Son
muchas las formas de engaño que prosperan en los
medios: desde los simples cotilleos a las conjuras politicas,
desde lo frívolo a lo trascendente, desde los embusteros
profesionales hasta los artistas del engaño. La mentira
ha existido, existe y seguramente existirá mientras
alguien crea que puede obtener algún beneficio con
ella. En el caso de los medios de comunicación, el
beneficio principal, que no el único, es la obtención
de una mayor audiencia.
Los
medios de comunicación han perdido cualquier mínima
vocación de servicio público y son guiados
por la lógica implacable de las leyes de mercado.
En
el siglo XXI, el único poder real, el que todo lo
controla y manipula, es el poder económico, un poder
que entre otras cosas es el dueño y señor
de los propios medios de comunicación.