Linchamiento mediático

 

Domingo 16 de mayo de 1999

MATILDE SANCHEZ

Linchamiento mediático


Los intelectuales europeos revisan el siglo a término con el conflicto en los Balcanes, en tres palabras clave: imperialismo, nacionalismo, totalitarismo. Pero los últimos capítulos de la disputa atañen a la sustancia misma de las ideas: el concepto tradicional de verdad, como bien elusivo en los medios, y su efecto de cacofonía. En la era de la información, emerge la necesidad de regresar del simulacro de la comunicación a la certeza de los hechos.

Un día después de publicar su "Carta" Debray, el diario Libération, crítico de los bombardeos de la OTAN, replicó con un dossier de ocho páginas, cuyo epíteto más suave es el de "jacobino antieuropeo y antinorteamericano". Su título, El caso Debray inscribe la polémica en la serie de El caso Dreyfuss, esto es, en la historia de los intelectuales europeos. Tres periodistas rebaten cada punto del testimonio de Debray y lo interpelan en un reportaje. En él, Debray admite imprecisiones de su informe, reconoce que la cifra de 300 escuelas destruidas por las bombas le "fue dado por un periodista italiano y es una información no verificada", ya que él solo vio tres escuelas con vidrios rotos. También admite que el UCK de Kosovo "no puede ser comparado" con las prácticas de Francia en Argelia. En fin, del careo emerge balbuceante. Más adelante, el editorialista Jacques Amalric destaca que el testimonio de Debray, supuestamente correctivo, "anuncia una vasta ofensiva tendiente a convencer a los franceses de que la inmensa mayoría de sus medios mienten y los intoxican regurgitando sin verificación y sin conciencia el pensamiento único de sus dirigentes".

Entretanto, en Le Monde, otros intelectuales interpretaron el texto como un acto de derrape mayor por parte de un intelectual especializado en crítica de los medios. El filósofo de la nueva derecha Bernard-Henri Lévy sentencia: "Me privo de comentar el retrato de Milosevic como déspota esclarecido, elegido tres veces, según afirma sin reir, (...) y a quien se puede criticar en las terrazas de los cafés." Más grave aún, para Lévy, es "la alucinante ingenuidad de este maestro mediólogo, experto en sospechas y pensamiento crítico, a quien vemos blandir ante nuestros ojos los más grandes engaños de la propaganda serbia." Lévy se pregunta si la actitud de Debray expresa odio a la democracia o simple pasión por la ceguera. "Suicidio en directo de un intelectual. Lástima. Adiós, Régis."


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