La Humillación
(fragmento de "En esos brazos" de Camille Laurens. Ed. Seix Barral).

" Un día, el marido regresa del instituto de los suburbios donde enseña inglés (..). Él cuelga la gabardina en el perchero " pero ¿qué tienes en la espalda, qué es eso? . Déjame ver...". Él se acerca . Su chaqueta de lana clara está salpicada de manchas azules y negras ..., tinta., es tinta. Él se la quita y la mira largo rato, sin poder creerlo ; luego se desploma en el sofá , con la cabeza entre las manos. Los alumnos han discurrido este sencillo y silencioso sistema de entreternerse: cuando él esta escribiendo en la pizarra o pasa entre las mesas para ayudarlos individualmente, con un movimiento seco de muñeca proyectan en su espalda, como en el juego de los dardos, un chorro de su estilográfica.
Al dia siguiente suelta un discurso en clase, habla de la humillación, del desprecio, de la tolerancia y del respeto al prójimo, dice que no hay que ensuciar a nadie, nunca, de ninguna manera.
Cuando vuelve a casa, ni se le ocurre mirar la espalda de la chaqueta. Las manchas las ve ella. No se atreve a decírselo, se le parte el corazón, le da la impresión de que ni el uno ni el otro saldrán vivos de ese trance.
El marido rechaza todo compromiso, entra en guerra sin ceder un ápice, va en ello su dignidad: no, no, en adelante no se vestirá de otra manera aunque su elegancia sea el objeto de ese odio, no cambiará nada- precisamente , no se cambiará, eso sería aceptar la negación de sí mismo, inclinar la cerviz ante la intolerancia que quiere rebajarle a la neutralidad (...), integrarlo en la masa, en menuda masa, no, no sustituirá por una camiseta y unos vaqueros los trajes y corbatas que se compró en Londres, seguirá siendo él mismo cueste lo que cueste ( "las cuentas de la tintorería" , dice ella, esforzándose en reírse), es la mejor lección que puede darles, lo único, además, que le apetece enseñarles: ser uno mismo entre los demás.

Todos los días, durante semanas, vuelve con la ropa manchada de tinta. Ya no pasa entre las mesas, escribe poco en la pizarra, permanece frente a ellos, les planta cara. En casa no habla (..). Permanece postrado durante horas, la mandíbula contraída, los puños apretados. Está solo.
Ella lo insta a que lo deje, a que pida un permiso.Le pide que informe a su director, a sus compañeros. Le exhorta a que escriba a las autoridades docentes, a que redacte un informe.
Él no hace nada, contesta que en el instituto todos piensan como los alumnos (..). Ella escribe al Inspector General de Inglés, firma una carta angustiada, manda en su lugar un grito de auxilio, dice que él es un hombre sensible (...), que no puede seguir así.
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Dos días después, al volverse bruscamente , el marido sorprende a un alumno con el brazo levantado y la estilográfica apuntada en su dirección. Se abalanza sobre él y le asesta un puñetazo en el estómago; el otro contesta, se enzarzan a golpes los dos en medio de los alumnos, puestos de pie y gritando, los dos se pelean a muerte.
Al día siguiente, el marido se pone su corbata más bonita para ir a clase. Su adversario no está. No hay tinta en su chaqueta clara, ni ese día ni los días siguientes. Arriba, brilla el sol a lo lejos, sobre el cementerio marino" .

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