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El
temor a perder el trabajo, la escasez de oportunidades, la
falta de empleos dignos, hacen que muchos trabajadores y trabajadoras
soporten situaciones de violencia que llegan a enfermarlos
psíquica y físicamente. La violencia laboral
no es nueva pero está a la orden del día.
Hace algunos meses una bioquímica que se desempeñaba
en el Estado necesitaba un laboratorio sellado para hacer
una investigación. Para entorpecer su tarea, su superior
le puso una balanza en su lugar de trabajo, lo cual hacía
que desfilaran por allí más de 20 personas por
día, y lo que no le permitía a ella desarrollar
su trabajo en las condiciones que necesitaba. El impedimento
cotidiano de desempeñar la tarea es sólo uno
de los tantos mecanismos en los que se expresa la violencia
laboral, una actitud tan vieja como el trabajo mismo pero
que empieza a ser penalizada.
En
1996, la Organización Mundial de la Salud reconoció
a la violencia como una epidemia que pronto superaría
a las enfermedades infecciosas como causa principal de morbilidad
y mortalidad prematura en todo el mundo, y resolvió
también considerarla como una amenaza para la salud
pública y un obstáculo para el desarrollo de
las naciones.
A
partir de allí, se reforzaron las voces que le pedían
a los Estados un compromiso activo para combatir todo tipo
de violencia, y en especial aquella que se desarrolla en el
ámbito laboral. En 1998, la Organización Internacional
del Trabajo publicó un informe sobre este tópico
intitulado Violence at Work, el cual nunca tuvo una traducción
al español.
Paralelamente,
junto con esos reclamos comenzó a aparecer, desde el
ámbito científico, análisis pormenorizados
de la violencia laboral y fuertes denuncias de incumplimiento
de las normas por parte de los Estados en lo que respecta
a los empleados de la administración pública.
La
socióloga Diana Scialpi, presidenta de la organización
Instituciones sin Violencia y autora de la prestigiosa investigación
Violencias en la Administración Pública, explica
que "cuando el terror administrativo es perpetrado
en los organismos públicos por quienes tienen la obligación
social y legal de proteger, como es el caso del Estado Argentino
empleador, sus efectos son doblemente devastadores".
"Provoca graves trastornos en la salud psíquica
y física de los servidores públicos, pervierte
los resultados de la gestión pública, vulnera
nuestros Derechos Humanos y nuestro Estado de Derecho, resulta
condición previa y necesaria para emplazar la corrupción
en el Estado e instala un modelo autorizado en toda los sectores
de actividad, sean públicos o privados", enumera.
Está
claro, entonces, que el Estado debe cumplir las normas porque
es su deber y porque tiene que ser el ejemplo para el sector
privado en su conducta. ¿Qué se supone que deben
hacer las empresas con sus empleados en negro si las universidades
estatales tienen a más de la mitad de sus profesores
sin contrato?
Sin
embargo, Scialpi expone que los autores de Violence at Work
destacan la falta de información estadística
confiable y precisa, por dos razones: "La primera,
por la ausencia de responsables específicos en la mayoría
de los países. No hay registros. Los datos compilados
refieren, por un lado, a Higiene y Seguridad en el Trabajo
y por otro a informaciones sobre crímenes provenientes
de la justicia penal asociados a violencia. La segunda razón
para la ausencia de datos confiables es que no hay concierto
internacional sobre una definición general de 'Violencia
en el Trabajo'. Falta un acuerdo en las definiciones de violencia,
trabajo y lugar de trabajo".
Sin
estadísticas en la Argentina, ni en el sector público
ni en el privado, la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) desarrolló 29 categorías para
reconocer conductas violentas en el trabajo en todo el globo,
entre las que vale la pena remarcar tres por su reiteración
y gravedad en el padecimiento: mobbing, acoso moral y acoso
sexual.
El
primer concepto, que traducido al español se entiende
como abuso emocional, lo desarrollaron, en 1999, Noa Davenport,
Ruth Distler Schwartz y Gail Pursell Elliott, tres especialistas
de la Universidad de Iowa. Esta modalidad de violencia en
el trabajo consiste en tomar a una persona como "blanco"
de hostigamiento y acoso psicológico persistente.
Mónica,
que trabajó como administrativa en una empresa de seguros
hasta hace poco menos de un año hasta que decidió
renunciar, cuenta su padecimiento como "un sufrimiento
que empezaba en la oficina y se sentía luego en todos
los ámbitos". "Mi jefa me odiaba, me pedía
que haga informes urgentes para el mismo día dándomelo
30 minutos antes que termine mi horario laboral y me "obligaba"
a quedarme -cuenta ella-. Yo volvía cansadísima
a mi casa, casi no veía a mi hijo de 5 años
y lo peor es que estaba angustiada todo el tiempo".
El
caso de esta mujer de 35 años no tuvo el mejor final:
intentó llevarlo a juicio pero su abogado le explicó
que no reunía las pruebas suficientes para que la acusación
termine en buen puerto. Mónica prefirió desistir.
Otro
de los puntos, la idea de acoso moral lo expone la especialista
francesa Marie France Hirigoyen en un libro publicando en
1999. Allí, ella sostiene que el acoso moral en el
trabajo es "toda conducta abusiva (gesto, palabra, comportamiento,
actitud) que atenta, por su repetición o sistematización,
contra la dignidad o la integridad psíquica o física
de una persona, poniendo en peligro su empleo o degradando
el ambiente de trabajo".
Por
último, está el acoso sexual que, lamentablemente,
es una práctica que no merece muchas explicaciones
debido a la reiteración de casos en todos los ambientes,
no sólo los laborales.
Medidas en contra
Hay
aprobadas innumerables medidas para solucionar la precarización
laboral en el ámbito privado, y se puede empezar a
contabilizar desde la misma Constitución Nacional.
Lejos de cumplirse todas estas normativas, entre 2002 y 2005,
en las provincias de Tucumán, Jujuy, Buenos Aires,
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Misiones y Santa Fe,
se sancionaron seis leyes provinciales destinadas a reducir
la violencia laboral en el empleo público.
También
en una medida innovadora, aunque por ahora con poca difusión
y funcionamiento, se creó, en julio de este año,
la Oficina para denuncias de las víctimas de violencia
laboral de la Fiscalía Nacional de Investigaciones
Administrativas. Julio Rastelli, uno de los fiscales a cargo,
expone que "el objetivo es producir un espacio en
el cual todos los agentes públicos de cualquier índole
y categoría, puedan incorporar a nivel nacional un
lugar de recepción de una denuncia con una solución
real a su cotidianeidad, interrelación personal con
superiores o con el organismo en donde se están desempeñando".
Esta
oficina, única en todo el mundo, atendió desde
que abrió apenas 30 casos, de los cuales en 20 oportunidades
se realizó una mediación entre superiores, el
jefe que ejerce la violencia y la víctima. Dentro de
esos casos, en 5 oportunidades los acusados fueron trasladados
o despedidos, y en los otros 15 procesos, este fue forzado
a revertir su conducta. De los 10 casos restantes, 8 están
actualmente en trámite y 2 fueron desestimados.
En
esta fiscalía atienden casos de lo más variado,
pidiendo siempre que se reúnan la mayor cantidad de
pruebas posibles. Por ejemplo, han solucionado el citado inconveniente
de la bioquímica, comunicándole al director
los hostigamientos que estaba realizando el supervisor a la
investigadora, y logrando así cesar ese accionar y
quitar la balanza de su lugar de trabajo.
Además,
por citar un terrible caso de mobbing, están actuando
en el caso de un hombre que se desempeña en un puesto
del Estado y no lo dejan entrar a su trabajo, lo ignoran.
Sella los documentos en la mesa de entrada pero no sube a
su puesto porque hay una orden explicita de que no entre más
allá de la recepción del edificio. "Esta
persona está muy mal psicológicamente, está
bloqueado y no se quiere dar por despedido", dicen
en la fiscalía.
Justamente,
como método de concientización, en el Ministerio
de Trabajo se está llevando a cabo un seminario abierto
para empleados de la administración pública,
empresarios, gremialistas y organismos de Derechos Humanos,
que se llama "Hacia la construcción de Políticas
Públicas para la prevención y atención
de la violencia laboral", el cual esta impulsado y dirigido
por la abogada Patricia Sáenz, de la Comisión
Tripartita, y el psicoanalista Raúl Toer, del Departamento
de Capacitación del ministerio. En ese ámbito
especialistas de diferentes áreas plantean el problema
y las soluciones con un diálogo permanente entre un
público verdaderamente entusiasmado.
"Durante
mucho tiempo fue 'de esto no se habla', se agudizó
esta concepción. Esta muy presente el miedo. Pero ahora
es tiempo de ponerlo sobre la mesa, tomar conciencia de que
es un problema serio y que es un sufrimiento comparable con
enfermedades graves", dice Toer en dialogo con Artemisa
Noticias. Sáenz agrega que "es importante que
los empleadores se den cuenta que no hay nada mejor que sus
trabajadores recuperen la dignidad por el trabajo y estar
en buenas condiciones, y eso va a hacer que la organización
también funcione mejor".
Diferencias
de género
En la fiscalía estiman que el 70 por ciento de las
denuncias son realizadas por mujeres, e intuyen que los hombres
se resisten más ante las agresiones porque no hacerlo
significaría, para ellos, "una falta de personalidad".
Sáenz asegura que "por el reciente traspaso de
la mujer del ámbito privado al público quizás
fue más victima del acoso laboral". "Sobre
el acoso sexual en el trabajo, hay más casos denunciados
de mujeres que de hombres", dice ella para luego aclarar
que no es una estadística sino que se basa en denuncias
recibidas en el organismo.
"La
mujer es más pasible al abuso sexual y las consecuencias
allí son más graves que en otras agresiones.
La consecuencia inmediata, como otras violencias, es la perdida
de autoestima y la baja del rendimiento, pero también
puede provocar daños físicos y psicológicos,
incluso llegar hasta el suicidio. En necesario entender, por
eso, que el problema de la violencia laboral debe ser tratado
seria y prontamente", finaliza Saenz.
Trabajos
de terror
Por Tomás Veitz | 16.11.2005
http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=6&idnota=993
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