El juicio de condenación

Por José Eduardo Abadi Director del Área de Psicoanálisis - Carrera de Psicología, UP.
Freud nos enseña que cuando el intento de gratificación de ciertos deseos transgrede determinadas normas éticas y morales que hacen a ciertas prohibiciones inherentes a la normatividad cultural despierta en el individuo un displacer que tiene como causa el temor al castigo (naturalmente en su fantasía) por el intento de cumplimiento de lo que el superyo califica como prohibido.
Es por eso que el yo articula ciertas defensas para proteger su identidad frente a estas amenazas transgresoras.
Sabemos que frente a estímulos displacenteros externos el sujeto puede apelar a la fuga en el intento de evitar el peligro. Pero cuando estos estímulos son internos habrá que apelar a sustitutos de la fuga y mencionamos como fundamentales: la represión, la supresión, la negación y el juicio de condenación. Veremos este último.
Pero ¿ cómo conceptualizamos a esta defensa ? Nos acercaremos a su comprensión partiendo de su polo opuesto, vale decir, el deseo.
En algunos casos cuando el deseo en su búsqueda de placer alcanza la conciencia y desde allí atenta contra las normas imperantes en su conciencia moral el sujeto puede poner en marcha lo que Freud llama la supresión, que es un mecanismo de carácter consciente que significa que la representación pase de un estado actual de conciencia a un estado preconsciente y no como otros mecanismos donde la representación pasa de un estado consciente-preconsciente a uno inconsciente.
Otras veces frente a la presencia de lo prohibido en la conciencia el sujeto puede apelar a la negación que es un mecanismo defensivo que consiste en anteponer el ¨ signo no ¨ a la representación prohibida para que ésta pueda acceder a la conciencia y en la medida que no es aceptada como propia evitar el displacer y la angustia.
Cuando opera, en cambio, la represión tanto la instancia represora como el resultado son inconscientes. La representación pasa de un sistema consciente-preconsciente a uno inconsciente y para que permanezca en el inconsciente reprimido el yo deberá disponer de una energía, contracatexis, de un modo permanente con las consecuencias que ello implica. El objetivo central del sujeto, como nos dice Freud, es ¨ separar y mantener alejada de la conciencia o sea en el inconsciente, representaciones ligadas a una pulsión cuya satisfacción ( principio del placer por sí mismo ) provocaría displacer por oponerse a las otras normas conscientes imperantes ¨ .
Otra posibilidad es que el sujeto tome conciencia del deseo pero que no lo expulse de la misma sino que lo condene, que prohíba su satisfacción. No apela ya a la represión sino a aquello que define como condenación. ¿ A qué se debe el cambio operado ? . Una respuesta a esto la encontramos en la quinta conferencia que Freud dicta en la Universidad de Clark en 1909: ¨ el temido resultado final de una destrucción del carácter civilizado por los instintos liberados de la represión es totalmente imposible, pues este temor no tiene en cuenta algo que nuestra experiencia nos ha enseñado con toda seguridad, y es, que el poder anímico y somático de un deseo, cuando su represión ha fracasado, es mucho mayor siendo inconsciente que consciente, de manera tal que con su atracción a la conciencia no se hace sino debilitarlo. El deseo inconsciente no es susceptible de ser influido y permanece independiente de toda circunstancia, mientras que el consciente es refrenado por todo lo que de un modo consciente es contrario a él ¨. La labor psicoanalítica, entra así, como un ventajoso sustitutivo de la fracasada represión, al servicio de las aspiraciones civilizadoras más elevadas y valiosas.
La represión es reemplazada por una condenación llevada a cabo con medios eficaces. Esto es posible porque lo que se trata de hacer desaparecer son sólo consecuencia de anteriores estadíos evolutivos del yo. El individuo no lleva a cabo con anterioridad más que una represión del impulso inutilizable porque en ese momento no estaba en condiciones de apelar a otra defensa, ¨ pero en su actual madurez y fuerza puede quizás dominar a la perfección lo que le es hostil ¨ .
Vale decir que el juicio de condenación reemplaza a la represión, opera con los productos que emergen del levantamiento de la misma y los condena luego de haberlos admitido como propios. Esta opción es señalada por Freud en su estudio autobiográfico como una de las metas importantes de la terapia analítica y como nos señala allí mismo una de las formas de evitar quedar atrapado por las consecuencias de la represión.
Sintetizando: este mecanismo lo vemos presente en el sistema preconsciente-consciente, siguiendo las leyes del proceso secundario, vinculado al principio de realidad e identidad de pensamiento que le permite independizarse de un sometimiento al principio del placer.

http://www.palermo.edu/cienciassociales/lic_psicologia/opinan_directores.html

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