Psicólogo Esp. Mediación y peritaje.
Esp. Ps. Clínica U. Murcia
Ciclo de Filosofía 3 años
Diplomado pedagogía universitaria
Capacitador agentes de ayuda en
teléfono de la esperanza España y Colombia
La raíz de la violencia puede estar en una persona
que no se ha perdonado a sí misma, o que no se acepta,
suele mantener la atención centrada en aquello que
no tiene y se olvida de aquello que tiene, vive un estado
de insatisfacción constante añorando lo que
ha perdido o lo que hasta ahora no ha conseguido. Experimenta
con frecuencia sentimientos de envidia, rencor, odio, miedo,
culpa, en general, un gran malestar que se manifiesta en
crisis de ansiedad o estrés, reflejado en comportamientos
inseguros o en extremo agresivos, hacia si mismos/as o dirigido
a terceros.
Su autoestima se encuentra lesionada ya que muy dentro
de sí piensa "con lo que tengo y con lo que
soy, no merezco reconocimiento, respeto ., no valgo".
Ante ello puede optar, ya sea por la sumisión, cediendo
de manera persistente a lo que se le pide o exige que haga,
evitando pedir o exigir lo que necesita por temor a no conseguirlo
o simplemente por que no considera que lo merezca, puede
pensar "no soy importante" esto le hace conservar
una carga bastante pesada de rencor hacia si y hacia las
personas que no le otorgan lo que quisiera obtener y que
frecuentemente no solicita, culpa a sí mismo/a y
a los demás de sus "desgracias". Todo esto
implica una carga agresiva sobre la propia persona.
La otra opción que evidencia una baja autoestima
en las personas que no se aceptan a sí mismas es
decir que no se han perdonado, es exigir, criticar, juzgar,
perseguir y maltratar a los demás bajo la creencia
de ". no merezco reconocimiento ni respeto, no valgo";
para conseguirlo necesita inspirar respeto, sensación
de fortaleza, control sobre el mayor número de situaciones
posible, ya que de esta manera consideran que son tenidos/as
en cuenta. En muchas ocasiones suelen practicar la agresión
física y/o verbal como "la forma más
efectiva" de mantener dicho control y evitar que se
evidencie su latente debilidad, miedo y/o inseguridad. Un
ejemplo de este tipo de conducta se puede inferir en un
matrimonio que mantiene el maltrato en su relación
habitual, el hombre maltrata a su esposa físicamente,
de manera sistemática, propinando golpes que generan
evidentes marcas en su piel o incluso en su motricidad u
otro tipo de discapacidad, adicionalmente, envía
mensajes verbales de sub - valoración lo que implica
una agresión psicológica importante que lesiona
notablemente la autoestima de la mujer. Ella a su vez mantiene
la conducta maltratante de su cónyuge reforzándola
a través de su actitud sumisa.
En síntesis, quien no se ha perdonado o aceptado
a sí mismo/a difícilmente es capaz de perdonar
o aceptar a los demás. Con esto resulta evidente
la importancia en el orden de los factores, es de suma importancia
comenzar por nosotros mismos indagando acerca de nuestras
propias inconformidades, preguntándonos que nos falta,
perdonándonos por no haber trabajado en conseguir
lo que hemos dejado atrás, aceptando que existen
cosas que no podemos cambiar, comenzando a elaborar un plan
de acción para lograr esas cosas que queremos o que
necesitamos, colocándonos en ruta de acción
para conseguirlas, es decir centrando la atención
en lo que podemos conseguir para nosotros, haciendo uso
de nuestros propios recursos. De esta manera no tenemos
que entrar a responsabilizar a otros de nuestros éxitos
o fracasos.
Con respecto a los demás. Comencemos por identificar
el daño que hemos podido causar con nuestras actitudes
codependientes; ya sea por exceso de consideración
o exceso de exigencia y control, dado que de las dos formas
hemos despreciado a quienes amamos enviándoles mensajes
agresivos, sutiles pero contundentes de "tu no vales
tal como eres, eres débil, no podrás conseguir
nada sin mi ayuda, no crezcas, no desarrolles tus capacidades,
se dependiente, eres un asco, me decepcionas pero te necesito
para afirmar mi fortaleza, ." La persona que recibe
estos mensajes, generalmente es quien tiene comportamientos
dependientes fácilmente observables, al alcohol u
otras drogas, al trabajo, al juego, al sexo, al Internet,
al teléfono, a otras personas, al sufrimiento, etc.
La relación dependiente Vs codependiente con frecuencia
y facilidad cambia sus roles, es decir, algunas veces asumimos
el papel de codependientes y en otras ocasiones el de dependientes.
Por ello se hace necesaria la reflexión del daño
que hemos hecho o que hemos permitido que se nos haga, en
consecuencia son dos las actitudes que es preciso tomar
frente al perdón, la de ser perdonados, o la de perdonar,
en el primer caso se hace necesario solicitarlo y en el
segundo concederlo. En ambos casos liberador, por que es
una opción que podemos tomar cuando lo elijamos y
está a nuestra disposición. Es posible que
alguien no este dispuesto/a a concedérnoslo en algún
momento o en alguna circunstancia, pero la acción
de pedirlo o concederlo depende de nosotros y será
más efectivo si buscamos el momento, el lugar, las
palabras más adecuadas.
Estas consideraciones dan luces a los expertos en salud
mental para que realicen intervenciones psicojurídicas,
que nos orienten la decisión y la acción.
Para terminar vale la pena tener en cuenta la recomendación
que hace Henri Lacordaire, "Quieres ser feliz un instante,
véngate; quieres ser feliz para siempre, perdona".