UN CASO DE BOICOT

Estractos del artículo "La Victoria de un Angel" de P Rahola . El Periodico 19-1-05.

"El último adiós de un ángel", decía Plácido Domingo en su visita a la capilla ardiente de la soprano Victoria de los Angeles (...) El lunes, al acorde de Parsifal de Wagner, asistida por la belleza hiriente de Santa Maria del Mar, rodeada de cientos de personas, recibió su último aplauso . A un lado de la iglesia, la gente que la seguía y la admiraba; al otro lado, la Barcelona importante, toda entera, sin perderse el acto. Que fueran el coro y la Oquesta del Gran Teatre del Liceu quienes acompañaron la entrada del féretro tiene tanto de irónico como de emotivo, como si Victoria de los Angeles hubiera triunfado, una vez muerta, sobre la miseria y la mezquindad que padeció en vida. Triunfo es también el homenaje, ya era hora, que le rendirá el Liceu en la apertura de esta temporada.

Este artículo (...) es un intento de reflexionar sobre la grandeza y miseria de un país, Catalunya, tan henchido de vanidad patriótica como incapaz de mimar, cuidar y mantener a su propia gente grande. Con Victoria de los Angeles no sólo se nos va un genio de la música, se nos va parte de nuestra vergüenza colectiva, tan provincianos ante la genialidad, que nunca hemos sabido cómo tratarla. De los muchos artículos posibles. éste es el que menos hablará de ella y el que más intentará hablar de nosotros a través de ella. Porque el trato que Catalunya dió a Victoria fue, durante años, un trato indigno. Pongamos pues, palabras a los rumores(..) país acostumbrado a saberlo todo y no decir nada. Así nos ocurrió con el lamentable espectáculo de corrupción estructural en el reinado de Pascual Estivill, con ese "todo Barcelona lo sabía" que tanto dice de la maldad intrínseca del silencio.

También en este caso toda Barcelona lo sabía, toda Barcelona sabía que Victoria triunfaba en todo el mundo, pero no podía actuar en el Liceu, escenario que, a pesar de ser su primer escenario, la olvidó, la ignoró y la negó durante 25 años. Dicen los grandes de la música, con las palabras de la boca pequeña, que el clan Caballé, que monopolizó el Liceu durante años, impidió su triunfo en casa, quizá por temor a su sombra alargada. Sea como fuere, el pais permitió el monopolio, digirió la exclusión sin demasiados problemas de conciencia y deglutió el desprecio de uno de sus escasos catalanes universales. Mi personal indignación no es sólo hacia los clanes operísticos y sus monopolios , sino sobre todo hacia nosotros mismos . Y no lo es por el caso de Victoria , sino por la metáfora que representa.

¿Es propio de la pequeñez el autoodio?. O, peor aún, ¿es propio de la pequeñez el provincianismo?. Porque, a tenor de la cantidad de gente importante que hemos despreciado hasta el dia de su muerte, tenemos que empezar a creer que somos saturnianos por naturaleza, y que nuestro deporte nacional es devorarnos. El caso de Victoria no difiere demasiado del de Flotats o el de Lluís Pascual y nada del largo listado de poetas ninguneados, convertidos en "poeta nacional" el día de su muerte, y convenientemente olvidados el día después. (...)

En el fondo, de eso se trata, de una cierta vocación por el techo bajo, del miedo al horizonte lejano, de la incapacidad por asumir, con normalidad, la grandeza. Somos tan pequeños de alma, que generalmente sólo podemos aceptar un poeta nacional, un director de teatro, una soprano a la vez. Más de uno, mareo general, nerviosismo patrio y una tendencia al desprecio que forma parte del ADN colectivo. El elogio nos da alergia. Vuelvo al ejemplo de Victoria. Puede que fueran las envidias de otras divinidades, o sus miedos interiores, los que complotaran para que ella no pisara la catedral de la ópera de su país, a pesar de gozar del aplauso internacional. Pero ¿cómo lo permitimos?.

Esa tan manoseada sociedad civil , espina dorsal de la identidad y motivo de orgullo de anuncio electoral , ¿dónde estuvo durante todos los años de ausencia? ¿Por qué permitió el vacío? ¿Por qué, conociendo las razones, los culpables, los motivos, militó en el silencio? ¿Por qué, aún hoy, lo explica con la boca pequeña? ¿Tanto nos sobran los genios? (...) No lo sabía toda Barcelona, lo sabía toda Catalunya. Pero poco importaba. La grandeza nos marea; tan acomodados estamos en la mediocridad, que permitimos que los mediocres expulsen a los genios.

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