PÁNICO
Pánico después del trauma: La
etiología de la activación postraumática aguda.
(Panic following trauma: The etiology of acute posttraumatic arousal.)
FUENTE: JOURNAL ANXIETY DISORDER. 2004;18(2):193-210.
Reginald D. V. Nixon; Patricia A. Resick; Michael G. Griffin.
[20/4/2004]
Dos estudios han examinado los factores que contribuían a los síntomas del pánico después de un trauma.
En el estudio 1, los sobrevivientes de asaltos sexuales y no sexuales (N=105) fueron evaluados a las 2 semanas tras el crimen. El trauma anterior, la historia psiquiátrica, las características del crimen, y la disociación peritraumática fueron determinadas. El pánico postraumático fue modestamente predicho por experiencias de abusos sexuales en la niñez (CSA), una historia de ansiedad y de depresión, y de disociación peritraumática. El abuso físico en la niñez (CPA), la victimación del adulto, las variables del crimen, y una historia previa de trastornos con consumo de sustancias y de trastorno por estrés postraumático (TEP) no estuvieron implicados.
En el estudio 2, el papel del pánico peritraumático en la activación posterior también fue examinado en una muestra similar que fue evaluada en el plazo de 6 semanas del trauma (N=93). La presencia de activación significativa durante el trauma predijo la frecuencia de los ataques de pánico postrauma, pero no su severidad.
En el contraste con el estudio 1, la historia previa de TEP, la percepción de amenaza de vida, y el índice del trauma siendo un asalto sexual predice el pánico postrauma, mientras que la exposición anterior al trauma y la depresión no. Estos resultados se discuten en términos de los factores cognoscitivos y de activación que pueden influenciar el pánico postrauma.
Para acceder al texto completo es necesario suscribirse en la revista: www.sciencedirect.com/science/journal/08876185
Abstract
Two studies examined the contributing factors for panic symptoms following trauma.
In Study 1, survivors of sexual and nonsexual assaults (N=105) were assessed at 2 weeks postcrime. Prior trauma, psychiatric history, crime characteristics, and peritraumatic dissociation were assessed. Posttraumatic panic was modestly predicted by childhood sexual abuse (CSA) experiences, a history of Anxiety and Depression, and peritraumatic dissociation. Childhood physical abuse (CPA), Adult Victimization, crime variables, and a prior history of Substance Use disorders and posttraumatic stress disorder (PTSD) were not implicated.
In Study 2, the role of peritraumatic panic in predicting later arousal was also examined in a similar sample who were assessed within 6 weeks of their trauma (N=93). Presence of significant arousal during trauma predicted frequency of posttrauma panic attacks, but not its severity.
In contrast to Study 1, prior history of PTSD, perception of life threat,
and the index trauma being a sexual assault all predicted posttrauma panic,
whereas prior trauma exposure and depression did not. These findings are discussed
in terms of cognitive and arousal factors that may influence posttrauma panic.
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