"MOBBING" EN CUATRO PALABRAS

por Axel Rötedreist
Lleno de dudas, pero ciertamente decidido, vuelvo a escribir una sinopsis sobre el "mobbing" en el trabajo, pero no voy a dejar de buscar, de investigar, todas las formas en que el poder del acoso y del hostigamiento se manifiesta en la vida de todos.

El "mobbing" en cuatro palabras
El mobbing ha salido a la luz pública como una de las enfermedades de la empresa actual, pero también por el carácter de agresión moral, de hostigamiento, de acoso moral, más o menos sutíl, forma parte de todas las actividades y relaciones entre los seres humanos, incluyendo las sociales, llegando hasta las familiares, amistosas, comerciales. Es una tela de araña que lo abarca todo. Pero, para explicarlo con sencillez, nos vamos a centrar en la vida empresarial, con un sencillo símil teatral, o cinematográfico. Acosador y acosado son los actores principales. Además, están los testigos, los comparsas mudos, y los actores secundarios: estos son los papeles de los compañeros del acosado, de los mandos intermedios, de los compañeros del acosador, de los directivos y dueños de la empresa. El acosador puede ser un jefe, un compañero, o compañeros, del mismo nivel o, incluso, un inferior jerárquicamente.
¿Qué pueden tener en común la situación tan dispar del acosador? Los hostigadores se creen amenazados por la persona que acosan. Unas veces el acosado está demostrando demasiada valía, lo cual el acosador interpreta como una amenaza a la conservación de su puesto, o de ciertos privilegios. Otras muchas veces, es la propia inferioridad del acosador, que sin necesidad de establecer comparaciones, ni controversias, le hace tender a desembarazarse de la persona objeto del acoso.


Cómo empieza lo del "mobbing"
Cualquier entrada de nuevos empleados, cualquier jubilación, cualquier ascenso, cualquier despido... es susceptible de original una nueva batalla, dentro de la "guerra-mobbing" que se mantiene en cualquier empresa. Los acosadores están al acecho para que nadie pueda hacerles sombra, o se pueda enterar de su propia palmaria inutilidad. Se investigan los currículos de las nuevas adquisiciones, se analiza si un puesto libre es amortizable, u ocupable, se mira si se respetan las reglas de antigüedad, cuál es el motivo del despido, y se aprestan las armas para el hostigamiento. Una vez descubierto quién es el que hay que eliminar de la escala, inferior o superior, de quién hay que guardarse las espaldas, o quién hace demasiada sombra, empieza la tienta.
Cada acosador, a veces en grupo, examina el trabajo del "reo", se le vigilan los horarios, la tasa de obediencia a la "imagen de la empresa", su conformidad con el esquema jerárquico, sus aspiraciones y sus ambiciones, con la finalidad de encontrar sus puntos débiles, o supuestamente débiles, mientras trabaja. Más tarde, se investigarán, sus fallos personales, su ideología, su religión, o su ateismo, para utilizarlos como elementos de refuerzo en el acoso. Las señales visibles del acoso comienzan por pequeñas cosas: atribución de errores sin importancia en el trabajo, culpabilización de aparente pérdida de tiempo, falta de atención con superiores jerárquicos.
Casi nunca el acosado se da cuenta de lo que está empezando, hasta que el hostigador se queja de él en público; o hasta que un superior le da su opinión de que está haciendo mal el trabajo. Por supuesto que la mayoría de los argumentos son falsos, manipulados, o retorcidos. La cosa se complica cuando llega la advertencia del "jefe". Ese hecho parece quitar muchas trabas para la labor de acoso. El acosador habla, o chilla, en público, poniendo de relieve los defectos del acosado; y también se transforma en corifeo que integra a otros en el acoso, a menudo sin que siquiera estos sepan la razón. Luego siguen los cotilleos, murmuraciones, risitas, a menudo ya con referencias personales.
Esta situación se combina con provocaciones para que el acosado reaccione violentamente, con la clara finalidad de tener un argumento poderoso para los fines del acosador. Ya el acosado, dicen, no solo hace mal su trabajo, sino que se lleva mal con todo el mundo, no está de acuerdo con nadie y discute con todos. Esos son los momentos en que el acosado se derrumba, se somete, se siente culpable... o, si su carácter no está todavía muy minado, simplemente, se pregunta ¿y por qué la habrán tomado estos conmigo? Pero si esto sucede, sepa que no va a tener descanso, los acosadores que, por regla general, no lo son por primera vez, seguiran hostigando hasta la aniquilación.


En lo profundo de la trama
Pero el acosador nunca se rinde cuando tiene tan cerca su triunfo. Es un artista de la perversión, un psicópata con ideas fijas. Comienza a utilizar lo que sabe de la vida privada del acosado y, si no sabe nada, se lo inventa, o saca consecuencias falsas de la vida cotidiana de la víctima. Él mismo, y por medio de los que le bailan el agua, va sembrando las dudas. Hasta que consigue que el hostigado obtenga una baja médica debida a la crisis psicológica que le produce la tensión extrema a la que ha estado sometido. "No, si ya se veía que estaba enfermo y no podía con el trabajo". "Ya decía yo que algo le pasaba al muchacho desde antes". "Ha tenido que ingresar en un hospital". "Los psiquiatras no saben que hacer con él". "Siempre tuvo algo de la cabeza". Estas son las informaciones que circulan por la empresa, bien adornadas por el acosador, o grupo que se forma en torno a él, quizás con la idea de librarse de futuros ataques.
Parecía el final, pero los médicos dan de alta al acosado. Bastantes días de tratamiento, contactos con los psicólogos, introversión sin obstáculos, han conseguido que pueda quitarse de encima su complejo de culpa. El alejamiento del trabajo, inexorablemente, le ha hecho mejorar. Es lo que siempre ha sido: un trabajador normal y corriente. La vuelta a la empresa, no obstante, no tiene un ápice de normalidad. En su ausencia, han recogido sus cosas de su puesto de trabajo. Una caja de cartón, con sus pertenencias, está sobre una mesa, en un rincón alejado. El jefe le manifiesta que han pensado que, para reponerse, necesita cambiar de tarea. Pero el caso es que no le asignan ninguna labor. O le asignan tareas muy inferiores a su verdadera capacidad. La nueva situación tiende a completar los objetivos del acosador.
El trabajador hostigado reclama algo más acorde con su potencialidad. El ambiente hostil, mantenido por el paranoico perseguidor, determina que no tiene que esperar nada a su favor. El trabajador, acorralado, o se somete de por vida, convirtiéndose en la sombra de sí mismo; o se despide sin ningún derecho ni ventaja. Algunas veces, la familia, que ha sido implicada por la murmuración, no le sirve de consuelo e, incluso, le culpabiliza también: "algo habrás hecho tú". En ocasiones, ese acosamiento, contagioso hasta sus familiares más cercanos, no deja otra salida que la autoaniquilación, el suicidio.


"Mobbing": nunca dejes las cosas como estan

Cuando el nudo del acoso no llega a circunstancias tan dramáticas como para dar suelta a un impulso de autodestrucción, y aunque se esté muy cerca, todavía quedan acciones que se pueden emprender. No vamos a aconsejar de ninguna manera, ni la huída, ni el sometimiento, ni dejar correr el tiempo. La víctima acosada que se despide deja los triunfos en la mano del acosador perverso. El hostigado ya no estará allí y, después de adobar todas las mentiras necesarias, la culpa va a quedar en su cuenta. Y el hostigador, sin conciencia culpable, sencillamente buscará otra víctima para seguir. Hay que tener en cuenta que los acosadores tienen siempre antecedentes, tienen una larga fila de cadáveres en el armario.
Si el trabajador acosado se somete, pone la cerviz a disposición del acosador para la estocada y la puntilla final. No va a ganar nada, su agresor no le va a respetar, no le va a mandar sólo a traerle el café. Entrará en su vida, en su persona, en su familia, será su dueño, hasta que decida deshacerse de él definitivamente. Entonces, con las manos atadas por su propia sumisión, el sujeto hostigado tendrá que soportar las mayores vejaciones del proceso, y no será capaz más que de llegar al convencimiento de su desgracia, de la que, él mismo, se sentirá culpable único. La resolución de dejar "las cosas como están" tampoco le va a producir ninguna situación de ventaja, el acosador no olvida a la víctima. Podrá tardar más o menos, con recursos delicados, o claramente malvados, pero seguirá buscando el apoteosis que él quiere: la gravedad extrema, la explosión y la aniquilación final.


Firmeza final ante el acosador
Y la única actitud de la víctima que va a resultar positiva será mantenerse en una posición firme ante el hostigamiento. Entre todas las ventajas que se iran adquiriendo, hay una de gran importancia: el acosador nunca espera esa reacción, lo que será un punto muy a favor en la lucha subsiguiente.
Si puede evitarlo, el acosado debe procurar no encontrarse a solas con el hostigador. Siempre le pedirá explicaciones y detalles de cualquier atribución de error que le haga: que se vea claro el 'qué', el 'cuándo', el 'cómo', el 'dónde' y las consecuencias. Si el error es cierto, explique como lo ha remediado, pero no pida disculpas: un error lo puede cometer cualquiera.
Cuando la atribución sea errónea, busque pruebas de la falsedad, pida detalles, y anotelos. Conserve memoria de sus errores y de los falsamente atribuidos. Procúrese testigos, tarea que suele ser bastante difícil, porque, muchas veces los compañeros pueden estar también bajo el riesgo del acoso o, incluso, implicados en la perversión contra usted. Vaya con pies de plomo, pero encuentre a alguien.
Si tiene alguna ocasión muy clara para hacerlo, el hostigado puede probar a discontinuar el enfrentamiento con el acosador, preferiblemente ante testigos. Ese intento puede aportar pruebas valiosas. La víctima tiene que imponerse una disciplina adecuada para el encuentro hostil, con frialdad, sin caer en la tentación agresiva que siempre está buscando el comportamiento del agresor. No tenga miedo y, si tiene que poner las cosas en su sitio, hágalo aunque sienta pavor.
Viva una vida tranquila en su casa. Procúrese un sueño reparador, y recurra al médico si lo necesita, contándole la verdad de su situación de acosado. Haga sus comidas sanas y a sus horas, y mantenga una buena forma física. La casa debe ser su remanso de paz y de renovación de fuerzas, no vaya a matar sus penas a la calle, a los bares, a sitios multitudinarios... Su familia tiene que estar informada de lo que es el 'mobbing' y de como lo está sufriendo usted, antes de que pueda enterarse por otro camino.
Cada vez que entre al trabajo, debe hacerlo con confianza y tranquilidad, y no inicie nunca, ni prosiga un enfrentamiento con su acosador sin testigos. Ese será el comienzo de la lucha que todo acosado debe emprender hasta que la máscara caiga de la cara del hostigador y sea él quien se derrumbe.


Escrito por: Axel Rötedreist a las 18:45
Editado el: 25 noviembre 2004 12:58
Categoría: La vida como es
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