Cada
vez que encendemos la televisión ahí estan.
Son los programas a los que se ha dado en definir como telebasura.
Propios y extraños se asombran de los increíbles
índices de audiencia que tienen estos espacios. Tal
éxito tal vez se deba a que sus contenidos son hábilmente
diseñados por profesionales que no dejan nada al
azar.
Contrariamente
a los argumentos esgrimidos por los promotores de la telebasura,
por los responsables de los medios de comunicación
y de sus contenidos, el telespectador español no
puede elegir los programss que ve. Su única opción
es ver lo que hay, pagar o apagar la televisión.
Los
programadores televisivos son posiblemente los personajes
más poderosos y menos conocidos de este medio.
Salvo
alguna excepción, los redactores de este tipo de
programas son licenciados en periodismo que iniciaron su
carrera con la mochila llena de ideales que la precariedad
laboral del sector
se ha ido encargando de saquear.
Todos
los famosos tienen su "caché". En el mercado
de la intimidad cada día se cotizan los diferentes
servicios que puede aportar el famoso: ataques a otros personajes,
fotografías "robadas" previo pacto, bodas,
bautizos, comuniones, divorcios y exequias. Los famosos
son activos financieros que cotizan en bola de acuerdo con
su posición en el "candelabro".