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Ese
maldito estrés
Cerca del 30 por ciento de los empleados sufre el síndrome
de burnout, que se manifiesta a través del cansancio
extremo.
(La Nación)
No como el fuego ni el sol, pero el estrés también
quema. Ocurre que cuando de ser una respuesta apropiada del
organismo se convierte en un padecimiento constante, el estrés
puede devenir en un agotamiento físico y emocional
tan intenso que deja a la persona como calcinada. Especialmente
en esta época del año.
El
síndrome de burnout (o del quemado) es una patología
que, en 1974, el psiquiatra norteamericano Herbert Freudenberger
comenzó a advertir en trabajadores de la salud y que
hoy se percibe en más y más ámbitos laborales.
Los
entrevistados coinciden en que en efecto rebote también
impacta en la productividad de las organizaciones: equivocaciones,
ausentismo, riesgos de accidentes y costos legales, entre
otras consecuencias.
"El
mundo actual con sus características de poca contención
social, inseguridad, incertidumbre, de escaso cuidado desde
las instituciones y las organizaciones hacia las personas,
es una precondición para que aparezca este problema",
se lamenta Isabel Pérez Jáuregui, profesora
e investigadora universitaria, psicoterapeuta, analista organizacional
y autora del libro Estrés laboral y síndrome
de burnout .
Sufrimiento
y sinsentido en el trabajo. Como la gota que horada la piedra,
se trata de un proceso de estrés (trastorno de adaptación)
crónico en el que se van perdiendo progresivamente
las capacidades laborales y competencias personales -para
responder adecuadamente a las exigencias del trabajo- hasta
concluir en la sensación de desgaste total.
"La
despersonalización (el trabajador pierde el compromiso
personal con la tarea y la hace de manera automática
-como se ve en la película Tiempos modernos -); la
desensibilización emocional (la persona no reacciona
emocionalmente en forma adecuada, pierde capacidad de empatía
emocional para con los otros), y la disminución de
la capacidad de iniciativa, junto a la sensación de
bajo logro personal, son las tres características principales",
detalla Daniel López Rosetti, cardiólogo, presidente
de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés y autor
de varios libros sobre el tema.
"Las
personas tienen muchas formas de manifestar el agotamiento
profesional. Como la angustia y sus equivalentes físicos:
palpitaciones, sensación de falta de aire o de tener
una pelota en el estómago, sudoración en las
manos, trastornos del sueño, fatiga aumentada -ya poco
trabajo agota-, cefaleas, etcétera", explica Gustavo
Kasparas, médico especialista en psiquiatría
y psicología médica.
Y
suma otros signos habituales: "Irritabilidad, cinismo,
desinterés, intolerancia en el trato interpersonal;
tendencia a los olvidos, a los accidentes, a las equivocaciones,
falta de concentración. Además de un descuido
personal y social y una gran sensación de desesperanza".
Hacia
la depresión
De
allí a la depresión hay un atajo. "Hay
personas que terminan sintiendo que su proyecto de vida se
vació de sentido. Y si esto avanza puede conducir a
situaciones de salud irreversibles, con riesgos de muerte,
tendencias al suicidio, consumo de drogas, de alcohol, etcétera",
advierte Pérez Jáuregui.
Si
bien existen algunas variables físicas y psicológicas
que, a igual ambiente laboral y carga de trabajo, predisponen
a padecer el síndrome más a unos que a otros,
generalmente, suele presentarse en personas altamente motivadas
hacia su trabajo y con gran vocación de servicio.
Y
donde más se advierte es en ocupaciones relacionadas
con la asistencia y el cuidado de las personas y en puestos
donde se tiene gente a cargo.
Eso
sí, las mujeres, con su doble carga de trabajo laboral
y familiar, son un blanco más que posible. "Pero
al mismo tiempo tenemos una característica que nos
ayuda frente a eso y es que por lo general tendemos a hablarlo
más y a tener más en cuenta los sentimientos.
En cambio, los hombres suelen sufrir en silencio", dice
Isabel Pérez Jáuregui.
Desde
la empresa
Pero
más allá de las características personales,
también hay otras que obviamente favorecen la propagación
del estrés. Suelen ser, según Kasparas, "fallas
en la comunicación de la organización o en el
equipo de trabajo, sobrecarga de tareas, roles indefinidos,
autoridad excesiva o insuficiente. Así como la escasez
de tiempo, de recursos materiales, la falta de reconocimiento
profesional por parte de colegas y superiores, bajas posibilidades
de crecimiento profesional o de ascenso laboral, una remuneración
inadecuada, y obviamente el acoso moral, que está a
la orden del día".
Así,
si sentir fatiga laboral a esta altura del año puede
ser moneda corriente, cuando el cansancio revela en un período
prolongado constantes síntomas físicos, intelectuales
y emocionales, que muchas veces se asumen como naturales para
los tiempos que corren, debe encenderse la luz de alarma.
"Es
preciso estar alerta, saber que este síndrome existe
y escuchar los síntomas -recomienda López Rosetti-.
El cuerpo al principio nos susurra, luego nos habla y al final
termina gritando. Entonces, hay que ser consciente de los
mensajes físicos y emocionales para tratarlos a tiempo.
Cuando uno dice estoy perdiendo la memoria, ya no tengo ganas
de ir a jugar al fútbol los jueves o no tengo la creatividad
de hace dos años algo está pasando."
Raquel
Saralegui
En
crecimiento
Cerca
del 30 por ciento de los empleados sufren de síndrome
de burnout. El dato surge de un estudio de investigación
realizado por la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés
(Sames) entre más de 600 empresas de la ciudad de Buenos
Aires y el conurbano bonaerense.
Dentro
del universo que resultó positivo, encontramos personas
con distintos grados de síndrome de burnout, algunas
de ellas con mayores manifestaciones que otras, precisa
Daniel López Rossetti, titular de la Sames.
Tareas
que deben cumplirse en un tiempo determinado y situaciones
fuera de control favorecen el estrés laboral. Entonces,
si de ranking se trata, existen algunas actividades más
expuestas que otras. Encabezan la lista los médicos
emergentólogos, bomberos, policías, choferes
de ambulancias, periodistas y controladores de tránsito
aéreo. También se suman aquellos trabajos que
tienen objetivos mensurables, a veces casi imposibles de cumplir,
como los ejecutivos de ventas.
Según
precisó López Rossetti, hay dos maneras de llegar
a un diagnóstico: por un lado, la historia clínica,
que surge de la entrevista con el paciente, y por otro, la
realización de distintos tests psicológicos.
Lo
cierto es que el estrés laboral ganó en los
últimos años un mayor protagonismo. Hay
cada vez más personas que lo padecen porque los requerimientos
competitivos cada día son mayores, precisa el
profesional.
Jorge
Coppola, psiquiatra y secretario de la Sociedad Argentina
de Psicotrauma, coincide con la opinión anterior y
afirma: Tal vez en la Argentina las cifras de personas
que padecen de síndrome de burnout sean superiores
a otras partes del mundo por la falta de empleo. Así,
las personas se encuentran cumpliendo actividades que no son
las de su agrado. Esto refuerza la ansiedad.
¿En
qué consiste el tratamiento? Por un lado, cuando
es necesario, el enfoque psicofarmacológico con antidepresivos,
y por otro, la psicoterapia, precisa Coppola.
En
la Argentina agrega la inestabilidad social es
un factor de estrés muy importante. Debemos considerar
la inseguridad cotidiana, los piquetes y los paros sorpresa,
elementos que convierten la salida a la calle en una aventura
de incertidumbre.
Según
la Comisión Europea de la Dirección General
de Empleo y Asuntos Sociales, el estrés relacionado
con el trabajo, sus causas y sus consecuencias son muy frecuentes
en los Estados de la Unión Europea. Más de la
mitad de los 147 millones de trabajadores afirma que trabajan
a altas velocidades y con plazos ajustados. Y la situación
empeora: más de un tercio no puede ejercer ninguna
influencia en el orden de las tareas, y más de un cuarto
no puede decidir sobre su ritmo de trabajo.
Se
estima que estas situaciones contribuyen con las actuales
manifestaciones de enfermedad: el 13% de los trabajadores
se queja de dolores de cabeza; un 17%. de dolores musculares;
un 20% de fatiga; un 28%, de estrés, y un 30%, de dolor
de espalda.
Sofía
Corral
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Algunos consejos para prevenirlo
Evitar
infusiones como café, bebidas cola, mate o té
porque aumentan la actividad corporal.
Realizar
deportes. La práctica moderada de algún
deporte o ejercicio físico ayuda a relajarse.
Dos
o tres veces al día realizar ejercicios de estiramiento
muscular o elongación. Movilizar cuello, hombros,
brazos, columna y piernas.
Es
importante la organización del tiempo y de las
actividades. Establecer horarios es fundamental para
poder descansar, no estar preocupados, no sufrir continuos
sobresaltos y olvidos importantes.
Fomentar
los cambios de hábitos que perjudican.
No
dejar pasar los problemas: afrontarlos de una manera
más activa o más pasiva, pero decidiendo
qué es lo mejor en cada caso.
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http://www.intramed.net/actualidad/not_1.asp?idNoticia=50518
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