No
sólo las personas son objeto de este tipo de persecución.
También las empresas tienen que lidiar con la lacra
de los bulos, aun de forma casi más dramática
que en el caso de las personas, pues para aquéllas,
las pérdidas ocasionadas por estos rumores pueden
provocar la destrucción de puestos de trabajo y hasta
el eventual cierre del negocio.
La
imaginación con la que los propagadores de rumores
decoran estos bulos no tiene límites.
Algunas
veces, las menos, los medios de comunicación no son
los perpretadores de las mentiras que llegan hasta el público,
sino meras víctimas de otros que han decidido-por
lucro, diversión o denuncia- intentar ganar a los
maestros de la manipulación en su popio terreno.
Unas pocas de estas mentiras han alcanzado la categoria
de memorables y han pasado a la historia.
Por
tanto, no siempre la prensa fabrica las mentiras que publica.
A veces, contribuye involuntariamente a difundir las de
otro.
La
Real Academia Española de la Lengua dice que manipulación
es "intervenir con medios hábiles, y a veces
arteros, en la politica, la economía, etc..,con distorsión
de la verdad y al servicio de intereses particulares",
algo que sucede a diario en los medios de comunicación
españoles.
El
colmo, lo más despreciable cuando se habla de manipulación
en los medios de comunicación, es comprobar que los
espacios destinados a informar, a mantener al ciudadano
al tanto de la actualidad y la realidad que le rodea, están
sujetos a toda clase de manipulaciones políticas
y económicas que terminan por traducirse en una imagen
distorsionada que conviene a los patrocinadores de la información.