La
capacidad de los medios de comunicación para manipular
la opinión pública puede quedar sintetizada
en un espectacular caso práctico, cuyas terribles
consecuencias aún venimos arrastrando: la guerra
de Iraq.
Esta
guerra ha sido terreno abonado para la desinformación,
el engaño, la manipulación y la mentira. La
Invasión de Iraq supuso un grado de manipulación
propagandística inédito en la historia de
los conflictos bélicos.
En
las conclusiones de su estudio, Gardiner (1) señala
que la mayor parte de las manipulaciones cometidas por la
Administración Bush tenían como propósito
el planteamiento de la guerra de Iraq como un conflicto
entre el bien y el mal, algo simple que pudiera ser comprendido
sin dificultad por el público estadounidense, a pesar
de estar basado en una monumental mentira: la presunta relación
del régimen de Saddam Hussein con los sucesos del
11-S.
Esta
versión de los hechos fue mantenida, no obstante,
en los medios de comunicación, con una obstinación
que no se arredraba por la sucesiva aparición de
pruebas que ponían cada vez más de manifiesto
la magnitud del embuste. Es más: los disidentes que
apuntaban la menor discrepancia respecto a la versión
oficial eran atacados y señalados ante la opinión
pública como poco menos que traidores.
La
eficacia a corto plazo de estas técnicas fue indudable
y (...) las operaciones militares (...) contaron con amplio
apoyo popular por parte de la población norteamericana.
(1) Sam Gardiner "Truth from these
Podia: Summary of a Study of Strategic Influence, Perception
Management, Strategic Information Warfare and Strategic
Psichological Operations in Gulf", 8 octubre 2003.
http://www.unews.com/usnews/politics/whispers/documents/truth_1.pdf.
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LA
MENTIRA DEL CINCUENTA POR CIENTO
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La
mentira del cincuenta por ciento es un clásico
cuando se habla de manifestaciones. En lugar de
ofrecer el número real de manifestantes que
toman las calles para protestar de una determinada
causa, la estrategia consiste en informar de que
se manifestaron grupos tanto a favor como en contra,
sin especificar el volumen de cada uno de los grupos,
lo que da la sensación que existió
un número similar de manifestantes en ambos
lados. Esta clásica técnica de desinformación
se usa para inflar la opinión sustentada
por un determinado medio de comunicación,
al tiempo que se minimiza el disentimiento contra
esa opinión. Para agregar aún más
cinismo al fraude, los perpetradores suelen presentar
estas noticias como procedentes de "fuentes
imparciales".
Otra
técnica similar es presentar en los sondeos
callejeros un número igual de declaraciones
a favor de ambas posturas, cuando no existe esa
proporción.
En una información imparcial y exacta, el
número de declaraciones presentado debe reflejar
la situación real. Lo contrario es falsear
algo que se suele presentar como "la opinión
de la calle".
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