Mobbing o acoso psicológico
La ayuda de los compañeros, junto
con un psicólogo y un abogado formados, son fundamentales
para defenderse de los ataques . El "mobbing"
o acoso psicológico en el trabajo es un problema
latente en nuestra sociedad, aunque desconocido todavía
para la inmensa mayoría. Se estima que más
de 2 millones de personas sufren psicoterror- término
que utilizan los expertos para definir sus efectos- por
culpa de sus hostigadores en administraciones y empresas
españolas. Para resolverlo, además
de la ayuda de los compañeros, es fundamental
dar con un psicólogo y un abogado especializados
en este problema. Si no están formados en el tratamiento
de mobbing, la situación del paciente puede incluso
empeorar. Benyi Arregocés Carrere
para Consumer.esAbril 2004

ACOSO
Los hostigadores, ya sean jefes o compañeros,
emplean diversas tácticas para aniquilar a
la persona. Por ejemplo, les mandan trabajos que deben entregar
en un plazo de tiempo imposible de cumplir, les asignan
tareas de menor cualificación profesional que la
que les corresponde, les insultan y gritan delante de terceros,
ignoran su presencia aunque estén enfrente, manipulan
a los demás con datos falsos, les ponen trampas,
les evalúan de forma negativa... El listado es
inacabable.
"El acosador actúa
por celos profesionales. La víctima se ha vuelto
amenazante por su comportamiento laboral extraordinario
o porque conoce irregularidades, por ello procura la destrucción
psicológica del trabajador", explica
Iñaki Piñuel, psicólogo y escritor
de libros como "Mobbing, manual de autoayuda"
(Aguilar) o "Cómo sobrevivir al acoso psicológico
en el trabajo" (Sal Terrae).
Es habitual que las personas acosadas sean
brillantes en su trabajo y también que los atacantes
no tengan ningún trastorno ni enfermedad. Además,
el apoyo de los compañeros es nulo en estos casos
o son inconscientemente partícipes en el psicoterror.
Según el Barómetro Cisneros, cinco de cada
seis personas que sufren acoso laboral son abandonados por
sus colaboradores y la organización no hace nada
por evitar los ataques. "Quien acosa busca el perjuicio
de la víctima para que falle, dude, trabaje mal o
cometa errores. Entonces, las personas comienzan a ser sombras
de lo que fueron. En ese momento, el efecto del acoso es
presentado por el hostigador como el hecho que confirma
todo lo que afirmaba sobre esa persona", describe Piñuel.
Según datos que maneja este psicólogo, las
mujeres tardan una media de 15 meses en percatarse de que
están siendo víctimas de acoso moral, mientras
que los hombres necesitan 18 meses. José Luis González
de Rivera y Revuelta, Catedrático en Psiquiatría
y autor de "El maltrato psicológico" (Espasa-Calpe),
afirma que se produce un cambio en la personalidad y manera
de entender la vida de los afectados, porque observan que
su esfuerzo para progresar en el trabajo no sirve, lo que
provoca desilusión, desencanto, la pérdida
de la capacidad de superación y una crisis psicológica
profunda. "El acoso sigue un curso crónico:
primero provoca incapacidad psicológica, con cuadros
depresivos, después cambios de carácter. La
persona se vuelve hostil y desconfiada, lo que en lenguaje
popular se llamaría amargada". En los dos últimos
años, informa Piñuel, las víctimas
de acoso moral han tenido 20 días de baja laboral
más que las personas que no lo han sufrido. Incluso
se dan casos en los que el afectado enferma físicamente
y contrae cardiopatías, infartos o fibromialgias
debido a los momentos de extrema tensión que vive.
"Es una situación de imposibles: deben trabajar
para ganarse la vida pero cuando lo hacen, les machacan
y les hacen vivir como en un campo de concentración",
expresa Piñuel.

UNA VÍCTIMA
"No sabes por qué te ocurre y no le das crédito
a lo que pasa. Te preguntas, ¿por qué me está
sucediendo esto a mí? ¿qué he hecho?",
revive María, nombre ficticio de una víctima
real de acoso psicológico en el trabajo. Este problema
es más habitual de lo que se pudiera pensar. Las
cifras indican que, hoy mismo, más de dos millones
de personas en España sufren el mismo ritual de destrucción
personal que padeció María. "El trabajador
no asume que le acosan, porque cree que esa situación
es una parte connatural de su empleo", afirma Dolores
Hernández, representante de uno de los mayores organismos
sindicales españoles. María es médico.
Todo comenzó cuando la trasladaron de hospital. Su
nuevo jefe decidió relegarla. Primero la tuvo sin
puesto de trabajo, luego le dio uno, pero aparente porque
no tenía ningún papel. Ese fue el inicio de
un periodo de humillaciones, en el que fueron
participando también algunos de sus propios compañeros,
mientras la mayoría se inhibía de defenderla.
Narra que manipulaban en su contra con
comentarios falsos por la espalda y el personal de enfermería
le comenzó a faltar el respeto y a no informarle
de lo que debían. No tenía asignado siquiera
un ordenador. "No te agreden físicamente, ni
te insultan en persona delante de otros, pero te intentan
destruir como persona". "Sentía extrañeza
-recuerda-, no entendía que me dejaran sin trabajo,
aislada, sin participar y comiendo aparte de mis compañeros".
Del estupor pasó al insomnio y, después, al
cansancio extremo. Le abrieron expediente disciplinario
y la dejaron sin empleo y sueldo. "Continuamente intentaba
demostrar que era una persona normal y que no pretendía
hacer daño a nadie". Durante todo un año,
estuvo soportando sola el acoso. "Una sabe que no ha
hecho nada, pero al final acaba pensando que algo malo habrá
hecho", confiesa. Hoy, María está en
excedencia y bajo tratamiento de estrés postraumático.
El jefe hostigador emprendió acciones legales contra
ella como una táctica más de acoso, y el asunto
se encuentra en los tribunales. La representante sindical
aconseja acudir lo antes posible a un abogado y a un psicólogo
expertos en mobbing para que los afectados puedan entender
lo que les está ocurriendo; también recomienda
no dejar el empleo.

TRATAMIENTO
Lo peor que puede hacer un acosado es dejar pasar el tiempo
sin hacer nada. Los expertos afirman que es una situación
que se agrava. Cuanto más tiempo se sufre, más
daño se produce. En la mayoría de las ocasiones,
indica José Luis González de Rivera, la persona
necesita de un tratamiento para recuperar su autoestima.
Incluso cambiando de trabajo, de jefe o de compañeros
de trabajo, la víctima del mobbing necesitará
un tiempo para recuperar su autoestima. Los cuadros clínicos
más habituales son depresión, ansiedad o síndrome
de estrés postraumático, la secuela más
grave que tarda entre tres y cinco años en curarse
con tratamiento. Es determinante encontrar un médico
que esté preparado para afrontar casos de acoso moral.
Conviene dirigirse a los colegios de psicólogos locales
en busca de un profesional formado en este tipo de situaciones.
"Los que no lo están cargan sobre el afectado
un proceso de victimización secundaria que agrava
todavía más el problema. Diagnostican, por
ejemplo, falta de habilidades sociales de la persona acosada,
cuando lo que realmente ocurre es que está siendo
objeto de una agresión. También le llegan
a recetar medicamentos, cuando lo que necesita es apoyo
para salir de la situación. Estos tratamientos son
de corte culpabilizador y, por no entender bien la auténtica
dimensión de la situación, perjudican en vez
de ayudar", revela Iñaki Piñuel. El camino
correcto, según los especialistas, es que la persona
sea la protagonista de su recuperación. "No
es un enfermo, sino un trabajador dañado, un "no
paciente", que necesita apoyo y entrenamiento",
señala Piñuel. "Debe entender el daño
que se ha producido, pero sin exagerarlo", apunta González
de Rivera. A grandes rasgos, estos son los puntos claves
que debe tener en cuenta la víctima de acoso moral
para escapar de esa situación, según informan
Piñuel y González de Rivera: · Se
debe tener consciencia de la inocencia. El acoso es
indebido. No hay nadie que merezca el hostigamiento en el
trabajo. La víctima llega a creer que se lo merece
y sus compañeros piensan que si es hostigada habrá
motivos para ello. Incluso la pareja llega a dudar de la
víctima. · Se debe realizar una desactivación
emocional para mantener la calma necesaria y transmitir
la convicción de la propia inocencia. Es importante
no autoagredirse, no pelearse con las personas queridas
sólo para desahogarse. Tampoco se deben cometer errores,
conviene ser muy cauto ya que, involuntariamente, se pueden
dar argumentos a los hostigadores. · Hacer frente
a quienes le acosan. No quedarse pasivo frente al ataque,
pero tampoco encararse agresivamente, pues se compromete
su posición, porque los hostigadores proyectan que
la persona no vale, que está fuera de sí,
etc. Lo adecuado, dicen los expertos, es mantener una
postura asertiva, autoafirmativa y una respuesta organizada.
Por ejemplo, pedir cuentas de cuál es la razón
por la que se le está maltratando. También
utilizar los recursos defensivos que prevea la organización
de la empresa o acciones legales.

JUSTICIA
Hasta el momento, los hostigadores logran sus propósitos.
Dice Piñuel que en el 80% de los casos, la única
salida que tiene la víctima es cambiar de trabajo,
cesar o pedir el traslado. Según el Barómetro
Cisneros, 2.300.000 personas sufren este psicoterror en
España, es decir el 15% de la población activa
ocupada. "Muchas bajas voluntarias son producto del
acoso moral, aunque no se diga. Abandonan el puesto diciendo
que no han sido capaces, que les han dado demasiada responsabilidad,
pero lo que ha ocurrido es que les han hostigado",
sostiene Dolores Hernández, como representante sindical.
Y resulta muy preocupante saber que, según Piñuel,
5 de cada 100 afectados en nuestro país -115.000
personas- piensan a diario en suicidarse para escaparse
de esa situación. Según Hernández,
el acoso moral se da con más frecuencia en el sector
servicios y en la función pública, y también
se encuentra muy vinculado a las situaciones de precariedad
laboral, rotaciones de puestos de trabajo y falta de formación
de los trabajadores. Recomienda que si existe acoso, el
primer paso sea ponerse en contacto con los representantes
de los trabajadores, el comité de salud o los delegados
de prevención. "También conviene hacer
intervenir a la inspección de trabajo de inmediato,
ya que el mobbing incluye también riesgos psicosociales".
El siguiente paso es iniciar acciones legales, aunque el
acoso psicológico sea difícil de probar. Es
fundamental elegir un buen abogado, preparado para tratar
estos asuntos. Como sucede con el tema de la inmigración
en todo el país, actualmente algunos colegios profesionales
emiten certificados de formación específica.
Esto sucede en el País Vasco, Jaén y Granada.
Se está estudiando implantarlo en Sevilla y en Asturias,
y es previsible que la idea se expanda pronto por toda España.
Cristóbal Molina Navarrete, Catedrático de
Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad
de Jaén, revela que los procesos judiciales iniciados
no sobrepasan el 3% de los casos que suceden, aunque el
número haya crecido bastante. "Muchas personas
no lo denuncian, pero sí lo plantean a través
de acuerdos con las empresas. Por ejemplo, una persona con
20 años de trabajo se va con una indemnización
superior a la que le correspondería con el fin de
intentar paliar los perjuicios sufridos. En otros casos,
la inspección de trabajo actúa en labores
de mediación y arbitraje, antes de que el asunto
llegue a los tribunales", explica. De momento, existen
pocas sentencias. Molina Navarrete dirige un observatorio
sobre riesgos psicosociales, que publicará sus resultados
definitivos en el último trimestre del año.
Adelanta que tras el análisis de 200 sentencias de
Cataluña, País Vasco y Galicia, las tres comunidades
autónomas cuyos tribunales han dictado mayor número
-lo que no quiere decir que se produzcan más casos
de acoso-, el 55 % son favorables a la víctima. El
consejo de Molina Navarrete es que los profesionales que
estén convencidos de que han sufrido un acoso fuerte
y grave durante un tiempo prolongado acudan a la tutela
penal. A través de ellas se pueden imponer penas
de cárcel, aunque por eso mismo las pruebas deben
ser muy sólidas. Si el psicoterror no ha sido intenso,
no ha durado más de 2 ó 3 años, los
funcionarios pueden acudir a la vía contencioso-administrativa,
y los que trabajen en empresas iniciar procesos laborales.
En ambos casos se puede recurrir a la vía civil.
"Pienso que la sanción ejemplarizante debe estar
en las indemnizaciones, no en la cárcel. Y, además,
de una cuantía que resulte no sólo reparadora
sino disuasoria. Lo que le duele al acosador o a la empresa
que deja acosar es que le toquen el bolsillo, no una pena
de cárcel que no va a cumplir", reflexiona el
Catedrático de Derecho del Trabajo. La discusión
entre los juristas y conocedores del tema versa sobre si
se debe cambiar la legislación para recoger el delito
de acoso psicológico en el trabajo. Hernández
opina que sí y que es conveniente considerarlo como
enfermedad profesional para que el trabajador tenga más
cobertura y se pueda prevenir mejor. En cambio, Molina Navarrete
considera que se debe combatir la convicción de que
no se puede hacer nada sin una normativa específica.
"Se dice que hay indefensión, pero no es cierto,
porque nuestro ordenamiento jurídico hoy por hoy
sí puede abordar el acoso moral. También sucede
que nadie se ha tomado el asunto en serio, ni jueces, ni
fiscales ni abogados, que, por otra parte, no se han formado
en este tema. Se lavan las manos esperando que llegue una
actitud mesiánica que lo resuelva", denuncia
Molina. El acoso moral se puede contemplar en el delito
de trato vejatorio, donde está bien descrito, y tiene
penas de 6 meses a 3 años de cárcel, explica
el Catedrático de Derecho del Trabajo. Hace un año,
dice el experto en leyes, se planteó en el Parlamento
una Ley Orgánica para modificar el Código
Penal, en la que se proponía una pena de doce fines
de semanas de arresto para los hostigadores, en línea
con otros países donde está regulado específicamente
el acoso moral. "Si se llegara a aprobar sin modificaciones,
sería un desastre equivalente a incentivar el acoso,
porque con la actual legislación las penas para los
atacantes serían mayores", enfatiza.
©Fundación Eroski

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