José Luis Úriz Iglesias
Presidente de la asociación navarra contra el acoso
psicológico ANACASIT
Algunos expertos definen el acoso psicológico
en el trabajo, o mobbing como popularmente
se le va conociendo utilizando esta denominación
anglosajona (to mob, que significa asaltar o acosar), como
el maltrato psicológico intencionado realizado durante
un tiempo prolongado, al que se ve sometida una persona
por su superior, o por uno o varios compañeros de
trabajo, tendente a anularla y en la mayoría de los
casos destruirla.
Afecta especialmente a trabajadores brillantes,
con un gran sentido de la solidaridad y de la lucha por
los derechos de los demás. Se trata de un atentado
contra la dignidad de estas personas, y contra los derechos
que nuestra Constitución reconoce. Esa Constitución
que algunos dicen defender, pero sólo algunos de
sus artículos, ignorando los más fundamentales
(si el señor Aznar y sus acólitos defendieran
de verdad nuestra Constitución, el mobbing
ya no existiría en nuestro país).
Los acosadores atacan a sus víctimas,
las acosan, las torturan psicológicamente, les hacen
la vida imposible, en muchos casos buscando aliados para
cometer sus fechorías, y no descansan hasta conseguir
que su víctima sucumba profesionalmente, psicológicamente,
y a menudo físicamente. Son gentes perversas, desalmadas,
psicoterroristas, con un objetivo claro: terminar con
la dignidad de su víctima.
He vivido en vivo y en directo esta terrible situación,
he sido víctima de esta otra forma de violencia,
de este sutil, sofisticado nuevo tipo de terrorismo, y puedo
asegurar que es infinitamente más dañino que
el de ETA, que sus víctimas son mucho más
numerosas, que el daño social que produce es mayor,
y además con la total indiferencia de los poderes
públicos.
No se puede saber con exactitud los trabajadores y trabajadoras,
éstas en mayor número, afectadas por esta
lacra del siglo XXI. Algunos estudios apuntan a un 12/-
15% de la población activa, aunque otros, en este
caso de la patronal, lo rebajan al 5%. Pero sea una u otra
cifra, lo que nadie discute es que afecta a miles y miles
de personas trabajadoras, millón y medio a nivel
del Estado, ciento cincuenta mil en Euskadi, y treinta mil
en Navarra. Una barbaridad, ante la que debemos gritar con
más razón que en otras cuestiones: ¡Basta
ya!
Víctimas que sufren, con una situación psicológica
y física deteriorada, en algunos casos de forma irreversible,
profesionalmente denigradas, personalmente destrozadas.
Las asociaciones que luchamos contra esta lacra las vemos
llegar casi sin aliento, preguntándose qué
les esta pasando, por qué precisamente a ellos, y
qué hacer para poder superarlo. Reconozco que no
dejo de indignarme ante esta situación, y me indigno
más ante la pasividad de esa instituciones, de los
partidos políticos, de los sindicatos.
Necesitamos un revulsivo social que haga ver, y al mismo
tiempo denuncie que estas víctimas y sus familias
sufren igual que las del terrorismo o de la violencia de
género, pero que son más, y están más
abandonadas por esos poderes tan sensibles con las otras.
Y esta situación debe de acabar. En mi caso que sé
lo que supone sufrir los dos tipos de acoso, puedo asegurar
que es mucho más dañino y destructivo el que
supone el mobbing. Por eso no entiendo
la pasividad y permisividad de los gobiernos, aunque puede
ser que crean que luchar contra el mobbing
no da votos.
Hace unos tres años, y especialmente por la aparición
del libro del profesor Iñaki Piñuel Mobbing.
Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el
trabajo, algunos afectados en diferentes lugares de
este país comenzamos a darnos cuenta de que había
que unirse, organizarse para luchar contra esta otra violencia.
Surgieron las primeras asociaciones formadas por víctimas
y por profesionales sensibles con el problema, por cierto
la primera en Euskadi, y una de las primeras en Navarra.
Comenzó así un proceso imparable que poco
a poco comienza a dar sus frutos.
Después de cinco intentos este fin de semana en Madrid
durante nuestro sexto encuentro se ha conseguido, el pasado
domingo, la formación de una Federación Estatal
de Asociaciones contra el Acoso Psicológico en el
Trabajo (FACAPT), que recoge tres ideas fundamentales, ser
una federación, estatal, y de lucha contra el mobbing.
Además se ha tenido el acierto de que en su dirección
estén todas las asociaciones representadas, y en
los puestos de máxima responsabilidad las de Madrid,
Euskadi, Cataluña, y País Valenciano. Si es
cierto que la unión hace la fuerza, desde
ahora nuestra fuerza en esta difícil y desigual lucha
se equilibra con la de los poderosos acosadores.
Pero sólo es un primer paso, importante, histórico,
pero todavía insuficiente si no somos capaces de
rentabilizar esa fuerza consiguiendo que las instituciones,
los gobiernos tomen conciencia de la magnitud del problema,
del sufrimiento que origina, e incluso del costo para la
economía que supone destruir a lo mejor de nuestra
fuerza productiva.
Ahora tenemos que dirigir los esfuerzos de este nuevo y
valioso instrumento a convencer a esos gobiernos, tanto
autonómicos como al del Estado, para que tomen las
medidas necesarias que eviten este tipo de violencia. Incluso
con la reforma de las Leyes como el Estatuto de los Trabajadores,
e incluso el Código Penal, porque tampoco podemos
olvidar que se tiene que castigar a los culpables, de forma
tan contundente y ejemplarizante como a los terroristas
o a los de la violencia de género. Para que se procure
la atención de las víctimas. Diseñando
planes específicos de prevención, incluyendo
la divulgación para que éstas se den cuenta
cuando están sufriendo un proceso de acoso psicológico
en el trabajo. En este apartado es fundamental el papel
de los medios de comunicación.
Ahora que estamos en pleno proceso electoral, tenemos que
hacer un llamamiento público para que las víctimas
y su entorno voten el 14 de marzo sólo a aquellos
partidos que incluyan en sus programas medidas contra el
mobbing, e incluso protocolos para
evitar que se practique en su interior (en mi opinión
los partidos y los sindicatos son tan poco sensibles a este
problema, porque son los primeros que consienten que se
practique en sus propias organizaciones). Si fuéramos
capaces de movilizar a ese millón y medio de ciudadanos
y a sus familias en esa dirección, ése sí
que sería un paso de gigante.
El 8 de febrero de 2004 va a ser una fecha histórica
en el movimiento contra el acoso psicológico en el
trabajo, marcará un antes y un después en
esta lucha. Pero sólo hemos dado un primer paso,
queda mucho camino que recorrer aunque a la vista del capital
humano que ha participado en esas Jornadas estoy convencido
que lo vamos a conseguir. Algún día recordaremos
esa fecha cuando veamos al primer canalla acosador entrar
en la cárcel después de haber restituido a
su víctima la dignidad profesional que intentó
arrebatar, abonándola al mismo tiempo una indemnización
por el daño causado. A partir de ese día el
resto de posibles canallas acosadores se lo pensarán
antes de machacar a algún subordinado o compañero.
Se lo pensarán dos veces antes de destruir una vida.
Mientras tanto la lucha continúa, ahora más
unidos y fuertes.
José Luis Úriz Iglesias es miembro de la Junta
Directiva de la Federación Estatal de Asociaciones
contra el Acoso Psicológico en el Trabajo
http://www.deia.com/11-2-2004/DeiaOpin.htm