Entrevista Ana Martos

2004

Ana Martos Rubio, psicóloga clínica: «La sociedad debe tomar conciencia de lo que pasa si queremos erradicar la violencia»
«En algunas ocasiones se producen agresiones y la justicia se lava las manos; hay enfermos que no se regeneran y a los que no se puede dejar en libertad»

Silvia Fernández

Viajó hasta Zamora para participar en las jornadas "Zamora virtual ¿Violencia?. !Integridad moral!", que se desarrollan en el Colegio Universitario. Ana Martos, psicóloga clínica y autora de varias publicaciones sobre violencia, ofrece en esta entrevista su punto de vista sobre las causas del maltrato físico y psicológico y las soluciones que se pueden aportar. E insiste que «a todos nos tienen que educar desde pequeños a no ser violentos».

-La violencia de género acapara cada día más la actualidad informativa, ¿por qué se producen estos comportamientos cada vez con más asiduidad?
-La violencia ha existido siempre, no es más que la agresividad mal dirigida. Los violentos no saben expresar su agresividad de una manera correcta y hacen daño a los más débiles, a sus hijos, a su mujer... Los animales utilizan la agresividad cuando la necesitan para comer, por ejemplo, pero el ser humano aprende a reprimirla. De pequeños cuantas veces nos dicen no hagas esto, no hagas lo otro, que te castigo, que te va a pasar esto o lo otro. Hay personas que aprenden a canalizar esa agresividad correctamente, pero cuando está mal canalizada se produce la violencia.


-Si la agresividad es un instinto con el que nacemos, ¿cómo erradicar los episodios violentos que se producen en la sociedad española?
- Hay que aprender a deslindar los términos agresividad y violencia. Deberían educarnos para no ser violentos, pero hemos demonizado la palabra agresividad y ésta es necesaria para la existencia del ser humano.


-Entonces, ¿de quién es la culpa de que la violencia se mantenga en pleno siglo XXI?
-De todos. La violencia ha existido siempre, antes de que llegara la televisión. Falta que le gente tome conciencia. Cuantas veces hemos oído en la escuela que "la letra con sangre entra". Todavía hay personas que piensan así, que creen que están haciendo un bien, cuando lo que hacen es machacar a los niños. Ahora, en lugar de palos físicos se dan palos psicológicos, que a veces son peores. Si tenemos una educación incorrecta, la violencia al final sale, se hace presente. Vuelvo a repetir que desde pequeños deberíamos aprender a no ser violentos.


-¿La legislación actual es o no culpable de que no se erradique la violencia?
-No tienen toda la culpa, pero en ocasiones se producen agresiones y la justicia se lava las manos. Repetimos una y otra vez que los psicópatas, por poner un ejemplo, tienen problemas de desarrollo y no se pueden regenerar. Pero la justicia les deja libres.


-¿Las personas violentas pueden elegir, es decir, son enfermos o tienen conciencia de lo que hacen?
- Hay personas que no lo pueden evitar. Desde el punto de vista clínico para nosotros un enfermo es el que padece o hace sufrir a otro. Es decir, que para mí un maltratador si es un enfermo, pero eso no le exime de la responsabilidad de hacer daño.


-¿Los hombres y mujeres que acosan en el trabajo entrarían en esta definición?
-No, el "moobing" es un acto organizado y planificado, que sigue una estrategia. Aquí no se pude hablar de una inconsciencia o de un "despiste".


-¿Qué puede hacer entonces la sociedad para acabar con este gran problema?
-Tomar conciencia de lo que está pasando. Pero lo que realmente se necesita es realizar un abordaje multidisciplinar, que cuando se busquen soluciones se cuente también con las víctimas, con los jueces, con los psicólogos, con los sociólogos. No todos los casos de violencia son iguales, no se puede hacer un perfil del maltratador o de la víctima porque hay personas que son violentas o padecen la violencia y no están dentro de esos perfiles.


-Recientemente una sentencia absolvió a un presunto agresor porque su esposa no tenía una apariencia de mujer maltratada, ¿se puede simular el maltrato?
-Sí, por pura manipulación. Se trata de una forma de agredir al otro muy refinada. Hay mucha gente que aprende a ser víctima, consciente o inconscientemente. En la vida cada uno tiene sus recursos y, en algunos casos, son tan nocivos como el caso del que hablamos. En definitiva se trata de una patología que es muy difícil detectar.

Fuente: La opinion de Zamora



 

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