Las víctimas de acoso psicológico en el trabajo quedan tocadísimas

 

ASTURIAS

Soledad Serrano. Experta en acoso psicológico en el trabajo:«Las víctimas de acoso psicológico en el trabajo quedan tocadísimas»



Soledad Serrano.

«Un 9% de la población trabajadora sufre este maltrato, un porcentaje que se eleva al 11% en la Administración»

Oviedo,
Azahara VILLACORTA

Lanzar bulos, proferir agresiones verbales, humillar, criticar, acusar o dejar sin hacer nada al trabajador o trabajadora.

Son conductas típicas de los acosadores laborales, que algunos expertos subdividen entre psicópatas organizacionales, gente normal que puede resultar encantadora pero que no tiene ni conciencia moral ni ética, o narcisistas, que eliminan de su alrededor a todos aquellos que le puedan hacer sombra e intentan rodearse de personas mediocres y sumisas

Soledad Serrano, una turolense afincada en Asturias desde hace siete años, se ha dedicado a estudiar este tipo de maltrato psicológico que se produce en el ámbito laboral de manera continuada y reiterada, «premeditada y consciente», también conocido como «mobbing». Entre sus efectos primarios, dolores de cabeza, musculares y articulares, alteraciones en sus relaciones personales e irritabilidad, que pueden derivar en trastornos de ansiedad, ataques de pánico, sensación de muerte inminente o cardiopatías.
-¿Qué otros daños provoca el acoso laboral?
-Son daños psicológicos, no visibles, pero que, muchas veces, somatizan en daños físicos y que pueden ser desde dermatitis hasta insomnios o estrés pasando por depresiones, enfermedades gastrointestinales o problemas en embarazos. Lo que sí parece claro es que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles. Las víctimas se quedan tocadísimas, pierden memoria, capacidad de concentración y, sobre todo, autoestima y la confianza en sí mismas. Y, cuanto más avanza el acoso, es más difícil que la vayan recuperando.
-¿Es posible delimitar temporalmente este maltrato?
-El acoso psicológico en el trabajo, en principio, se definía como situaciones de maltrato que se producían, al menos, dos veces por semana y de forma reiterada durante seis meses. Sin embargo, ya hay muchas sentencias que se fijan mucho más en la gravedad del daño que en la periodicidad de las agresiones. Si se demuestra que el acosador pretendía causar ese daño, a veces, no es necesario llegar a los seis meses. En mucho menos tiempo puede haber daños extremadamente graves.
-¿Existen datos sobre los porcentajes de población afectada?
-Actualmente se calcula que lo sufre alrededor de un nueve por ciento de la población trabajadora, aunque donde más casos se dan es en la Administración Pública, donde se llega hasta el once por ciento, porque algunas personas no tienen muy bien definidas sus funciones. Y nos estamos refiriendo únicamente a acoso, no al síndrome de «burn out», del agotamiento profesional o del «quemado» ni a otras tipologías.
-¿Qué lo diferencia de otro tipo de problemas puntuales?
-Una cosa es un mal ambiente laboral, un accidente en el trabajo, un conflicto entre personas que no están de acuerdo en un asunto determinado o un trato maleducado o grosero por parte de alguien, y otra cosa es el acoso, que tiene siempre como fondo la intención de la persona de causar daño a través de una conducta de anulación psicológica de la víctima. Sin embargo, el acosador huye del maltrato físico, porque sabe que lo lleva directamente a la fiscalía.
-¿Existen distinciones por categorías laborales?
-Estadísticamente, hay muchos más casos de acoso por parte de personas que ejercen la jefatura en una empresa hacia niveles inferiores. Cuando se trata de compañeros del mismo nivel laboral, suele ser maltrato de grupos hacia víctimas individuales. Aunque también se dan desde niveles inferiores. Menos, pero los hay.
-¿Se ha establecido una tipología del acoso en el trabajo?
-Básicamente, hay dos tipos de acoso, según su intencionalidad. El primero es el maltrato que surge de la propia empresa, que busca un despido barato y decide hacer caer enferma a una persona a través de esas conductas. Así, la víctima cae en una depresión con una sintomatología de síndrome postraumático y entra en una fase de incapacidad temporal. Y, si los daños son graves, puede llegar a ser permanente. Eso significa que la víctima no va a volver a trabajar y a la empresa le ha salido muy barato. Después, hay otro tipo de acoso basado en un disfrute casi psicopático. La víctima, incluso siendo fuerte en principio, termina convirtiéndose en alguien débil.
-Ponga un ejemplo de estas agresiones.
-La restricción de medios a la víctima, de su acceso a la información es, por ejemplo, una de las grandes manías de los acosadores. La información mejora la calidad de trabajo y, sobre todo, facilita el desarrollo laboral y sus tiempos de ejecución. Una persona con información va a estar en mejores condiciones que otra que no la tiene a la hora de desarrollar una tarea encomendada por la misma organización. Esta restricción de información se utiliza muchísimo para acorralar a una persona. A través de esas conductas se quiere hacer visible que esa persona está fuera del grupo de trabajo normal o favorecido en esa empresa.
-¿Las mujeres son más vulnerables?
-Hay un nuevo tipo de acoso que ahora empieza a aparecer, cuando la mujer ejerce sus derechos, por ejemplo, porque tiene un hijo lactante. Hay empresas a las que no les gusta que ejerza estos derechos y esto genera problemas. En cuanto a porcentajes, si contamos que su inserción laboral es menor, el porcentaje de acoso a la mujer es altísimo. Cuando un hombre acosa a una mujer pone en funcionamiento sus roles de género. Es decir, hacerla sentir inferior precisamente por ser mujer, que ocupa un puesto laboral cuando debería estar en casa o actuar de forma paternalista. La gente lo asocia a la incultura, pero es algo bastante habitual en cualquier nivel económico y cultural.
-¿Cuáles son sus recomendaciones para los acosados?
-Sobre todo, no callarse. Es importante que quede constancia por escrito de que se siente víctima y que, desde ese mismo momento, se esfuerce por superar las circunstancias que la hacen sentirse así. Yo recomiendo que vaya elaborando un diario laboral. Es una forma de no dudar después de lo que ha pasado, porque, normalmente, quienes acosan tienen grandes habilidades psicológicas, su fuerza radica en el miedo de su víctima y van a hacerle creer que se lo está inventando o que le falla la cabeza. En cambio, si eso ha quedado reflejado desde el principio, la víctima va a tener fechas, circunstancias, entornos y es posible que una lista de testigos. Otra recomendación es que las víctimas jamás entren en el juego del acosador, que es procurar no tener testigos. Normalmente, es muy difícil encontrar apoyos de compañeros porque el mercado laboral es muy precario, y ya se vuelve imposible si el acosador realiza las vejaciones a puerta cerrada.
-¿Y después?
-Cuando la víctima empiece a ver resquebrajarse su fuerza psicológica, debe ponerlo en conocimiento de la empresa o de la Administración, de los sindicatos y de los departamentos de prevención. Nunca callar, porque hablar es una de las formas de cortar el acoso. Los acosadores suelen ser personas cobardes que, cuando la víctima les planta cara con seguridad y les demuestra que se les va a hacer frente, cortan con los malos tratos, porque quieren obtener placer pero sin asumir muchos riesgos.
-¿Hay un perfil de la víctima?
-No. Conozco a personas que parece increíble que hayan podido sufrir acoso. Te puedes encontrar cualquier personalidad, aunque, en casos de gente muy fuerte, suele ser la empresa la que acosa.
-¿Qué papel juega la dirección de la empresa?
-La empresa está obligada, por ley, a contemplar la prevención de los riesgos psicosociales, entre los que se encuentra el acoso psicológico, pero no es algo habitual.
-¿Y los médicos?
-Muchas veces, hay personas que no saben que están sufriendo acoso, pero se sienten tan mal que acuden a un psicólogo o a un psiquiatra. Entonces, son los propios profesionales los que les ponen sobre la pista de que pueden estar sufriendo acoso. Estos colectivos, en general, están muy informados y muy implicados con este asunto y proporcionan terapias muy efectivas. Inmediatamente, hay que ponerse en tratamiento, porque el acosador ve que su presa se hace fuerte y deja de divertirse.
-¿Hay más casos o se denuncia más?
-Hay más conciencia del problema. Por ejemplo, se contempla en la ley integral contra la Violencia de Género y en la ley de Prevención de Riesgos Laborales, aunque es necesaria una normativa específica. Y, en Asturias concretamente, se está trabajando muy bien a pesar de la precariedad laboral, que es uno de los factores clave del maltrato laboral. También hay cada vez más gente que se siente mal apoyando a los acosadores porque cada vez se educa más en la tolerancia y en que el acosador se sienta señalado.

 

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