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LA REVOLUCIÓN OCULTA Manipulación del lenguaje [La revolución oculta].
Manipular = manejar Lo que hace difícil y a veces imposible en una democracia ser libres de verdad es la práctica de la manipulación de las mentes y las voluntades. Manipular significa manejar a las personas como si fueran objetos, medios para los propios fines. Pero las personas sólo se tornan manejables si se les quita el poder de pensar por propia cuenta, a base de razones sólidas. Para llevar a cabo ese despojo se cuenta hoy con muchos medios. El más poderoso es el lenguaje, usado con intención de confundir las mentes y pervertir las conductas. Si un ministro partidario de la ley despenalizadora del aborto afirma que "la mujer tiene un cuerpo y debe concedérsele libertad para disponer de él y de cuanto en él acontezca", está utilizando el lenguaje de forma manipuladora. Da por supuesto (el manipulador nunca demuestra nada, da por supuesto lo que favorece su razonamiento) que el cuerpo es una realidad que el ser humano posee o tiene, y de la que por tanto puede disponer. Esta suposición está pulverizada por la mejor investigación filosófica desde hace casi un siglo, pero resulta atractiva para multitud de personas que desean disponer del mayor numero posible de realidades. Por si alguien descubre que tal afirmación es cuestionable, el ministro añade un término "talismán", una palabra que ha cobrado tal prestigio en la actualidad que parece inatacable, por ser considerada como fuente de todos los bienes que puede tener el hombre: la palabra libertad. Él sabía bien que con sólo ponerse a favor de la libertad iba a concitar la adhesión de millones de personas, que se dirían a sí mismas: "No te opongas a eso, que te dirán que estás en contra de la libertad y de la democracia, y quedarás fuera de juego en la sociedad actual". Efectivamente, innumerables personas y grupos -incluso de la denominada intelectualidad- celebraron la afirmación como una llamada "progresista" a la "modernización" de la vida social (las palabras entrecomilladas son también "talismán" y enceguecen a quien no está sobre aviso...). Descubrir al manipulador La forma de no caer en la trampa del uso manipulador del lenguaje es perder el miedo a los términos "talismán", pararse a matizarlos, y preguntarse si se puede aplicar al cuerpo humano el verbo "tener", y a qué tipo de libertad se refiere el que pide que le sea concedida a la mujer embarazada, en orden a determinar el futuro de la vida naciente. Basta percatarse de que el ser humano no "tiene cuerpo" -como tiene un lápiz, una casa, un traje-, sino que "es corpóreo" para advertir que la argumentación del ministro se cae por su base. No hace falta más que distinguir dos tipos de libertad: la de simple maniobra (hacer en cada caso lo que uno quiera) y la creativa (elegir en cada momento lo que uno debe hacer para desarrollarse plenamente como persona) para dejar al descubierto la voluntad del manipulador de confundir nuestras mentes y gobernar a su arbitrio nuestra capacidad de decisión. José Stalin, buen conocedor de las astucias de gobierno, dejó claro el poder manipulador del lenguaje cuando afirmó que "el medio más poderoso que tienen los gobiernos para dominar a los pueblos no son las armas, sino los vocablos". Desde la atalaya de su penetrante mente filosófica, Martín Heidegger nos alerta diciéndonos que "las palabras son a menudo en la historia más poderosas que las cosas y los hechos". Subversión de valores Debido a ello, no podemos permitir que los jóvenes salgan de las aulas sin conocer de cerca qué es manipular, quién manipula, para qué manipula y cómo. Un joven que se adentre en el bullicio de la sociedad actual sin conocer los recursos de que disponen hoy los manipuladores -que quieren vencerle sin convencerle, dominarle sin darle razón alguna- van por la vida con los ojos cerrados, expuestos a todo tipo de engaños. Nada extraño que los jóvenes, cuando se les explican estos temas, se muestren sorprendidos y sumamente agradecidos. "Ahora -suelen decirme- ya sé a qué atenerme respecto a la manipulación política, la comercial, la cultural, la religiosa...". La caída en la trampa de las sectas destructivas y las diferentes formas de adicción -a la droga, al alcoholismo, a los juegos de azar, etc.- podría evitarse en buena medida con sólo conocer los trucos arteros de la manipulación. Esto me llevó a consagrar tiempo y esfuerzo a la investigación de estos temas, que se hallan increíblemente poco cultivados. El resultado de este análisis es una verdadera radiografía de la sociedad actual, pues queda a plena luz la razón soterrada que explica mil y un fenómenos inquietantes: ¿por qué se difunde masivamente el erotismo banal y no el auténtico amor humano?, ¿por qué se cultiva la zafiedad y no la finura de espíritu?, ¿por qué se confunde la tolerancia con la permisividad y la independencia con la insolidaridad?, ¿por qué se invierte la escala de valores y se renuncia a buscar un sentido profundo a la vida?... Al delatar las causas de la manipulación, se descubre la relación siniestra que existe entre la "subversión de valores" y el nihilismo (doctrina según la cual la vida humana carece de un sentido último y nada en fondo vale la pena). Si queremos orientarnos bien en la vida, debemos tener una idea clara de lo que pretenden quienes defienden ciertas doctrinas, ofrecen determinados espectáculos, propugnan tales o cuales conductas. El estudio de la estrategia manipuladora nos descubre que a menudo no se intenta que seamos felices -como suele afirmarse- sino que sirvamos a los fines del manipulador, aunque ello suponga nuestra desgracia personal. Estar alerta ante la manipulación Para poder organizar una defensa eficaz contra la avalancha de un fenómeno tan avasallador y solapado como es la manipulación, se requiere en primer lugar ponerse alerta, estar sobre aviso, tomar conciencia clara de que existe tal riesgo, analizar las circunstancias que lo hacen posible, los medios que moviliza y los peligros que provoca. Estar alerta equivale a no intimidarse, hacer frente al tirano, plantarle cara, instarle a tomar las cosas en serio y no hacer juegos malabares con el lenguaje.
Alfonso López Quintás.
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