Podemos
ver la realidad de dos maneras:
Uno puede creer literalmente lo que lee en los periódicos,
oye en la radio, ve en la televisión y lo que exponen
los grupos mediáticos; es un modo seguro, garantizado,
de estar en el mundo sin que aparezcan sombras, enigmas
o motivo alguno de inquietud. Llamaremos a este modo: Versión
Disney de la historia, en ella el universo cotidiano oscila
regular y previsiblemente entre una pareja de valores claramente
delimitados y cognoscibles: la Derecha y la Izquierda.
Podemos también cuestionar esta forma gregaria de
hipnosis y acceder paulatinamente al conocimiento de una
historia secreta, invisible, negada por las más diversas
autoridades, una historia que no coincide con los valores
de la tribu y que rompe con numerosos tabúes.
En
la democracia no existe nada similar a una clase dirigente.
Los medios de comunicación son herramientas imprescindibles
para mantener las libertades mediante la configuración
de una opinión pública informada y responsable.
Ante una pantomima como ésta, claro ejemplo de manipulación
y desinformación, solamente cabe una sonrisa escéptica
o una crítica breve, arrebatada y feroz.
Existe
la clase dirigente. La democracia es escasa o
nulamente democrática. Nuestros destinos los rigen
el gobierno oculto. Los grupos mediáticos persiguen
una política de ocultación y distorsión
de los acontecimientos de acuerdo con los intereses de sus
gestores, propietarios, en el mejor de los casos, en el
peor, nos encontramos ante un programa acelerado y premeditado
de embrutecimiento ante el cual el " panem et ciercenses"
de la antigua Roma constituye una mera anécdota.
Si tratamos de rellenar este esqueleto con carne, es decir
con nombres propios o vicisitudes históricas concretas,
seremos inmediatamente tachados de paranoicos. Es un modo
de desacreditar a los que mantienen posiciones incómodas.
Perdamos el miedo, no nos ofusquemos, permanezcamos alerta.
Lo que ellos llaman paranoia es un paso adelante en el camino
de la salud mental y gracias a ello, una autopista hacia
nuestra verdad.
Riamos.
Nada más serio que el humor. Nada menos divertido
y auténtico que la sonrisilla de superioridad del
ignorante que todo lo sabe mediante la prensa, la ciencia
con minúsculas y los prejuicios.
Pero vayamos entrando en materia.
La Era Tecnotrónica va diseñando paulatinamente
una sociedad cada vez más controlada. Esa sociedad
será dominada por una elite de personas libres de
valores tradicionales, que no dudarán en realizar
sus objetivos mediante técnicas depuradas con las
que influirán en el comportamiento del pueblo, (del
rebaño) y controlarán y vigilarán con
todo detalle la sociedad, hasta el punto de que llegará
a ser posible establecer una vigilancia casi permanente
sobre cada uno de los ciudadanos del planeta.
Este bello y explícito texto es de Zbigniew Brezinsky,
el Kissinger de Jimmy Carter, extraído de su obra
³La Era Tecnotrónica²,