| LA
VIOLENCIA EN LA GESTIÓN DE PERSONAL DE LA ADMINISTRACIÓN
PÚBLICA, COMO CONDICIÓN NECESARIA PARA LA CORRUPCIÓN
*
Por
Diana Scialpi
Lic.
en Sociología y Especialista en Planificación
y Gestión de Políticas Sociales (Universidad
de Buenos Aires, Argentina).
Fue responsable de la Coordinación General del Plan
Nacional de Lectura de la Secretaría de Cultura de
la Nación (1986-1989) y ha publicado diversos trabajos
relativos a esa gestión.
Es docente del Instituto Universitario de la Fundación
ISALUD.
Autora de Violencias en la Administración Pública:
Casos y Miradas para pensar la Administración Pública
Nacional como ámbito laboral, Editorial Catálogos,
Buenos Aires, Argentina, 1999.
Colaboradora del Suplemento Empleos del diario La Nación,
Buenos Aires, Argentina.
Como profesional de planta permanente de la Jefatura de Gabinete
de Ministros de la Nación, se desempeña como
investigadora "en comisión" en la Dirección
de Estudios e Investigaciones del Instituto Nacional de la
Administración Pública, INAP.
Actualmente,
los organismos internacionales de salud pública, reconocen
a la violencia como un obstáculo para el desarrollo
de las naciones y una amenaza para la salud pública.
La conceptualización, medición y análisis
de las conductas violentas en diferentes contextos y la comprensión
de sus causas y factores asociados, fueron establecidas como
tareas urgentes encaminadas a orientar las acciones de salud
pública en los referente a la prevención de
la violencia y la atención a las víctimas y
agresores.
Una investigación exploratoria verificó que
la conducta violenta es perpetrada, en democracia y en las
instituciones estatales, por quienes tienen la responsabilidad
de proteger a todos los ciudadanos. Esta violencia verificada
en la transformación del protector en violento, produce
efectos mucho más devastadores por cuanto se convierte
en modelo autorizado además de resultar condición
necesaria para el nacimiento y la realimentación permanente
de la corrupción.
Existe una íntima relación entre violencia político-burocrática,
sufrimiento personal (impacto en la salud física y
psíquica de los agentes públicos) resultados
de la gestión pública y resquebrajamiento del
sistema democrático y el Estado de Derecho.
La presente nota aspira a propiciar la reflexión colectiva
para revertir situaciones concretas.
1. Introducción
Aunque
la violencia ha sido objeto de numerosos estudios desde el
punto de vista de diversas disciplinas, su abordaje como problema
de salud pública es relativamente reciente. Los expertos
señalan que la violencia puede y debe ser tratada como
un problema de salud pública, no sólo porque
produce directamente lesiones y defunciones, sino por su impacto
en el deterioro del entramado de relaciones sociales de solidaridad
y cooperación que hoy suele denominarse "capital
social". (Filho, 1999)
Más aún, actualmente, diversos organismos internacionales
de salud pública, entre ellos, la Organización
Mundial de la Salud y la Organización Panamericana
de la Salud, reconocen a la violencia - en sus diferentes
manifestaciones - como un obstáculo para el desarrollo
de las naciones y una amenaza para la salud pública.
En informes especializados destacan que la violencia ha dejado
de enfocarse indirectamente y de esconderse tras apelativos
como "cuestiones de salud pública controvertida"
y "hecho inevitable de la vida" para reconocerse
como una epidemia soslayada que pronto superará a las
enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad
y mortalidad prematura en todo el mundo.
La Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial
han estimado que los actos de violencia contribuyen al 15%
de la carga mundial de enfermedad, pero no existen indicadores
adecuados para medir su impacto total. Las tasas de mortalidad
por homicidio y suicidio, que son fáciles de obtener
y sirven para hacer ciertas comparaciones entre países,
no incluyen las muertes no registradas relacionadas con la
violencia.
A la luz de este vacío de conocimiento, la conceptualización,
medición y análisis de las conductas violentas
en diferentes contextos y la comprensión de sus causas
y factores asociados, fueron establecidas como tareas urgentes
encaminadas a orientar las acciones de salud pública
en los referente a la prevención de la violencia y
la atención a las víctimas y agresores.
Todos los organismos internacionales de salud subrayan la
necesidad de profundizar en el conocimiento y la comprensión
de la compleja trama de factores políticos, socioeconómicos,
psicosociales y culturales que se asocian con la violencia
y resaltan la importancia de fundamentar un enfoque integrado
de prevención. Para ello consideran prioritario la
promoción y realización de investigaciones y
el mejoramiento de los sistemas de información y registro.
2.
Acoso moral, psicoterror y violencia en ámbitos laborales
En
consonancia con el enfoque explicitado a título introductorio,
han comenzado a surgir estudios sobre la violencia en los
ámbitos laborales. Si bien es posible que las conductas
violentas en el trabajo sean un fenómeno tan viejo
como el trabajo mismo, como fenómeno de patología
laboral han comenzado a hacerse visibles en Europa y E.E.U.U,
sólo desde hace una década.
En los países anglosajones y en los países nórdicos,
se lo denomina "mobbing" ( de mob: muchedumbre,
manada, plebe) En Suecia, el psicólogo del trabajo
Heinz Leymann, investigador de estos procesos, lo designa
"psicoterror". En este país, el hostigamiento
psicológico en el trabajo origina entre el 10% y el
15% de los suicidios registrados, según señala
un informe de la O.I.T. (1998)
En Francia, se advierte que la tensión laboral afecta
negativamente a la salud de las personas y genera un costo
económico aunque todavía no se ha evaluado con
exactitud. La especialista en Victimología, Marie France
Hirigoyen (1999) acuñó el concepto "acoso
moral" para describir un proceso de maltrato psicológico
mediante el cual "un individuo puede conseguir hacer
pedazos a otro y el ensañamiento puede conducir incluso
a un verdadero asesinato psíquico". La victimóloga
francesa describe minuciosamente el perfil del perverso y
visibiliza la dinámica del fenómeno: "Por
acoso en el lugar de trabajo hay que entender cualquier manifestación
de una conducta abusiva y, especialmente, los comportamientos,
palabras, actos, gestos y escritos que puedan atentar contra
la personalidad, la dignidad o la integridad física
o psíquica de un individuo, o que puedan poner en peligro
su empleo, o degradar el clima de trabajo."
Según la experta, "cuando el proceso de acoso
en la empresa se instaura, la víctima es estigmatizada:
se dice que el trato con ella es difícil, que tiene
mal carácter o que está loca. Se considera que
su personalidad es la responsable de las consecuencias del
conflicto y la gente se olvida de cómo era antes o
de cómo es en otro contexto." Más aún,
"las víctimas, al principio y contrariamente a
lo que los agresores pretenden hacer creer, no son personas
afectadas de alguna patología o particularmente débiles.
Al contrario, el acoso empieza cuando una víctima reacciona
contra el autoritarismo de un superior y no se deja avasallar.
Su capacidad de resistir a la autoridad a pesar de las presiones
es lo que la señala como blanco". Por último,
Hirigoyen advierte que "la empresa en su conjunto se
puede convertir en un sistema perverso cuando el fin justifica
los medios y cuando está dispuesta a todo - incluso
a destruir a sus empleados - con tal de alcanzar sus objetivos.
En este caso, la mentira desencadena el proceso perverso en
el mismo nivel de la organización del trabajo."
Por encima de la visibilización del fenómeno
del "hacelérement moral", la especialista
destaca que la dificultad para defenderse del acoso moral
reside en el hecho de que casi nunca se dispone de pruebas
flagrantes.1
Sobre la misma cuestión argumenta la socióloga
argentina Inés Izaguirre (1998) en su contribución
al debate conceptual sobre la violencia y las dificultades
e interrogantes que plantea su traducción en observables.
3.
Las conductas violentas en la gestión de personal de
la Administración Pública
La
palabra violencia, evoca, de inmediato, imágenes que
tienen que ver con el empleo de la fuerza material: golpes,
hechos de sangre, estallido, combate. Pero la violencia, en
términos generales es una forma de ejercicio del poder
mediante el empleo de la fuerza (no sólo) física,
(sino también) psicológica, emocional, económica,
política. En sus múltiples manifestaciones implica
la existencia de un arriba y un abajo, reales o simbólicos,
que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios:
padre-hijo, hombre-mujer, maestro-alumno, patrón-empleado,
joven-viejo. El empleo de la fuerza se constituye en un método
posible para resolver conflictos como un intento de doblegar
la voluntad del otro, de anularlo precisamente en su calidad
de "otro". La violencia implica una búsqueda
de eliminar los obstáculos (las normativas) que se
oponen al propio ejercicio del poder, mediante el control
de la relación obtenido a través del uso de
la fuerza ( abuso de poder ) (Corsi, 1995)
Ahora bien, cuando el empleo de la fuerza y la voluntad de
doblegar al otro, es perpetrado, en democracia, precisamente,
"por quienes tienen la responsabilidad social y legal
de cuidar a los ciudadanos, de mantener el orden en su mundo,
de preservar la estabilidad y predictibilidad de sus vidas
( el Estado a través de sus agentes), la violencia
tiene un efecto (doblemente) devastador y de largo alcance."
Ello en virtud de que "la transformación del carácter
protector en carácter violento ocurre en un contexto
y en un discurso que destruye o falsea los significados y
deniega esta transformación." (Sluzky, 1994)
Estamos hablando entonces de una violencia ejercida por quien
tiene la obligación de proteger. De manera análoga
a la situación donde, en el contexto familiar, el padre
(que tiene la obligación legal y moral de proteger
a sus hijos) viola a su hija o hijo.
Este tipo de violencia es la que define Sluzky con tanta justeza:
"La calidad siniestra y el efecto traumático devastador
de la violencia familiar y política son generados por
la transformación del victimario de protector en violento,
en un contexto que mistifica o deniega las claves interpersonales
mediante las cuales la víctima reconoce o asigna significados
a los comportamientos violentos y reconoce su capacidad de
consentir o disentir." (Sluzky, 1994)
Así, la violencia adquiere características devastadoras
cuando el acto de violencia es re-rotulado: ej: "Esto
es organización y capacitación para la eficiencia
y la eficacia " y su efecto, sea dolor físico,
o emocional, es negado o mistificado. El corolario de valores
es redefinido: ej: " De esta manera estamos modernizando
el Estado." La re-rotulación corre por cuenta
del violento, quien atribuye a su conducta un significado
diferente del que realmente tiene."2
Para Sluzky, esta definición de violencia política,
que subraya la transformación de la fuente de protección
en fuente de terror en un contexto engañoso, lejos
de ser específica de la violencia política,
borra buena parte de la distinción entre la (macro)
violencia política y la (micro) violencia familiar
y permite abarcar un amplio espectro de situaciones.
Con la convicción de que este modelo general de Sluzky
resulta un instrumento preciso y oportuno para estudiar el
territorio de la Administración Pública, entendido
como ámbito laboral, en 1997 realicé un estudio
de ese territorio, desde la perspectiva del análisis
de las conductas violentas. Desarrollé una investigación
de campo, sobre la base de una muestra intencional de casos,
propia de los estudios de carácter exploratorio, que
me permitió verificar la existencia de diversas modalidades
de conductas violentas a las que genéricamente denominé
violencia político-burocrática. (Scialpi, 1999)
En contraste con el fenómeno del "acoso moral"
(tratado en el punto 2) para el cual resulta difícil
hallar "pruebas flagrantes", sostengo que para la
violencia político-burocrática, no resulta muy
difícil encontrar pruebas contundentes. Hay claros
indicadores y aún expedientes que develan lo que está
pasando.3
A mi juicio, resulta urgente abordar la tarea de identificación
y esclarecimiento de algunas de las principales modalidades
de violencia que padecen los trabajadores de la Administración
Pública, tarea que precede necesariamente a las mediciones
de incidencia, frecuencia y gravedad recomendadas por la OIT.4
4.
La epidemia soslayada
Si
para los organismos internacionales de salud pública
resulta urgente la conceptualización, medición
y análisis de las conductas violentas en diferentes
contextos y la comprensión de sus causas y factores
asociados, el análisis de las conductas violentas en
el ámbito de la Administración Pública,
adquiere carácter de doble urgencia y supone una responsabilidad
insoslayable para los profesionales de las ciencias sociales,
entre los que me incluyo.5
Ello en virtud de que, tal como razona Sluzky (1994) la transformación
de la fuente de protección en fuente de terror, en
un contexto engañoso, hace que los efectos de las conductas
violentas en la gestión de personal de la Administración
Pública, sean más devastadores y provoquen consecuencias
más graves que otras violencias en otros ámbitos
laborales.
Además del impacto que tiene esta violencia político-burocrática
sobre la salud de los agentes públicos y sobre los
resultados de la gestión de los organismos estatales,
se convierte en modelo autorizado (Coria, 1994) y ofrece un
soporte instrumental estratégico para la corrupción,
fenómeno éste que, en la actualidad, comienzan
a combatir los organismos multilaterales de crédito
y las grandes corporaciones multinacionales que reclaman más
respeto a las reglas y prácticas internacionales.
Resulta obvio que para perpetuarse, la corrupción en
el Estado requiere en primer término, conductas violentas
en la gestión de personal de la Administración
Pública, en segundo término, impunidad absoluta
de los agresores y victimarios y por último, víctimas
afectadas del síndrome de indefensión aprendida.6
Así se mantiene un Estado de Derecho en agonía.
La investigación de campo permitió constatar
la íntima relación que existe entre violencia
político burocrática, sufrimiento personal (impacto
en la salud física y psíquica de los agentes
públicos), resultados de la gestión pública
en términos de servicios prestados a la población
argentina en su conjunto y resquebrajamiento del sistema democrático.
La visibilización de este fenómeno habilita
el debate de esta singular problemática que afecta
potencialmente nada menos que al 14,4% de la PEA ocupada del
país. El sector público argentino está
integrado por una población asalariada de 1.813.000
personas. (SIEMPRO- INDEC, 1997)
5.
Visibilizar la violencia para poder erradicarla
Cabe
esperar que el reconocimiento, la identificación, en
suma la visibilización de la violencia en la gestión
de personal de la Administración Pública, y
la magnitud de las cifras de población afectada directamente
(a la que debe sumarse la sociedad entera afectada como consecuencia),
estimulen la conciencia colectiva de que debemos y podemos
hacer algo al respecto.
Es necesario recordar que la sola existencia de ciertas condiciones
sociales objetivas, no es condición necesaria y suficiente
para su reconocimiento como problema social. Es preciso, además,
que esa condición "afecte a un número importante
de personas de un modo considerado inconveniente y que la
gente crea que puede y debe hacer algo para corregirla, mediante
la acción social colectiva, en virtud de que es considerada
socialmente indeseable." (Horton, 1987)
En este sentido es posible encontrar antecedentes alentadores.
En el tema de la violencia, como en otros fenómenos
sociales, hay un largo camino que va desde el momento en que
se identifica (y se visibiliza) una modalidad de violencia
como problema social hasta que se elaboran marcos teóricos
comprensivos y se toman decisiones para su atención
y tratamiento. Así por ejemplo, hace veinte años,
poco o nada hablábamos de violencia familiar en la
Argentina. No obstante, el fenómeno existía.
Un proceso de construcción social llevó primero
a hacer visible el problema, después a instalarlo socialmente
y finalmente a impulsar prácticas reparadoras.7
Una problemática similar a la de la violencia en el
contexto familiar, es identificable en los lugares de trabajo.
Por encima de las particularidades observables en cada sector
de actividad, la conducta violenta en ámbitos laborales
es verificable, aunque ocultada como ocurrió con la
violencia familiar.
Menos denunciada aún es esta violencia en la Administración
Pública entendida como ámbito laboral donde
la conducta violenta es perpetrada en democracia y en las
instituciones estatales, por quienes tienen el deber social
y legal de proteger a todos los ciudadanos.
La detección y la denuncia, adquieren carácter
de emergencia social. Su tratamiento y corrección también.
Creo firmemente que eludir esta parte sustancial de la conflictiva
humana, subestimarla o minimizarla es una forma de justificación.
Más aún no exponerla equivaldría a incurrir
- a mi entender - en una "doble victimización"8.
En tal caso estaríamos favoreciendo conscientemente
el desarrollo y la perpetuación de estas formas de
violencia que son, en rigor, formas de antidemocracia. En
igual sentido corresponde buscar y encontrar, de inmediato,
cauces adecuados para prevenirla y corregirla.
Felizmente quienes así pensamos no estamos solos. Hirigoyen
(1999) apunta que "basta con que un grupo, una empresa
o un gobierno cuenten con uno o con varios individuos perversos
para que todo el sistema se vuelva perverso. Si esta perversión
no se denuncia, se extiende subterráneamente mediante
la intimidación, el miedo y la manipulación.
Efectivamente, para atar psicológicamente a un individuo,
basta con inducirlo a la mentira o a ciertos compromisos para
convertirlo en cómplice del proceso perverso. Sin ir
más lejos, ésta es la base del funcionamiento
de la mafia o de los regímenes totalitarios."
6.
Modalidades de violencia político-burocrática
Podemos
definir a la violencia político-burocrática
como una variante de la violencia política, perpetrada
por funcionarios políticos de la Administración
Pública y por agentes de alto rango (Personal Jerárquico
y/o con funciones ejecutivas)9 que tienen la responsabilidad
social, legal y (en este caso) administrativa de cuidar a
los trabajadores del Estado y de cumplir y hacer cumplir las
normas administrativas vigentes. Es fortalecida y perpetuada
además con el apoyo de no-decisores que convalidan
dichas prácticas.
En cualquiera de sus muchas variantes, esta violencia política-burocrática
tiene un efecto devastador y de largo alcance en quienes han
sido y son sus víctimas. Este efecto se deriva de la
coexistencia de dos factores a saber a) Que la violencia político-burocrática
es perpetrada, precisamente por los funcionarios políticos
y aún por Personal Jerárquico (de planta) y
administrativos de carrera de alto rango de la Administración
Pública, quienes tienen la responsabilidad de respetar
y hacer respetar las normas administrativas vigentes. b) Que
la transformación del carácter protector en
carácter violento ocurre en un ámbito laboral
y en un discurso que destruye o falsea los significados y
deniega esta transformación.10
El aprendizaje social le impone al agente respetar a su superior,
lo que conlleva la ideología (creencia) de que tiene
la obligación de complacerlo, subordinándose
a todo capricho o impulso del superior. Implícita e
históricamente muchos agentes ( ¿la mayoría?)
han incorporado este "deber de complacer" . Esto
significa no discutir en situaciones de trabajo y aceptar
las re-rotulaciones (resignificaciones) de las conductas que
realizan los jefes. El desamparo aprendido en que vive la
población afectada encubre y perpetúa "la
existencia y el funcionamiento de las relaciones violentas
más frecuentes y cotidianas de nuestra sociedad, donde
no se ve el ejercicio de la fuerza material y por ello han
sido naturalizadas, normalizadas."(Izaguirre, 1998)
Entre las modalidades que padecen los agentes de la Administración
Pública Nacional, representadas en los casos estudiados,
enumero las siguientes:
Abierta violación de normas vigentes; criterios irracionales
de selección de personal; concursos espurios; asignación
clientelar, corporativa o amiguista de los cargos de dirección
en el aparato estatal y de los gastos reservados, existencia
de regímenes de privilegio y de onerosas consultorías
financiadas por organismos internacionales que contribuyen
a aumentar la deuda externa, sumarios injustificados; sistema
de capacitación con "clientela cautiva" y
desaliento a la excelencia profesional mediante criterios
perversos de equivalencias para la capacitación externa
al Instituto Nacional de la Administración Pública;
evaluaciones de personal con "cupos"; escandalosas
desigualdades salariales aún para agentes que deben
ser graduados universitarios y desarrollan funciones similares
de organización, planeamiento y control pero pertenecen
a plantas permanentes y escalafones distintos; coexistencia
de 64 escalafones o sistemas de empleo vigentes11; unidades
retributivas (sobresueldo) distribuidas a criterio del jefe
político; desprecio y destrucción de la producción
elaborada por los agentes; infrautilización de capacidades
individuales y hacinamiento laboral; acoso sexual como salvoconducto
para conseguir o mantener puestos de trabajo; techo de cristal
para las mujeres; ausencia del obligado pronunciamiento administrativo
frente a los reclamos (administrativos) presentados por los
agentes.
7.
La corrupción como fin, la violencia como medio: Un
caso actual
En
un caso recientemente denunciado aparece claramente la relación
entre violencia y corrupción. La situación plantea
la experiencia de un profesional médico, con el cargo
de Jefe de Hemoterapia de un hospital público. El profesional
ha llegado a ocupar el cargo por concurso público y
lo ejerce desde hace algunos años. La dirección
renovada del hospital tiene la intención de sacarlo
del medio. Se trata de quitarle el cargo y "dárselo"
a otro. En virtud de que no hay evidencias que justifiquen
la iniciación de un sumario o la querella formal y
legal, se recurre al procedimiento violento. Amenazas, denuncias
falaces, y todo tipo de avasallamientos personales.
El fin que justifica la conducta violenta es obtener, por
cooptación, el control de un servicio hospitalario
que produce dinero. Otros profesionales de servicios hospitalarios
tales como el servicio de Farmacia, de Laboratorio, de Rayos,
que son los principales productores de recursos monetarios,
también han resultado víctimas de procedimientos
similares.
El proceso ha seguido - con sus particularidades específicas
- el sendero habitual y las características generales
de estos procedimientos: contradecir, humillar, no compartir
información, bloquear y desviar material técnico,
juzgar y criticar, acusar y culpar verbalmente, atormentar,
socavar aduciendo comportamientos confusos, sabotear, interrumpir,
olvidar, insultar, ordenar, negar, amenazar telefónicamente
a la familia.
El propósito es silenciar a la víctima, acorralarla,
dejarla atrapada entre luchar o callar y aceptar sin protestar,
controlarla y dominarla para que deje el camino libre para
los corruptos que aspiran a medrar y realizar pingües
ganancias con la comercialización del servicio. Muchos
abandonan la lucha por miedo a mayores y más graves
consecuencias personales y familiares.
8.
Cómo naturalizamos las "re-rotulaciones "
Hemos
establecido que la re-rotulación corre por cuenta del
violento, quien atribuye a su conducta un significado diferente
del que realmente tiene. Podemos agregar que esta dinámica
que subraya la transformación de la fuente de protección
en fuente de terror en un contexto engañoso, es de
sencilla verificación.
Ya sea por medio de la observación empírica
o merced a la puesta a prueba (comparación) entre el
discurso y los hechos documentados, puede constatarse que
se falsean los significados y se tergiversa el carácter
de las conductas.
El procedimiento es tan habitual, está tan normalizado
que se dan por normales conductas que no lo son. Más
aún, se llega a calificar de "persona equilibrada"
o "persona que sabe adaptarse a las circunstancias "
(entendido como elogio) a la persona que no cuestiona las
abiertas violaciones a las normativas vigentes, ni mucho menos
las arbitrariedades, algunas de ellas incluidas (avaladas
y consolidadas) en las mismas normativas vigentes.
La abierta discrepancia con tales iniquidades y con la violación
de las normas, se atribuye a características personales
conflictivas. Por el contrario, lo natural, lo esperable es
la "conformidad automática" (Fromm, 1984),
el aval a la arbitrariedad, el sometimiento y la impotencia
aprendida, conductas que también cobran vida en los
diversos relatos de casos y experiencias que integran la muestra
intencional de la investigación.12
La mayoría de los casos seleccionados como casos en
la investigación realizada, cuentan con expedientes
de reclamos administrativos presentados, lo que habla a las
claras de individuos que conocen sus derechos, más
allá de que, lamentablemente, en casi todos los casos
la respuesta de la Administración - que tiene la obligación
de expedirse en forma fundada y expresa frente a cualquier
petición - siempre ha sido el silencio.
Esta violencia no-accidental requiere de un contexto en el
cual algunos miembros del sistema tienen el poder de decidir
- poner en acto - qué es lo que va a ser validado como
"real" para todos los miembros del sistema administrativo
público. Por lo mismo, la persona (se trate de profesionales,
científicos, técnicos, empleados administrativos
o personal de maestranza) es negada o invalidada en tanto
"sujeto social" y es tratada como "objeto social".
Cuando ocurre esto, cuando las instituciones que deben proteger,
causan daño, lo hacen de una manera tal que, la violencia
y el daño quedan mistificados y justificados, llegando
incluso a desfigurar el Estado de Derecho.
TRAMO
Cargos Ocupados (1)
Número Participación
(%)
Hasta $ 500 18,626 7.3
501-1000 101,879 39.9
1001-1500 69,023 27.0
1501-2000 35,364 13.8
2001-2500 15,604 6.1
2501-3000 5,178 2.0
3001-3500 3,259 1.3
3501-4000 2,356 0.9
4001-4500 1,269 0.5
4501-5000 739 0.3
5001-5500 510 0.2
5501-6000 546 0.2
Mayor a $ 6000 1,079 0.4
TOTAL
255,432 100.0
Fuente:Boletín
Fiscal-1° Trimestre de 2000
Es decir, casi el 80% de los empleados civiles16, militares,
policiales y de otras fuerzas de seguridad que ocupaban cargos
en las jurisdicciones de la administración pública
central y en todos los organismos descentralizados que dependían
de ella, ganaban -en el mes de enero de 2000- salarios cuyos
montos mensuales no superaban los $1.500. Si se tiene en cuenta,
además, que la complejidad de las actividades inherentes
al funcionamiento de los estados modernos y la incorporación
de las nuevas tecnologías informáticas exige
la creciente profesionalización de la planta de empleados
estatales, las remuneraciones de la inmensa mayoría
de los asalariados públicos nacionales no debería
dar la impresión de un derroche de dinero que justifique
más ajuste. (Redondo y Scialpi, 2000)17
10.
La "violencia laboral" según el Convenio
Colectivo
El
Convenio Colectivo de Trabajo General para la Administración
Pública Nacional Argentina, en su artículo 131
garantiza los principios enunciados en la convención
sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación
contra la Mujer aprobada por Ley 23.179 y sostiene que "para
ello adoptarán las medidas necesarias a fin de suprimir
esta discriminación en todas su formas y manifestaciones".18
El Capítulo III del Título XIV dedicado a "Igualdad
de Oportunidades y de Trato" lleva el sugerente nombre
de "Erradicación de la violencia laboral"
y tiene un solo artículo - el 137 - que dice:
"Los agentes que incurran con su accionar en la figura
de acoso sexual, quebrantando las prohibiciones del inciso
e) del artículo 28 del Régimen Jurídico
Básico, o la norma que lo reemplace en el futuro, serán
sancionados con cesantía de acuerdo a lo normado en
el articulo 32 inciso f) del mismo ordenamiento legal. La
agente afectada por el accionar descrito en el párrafo
precedente, podrá denunciar los hechos ante el responsable
del área de recursos humanos del organismo. "
La flagrante reducción está a la vista. El artículo
137 que acabamos de citar textualmente permite inferir que
según los redactores del Convenio Colectivo de Trabajo
para la Administración Pública, la "violencia
laboral" es sinónimo de "acoso sexual"
ya que utilizan el concepto violencia laboral para tipificar
sólo al acoso sexual. 19
A la luz de esta simplificación cabe preguntarse: ¿Los
redactores del Convenio habrán sido sólo varones?
y aún así, ¿sólo el acoso sexual
constituye violencia laboral? Las abiertas violaciones a las
normativas vigentes, los criterios irracionales de selección
de personal, los concursos espurios que no prevén recurso
de apelación, los cargos no otorgados a los ganadores
declarados de concursos, las designaciones a dedo, las unidades
retributivas distribuidas a criterio del jefe político,
la falta de ocupación efectiva y la subutilización
de capacidades y talentos; el sistema de capacitación
con "cliente cautiva", el desaliento a la excelencia
profesional con perversos criterios de otorgamiento de equivalencias
para la capacitación externa al INAP, las evaluaciones
de desempeño con cupos, ni objetivas ni confiables
como exige el mismo Convenio Colectivo; las escandalosas diferencias
salariales entre profesionales que deben ser graduados universitarios
y desarrollan funciones similares de organización,
planeamiento y control pero pertenecen a plantas permanentes
y escalafones distintos, las becas de estudio - incluidas
maestrías costosas - no difundidas y reservadas sólo
para los amigos/as de los jefes de turno, el hacinamiento
laboral y la inadecuación del mobiliario, la falta
de lugares destinados para el almuerzo de los trabajadores
que comen sobre el escritorio, atendiendo, a veces, simultánemente
al público; el no-pronunciamiento administrativo ante
los reclamos efectuados por los agentes, en definitiva la
falta de cuidado de los recursos humanos que son el "activo"
principal de las administraciones, ¿acaso no constituyen
violencia laboral ejercida contra todas las mujeres y todos
los varones que trabajan en la Administración Pública
Nacional ?
Esta violencia de la que hablamos, así incorporada
a la vida cotidiana dentro de la Administración Pública,
no ha tenido una difusión equivalente a otras violencias
sobre las que discurren las reflexiones actuales.20
Cabe preguntarse si se trata de violencias menores en comparación
con otras violencias sociales aunque se impone dudarlo frente
a importantes "hallazgos anómalos" referidos
a tasas de mortalidad y tasas de enfermedad específicas
del sector.21 (Evans, Barer y Marmor, 1996) Sea cual fuere
la respuesta a este interrogante, el análisis de este
tipo de violencias nos parece útil y necesario para
dar sentido y alcance a una democracia efectiva.
11.
Nuestro instinto de defensa mutilado
Con
referencia a los efectos directos, mi estudio del territorio
administrativo, desde la perspectiva de las conductas violentas
en la gestión del personal, requirió una descripción
pormenorizada de los efectos psicológicos de la violencia,
que fue realizada en términos de escenarios teóricos
posibles: a) discrepancia cognitiva b) procesos de ataque
o fuga c) enseñanza-aprendizaje d) lavado de cerebro
e) Síndrome de Estocolmo) adaptando el modelo general
de Sluzky que pone énfasis en dos variables mutuamente
independientes: las consecuencias atribuidas a la violencia
y su naturaleza aislada o repetitiva.22
No existen datos que permitan evaluar debidamente el impacto
que esta violencia causa en la salud física y písiquica
de los agentes públicos. Algunos hallazgos surgidos
de las entrevistas confirmaron ciertos "hallazgos anómalos"
de investigaciones científicas recientes que muestran
el significativo impacto que tienen sobre la salud de los
agentes del sector público, tanto la infrautilización
de habilidades y capacidades individuales como el nivel que
ocupan en el escalafón y la cada vez más desigual
distribución de los ingresos.
Los casos estudiados ( sobre expedientes y entrevistas) remiten
directamente a los estudios que sugieren, por un lado, la
existencia de un proceso causal subyacente correlacionado
con la jerarquía per se del agente en el escalafón
y por el otro, las graves consecuencias del estrés
por la subutilización de capacidades potenciales que
se expresa a través de distintas enfermedades. Las
enfermedades concretas que enferman a los agentes son vías
o mecanismos alternativos en lugar de causas. El factor causal
subyacente es "la falta de autorrealización y
autoestima que difiere bastante desde la cúpula a la
base del escalafón y es mucho más compleja de
medir que el "ausentismo", el "hambre"
o la "inadecuación de la vivienda."
Esto significa que esta verificación e identificación
de modalidades de violencia político-burocrática
conlleva, en cierto modo, una provisoria evaluación
de impacto (los efectos) de la violencia político-burocrática,
sobre la salud de los servidores públicos. Así
lo sugieren, las consignas provenientes de diversos ámbitos
cuya orientación seguimos:
1) "Las condiciones y Medio Ambiente de trabajo no actúan
de forma independiente. El medio ambiente de trabajo, la organización,
el contenido de trabajo, la higiene y seguridad, interactúan
incrementando o disminuyendo los riesgos, las enfermedades
y/o accidentes" y
2) "Las alteraciones de la salud mental generadas por
los distintos factores de estrés laboral influyen no
solamente en el ambiente de trabajo sino también en
el medio familiar y social." (Rodríguez, 1990)
No fue posible constatar - dentro del ámbito de la
Administración Pública Central - la realización
de estudios sobre la carga mental y la fatiga de trabajo,
el estrés ocupacional o controles psicológicos
como aconseja la bibliografía internacional con relación
a estos ítems. En caso de comprobarse fehacientemente
dicha falta de estudios, cabe preguntarse ¿será
dicha falta el factor principal que está determinando
la falta de conciencia de que la organización del trabajo,
en la Administración Pública, constituye un
"factor de riesgo" sobre el cual es posible actuar
desde el propio trabajador para preservar la salud?
11.i Desgano vital y desamparo aprendido
Uno de los efectos más graves ocasionados a las víctimas
de situaciones habituales de violencia - entre las que incluyo
las violencias que padecen los integrantes de la Administración
Pública - es el denominado síndrome de desamparo
aprendido (condicionado). La denominación pertenece
a Martín Seligman quien investigó cómo
los animales suspenden su actividad cuando se hallan en una
situación en la que no causan ningún efecto
sobre su entorno.
Los experimentos de Seligman, realizados con animales, para
estudiar el fenómeno de la normalización de
la violencia y la impotencia aprendida, en los años
sesenta, sirvieron al estudio del instinto de fuga de los
seres humanos. Un perro recibía descargas eléctricas
si caminaba sobre un lado de la superficie de una jaula. El
animal aprendió a alejarse de ese lado. Después,
las descargas se producían en otros sitios y más
tarde ocurrieron al azar. Al principio, el perro se mostró
confuso y más tarde se aterrorizó. Finalmente
se dio por vencido y se tendió, recibiendo las descargas
tal como venían sin tratar de esquivarlas. El experimento
no terminó allí. Los científicos abrieron
la puerta y dejaron el perro en libertad. En vez de salir
corriendo, el animal no atinó a abandonar la jaula.
Seligman y su equipo de científicos dedujeron que cuando
una criatura se expone a la violencia, tiende a adaptarse
a esta perturbación de tal forma que, cuando cesa la
violencia o se le concede la libertad, el saludable instinto
de defenderse o de huir queda notablemente mermado y, en su
lugar, la criatura se queda quieta.
Una década más tarde, Lenore E. Walker aplicó
este mismo principio de la indefensión aprendida al
interrogante de por qué las mujeres permanecían
al lado de los hombres que las maltrataban duramente. Su trabajo
"La mujer golpeada" constituyó un hito en
la problemática. La normalización de la violencia
las lleva a sentirse incapaces de reaccionar para defender
las cosas en las que creen con todo su corazón.
Desde la perspectiva histórica podemos encontrar otros
ejemplos de desamparo aprendido. El historiador Sánchez
Albornoz (1973) denominó "desgano vital"
al estado anímico de los aborígenes americanos
que provocó el drástico descenso de la fertilidad
en las familias nativas, las que pasaron de tener 6 hijos
cada una, en promedio, a no tener ninguno hasta imposibilitar
el reemplazo normal de las generaciones. Para Sánchez
Albornoz el "desgano vital" fue el factor de mayor
incidencia (entre otros como el sarampión, ciertas
enfermedades adquiridas, la guerra y las muertes violentas)
para explicar la desaparición de las comunidades aborígenes.
Albornoz describió el derrumbe de su mundo y de sus
formas de vida con estas palabras: "las quejas de los
colonizadores evidenciaban sin sombras el desánimo
con que los nativos vivían en una sociedad que había
dejado de ser la suya."
A mi juicio, el desgano vital y el síndrome de indefensión
aprendida afecta notoriamente a los integrantes de la Administración
Pública Argentina. Por añadidura la falta de
revisión de las propias conductas y la ausencia de
esclarecimiento y reconocimiento contribuyen a que el proceso
se mantenga invisible, inalterado y en constante re-alimentación.
También a mi juicio, deberíamos ser capaces
de generar programas de entrenamiento para des-aprender, des-condicionar,
a las víctimas de violencia en la Administración
Pública. De manera análoga se ha impulsado,
en todas las latitudes la creación de programas que
permiten des-condicionar a las mujeres maltratadas en un período
de tiempo relativamente corto, lo que han naturalizado, durante
largos años: el maltrato. Sostengo que efectivamente
podemos hacerlo.
Íntimamente ligada con esta perspectiva del desamparo
aprendido, otra mirada sostiene que el déficit principal
de la sociedad argentina, es el déficit de función
paterna. Este déficit conduce, por un lado, al entronizamiento
de caricaturas sustitutivas y por otro, a una inserción
inmadura en la realidad. Este déficit es entonces el
responsable de la infantilización de la población
y de la obstaculización y la intolerancia a los cuestionamientos
necesarios para crecer, evolucionar y construir el propio
destino. (Abadi y Mileo, 2000)
En este contexto, no me parece casual que el trabajo de la
psicoanalista Pinkola Estés, cuyo propósito
principal es contribuir a la reparación del instinto
de defensa mutilado (herido) tenga tanto éxito. Pinkola
Estés (1998) señala que la normalización
de lo anormal, incluso en el caso de que no quepa la menor
duda de que ello va en detrimento de la propia persona, se
aplica a todas las palizas que se propinan a nuestras naturalezas
físicas, emocionales, creativas, espirituales e instintivas.23
Nuestra psique se acostumbra a las "descargas" dirigidas
contra nosotros. Cuando nos adaptamos a la violencia, procuramos
normalizar lo anormal y perdemos nuestra capacidad de huir,
perdemos nuestra capacidad de defender los elementos del alma
y de la vida que a nuestro juicio son más valiosos.
Pinkola Estés explica que este síndrome de indefensión,
impotencia o desamparo aprendido, esta lesión del instinto,
nos hace olvidar la justa cólera, y nos enmudece, imponiéndonos
silencio cuando en rigor deberíamos reclamar, hablar,
intervenir, debatir. Sostiene que los traicionados, no pueden
volver a confiar y que la traición se produce cuando
los que ostentan el poder, ven el peligro y apartan el rostro.
Por último subraya que nos traicionamos a nosotros
mismos cuando vemos el peligro y apartamos el rostro, cuando
incumplimos los compromisos de ayuda o respaldo y evitamos
los comportamientos valientes.
12.
El ritual de la evasión
Transcribiré
sólo algunas de las conclusiones de mi investigación
exploratoria a la que me he estado refiriendo a lo largo de
esta nota.
Toda estructura social tiene objetivos, propósitos,
fines, o si se prefiere intereses - cultural y socialmente
definidos - y reglas o procedimientos permitidos para avanzar
hacia dichos objetivos. La Administración Pública
no escapa a este principio y al menos en teoría tiene
determinados objetivos y procedimientos.
La literatura sociológica describe casos donde la estructura
social o burocracia olvida los objetivos originales y comienza
a transferir tal fuerza a los procedimientos que termina convirtiéndolos
en ritos.24 El rito permite la evasión y se consolida
a través de esa suerte de adaptación pasiva
a la realidad, de aceptación de un riesgo no advertido,
como parte natural del trabajo, que aparece configurada en
las experiencias de "conformidad automática".
Los procedimientos de la violencia político-burocrática
han adquirido tal fuerza que han terminado por convertirse
en ritos. La población trabajadora de la Administración
Pública, deja hacer y acepta como natural los casos
de violencia intra-burocrática identificados, los cuales
ofrecen evidencia empírica de la falta de respeto a
los procedimientos instituidos, normativas administrativas
y legales vigentes. Y acepta, de igual modo, como parte natural
del trabajo (naturalización) que la transgresión
sea cometida, precisamente, por quienes son responsables de
hacerlos cumplir.
Existen otras situaciones explicadas por la sociología
donde la eficacia bien puede alcanzarse con "prácticas
no permitidas". Es el caso de algunas comunidades religiosas
que prohiben determinadas operaciones quirúrgicas aún
a riesgo de que sus miembros pierdan la vida. En tales circunstancias,
una "práctica no permitida" (la operación
quirúrgica) podría garantizar la eficacia: salvar
la vida de sus integrantes.
Esto da cuenta de que la eficacia puede ser entendida de muchas
maneras diferentes. Por consiguiente, se impone primero, debatir
y definir en cada oportunidad, qué entendemos por eficacia,
vale decir qué logros nos proponemos alcanzar, efectivamente,
desde una jurisdicción en particular y desde la Administración
Pública en general.
Para el caso de la Administración Pública Central,
ni siquiera con prácticas no permitidas y abiertamente
violatorias de las normativas vigentes, se garantiza la eficacia,
que se declara buscar.
A diferencia de lo apuntado para ciertas comunidades religiosas
en las que una "práctica no permitida" (la
operación quirúrgica) podría garantizar
la eficacia ( salvar la vida de sus integrantes) en el caso
de la Administración Pública ni aún con
estas prácticas no permitidas, vale decir violatorias
de las normas vigentes, se garantiza la eficacia.
Pero tampoco las normas legales vigentes (prácticas
permitidas) parecen conducir a la eficacia. En este sentido
hallamos normas emanadas en el contexto de la Modernización
del Estado y la Profesionalización Administrativa,
que contienen un alto grado de ineficacia e ineficiencia (=
irracionalidad) y de inequidad.
Considero que se abre - en este terreno del maltrato y la
violencia político-burocrática - un amplísimo
campo de estudio para las distintas áreas temáticas
de los Ciencias Sociales del Trabajo, que incluyen desarrollo
organizacional, relaciones laborales, cultura, ergonomía
y Cymat, legislación laboral, políticas de empleo,
flexibilización laboral, sindicalismo y estrategias
de productivas.
La "insurrección de los saberes sometidos, saberes
locales de la gente, saberes descalificados mediante los cuales
opera la crítica" (Foucault, 1980) inspira nuestra
escucha y esta (nuestra) escucha nos permite constatar que
podemos construir conjuntamente un discurso y una vida diferente.
La profunda indignación frente a esta violencia, plagada
de injusticias y de discrecionalidad del poder, debe servir
para iniciar caminos de re-construcción y para fortalecer
la participación activa y el riguroso control de los
propios agentes, trabajadores y profesionales que aspiran
a ser reconocidos y vizualizados como auténticos servidores
públicos.
Sólo así podremos convertir a la Administración
Pública en un sistema confiable y respetuoso de las
normas vigentes y al mismo tiempo tan severo como las circunstancias
lo exigen. El debate y la búsqueda de soluciones, el
cierre del camino a la impunidad, no puede pasar por un sendero
proselitista y demanda tanta madurez y celeridad como la requerida
por otras violencias actuales. Esto también es importante
y urgente!
Suscribimos totalmente la idea de que "la competitividad
no pasa ni por los salarios ni por las horas de trabajo".
Pasa por "la racionalidad de un sistema de producción",
la cual "incluye altos salarios, menos horas de trabajo
y posibilidades para una mayor participación".
(Capón Filas, 1993)
Puede asomar una mirada solidaria y valiente capaz de imaginar
otro escenario posible. Podemos construir otras leyes, otras
normas, otros convenios colectivos de trabajo, realizar negociaciones
inéditas. Necesitamos construir otra Administración
Pública más transparente, más humana
y más justa, en definitiva más democrática
y más servidora de nuestra gente.
Si, como dice el poeta Francisco Luis Bernárdez, "porque
después de todo he comprendido que lo que el árbol
tienen de florido, vive de lo que tiene sepultado", confiemos
en que aún podemos florecer.
13.
Proyecto de ley en la Argentina y jurisprudencia extranjera
En
1998, fue presentado, en el Senado de la Nación Argentina,
un proyecto de ley cuyos dos primeros artículos transcribo
textualmente:
Artículo 1 - La presente ley tiene por objeto la protección
de los derechos laborales de los denunciantes o testigos de
delitos e irregularidades cometidos contra la Administración
Nacional, que al tiempo de efectuar la denuncia, o de ser
ofrecidos como testigos o de comunicárseles su inmediato
ofrecimiento como testigos, revistaran como agentes permanente,
transitorios o contratados, de cualquier categoría,
en la Administración Nacional.
A los efectos derivados de la presente ley, se incluyen en
la denominación "Administración Nacional",
1. La Administración Central y entes descentralizados.
2. Los órganos legislativo y judicial nacional.
No están incluidos en el proyecto de ley, los cargos
electivos, los cargos fuera de nivel o de gabinete, ni los
miembros de las fuerzas armadas, de seguridad, instituciones
policiales y organismos de inteligencia.
Artículo 2 - Ningún dependiente de la Administración
Nacional, entendida con los alcances establecidos en el artículo
precedente, podrá ser objeto de exoneración,
cesantía, retrogradación, postergación
de ascenso, suspensión, apercibimiento, traslado, no-renovación
de contrato, o de cualquier forma de sanción o discriminación,
por haber hecho o encontrarse en vías de formular una
denuncia penal o administrativa o haber sido ofrecido o hallarse
en vías de ser ofrecido como testigo en una denuncia
penal o administrativa contra cualquier funcionario o empleado
público, o relativa a irregularidades o delitos cometidos
en reparticiones públicas, o contra la Administración
Nacional, entendida conforme se establece en el artículo
precedente".
El proyecto de ley contempla como autoridad de aplicación
de la ley, el Organismos de Protección de Denunciantes
de la Administración Pública como organismo
desconcentrado, que funcionaría en jurisdicción
del Ministerio de Justicia.
En los fundamentos del proyecto se deja constancia que aún
en tiempos como los presentes, en los cuales la corrupción
administrativa parece campear en las administraciones públicas
de muy diversos países - entre ellos, conforme la Organización
No Gubernamental Transparency International, el nuestro -
existen funcionarios públicos que en aras de la ética
arriesgan su tranquilidad, su puesto, su honor y a veces su
vida, para denunciar irregularidades y delitos que advierten
en el ejercicio de sus funciones. Se trata - dice el proyecto
- de los "whistleblowers" (según The Oxford
Spanish Dictionary, Oxford University Press, 1994, "whistleblower"
es la persona que denuncia la existencia de prácticas
ilegales, corruptas, etcétera, dentro de su organización)
En los mismos fundamentos del proyecto se afirma: "Existe
en la Argentina, un verdadero culto del silencio. No, ciertamente
del silencio que nace de la discreción, sino del silencio
propio de la "omertá". Quien presencia un
delito o una irregularidad, debe callar, hablar es inadecuado,
peligroso y hasta lesivo de las 'buenas costumbres'. En nuestro
país, ciertamente no es sencillo pertenecer a la categoría
de los denunciantes o "whistleblowers". El funcionario
público que denuncia un acto de corrupción,
sabe positivamente que no le espera una vida sencilla".
(Berhongaray, 1998)
El proyecto de marras, no se ha convertido en ley. Sin embargo,
hoy más que nunca necesitamos una ley que contemple
esta cuestión y que explicite claramente que por "delitos
e irregularidades cometidos contra la Administración
Nacional" debe entenderse también los abusos de
poder y las conductas vejatorias y violentas perpetradas contra
los agentes públicos, sean denunciantes ("whistleblowers")
o no.
En EEUU existe una Ley (Acta de Protección al Informante)
sancionada en 1989, que protege a empleados que revelan información
sobre "ilegalidades, abuso de autoridad, mala administración,
desperdicio grosero o claros peligros a la salud o la seguridad
del público. Un informante es alguien que hace una
revelación legítima y legal de ese tipo de información".
La Ley de EEUU sólo protege a empleados del Ejecutivo
y no de los poderes Judicial y Legislativo. El empleado/funcionario
no puede perder el empleo y tienen derecho a ver a un juez.
Por su parte, en Italia, la modalidad agresiva y vejatoria
tendiente a la eliminación de un trabajador, suerte
de psicoterror ejercido en el lugar de trabajo - se trate
del sector público o del privado - ha merecido la presentación
de cinco proyectos de ley. (Jurisprudencia Extranjera, 2000)
14.
Estrategias para erradicar la violencia funcional a la corrupción
Cabe
preguntarse si el fenómeno de la violencia en la gestión
de personal de la función pública, es sólo
patrimonio de la sociedad argentina. Todos los argentinos
hemos desarrollado actitudes adaptativas al medio en que nos
movemos y ello no debería ser impedimento - como señalaba
Nino - para que tomemos conciencia de esta tendencia a la
ajuricidad en la vida argentina y la sometamos a la discusión
crítica aunque nos resulte, como confesaba él
mismo, sumamente doloroso. (Nino, 1992)
En tal sentido, la publicación de mi estudio exploratorio
sobre las conductas violentas en la gestión de personal
de la Administración Pública Argentina, tuvo
el claro propósito de servir de instrumento de reflexión
para todos los interesados en esta cuestión y al mismo
tiempo de ofrecer un material de prevención a los agentes
públicos. La inexistencia de datos que permitan evaluar
debidamente el impacto que esta violencia causa en la salud
física de los agentes públicos no nos exime
de prevenirla.
Dicho trabajo de investigación incluye además
de los principales efectos psicológicos de la conducta
violenta y mención de algunas consecuencias sobre la
salud física de los agentes públicos, la incorporación
de miradas de expertos especialistas de diversas disciplinas
y marcos teóricos específicos para pensar el
problema de la violencia en la gestión de personal
de la Administración Pública desde diferentes
perspectivas.25
Por último, la inclusión de un capítulo
titulado Manual de Primeros Auxilios ha servido de cauce preliminar
para orientar la acción de las víctimas. A lo
largo del año 2000, ha operado como una brújula
provisoria para buscar estrategias. Ha resultado útil
para alentar la esperanza en las propias víctimas e
incentivarlas a indagar y a abrir nuevos caminos. Se trata,
fundamentalmente de inspirar la búsqueda de soluciones
alternativas, en el convencimiento de que son muchos los que
padecen esta violencia pero también muchos los que
cobran cada día mayor conciencia de que algo puede
hacerse al respecto.
La única manera de cambiar un sistema donde el fin
justifica los medios es tomar conciencia de cuáles
son esos medios utilizados, conocerlos en detalle, asumir
la responsabilidad y el compromiso de mirarnos a nosotros
mismos y contribuir a revertir prácticas que ponen
en riesgo nuestra salud y nuestro sistema democrático.
Resulta urgente revisar las prácticas organizacionales
e institucionales - legales e ilegales - con las que convalidamos
y perpetuamos, por acción o por omisión, el
autoritarismo y la arbitrariedad sistemática en ámbitos
laborales y aún el desgobierno en las instituciones
públicas del cual se nutre el fenómeno de la
corrupción y tomar conciencia del impacto que dichas
prácticas tienen tanto sobre la salud de las víctimas
como sobre los resultados de la gestión de las instituciones
y organizaciones y sobre el sistema democrático en
su totalidad.
En la sociedad en su conjunto y en algunos organismos oficiales
en particular, (a partir de denuncias recibidas) existe conciencia
de que la problemática de la violencia en el trabajo
no es sólo patrimonio del sector público, si
bien - como hemos resaltamos - las consecuencias son más
devastadoras. Más grave aún, se descuenta que
las situaciones de violencia en los ámbitos laborales
públicos y privados no encuentran un cauce apropiado
para su tratamiento y resolución. No hay un lugar específico
de denuncias ni se cuenta con una metodología adecuada
de abordaje, tratamiento y prevención del problema.
Al momento de escribir estas líneas hemos radicado
un proyecto titulado Programa Nacional destinado a detectar,
prevenir y corregir hechos y conductas de maltrato y violencia
en los lugares de trabajo, en el Instituto Nacional contra
la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, INADI
que ya cuenta con el apoyo de diversos organismos nacionales
e internacionales y está en pleno proceso de preparación,
organización y lanzamiento.
Se trata de explorar alternativas inéditas para construir
instituciones estatales y organizaciones laborales más
sanas. Contamos con elementos suficientes para organizar acciones
de detección, prevención, y corrección
de la violencia, el acoso moral y el hostigamiento psicológico,
que incluyen estrategias de manejo y resolución de
conflictos y estrategias de apoyo a la población victimizada
en instituciones de salud con larga trayectoria en el abordaje
de situaciones de violencia.
Es preciso hablar con claridad, acerca de la violencia que
se ejerce en todos los ámbitos laborales pero en particular
de la violencia perpetrada, en democracia y en los ámbitos
laborales del sector público, por quienes tienen la
obligación social y legal de proteger. Es preciso reconocer
esta transformación de la fuente de protección
en fuente de terror con los efectos doblemente devastadores
que conlleva y es urgente ponerle límite.
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Notas:
1. De todas maneras su libro incluye consejos prácticos
para la empresa, que contemplan cómo resistir psicológicamente
y cómo hacer que intervenga la justicia.
2. Los ejemplos han sido cambiados y adaptados a la cuestión
que nos incumbe.
3. En esta nota intento ofrecer un resumen de los aspectos
centrales de mi trabajo de investigación. Los casos
analizados, poseen, en su mayoría, expedientes de reclamos
administrativos y sus pormenores aparecen en los relatos de
las víctimas entrevistadas.
4. Recomendaciones internacionales sobre estadísticas
del trabajo. Ginebra, 1975
5. La investigación fue realizada entre 1997 y 1998
sin apoyo institucional o económico de ninguna índole.
Mi doble condición de especialista en Planificación
y Gestión de Políticas Sociales, docente de
un Instituto Universitario de Salud y, al mismo tiempo, personal
integrante de la planta permanente de la Administración
Pública Central, coadyuvó al objetivo de mirar
desde adentro la Administración Pública y facilitó
la visibilización de un fenómeno existente pero
del cual la sociedad no habla.
6. El síndrome de indefensión, impotencia o
desamparo aprendido, se explica más adelante, en el
punto 8.
7. En la Argentina, el fenómeno de la Violencia Familiar
comenzó a hacerse visible en 1984. En el transcurso
de estos 17 años - un instante apenas en términos
históricos para una sociedad -se fueron generando una
serie de estrategias y acciones colectivas que incluyen intervenciones
de diversas disciplinas - jurídicas, médicas,
psicológicas, sociales, culturales - destinadas a prevenir,
atender y reparar situaciones de violencia familiar. Actualmente,
la Universidad de Buenos Aires, cuenta con una Carrera de
Posgrado de Especialización en Violencia Familiar.
Profesionales graduados en diferentes disciplinas estudian
la problemática y buscan diseñar nuevos encuadres
y estrategias para atender el problema. Se han creado Comisarías
de la Mujer para receptar denuncias específicas. Se
han sancionado nuevas leyes de amparo y contamos hoy con espacios
terapéuticos y rehabilitadores donde funcionan "talleres"
para mujeres golpeadas y "talleres" para hombres
violentos. ¿Por qué no podemos generar, del
mismo modo, estrategias para la violencia en diferentes ámbitos
laborales y en particular para la violencia en las instituciones
estatales?
8. "Doble victimización" se denomina al maltrato
ejercido por personas allegadas o no a la víctima,
profesionales y aún instituciones a quienes la víctima
recurrió en busca de ayuda, los cuales validan el maltrato
denunciado por la víctima. Es muy frecuente en el caso
de las mujeres golpeadas. (Corsi, 1994)
9. Directores Nacionales o Generales, Directores, Jefes de
Departamento u otros con personal a cargo.
10. Más adelante, en el punto 6, se detallan, por razones
de espacio, sólo cinco situaciones de "re-rotulaciones"
típicas del ámbito de la Administración
Pública, entre otras, contenidas en la investigación.
11. Oszlak (1994) sostiene que la Argentina es el único
país latinoamericano donde coexisten al menos cuatro
formas diferentes a través de las cuales los gobiernos
de la región han intentado introducir cambios para
mejorar la calidad de sus administraciones públicas.
De esta manera, hemos llegado también a la coexistencia
de más de treinta regímenes escalafonarios para
la Administración Central y más de sesenta en
el ámbito de la Administración Pública
Nacional. (Dirección de Estudios e Investigaciones,
Instituo Nacional de la Administración Pública,
Argentina, 1995)
12. Los relatos de las víctimas responden a un cuestionario
administrado al efecto.
13. Debe recordarse que existen más de sesenta (60)
regímenes escalafonarios vigentes. Las diferencias
salariales abismales aparecen ilustradas más adelante.
14. Debate Torrado-Llach en Diario "Página 12"
de Buenos Aires, Argentina. Días 17,18,24 y 25 de Septiembre
de 1993. La cuestión del instinto de defensa mutilado
se trata más adelante en el punto 8.
15. Datos de la Dirección Nacional de Ocupación
y Salarios del Sector Público. Ministerio de Economía
de la Nación, República Argentina.
16. El personal civil totalizaba unos 61.002 cargos y los
regímenes PECIFA, (Personal Civil de las Fuerzas Armadas)
y el SINAPA (Sistema Nacional de la Profesionalización
Administrativa) representan el 86% de esos cargos civiles.
Otros regímenes civiles y de planta permanente, como
los Administradores Gubernamentales representan un porcentaje
mínimo en número de cargos (sólo 200
cargos) pero de ninguna manera mínimo en salarios.
17. Los datos de la Encuesta de Desarrollo Social de la República
Argentina indican que los empleados públicos de todo
el país (1.813.381 ) son asalariados entre los que
están incluidos desde el personal de limpieza de una
escuela u hospital hasta el presidente de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación, diputados, senadores, nacionales
y provinciales o agentes municipales. Tienen un salario mensual
medio de $758, resultando algo menor al de los asalariados
de establecimientos privados con más de 6 personas
ocupadas, y mayor al salario medio total de los ocupados del
país, debido al efecto de los ingresos de los trabajadores
informales (cuenta propia, asalariado en establecimientos
pequeños, empleados domésticos, etc.) que baja
el promedio.(Redondo y Scialpi, 2000)
18. Decreto 66/99. Boletín Oficial 26-2-99.
19. En esta nota no he incluido ejemplos de violencias vinculadas
a "Cuestiones de género" que sí fueron
consideradas en mi investigación. Sobre cuestiones
de Género, véase especialmente Mercado M. 2000.
20. Ello no implica desestimar las violencias que sin duda
experimentan los ciudadanos en general, entendidos como "público"
o como "usuarios" y/o "beneficiarios"
de los servicios que presta dicha Administración Pública.
No obstante, no fueron parte de la investigación.
21. "Hallazgos anómalos" son los que muestran
que muchas de las explicaciones convencionales sobre los determinantes
de la salud, resultan seriamente incompletas o sencillamente
erróneas. (Evans, Barer y Marmor, 1996)
22. No es posible incluir aquí la descripción
detallada de los escenarios teóricos enumerados.
23. La Dra. Estés dirige la Estés Guadalupe
Foundation, de los E.E.U.U. uno de cuyos objetivos es emitir
por onda corta a enclaves conflictivos de todo el mundo, cuentos
destinados a fortalecer la propia conciencia. Su trabajo ha
sido traducido a 18 idiomas.
24. Merton, Robert K. "Teoría y Estructura Sociales",
F.C.E. México. Buenos Aires, 1964
25. Aparecen encuadres teóricos históricos,
jurídicos, psicológicos, antropológicos,
psicosociales y de las ciencias políticas y de la administración,
que acompañan el ejercicio intelectual con soportes
teóricos y opiniones fundadas que resultó oportuno
incluir.
* Agradecemos el aporte de l@s compañer@s del Hospital
de Clínicas
http://www.cgir.com.ar/modules.php?op=modload&name=mobbing&file=mobbing2
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