ESPECTADORES MUDOS DE LA DESVERGÜENZA

Hoy me resulta francamente difícil escribir. Me resulta tremendamente duro enfrentarme a las palabras, porque nuestro rico vocabulario se queda pobre para definir determinadas acciones o para manifestar las emociones que en mi producen. Hoy es absolutamente imposible mantener frío el corazón y despejada la mente. Hoy quiero relatar un suceso bochornoso, repugnante, ignominioso. Hoy quiero hablar de un caso de bulling. El tema en cuestión empieza a estar, terriblemente, de "moda", sin que, por el momento, se estén tomando medidas realmente contundentes al respecto. Pero hoy, también, y sobre todo, quiero hablar de aquellos que, con su aplauso o con su silente consentimiento, favorecen y potencian determinados tipos de acciones humillantes, degradantes o violentas
He leído días atrás, con auténtico estupor, una noticia aparecida en prensa escrita, que, por lo dura, por lo trágica, debería de despertar más de una conciencia. La noticia, además de relatar un hecho vergonzoso y vergonzante de bulling, nos mostraba una cruel vuelta de tuerca más que añadir al suceso. Seis alumnos de un colegio de secundaria del Concello de Sanxenxo fueron expulsados por agredir a un compañero y grabarlo en sus móviles, dándole luego difusión al vídeo grabado. Según relato del diario que recoge la noticia, participaron más de 20 alumnos en la agresión: tres chicos propinaban a la víctima patadas y empujones, amenazándole incluso con unas tijeras, mientras un cuarto grababa la escena con su móvil. Dos compañeras más jaleaban a los agresores, mientras que el resto asistían como espectadores de la paliza, impávidos, ausentes, sin intentar evitar el atropello: espectadores mudos de la vergüenza, testigos mudos del horror… "colaboradores necesarios" del drama, cómplices callados de la ignominia, la "clá" de una auténtica desvergüenza. El vídeo con la grabación estuvo circulando por teléfonos de alumnos hasta cinco meses antes de que, desde la dirección del centro se conociera su existencia y se tomara alguna decisión sobre el asunto. Y en esos cinco meses sólo una madre de un chaval de otra escuela que tuvo acceso al vídeo denunció ante la dirección del colegio el suceso. Ninguna conciencia se reveló en cinco largos meses…O "Pepito Grillo" está últimamente de baja, o hemos decidido darle el pase a la reserva…
Asistimos, ante hechos como el bulling y otros tipos de acosos y abusos, a la más absoluta cobardía del que consiente y asiente, pero, siempre en la sombra, sin arriesgar su buen nombre… limpias sus manos de la agresión, mostrándose honorable…, pretendiendo ser honorable desde su cínica, indecente y falsa inocencia…
Según parece, este hecho, el de la grabación de actitudes violentas para su posterior difusión por distintos medios, como son los teléfonos móviles o Internet, empieza a ser más frecuente de que podemos imaginar. Si los hechos violentos en sí no son más que una muestra de la escasez de valores que estamos transmitiendo a los más jóvenes, si los hechos en sí no son más que la medida de la degradación que se va apoderando a marchas aceleradas de esta sociedad de consumo y ¿bienestar? que hemos ido creando, el hecho degradante y humillante de la pública exposición de la violencia como medio de "diversión" o de satisfacción de los más bajos instintos animales que cada día se hacen más patentes en el que se autodenomina "rey de la creación" y "animal racional", nos sitúa al filo de la navaja, al borde del abismo…
Es desalentador comprobar como la violencia, día a día, se apodera de todos y cada uno de los sectores de la sociedad, convirtiendo a los individuos bien en actores o bien en espectadores mudos de nuestra peculiar historia diaria, pero ¿quién es director de esta macabra obra? Podríamos nombrar a varios: el poder, la ambición, la envidia, la injusticia, la vanidad, el orgullo…
Parece ser que pagamos el precio por la butaca -estado del bienestar- y queremos quedarnos hasta que acabe la película, no vaya a ser que, si salimos asqueados antes del final, no se nos permita entrar de nuevo... Muchas veces no somos más que ESPECTADORES MUDOS DE LA DESVERGÜENZA, cobardes títeres de una odiosa mascarada.

Publicado el jueves 22/06/06 en el Diario de El Ferrol

 

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