JUSTICIA

Desde estas páginas he escrito algún artículo resaltando la necesidad perentoria del desarrollo de valores realmente útiles para dignificar nuestra existencia, tan castigada en pro de intereses políticos o sociales, la mayoría de las veces de dudosa virtud. Si realmente existe un valor vilipendiado en estos tiempos es la justicia. Y no sólo desde el punto de vista específico del cumplimiento de la leyes, aplicadas, desafortunadamente, desde perspectivas absolutamente partidistas y excluyentes -¿quién asesinó a Montesquieu?- sino la Justicia como bien innato que presupone el respeto a la dignidad particular.
Es de justicia el que se reconozcan nuestras necesidades, que se atiendan nuestras razones. Entendemos que es preciso diferenciar claramente a víctimas de victimarios, en favor de aquellas, con la consiguiente penitencia para éstos. No sólo dentro de un marco estrictamente legal, sino como reparación moral de un daño hecho, como resarcimiento ante cualquier actuación contra un individuo o un grupo con la clara intención de ser lesiva, situando al actor de ésta "en su sitio". Pero ahí nos duele. Y mucho. Pues asistimos asombrados, y demasiadas veces impasibles, ante una desvirtualización de la justicia cada vez mayor. Intereses creados, normalmente por quien, a cualquier nivel y tantas veces a cualquier precio, ejerce el poder, pretenden y, casi siempre, logran, evidentemente desde esa posición de poder, trastocar los conceptos de lo justo y lo injusto, evidenciando que lo conveniente o no conveniente se pueden convertir, y se convierten, en los valores sustitutos de aquellos. Conviene acallarte y, aunque tengas razón evidente, aunque sean "de justicia" tus pretensiones, se te acalla. Y puestos a trastocar, si resulta conveniente situar a las víctimas de cualquier agresión como verdugos, pues se hace y listo.
Como víctima del terrorismo que soy, así como víctima de un sangrante caso de mobbing, del que ya, públicamente, he hecho mención en más de una ocasión, no es la justicia un tema que me deje indiferente. Más que la justicia, la falta de ella. Soy ferviente defensora del perdón como único camino hacia la tranquilidad personal, como única vía para la superación del daño, pero, en la misma medida, considero imprescindible la justa compensación por el sufrimiento que éste nos ha producido. Es una constante desafortunada que la víctima de un agravio sienta, además del hecho agraviante, una falta de reconocimiento del mencionado hecho, que se produzca la doble victimización al no hacerse justicia y mantener indemne, cuando no aplaudido, al victimario.
Triste realidad que, evidentemente, vivimos las víctimas de terrorismo que comprobamos como nuestro dolor sólo sirve para alimentar pretensiones particulares de poder. Triste realidad que vivimos las víctimas de terrorismo que comprobamos el permanente olvido por parte de nuestros gobernantes de que para resarcirnos moralmente del dolor es imprescindible la justa condena de los culpables. Y no, desde luego, la amable foto con intenciones beatificadoras de los actores de la misma, gobernantes y asesinos, en estrecho abrazo de entendimiento. ¿Dónde está la comprensión, el entendimiento de nuestro sufrimiento?
Triste realidad que vivimos las víctimas de acoso en el trabajo que, día a día, en nuestra propia experiencia, o en la de otros acosados, somos testigos del más indigno silencio por parte de las distintas administraciones implicadas en la solución al problema, del más repugnante "no querer saber", no implicarse, no ejercer justicia sobre los acosadores. Una vez más es la víctima la que sufre la injusticia de la falta de consideración, la injusticia del olvido, cuando no, la injusticia del cuestionamiento de su dolor y el apoyo, solapado o evidente, de las actitudes provocadoras de él. Nos resulta repulsivo el hecho cada día más manifiesto de querer siempre equiparar a víctimas y verdugos. ¡Unas merecen la comprensión y otros el castigo! Y ambas cosas, desde luego, son de justicia. ¡Esa justicia que pintan ciega y a la que, desgraciadamente, tantas veces quitamos la venda para directamente arrancarle los ojos!


Publicado el 15 de junio de 2006 en el Diario de El Ferrol

 

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