PERSONALIDAD
NARCISISTA
Desde
el punto de vista de la psico-patología, la estructuración
de una Personalidad Narcisística, implica una detención
o fijación del desarrollo de la persona a etapas
infantiles de profunda gratificación, o en una regresión
del individuo a estos períodos, por su incapacidad
para tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduracion
y la vida le imponen.
La
Personalidad Narcisística se caracteriza por un patrón
grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos
de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro,
el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos
de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados.
Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren
a él o ella, deben ser vistas con admiración
y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay
en el Narcisista una inagotable sed de admiración y
adulación, esta última lo incapacita para poder
reflexionar e incluso pensar. Vive más preocupado por
su actuación, en cuanto a la teatralidad y reconocimiento
de sus acciones, que en la eficacia y utilidad de las mismas.
Su visión es el patrón al cual el mundo debe
someterse. Es el Narciso una personalidad que, aún
cuando pueda poseer una aguda inteligencia, esta se haya obnubilada
por la visión grandiosa de sí mismo y por su
hambre de reconocimiento. Vemos así como muchas personas
que, pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten
su vida a adulantes mediocridades. Ellas, drogadas por su
discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar
lo que el mundo objetal les grita.
En
la otra cara de la moneda, la Personalidad Narcisística
es, en sí misma, una forma de sobrevivencia. Hemos
visto en el mito como Narciso es el producto de una acción
terrible. La Personalidad Narcisística nace de una
violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al
individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando
la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento,
su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado,
en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar
su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo
mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en
la admiración y la adulancia de quienes lo circundan.
He visto a hombres y mujeres brillantes caer en las más
abyectas miserias, en alcohol o en drogas, para sostener su
Ego herido.
Cuando
el Narciso ejerce posiciones de poder, se rodéa de
personas, que por su propia condición, son inferiores
a él o ella, y de otros, que le harán la corte
solo en función de un interés mezquino.
El
Narciso es una persona que puede ser muy exitoso, en cuanto
al brillo externo se refiere. Él no se plantéa
dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes
o no. Así vemos como personas con una inteligencia
mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes,
para ellos el recapacitar no existe. Aún las más
insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico,
se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin
la más mínima consideración moral ni
ética. Estos últimos logran capitalizar a una
orda de Narcisistas Depresivos que creen, ingenuamente, en
la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán
fielmente, no importa cuán errado esté:
"Sobre
la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño
fiel pero importuno."
Escribe
Miguel Hernández para retratar esta suerte de personalidad,
siempre fiel, signada por la tristeza derrotada, que busca,
con mas ahinco que éxito, alguien en quién creer,
alguien en quien confiar el remedio a sus miserias. De estas
melancólicas soledades esperanzadas se nutre el Narcisismo.
La simbiosis se completa con la satisfacción a medias,
con un hueco de hambre y sed, que nunca se llega a colmar.
|