Extractos de la "Maestría del Amor" del Dr. Miguel Ruiz.
Los toltecas conocian el sueño del infierno. Desde la perspectiva tolteca todo lo que creemos de nosotros y todo lo que sabemos de nuestro mundo es un sueño. Si examinas cualquier descripción religiosa del infierno te das cuenta de que no difiere de la sociedad de los seres humanos, del modo en que soñamos.
El infierno es un lugar donde se sufre, donde se tiene miedo, donde hay guerras y violencia, donde se juzga y no hay justicia, un lugar de castigo infinito. Unos seres humanos actúan contra otros seres humanos en una jungla de predadores; seres humanos llenos de juicios, llenos de reproches, llenos de culpa, llenos de veneno emocional: envidia, enfado, odio, tristeza, sufrimiento. Y creamos todos estos pequeños demonios en nuestra mente porque hemos aprendido a soñar el infierno en nuestra propia vida.
Todos nosotros creamos un sueño personal propio, pero los seres humanos que nos precedieron crearon un gran sueño externo, el sueño de la sociedad humana. El Sueño externo, o el Sueño del Planeta, es el Sueño colectivo de billones de soñadores. El gran Sueño incluye todas las normas de la sociedad, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y sus diferentes formas de ser. Toda esta información almacenada dentro de nuestra mente es como mil voces que nos hablan al mismo tiempo. Esto es lo que los toltecas denominan el mitote.
Ahora bien, imagina por un momento que pudieses visitar un planeta en el que toda la gente tuviera una mente emocional distinta. La manera en que se relacionarían los unos con los otros sería siempre feliz, siempre amorosa, siempre pacífica. Ahora imagínate que un día te despiertas en ese planeta y que ya no tienes heridas en tu cuerpo emocional. Ya no tienes miedo de ser quien eres. Ya no te importa lo que la gente diga de ti, porque no te lo tomas como algo personal y ha dejado de producirte dolor. Así que ya no necesitas protegerte más. No tienes miedo de amar, de compartir, de abrir tu corazón. Ahora bien, esto sólo te ha ocurrido a ti. ¿Cómo te relacionarás con la gente que padece heridas emocionales y que está enferma de miedo?
Si observas a los niños de dos o tres años y te fijas en su manera de comportarse, verás que siempre están jugando. Los verás reírse sin parar. Su imaginación es muy poderosa y su manera de soñar una auténtica aventura de exploración. Cuando algo va mal reaccionan y se defienden, pero, después, sencillamente se olvidan y vuelven a centrar su atención en el momento presente para seguir jugando, explorando y divirtiéndose. Viven el momento. No se avergüenzan del pasado y no se preocupan por el futuro. Los niños pequeños expresan lo que sienten y no tienen miedo a amar
Los humanos somos, por naturaleza, seres muy sensibles.
Tanto el cuerpo emocional como el cuerpo físico cuentan con un componente
parecido a un sistema de alarma que nos permite saber cuándo algo
no va bien. En el caso del cuerpo físico este sistema de aviso es
lo que denominamos dolor.
Cuando sentimos dolor es porque hay algún problema en nuestro cuerpo,
algo que es necesario examinar y sanar. En el caso del cuerpo emocional,
el sistema de alarma es el miedo. Siempre que sentimos miedo es porque alguna
cosa no va bien. Quizá corra peligro nuestra vida.
Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos. Perdemos nuestra inocencia, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra felicidad y nuestra tendencia a amar. Nos vemos forzados a cambiar y empezamos a percibir otro mundo, otra realidad: la realidad de la injusticia, la realidad del dolor emocional, la realidad del veneno emocional. Bienvenidos al infierno: el infierno que los seres humanos crean, el Sueño del Planeta. Somos bienvenidos a este infierno, pero no lo hemos inventado nosotros. Ya estaba aquí antes de que naciésemos.
En ese sistema de premios y castigos existe un sentido de la justicia y de la injusticia, de lo que es legítimo y de lo que no lo es. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida emocional en la mente. Después, según cómo reaccionemos ante la injusticia, la herida puede infectarse con veneno emocional.
Ese sentido de la injusticia abre una herida emocional
en tu mente. Tu cuerpo emocional está herido, y en ese momento, pierdes
una pequeña parte de tu inocencia.
Tu cuerpo emocional te dice que existe algo en lo que no puedes confiar
y que ese algo puede repetirse.
Ahora sabes que te destruirá. Ahora le tienes miedo
y dejas de defenderte porque eres consciente de que, si lo hicieses, únicamente
conseguirías empeorar las cosas.
Esto abre una herida atroz en tu mente. Antes de que ocurriese todo, tu
mente estaba completamente sana; eras del todo inocente. Sin embargo, ahora,
después de estos acontecimientos, la mente racional intenta hacer
algo con esa experiencia
Guardas la emoción en ti y eso cambia tu forma de vivir.
Poco a poco perdemos nuestra inocencia; empezamos a sentir resentimiento,
y después, ya no perdonamos más
Los seres humanos utilizamos el miedo para domesticar a otros seres humanos; cada vez que experimentamos una nueva injusticia, nuestro miedo aumenta. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida en nuestro cuerpo emocional. El veneno emocional se genera a partir de la reacción frente a lo que consideramos una injusticia. Algunas heridas se curarán, pero otras se infectarán con más y más veneno. Cuando estamos llenos de veneno emocional, sentimos la necesidad de liberarlo, y para deshacernos de él, se lo enviamos a otra persona. ¿Y cómo lo hacemos? Pues captando su atención.
Al captar la atención, la energía va de una persona a otra. La atención es algo muy poderoso en la mente del ser humano. De hecho, en todo el mundo las personas van continuamente a la caza de la atención de los demás, y cuando la capturan, crean canales de comunicación. Pero al igual que se transfiere el sueño y el poder, también se transfiere el veneno emocional.
Normalmente, nos liberamos del veneno traspasándoselo
a la persona que creemos responsable de la injusticia, pero si esa persona
es tan poderosa que no podemos enviárselo, entonces lo lanzamos contra
cualquier otra sin importarnos de quien se trate.
De este modo, la gente que tiene poder abusa de los que tienen menos, porque
necesita deshacerse de su veneno emocional. Hay que desprenderse del veneno,
y por eso en ocasiones, no se tiene en cuenta la justicia; sólo queremos
deshacernos de él, queremos paz.
Tenemos la sensación de que el amor no existe. Parece como si en este mundo sólo existiera el castigo, el sufrimiento y el juicio. El infierno tiene muchos niveles diferentes. Algunas personas caen muy profundamente en el infierno y otras apenas están en él, pero de todos modos, ahí es donde se encuentran. En el infierno se dan relaciones muy abusivas, aunque también hay otras en las que apenas existe el abuso.
La vida te trae exactamente lo que necesitas. En el infierno existe una justicia perfecta. No hay nada a lo que podamos echarle la culpa. Incluso podemos decir que nuestro sufrimiento es un regalo. Basta con que abras los ojos y mires lo que te rodea para limpiar el veneno, sanar tus heridas, aceptarte y salir del infierno.
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