la violencia laboral institucional
en el empleo público. Más todavía: la
audaz hipótesis de la especialista, es que la violencia
en la administración pública es la condición
necesaria para instalar la corrupción en el Estado.
Por
Laura Di Marco

La
violencia en la administración pública es especial,
y más siniestra.
Entre 1997 y 2001, y frente a la convocatoria de la OMS, estudiar
la violencia en diferentes contextos, emprendió un
trabajo de investigación independiente, que volcó
en un libro Violencias en la Administración Pública.
Casos y Miradas para pensar la Administración Pública
como ámbito laboral. Scialpi asesora a defensores
del Pueblo y a legisladores nacionales y provinciales. También
dicta cursos sobre prevención, detección, control
y reparación de la violencia institucional en el empleo
público y es consultora de proyectos de investigación
sobre violencia institucional y laboral.
-A
propósito de El acoso moral en el trabajo,
el libro de Marie France Hyrigoyen, se empezó a hablar
más de esa cuestión. Usted, en la Argentina,
hizo una investigación en el ámbito de la administración
pública, ¿nos cuenta un poco de qué se
trata?
-En los noventa empecé una investigación exploratoria
de violencias perpetradas en la Administración Publica.
Elegí ese ámbito porque allí se da un
tipo de violencia laboral especial, y más siniestra.
-¿Por
qué más siniestra?
-Porque se trata de una violencia perpetrada por quienes tienen
la responsabilidad social y legal de cuidar a otros dentro
de una institución, sea ésta familiar o el propio
Estado. Desde ese enfoque, me propuse describir la calidad
que tiene la violencia cuando es generada por el que debe
proteger. La transformación del protector en
violento. Es más devastadora porque ocurre en un ámbito
laboral y falseada por un discurso que niega lo que está
pasando.
-¿Nos
ayuda con un ejemplo?
-En esa época se dijo que se emprendía una modernización
del Estado y asistimos al desguace más absoluto
de las instituciones públicas. Un Estado que selecciona
a los servidores públicos a dedo, sin tener
en cuenta la idoneidad y los antecedentes de los candidatos
para ejercer un determinado cargo público, no puede
ser eficaz. Resulta una organización injusta y por
lo tanto, violenta. Los efectos de esa violencia laboral institucional,
que llamo violencia político-burocrática,
son doblemente devastadores. Además de afectar a la
salud física y mental de los empleados públicos,
es una condición previa y necesaria para emplazar la
corrupción en el Estado.
-O
sea que las políticas de transparencia una administración
más honesta, digamos- ¿tienen un correlato con
las condiciones de trabajo en la administración?
-¡Por supuesto!... Tanto que dediqué varias publicaciones
a establecer la correlación entre violencia laboral
en los organismos públicos y la corrupción en
el Estado.
-Hablando
específicamente de la ciudad, ¿cómo se
revela la violencia laboral?
-A esta altura, tenemos que aclarar que, en materia de violencia
laboral, sea en el sector público o privado, no contamos
aún con una ley nacional, ni tenemos claras políticas
públicas. Por lo tanto, la Argentina no produce información
cuantitativa ni cualitativa confiable en la materia.
-Pero
la ciudad, junto con otras provincias, sí tiene una
ley sobre violencia laboral, ¿no mejora eso la situación?
-Sí, es cierto, la ciudad sancionó la ley sobre
violencia laboral en enero de 2004, pero a mi juicio requiere
mejoras. Reconoce sólo la violencia laboral vertical
(de superior a subordinado, aunque también hay entre
pares), y no contempla atención a los afectados. La
ley de Santa Fé es mejor.
-¿Cuál
es exactamente la diferencia entre acoso moral y violencia
laboral?
-El acoso moral es una de las treinta modalidades
de violencia laboral reconocidas por la OIT en su informe
mundial Violence at Work (que no se publica en
español). Otra diferencia -y aquí cito a Marie
France Hirigoyen, quen acuñó el concepto-, es
que la dificultad para defenderse del acoso moral reside en
un hecho del que casi nunca se dispone de pruebas. Esto significa
que estamos ante una violencia interpersonal, que en la mayoría
de los casos ocurre sin testigos y desestabiliza a la víctima,
quien no puede demostrar lo que está padeciendo.
-Defíname
el término acosar.
-Es someter sin reposo a pequeños ataques repetidos.
El acoso humilla y es repetido.
-¿Hay
países donde el acoso psicológico laboral está
tipificado como un delito?
-Sí, en Suecia. Además, obviamente, tienen estadísticas
sobre el tema, lo que permite elaborar políticas públicas
serias.
-¿Qué
se puede hacer desde el poder político?
-El poder político puede y debería- honrar
la ley, intención que debería traducirse en
una perseverante campaña pública para que todas
las leyes sean cumplidas y su incumplimiento sea implacablemente
sancionado. Los argentinos incumplimos masivamente las leyes
y lo hacemos con impunidad. Por añadidura, el Estado,
responsable de cumplirlas y hacerlas cumplir es el que viola
sistemáticamente las leyes de empleo público,
las leyes de Ética en la Función Pública,
las leyes de Riesgo en el Trabajo. Nuestra principal tragedia,
creo yo, es que no consideramos violencia al hecho de violar
la ley.
-Al
margen de las falencias, hablemos de lo que tenemos hoy: ¿qué
puede hacer, en concreto, un empleado de la administración
pública que se considere víctima de violencia
en su lugar de trabajo?
-La ONG Instituciones Sin Violencia (N.de la R: Scialpi la
presidió entre 2004 y 2006), impulsó la creación
de la primera oficina de Denuncias de Violencia Laboral. Funciona
en la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas,
que dirige Manuel Garrido.
http://www.noticiasurbanas.com.ar/reportajes.shtml?sh_itm=9aee4e351cc5e299c3cb5eef5b2418eb
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