LA PRUEBA DE LA VIOLENCIA
© María Dolores Peris
Catedrática de Sociología de la Universidad de Barcelona
17/01/2004 1
1. Presentación
2. La Espectroscopia o Imagen Molecular por resonancia Magnética (EMR)
como instrumento de diagnóstico de la violencia
3. La demostración del daño que ocasiona la violencia.
4. El PTSD como acelerador de los marcadores de edad.
5. Conclusión
NOTAS
1. Presentación
El avance que ahora se presenta a los afectados por el problema
investigado, responde a dos objetivos. El primero es comunicar que según
una amplia información consultada, existe una prueba válida,
fiable y objetiva para valorar la intensidad de los efectos de la violencia
interpersonal. Objetividad desde la que se puede demostrar de forma definitiva
y sin dejar lugar a dudas, la intensidad de los daños. A su vez esta
intensidad puede informar del tiempo que se viene sufriendo o de las sucesivas
violencias acumuladas.
Ante tal objetividad, no ha lugar ya a cuestionamientos acerca de simulaciones,
porque la prueba ha demostrado en numerosos estudios su gran sensibilidad,
tanto para detectar los efectos de la violencia en sus diferentes fases, como
para detectar igualmente la ausencia de efectos de la violencia, incluso en
personas de edad avanzada.
El correlato que se sigue de los resultados acumulados por la aplicación
de esta prueba, es asimismo incuestionable: la violencia interpersonal provoca
siempre daño orgánico. Un daño que como demuestra la
ya larga investigación que lo viene estudiando desde hace tres décadas,
sigue progresando en intensidad si no se elimina el agente causal. Un daño
que aun después de eliminado el agente provocador, deja secuelas de
tal envergadura, que exige un tratamiento específico y continuado.
Por este motivo, el segundo objetivo es comunicar que según el estado
actual de la investigación en curso, el proceso creciente de estos
daños puede ser en parte frenado y compensado, con tratamientos específicos,
que no son los que se están aplicando en nuestro entorno de forma generalizada.
Por la relevancia de estos objetivos, se comprenderá la urgencia de
la utilización de esta prueba para determinar quienes han sido o están
siendo afectados por el impacto de la violencia. Motivo por el que se presenta
este avance, contando con la colaboración de cada lector para su rápida
difusión. Huelga la referencia a que este conocimiento trasciende al
colectivo de afectados, ya que sin duda se trata de la clave, no solo para
detener los procesos de violencia actualmente activos, sino para prevenir
los futuros.
La existencia de esta prueba y su amplia accesibilidad, es
un elemento decisivo en la planificación de las instituciones responsables
del orden jurídico y legislativo. Porque tal como empieza a proponerse
en algunos estudios, su aplicación tendrá que estar obligada
tras la denuncia de violencia de todo tipo. Y su capacidad para detectar los
núcleos de violencia en cualquier organización, la convierten
en un instrumento insustituible en los ámbitos escolares y domésticos,
donde se pueden obtener indicadores de violencia sin necesidad de alterar
la intimidad o superando las limitaciones de comprensión y expresión
infantil.
Resulta por tanto decisiva para la planificación de las políticas
de salud pública, que deberán establecer los cauces para el
correcto tratamiento de los procesos orgánicos desencadenados, dada
la envergadura del pronóstico que conllevan. Por consiguiente, es necesario
que se defina un protocolo para su correcta aplicación, con objeto
de salvaguardar la salud, tanto de los actuales afectados, como de toda la
población en riesgo.
2. La Espectroscopia o Imagen Molecular por resonancia Magnética
(EMR) como instrumento de diagnóstico de la violencia
La Espectroscopia obtenida por Resonancia Magnética
(ERM) es una prueba no invasiva, por lo que puede utilizarse tantas veces
como se precise, sin efecto secundario. Su objetivo es valorar in vivo las
alteraciones metabólicas de la fisiología neuronal. Gracias
a su alta sensibilidad, permite obtener las alteraciones aisladas de los principales
metabolitos en áreas muy limitadas. Puede por tanto detectar el Stress
Postraumático crónico (PTSD) y agudo (ASD), mucho antes de que
la Resonancia Magnética y otras pruebas de neuroimagen puedan evaluar
los daños morfopatológicos. E incluso antes de que aparezcan
los síntomas clínicos.
La detección de estas alteraciones funcionales está permitiendo
explicar el proceso y la evolución de las alteraciones metabólicas
neuronales producidas por los diferentes tipos de violencia interpersonal
extrema, identificados internacionalmente como Trastorno de Stress Postraumático
(PTSD)2. Y desde la comparación de gran parte de las investigaciones
con los resultados de esta prueba, que se vienen publicando hace ya más
de una década, se obtiene suficiente garantía para presentar
la ERM como el instrumento más adecuado para la valoración de
los daños ocasionados por el impacto de la violencia.
La evidencia muestra que el organismo reacciona ante cualquier
peligro para su supervivencia, con bastante independencia del tipo de peligro
de que se trate. Por ello el efecto del impacto de la violencia se muestra
independiente de las formas sociales con las que se ejerce. Así es
como se han obtenido daños equivalentes en los prisioneros de guerra,
los secuestrados, los afectados por incendios o por otras catástrofes
naturales, los afectados por la violencia doméstica, laboral, escolar
o por cualquier otra que arriesgue la supervivencia física o social.
Mención especial merece la investigación realizada con niños
víctimas de violencia, porque la intensidad de las lesiones correlacionan
con su posterior desarrollo intelectual. Y según los estudios con primates,
estas lesiones ocasionadas por traumas infantiles, determina el sustrato neurológico
en el que se desarrollarán los daños provocados por traumas
posteriores. Por consiguiente, los daños por PTSD infantil provocan
un descenso de la resistencia ante el stress del adulto.
Las repercusiones de esta vulnerabilidad poblacional, determina la urgencia
de planificar la prevención, con inmediatos controles de la violencia
en ambientes educativos y familiares. Y también las repercusiones económicas
en un mundo de competitividad globalizada, exige una rápida intervención
para erradicar los climas de violencia laboral y organizacional, que están
menguando el capital intelectual y destruyendo las inversiones educativas
que lo ayudaron a construir, con la correspondiente pérdida del principal
recurso económico.
3. La demostración del daño que ocasiona la violencia.
Hasta finales de los 80 se había utilizado como única
prueba de la presencia de PTSD la histología post-mortem, en la que
se venía observando la reducción del hipocampo en los individuos
sujetos a torturas o campos de stress intensos y duraderos, de los que no
se pudieran defender ni escapar. Este impedimento de la defensa ante un stress
que se aplica de forma continuada, es la condición que Pavlov demostró
ampliamente como la causa de los trastornos que denominó Neurosis Experimental
(Peris, 2003)3.
La definición "experimental", largamente aceptada por la
comunidad científica, define que estos resultados son obtenidos mediante
diseños planificados, con conocimiento de los efectos que provocan.
Efectos que si no se limita el tiempo de experimentación, se obtienen
con total seguridad. Y que para analizar las correspondientes responsabilidades
sobre los daños que provoca, hay que clarificar que se trata de un
diseño factorial en el que interactúan como mínimo tres
factores. Es decir, que en ambientes sociales, se necesita la coordinación
de tres agentes causales, que pueden coincidir o cooperar: el que ocasiona
el stress reiterado, el que ocasiona la indefensión y el que organiza
la estructura que imposibilita la escapada, a la vez que establece la simultaneidad
de stress e indefensión.
En una comunicación anterior (Peris, 2002)4 ya se proponía la
hipótesis de que las prácticas desleales en los ámbitos
laborales, escolares y domésticos, denominadas mobbing, bossing, bullying
o burnout, fueran una aplicación perversa de estas técnicas
y diseños. Así parece, si se tiene en cuenta su equivalencia,
tanto en los planes desarrollados de estimulación aversiva continuada
en climas de indefensión, como en los efectos provocados, cuyo común
denominador es la pérdida de los últimos aprendizajes previos
al trauma y la dificultad en adquirir nuevos. Síntoma que siempre alerta
acerca de las lesiones en las conexiones neuronales, provocadas por la acumulación
de stress.
La EMR resulta la prueba idónea para detectar tales
prácticas a través de sus efectos, porque permite, además
del diagnostico in vivo de las pérdidas neuronales, que a su vez provocan
los correspondientes déficits cognitivos, la detección de las
alteraciones metabólicas desde los primeros impactos. Así garantiza
no solo el diagnóstico, sino también la prevención de
los daños más graves.
Actualmente ya se ha determinado el patrón de afectación, caracterizado
entre otros indicadores, por estar implicado un solo hemisferio. Precisamente
el debate más actual gira en torno a la búsqueda de los factores
determinantes del hemisferio afectado. Con lo que el PTSD consigue un diagnóstico
diferencial respecto a otros síndromes y síntomas clínicos
semejantes a los que provoca, que son los que generalmente se confunden cuando
se procede al diagnóstico clínico y psicométrico.
Y con la evidencia de la reducción de masa, densidad y funcionalidad
cerebral, se demuestra como el PTSD conlleva una pérdida de la integridad
neuronal, que a su vez explica los síntomas que presentan los afectados
en términos de trastornos neurocognitivos. Hay que reconsiderar por
tanto cuantos diagnósticos se han establecido erróneamente por
no aplicar esta prueba. Y dejar de apelar a la vieja taxonomía psicopatológica,
que los avances de la neurociencia ha dejado ya obsoleta.
Por la relevancia de los daños que provoca la violencia y por la capcidad
de detener su progreso, la ERM se está ya recomendando como protocolo
de análisis periódicos, allí donde existe riesgo de stress
organizacional o de otra índole. Es sin duda la prueba pericial oportuna
cuando se presentan denuncias por violencia, ya que puede evidenciar la presencia
de agentes agresores a través de la detección de sus efectos.
La ERM se presenta así como la prueba idónea para corregir las
patologías microsociales en ambientes controlables, como son el doméstico,
el escolar, el laboral y cualquier otra organización. Y en consecuencia
es también la prueba que evaluará la eficacia de las macroestructuras
en tal control.
4. El PTSD como acelerador de los marcadores de edad.
El estudio comparado del patrón de daños ocasionado
por el PTSD5 en relación a los patrones de otros trastornos neurológicos,
nos lleva a presentar la hipótesis de su equivalencia con las demencias
seniles. Apoyan esta interpretación del PTSD como un acelerador de
la edad neuronal y una primera fase de demencia senil, los buenos resultados
obtenidos con el tratamiento farmacológico que se está utilizando
para frenar los síntomas de las demencias seniles y las fases iniciales
de la enfermedad de Alzheimer. Hipótesis que viene confirmada por el
incremento de la incidencia demográfica y la reducción de la
edad de inicio de estas enfermedades.
A la espera de investigaciones longitudinales, que definitivamente informen
de la posible reducción de la esperanza de vida en los afectado por
PTSD, que seguiría a la confirmación de la hipótesis
que aqui se presenta, los resultados obtenidos hasta el momento son suficientemente
objetivos y fiables, para considerar al stress bajo opresión (o represión),
como un arma biológica, dada la reacción bioquímica que
provoca.
Cuyos efectos hay que valorarlos no solo por el daño actual, sino por
la predicción de las pérdidas futuras en tiempo y calidad de
vida. Así como en capacidad cognitiva y su consiguiente desarrollo
personal, profesional y demás costes de oportunidad.
5. Conclusión
La prueba de la violencia que aquí se presenta, va
a cambiar el modo de realizar las pruebas periciales de la violencia interpersonal.
Y cierra un capítulo de subjetividad, de falta de rigor y de ausencia
de precisión, por haberse utilizado pruebas no siempre fundamentadas
en el conocimiento científico. Pruebas que ante los resultados que
proporciona la ERM, muestran su ausencia de validez, por no detectar los efectos
que pretenden.
Con la ERM, el progreso tecnológico, una vez más, viene a apoyar
al progreso social, proporcionando en esta ocasión el instrumento que
permitirá detener la violencia interpersonal.
Y en relación a la aplicación de este estudio, con objeto de
valorar daños futuros todavía no detectables en nuevos casos,
pero predecibles por el análisis de afectados en fases más avanzadas,
se inicia un grupo de investigación al que se invita a todos los interesados
en elaborar los baremos del efecto de la violencia. En la página siguiente
se incluye la guía a seguir para participar en esta investigación,
que se puede igualmente consultar en el e-mail adjunto.
___________
NOTAS
[1] Peris, M.D. La prueba de la Violencia. Clausura de las I Jornadas sobre
acoso psicológico en el trabajo (mobbing). Cuestión de Orden
Político y Salud Pública. Madrid, 16-17 de 2004.
[2] American Psychiatric Association. PTSD. DSM-IV 309.81. W.: 2000. http://www.copdoc.net/PI_dialog.html
[3] Peris, M.D. "Fundamentos científicos de la defensa ante el
mobbing". Revista de Relaciones Laborales LAN HARREMANAK, 7: 2002-II,
pp. 241-266.
[4] Peris, M.D. El número 7±2 como explicación cognitiva
(lmcp) [1] del síndrome de burnout y del ptsd [2] Area virtual de Trabajo
multidisciplinar sobre la violencia psicológica CVV-PSI@LISTSERV.REDIRIS.ES.
16 Dec 2002. http://mobbingopinion.bpweb.net/artman/publish/article_638.shtml
[5] Stress Injury to Health Trauma, PTSD. http://www.bullyonline.org/stress/ptsd.htm
© Copyright 2004 por María Dolores Peris mdperis@yahoo.es 17/01/2004
UB
Extraído con autorización expresa de su autora de
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