ESTRUCTURA PERVERSA

De la Sentencia: “la perversión es el negativo de la neurosis”
Por: Marco A. Villa Alarcón
Alumno de 7mo. Semestre de Clínica, Facultad de Psicología, UAQ

E- mail: marcdvil@hotmail.com

Perverso Polimorfo / Estructura Perversa
De verdad que esta cita que en primer momento suena tan categórica no es en esencia sino más que una gran interrogante: ¿En qué sentido debemos pensar a la perversión como negativo de la neurosis?

Se podría deducir que en el de la represión, es decir el neurótico reprime mociones pulsionales y el perverso no, pero no avanzamos gran trecho por ahí, de inmediato surgen más preguntas como “entonces el perverso ¿no tiene inconsciente?”, y si por osado que pareciera aceptáramos la sentencia, surgirían pruebas en lo fenomenológico que la contrariarían con suma contundencia, como el hecho de que cualquier homosexual sueña, o la situación de que el fetichista que escoge la posibilidad del fetiche precisamente porque reniega contra la madre castrada no tiene noticia alguna en lo consciente de su necesidad de que exista el pene de la madre.

Estas ejemplificaciones que parecen más bien caricaturas y causarían la risa de no pocos enterados del tema, no son sino las consecuencias de pensar al perverso estructurado como uno carente de represión, lo que tampoco detiene, dicho sea de paso, a no pocos enterados del tema a pensarlo así. Pero pese a esto en algo se tiene que distanciar lo perverso de lo neurótico en cuanto a estructuras.

Un campo que aparentaba una fecunda fuente de investigación sobre esta pregunta era el que se abría en la sexualidad siempre infantil de los tres ensayos de teoría sexual, en especial en el hecho de que el niño freudiano es uno perverso polimorfo, que daba la posibilidad de entender al perverso como alguien detenido en lo infantil, separado de la neurosis por el proceso de represión, es decir un ser humano que sin importar su edad cronológica no es más que un niño psíquico. Pero Freud, en la conferencia 23 nos deja claro que eso es infantilismo sexual no perversión: “La sexualidad perversa está, por regla general, notablemente centrada; todas las acciones presionan hacia una meta - casi siempre única- y una pulsión parcial tiene la primacía: o bien es la única pesquisable o bien ha sometido a las otras a sus propósitos. En este sentido, no hay entre la sexualidad perversa y la normal más diferencia que la diversidad de las pulsiones parciales dominantes (...) En cambio, la sexualidad infantil carece, globalmente considerada, de semejante centramiento y organización; sus diversas pulsiones parciales tienen iguales derechos (...) Por lo demás, también hay casos de sexualidad perversa que presentan una semejanza mucho mayor con la infantil: son aquellos en que numerosas pulsiones parciales han impuesto sus metas o, mejor, han persistido en ellas con independencia unas de otras. En tales casos es más correcto hablar de infantilismo de la vida sexual que de perversión.”[1]-[2]

Esta es la opinión más clara de Freud entre la estructura perversa y lo perverso polimorfo infantil. Sin embargo nos muestra que este campo de búsqueda para una distinción entre lo perverso y lo neurótico no es el correcto pues lo citado anteriormente en lugar de dar pauta a un alejamiento entre estas, va a unirlas más a favor de un distanciamiento de ambas con lo infantil, es decir lo esencial de lo infantil, no es lo perverso sino lo polimorfo, la anarquía y desorganización en el accionar de la pulsión, este estado de “tierra de nadie” pulsional, y en ese sentido tanto la neurosis como la perversión quedan equidistantemente separadas de lo perverso polimorfo del infantilismo sexual, es decir la perversión estructurada nunca está más cerca (o más lejos) de la perversión polimorfa que la neurosis misma. Dado que la fuente de distanciamiento entre neurosis y perversión no ha de ser encontrada en lo infantil, volvamos a la distinción más tajante que hizo Freud: “la neurosis es, por así decir, el negativo de la perversión”[3], de la cual se ha abierto todo un campo psicoanalítico, el de lo negativo, tratemos entonces, si la perversión es el negativo de la neurosis, entender qué de negativo hay en cada estructura.

El Negativo
En el artículo sobre la Denegación[4] (1925) de Freud, se muestra la negación como un mecanismo defensivo que sirve a la censura y a la represión, es decir que entra francamente en la confección de la mentira que estructura al ser como neurótico (mentira neurótica). En opinión de Freud “un contenido de representación o de pensamiento reprimido puede irrumpir en la conciencia a condición de que se deje negar. La negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido; en verdad, es ya una cancelación de la represión, aunque no, claro está, una aceptación de lo reprimido.”[5]

Esta “cancelación” de la represión de la que Freud habla, no podría ser sino una parcial, en el sentido de que, si bien tenemos en cuenta el proceso de negación y suprimimos el “no” de la oración, la representación que de otro modo sería inconsciente se crea un espacio en la conciencia pero sólo en términos de su aceptación intelectual, ya que para la negación como forma del inconsciente es condición un desplazamiento del afecto que abandonará en lo consciente a la representación que le era concomitante, es decir este saber en nada influye a la posterior dinámica de la representación aunada con su afecto, en el sentido de una elaboración psíquica. Cuando Freud en el mismo artículo menciona que “el juicio adverso (el negativo) {Verurteilung} es el sustituto intelectual de la represión”[6] presenta dos objetivos en la función intelectual del juicio, sea afirmar o negar, lo que es rechazar o aceptar, que tiene su origen pulsional en el introducir o expulsar según lo vívido con placer o displacer en la oralidad, y el segundo objetivo queda como la constatación de la existencia en la realidad de los objetos del yo, es decir un tanteo de la posibilidad de que el yo se reencuentre con sus objetos.

La segunda función del juicio, la que parte del yo – realidad, para diferenciar entre la permanencia (disponibilidad) de un objeto en la realidad, no es más que el tanteo del yo por la posibilidad de un reencuentro con el objeto. Puesto que las representaciones son repeticiones, por así decirlo de lo ya percibido, es preciso indicar que la diferenciación entre objetivo y subjetivo sólo se manifiesta después del primer encuentro con el objeto dado que por una parte la representación puede evocarse con independencia de la presencia – ausencia del objeto del cual se impronta, y por otra “No siempre, al reproducirse la percepción en la representación, se la repite con fidelidad; puede resultar modificada por omisiones, alterada por contaminaciones de diferentes elementos. El examen de realidad tiene que controlar entonces el alcance de tales desfiguraciones.”[7] Aquí hay ya un pequeño atisbo de lo que podríamos discernir como propio del mecanismo perverso, dejando a la represión a un lado que nos sitúa en medio de la clásica pugna dinámica intertópica (inconsciente – consciente / Ello – Yo), para poner énfasis en el examen de la realidad que es un proceso ubicado centralmente en el yo realidad. Salir de los linderos de la compulsión por el principio de placer implica el abandono de la represión por la censura, y es este el caso precisamente de lo intelectual: “la operación de la función del juicio se posibilita únicamente por esta vía: que la creación del símbolo de la negación haya permitido al pensar un primer grado de independencia respecto de las consecuencias de la represión y, por tanto, de la compulsión del principio de placer.[8]” Podríamos decir entonces que el juicio no tiene compromisos con el ello sino a través de los intereses inherentes al yo.

La Desmentida en Psicoanálisis
Es hasta 1927 en el artículo sobre “El Fetichismo” que Freud diferencia de la represión, un proceso que siéndole en algo similar, proviene básicamente de la falla producida por una alteración del yo en pos de la protección del narcisismo que puede ser afrentado por la posibilidad de castración y es introducida así die Verleugnung[9], que se diferenciaría en este plano de la represión por ser el mecanismo que se presenta para la representación sin afecto (por lo que el afecto sí permanecería reprimido, o mejor dicho descentrado de su representación originaria), desmentir la realidad implica recomponerla a través de los procesos de pensamiento inherentes únicamente al yo, Freud tiene su primer encuentro con la verleugnung cuando en la clínica observa este rodeo que el pequeño varón hace de la realidad cuando una de sus primeras teorías infantiles (sobre la indiferencia anatómica de los cuerpos) es atacada por la realidad, ejemplos de esto sobran en la casuística freudiana, ver por ejemplo el caso “Hans” o del “hombre de los lobos”, Freud deja muy en claro que esto no es negación (no se puede negar lo que no existe, como sería el pene de la madre), sino desmentida, más adelante en uno de sus últimos trabajos, en el séptimo capítulo del “Esquema de Psicoanálisis” (1940) va a ahondar en la distinción represión – desmentida, donde la represión sería la embestida de la defensa contra una moción pulsional (proveniente del interior) y la desmentida una alteración del yo que surge como respuesta ante ciertas partes de las percepciones (externas).

¿Por qué se señala la desmentida como una alteración del yo?, En primera parte porque lo que se desmiente proviene del exterior y es una de las funciones exclusivas del yo la de la percepción (al igual que el de las desfiguraciones cometidas contra ella) y en después porque la segunda función del juicio intelectual es la de contrastar la existencia de los objetos del yo con su permanencia en la realidad, esto a todas miras para tantear las posibilidades de un reencuentro con el objeto (que para estar en el yo, tuvo por fuerza que habitar la realidad en un primer encuentro), Freud argumenta en el mismo artículo que fue necesaria para que la segunda función del juicio se creara, la previa pérdida de un objeto.

Tenemos pues hasta este punto tres elementos importantes, desmentida (en contraste a represión), realidad (campo operatorio del yo, en detrimento de la realidad psíquica) y pérdida de un objeto. Para iniciarnos en la práctica de algunas conjeturas de peso, interpolemos pues lo que hemos desprendido hasta aquí de lo negativo con la segunda teoría de la angustia, lo que nos da pie es precisamente la pérdida del objeto, que la segunda función del juicio intelectual implica.

La angustia, es siempre angustia de castración, al menos en el sentido amplio de castración (pérdida, separación, del pene en el sentido estricto), Freud para 1926, un poco antes, ya establece una diferenciación entre el ataque de angustia y la angustia señal, la angustia señal es un apronte, un amague presentado para la preparación del aparato psíquico ante una posible vivencia de peligro, pero al mismo tiempo proviene de un modelo ya registrado en lo psíquico; “el primer gran ataque de angustia”, es el del nacimiento, que quedará como arquetipo ya de los ataques de angustia posteriores, ya de las pequeñas descargas del apronte angustioso.

Como vimos la angustia señal se presenta como preparación ante el peligro, que fue conceptualizado por Freud en el mismo artículo como: la incapacidad del yo para reaccionar ante la exigencia pulsional o la de la realidad.

También el peligro cuenta con una experiencia primordial que determina las subsiguientes, atravesada también por la pérdida del objeto que nos liga con la función de juicio: la fobia a los extraños es común en el niño que por experiencia sabe que la madre cumple con la satisfacción de todas sus necesidades y por ello le depara amor, cuando siente la cercanía de alguna persona genera la añoranza de ver a la madre, entonces voltea el rostro y si lo que de pronto descubre es un extraño, toda la libido preparada para el recibimiento a la mamá no encontrará forma de abreacción (aun no cuanta con represión secundaria como el adulto), es decir el yo (incipiente) se enfrenta contra una situación de peligro y como sabemos que la manera en que el yo (almácigo de la angustia) reacciona ante el peligro es generando angustia, el pequeño desarrollará un ataque, que pese a circunscribirse en miedo por el extraño, proviene no del extraño en sí, sino de la condición de no – ser – la – madre que el extraño representa. Hablar de angustia es entonces, hablar de pérdida, y de pérdida a su vez de castración, la cadena es simple, nacimiento (pérdida de la unidad con la madre), advenimiento del padre (pérdida del ser falo), complejo de Édipo (pérdida de la madre como objeto de amor), complejo de castración (pérdida de la representación del pene), duelo (pérdida de objeto de amor secundario), es el camino prototípico de la angustia, que además vuelve a unirse con la perversión, en cuanto a la desmentida, a través del vínculo común que ambos guardan con la realidad.

La angustia es siempre real concluye, pues la manera en que se genera angustia siempre tiene como miramiento último la realidad, si el peligro proviene del exterior el apronte de angustia prepara para la huida o el contraataque, si el peligro es interno, es decir el displacer generado por el cumplimiento de la pulsión, se tiene que tener en cuenta que la pulsión siempre tiene como meta el placer, lo que la vuelve displacentera y por lo mismo una posibilidad de peligro para el yo, son solamente las consecuencias displacenteras que conllevaría para el aparato psíquico la plena manifestación de la pulsión en la realidad. En este punto a través de la castración podemos atar con lazo firme a la desmentida con la angustia y a través de esta, situarnos únicamente en el campo del yo, ya se dijo por una parte que la distinción entre represión y desmentida es no tanto “el qué se hace” sino “el con qué”, la represión se ocupará de tramitar lo afectivo de las representaciones[10] y del contenido cualitativo de éstas se encargará la desmentida.

La desmentida es pues, siempre una desmentida de la castración, el negativo de lo negativo (- x - = +), si la realidad presenta un menos (pene), la desmentida está encargada de añadir un negativo más a la multiplicación (- percepción), no percibir la ausencia deja siempre intacta la posibilidad de la presencia, y en esta presencia a lo largo del desarrollo libidinal y en especial de la fase fálica, se juega toda la tranquilidad del narcisismo primario, “sí mamá o mi hermana, no tienen pene, es posible que yo también lo pierda” y pese a toda la evidencia que constataría un hecho tan lamentable, el yo prefiere bajo ciertas circunstancias alterar su conformación en el plano de la escisión (donde la perversión se aleja de la neurosis para empalmarse ahora con la psicosis[11]), porque el hecho de que el yo no haga consciente la percepción en bruto, no significa que no la haya percibido como tal antes de maquillarla para la consciencia, con previa desmentida. Nos encontramos de cara con un nuevo problema, es evidente que la angustia y la desmentida son alteraciones del yo, pero son alternativas, la desmentida se presenta para renegar contra la castración que genera angustia, es decir protege al yo de la afrenta narcisista, pero se presenta bajo las mismas circunstancias en las que la angustia se presentaría, las situaciones de peligro. Quedará para una posterior investigación descubrir cuáles son las condiciones en el campo de la castración – narcisismo que hacen discernir la actividad del yo entre la angustia que se genera en el neurótico al aceptar su castración, o la negación de la negación (re-negación) de la realidad que efectúa el yo del perverso estructurado para desmentirla.

Bibliografía.

S. Freud. Obras Completas “Tres Ensayos de Teoría Sexual”. Tomo VII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina 1978

S. Freud. Obras Completas “El Esclarecimiento Sexual del Niño”. Tomo IX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Sobre las Teorías Sexuales Infantiles”. Tomo IX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Sobre un Tipo Particular de Elección de Objeto en el Hombre”. Tomo XI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Acerca del Fausse Reconnaissance en el Curso del trabajo Analítico”. Tomo XIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Pulsiones y Destinos de Pulsión”. Tomo XIV. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “La Represión”. Tomo XIV. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Lo Inconsciente”. Tomo XIV. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, conferencia 21, 23, 25”. Tomo XVI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “ Sobre las Trasposiciones de la Pulsión, en Particular del Erotismo Anal ”. Tomo XVII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Lo Ominoso”. Tomo XVII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Pegan a un Niño”. Tomo XVII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires,. 1978

S. Freud. Obras Completas “Más allá del Principio de Placer”. Tomo XVIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Sobre algunos Mecanismos Neuróticos en los Celos, la Paranoia y la Homosexualidad ”. Tomo XVIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Sobre la Psicogénesis de un Caso de Homosexualidad Femenina”. Tomo XVIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “La cabeza de Medusa” Tomo XVIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “La Organización Genital Infantil”. Tomo XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “El Sepultamiento del Complejo de Edipo”. Tomo XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Algunas Consecuencias Psíquicas de la Diferencia Anatómica entre los Sexos”. Tomo XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “El Yo y el Ello” Tomo XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “La Negación”. Tomo XIX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Inhibición, Síntoma y Angustia” Adenda y Apéndice. Tomo XX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis, conferencia 32”. Tomo XX. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “El Fetichismo”. Tomo XXI. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

S. Freud. Obras Completas “Esquema del Psicoanálisis”. Tomo XXIII. Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1978

De: A. Missenard, et. al. “Lo negativo. Figuras y Modalidades” Ed. Amorrortu. Buenos Aires Argentina. 1991

A. Missenard “Registros de lo Negativo en Nuestros Días” Pág. 13

G. Rosolato “Lo Negativo y su Léxico” Pág. 23

Guillaumin “Una extraña variedad de espacio o el pensamiento de lo negativo en el campo del psicoanálisis” Pág. 39

J. Dor. “Estructura y Perversiones” Cap. 6 – 9 Ed. Gedisa

Artículo publicado en la actualización: JULIO de 2004.

Revista Electrónica de Psicología "La Misión"

Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro

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[1] S. Freud. “23a Conferencia. Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales”. 1917. Pág. 294

[2] Las negritas son mías.

[3]S. Freud. “Tres Ensayos de Teoría Sexual” Primer Ensayo. 1905. Pág. 150

[4] En el que se mal traduce en la edición estándar Die Verneinung por La Negación, en lugar de La Denegación.

[5] S. Freud “Die Verneinung” (1925) Pág. 253

[6] Ídem. Pág. 254

[7] Ídem. Pág. 255

[8] Ídem Pág. 257

[10] Con respecto a las dudas generadas del término afecto reprimido ver las especificaciones en el tercer apartado del artículo “Lo Inconsciente” (1915) de Freud.

[11] De estar interesado en este punto ver los dos artículos de 1924 sobre las “Neurosis y Psicosis”

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