Reflexiones para ignorar al difamador
Luz María Martínez de Correa
Extraido de Nueva Alejandría
¿Qué significa "tener
la razón, y por qué tan a menudo entramos
en conficto con otras personas tratando de defender nuestro
"punto de vista? ¿Cuál es la manera correcta
de proceder cuando la opinión de otros no nos satisface,
o directamente se opone a la nuestra?
Los asuntos "opinables"
Lo primero que debes considerar antes
de discutir con otra persona es si el tema es "opinable"
o no. ¿Qué significa ésto? Un asunto
opinable es aquél del cual no podemos decir jamás
si es verdadero o falso, bueno o malo, mejor o peor. Los
asuntos opinables dependen de la opinión de las personas,
es decir, de sus puntos de vista personales, como por ejemplo,
qué grupo de rock es mejor que otro, qué corte
de pelo debe usarse este verano o qué país
posee las mejores playas. Incluso cosas tan profundas como
la existencia de Dios son opinables, porque no podemos aportar
pruebas objetivas para demostrarlas.
Ya te habrás dado cuenta, leyendo
lo anterior, que no vale la pena pelear por asuntos "opinables".
Quien no piensa igual que tú tiene tus mismos
derechos, y por lo tanto su opinión es digna del
mismo respeto con que tú pretendes que se trate la
tuya. Tú puedes pensar que tu punto de vista
es mejor, más digno, más profundo o más
verdadero que el del otro, pero eso no cambia las cosas.
El otro puede pensar exactamente lo mismo.
¿Qué quiere quien pelea por
un asunto opinable? Que le "den" la razón.
Que otros admitan que la tiene. Que acepten su verdad personal
como propia. Detrás de quien hace ésto siempre
hay una intención autoritaria (deseo de imponerse
a los otros), y paternalista (creerse mejor y superior a
los otros). Seguramente tú no quieres ser uno de
éstos, y de seguro preferirías que te den
la razón porque has convencido a tu interlocutor,
antes que porque le inspiras temor o un desmedido respeto.
El problema es que con los asuntos opinables nadie tiene
la razón. ¿Para qué pelear por ella,
entonces?
Verdad y Mentira
Muy distinto es cuando se discute sobre
hechos concretos o sobre datos de la realidad. Si una persona
te dice que América es una provincia de España
tú sabes, con total certeza, que está equivocada.
En estos casos es legítimo que trates de explicarle
al otro dónde está su error, y hasta que discutas
(*sin enojo) un poco tratando de convencerlo. ¿Qué
hacer si tu interlocutor no acepta tus argumentos y se empecina
en su equivocación? Pelear no, por supuesto.
Si ya sabes que tienes la razón, ¿qué
sentido tiene entrar en conflicto? Lo que corresponde es
que indiques al otro claramente cual es tu punto de vista,
le señales algunas posibles fuentes objetivas
de información donde se demuestra que tienes
la razón (una enciclopedia, en este caso), y que
luego te desentiendas. De allí en más
es su problema, no el tuyo, si no quiere aceptar los hechos
como son. Piensa un poco: ¿no es absurdo pelear cuando
uno tiene la razón?
Pero hay una gran diferencia entre el error
y la mentira. Cuando alguien trata de discutir apoyándose
en errores voluntarios, esto es, diciendo falsedades
con plena conciencia, estás en presencia de un mentiroso.
Es difícil que logres convencer de algo a un mentiroso,
porque se trata de alguien a quien no le importa la verdad
(*la prensa corrupta). Lo mejor que puedes hacer en estos
casos es poner en claro tu pensamiento, sin
ofender ni agredir a nadie, y retirarte de la discusión.
Si la mentira, en cambio, se dirige a tí,
es decir, si alguien dice cosa falsas sobre tu persona
con ánimo de perjudicarte, es también
inútil discutir demasiado. Muéstrate calmo,
confiado en lo que has hecho y dicho, y de seguro
las personas que escuchan te darán más crédito
que al difamador. Si peleas por defender tu honor corres
muchos riesgos. Si triunfas, puede que sea porque eres
más grande o hábil que tu contrincante, lo
cual no prueba que tengas razón. Si pierdes, ya sea
porque te atinaron un golpe de suerte o porque era el otro
el más poderoso, el caso es análogo al anterior.
La mejor estrategia contra un difamador es mostrar una conducta
ejemplar, tal que todos digan: "si está tan
seguro de sí mismo, y es tan respetuoso de los otros,
no puede ser un mentiroso él mismo, y por lo tanto
el mentiroso deberá ser el otro".
Y si esto no da resultados, ten confianza,
sé paciente, porque la mentira siempre tiene patas
cortas, y a la larga o a la corta el mentiroso comete un
error y se pone en evidencia. LA VERDAD NO SE AFANA EN DEMOSTRAR
NADA, NI PIERDE ENERGIA NI SALUD EN VENGANZAS INUTILES,
DE ESO SE ENCARGA LA NATURALEZA...
Recuerda siempre:
Si hubieras nacido en otro país lo amarías
tal como ahora haces con el tuyo,
Si hubieras nacido en otro lugar tu religión
sería otra, y creerías en ella con la misma
fuerza con que ahora crees en la tuya,
Si hubieras nacido del sexo opuesto, o de una
raza diferente, o bajo otra cultura y costumbres,
pensarías de un modo muy distinto, y lo que hoy te
resulta extraño e incomprensible te aparecería
como natural.
Los insultos no te convierten en nada que no quieras ser.
No eres lo que otros dicen que eres, sino lo que tú
eres en realidad,
Las mentiras duran poco, porque para sostenerlas hacen
falta más y más mentiras, hasta que finalmente
todo se desmorona y aparece la verdad,
El honor y la razón son valores personales.
No pretendas que los demás vivan de acuerdo a tus
códigos, porque sin duda no te gustaría que
los otros te impongan los suyos.
LA MAYOR DIGNIDAD, IDENTIDAD Y HONOR, ES SER HIJOS E HIJAS
DE DIOS, actuemos en consecuencia, SIENDO AMOR... Alquimia
Aceptar algunos errores
"No vale la pena vivir discutiendo sobre todo; forma
parte de la condición humana errar de vez en cuando".
F. Nietzsche filósofo alemán
Sin embargo, todos conocemos gente que se empeña
en tener la razón hasta en las cuestiones más
nimias. Nosotros mismos, muchas veces, nos incluimos en
esta categoría: no nos permitimos errar.
Lo único que conseguimos con esta actitud es el miedo
a seguir adelante, pues ciertos pasos exigen nuevas decisiones,
cuyos resultados desconocemos.
El miedo a errar es la puerta que nos encierra en el castillo
de la mediocridad: si conseguimos vencer este miedo, estaremos
dando un gran paso hacia nuestra libertad.
Paulo Coelho
Aceptar algunos errores
-texto parcial-
(c) Traducción: Juan Campbell-Rodger - Mont.: JM
¿Qué prefieres, ser feliz o tener la razón?