El
estudio del trauma emocional que producen en las personas
las situaciones de violencia, indefensión, y terror,
es un hecho reciente. El diagnóstico del estres post-traumático,
emblema de la alteración mental que desencadenan
estas experiencias extremas, no se introdujo en el catálogo
oficial de enfermedades hasta finales del 1980.
La
lista de síntomas más típicos de este
transtorno incluye bombardeos incontrolables del pensamiento
con escenas terribles de los acontecimientos, pesadillas,
estados de alerta constante, tensión nerviosa y conductas
que intentan eludir la memoria de los hechos.
La
mayoria de víctimas de acoso moral sufren estrés
post-traumático en mayor o menor medida. La gravedad
del daño depende de la intensidad y duración
de las agresiones, y de los recursos emocionales, físicos
y sociales que posea la víctima. Las amenazas contra
la integridad mental, corporal o contra la vida misma convierten
a las personas en seres muy vulnerables . La víctima
golpeada por la inseguridad, la angustia, la impotencia,
el miedo y la desorientación, ve disminuida la capacidad
de pensar con claridad, para concentrarse o para tomar decisiones.
En
consecuencia, lo primero que las víctimas necesitan
es recuperar el sentido de seguridad, lejos del agresor,
y retomar un mínimo de control sobre su vida cotidiana
y su entorno. Eso les permitirá recobrar una dosis
razonable de confianza y comenzar a construir un proyecto
vital nuevo.
Sin
un sentimiento, aunque sea moderado, de seguridad , la recuperación
del trauma es imposible.
Las
imágenes y las frases más duras de las experiencias
violentas interfieren en la vida diaria de las víctimas
y forman la trama de pesadillas que altera el sueño.
Es normal que las personas afectadas se sientan agotadas,
tristes, tensas, irritables, confundidas y preocupadas por
el propio equilibrio emocional. Por eso es útil explicarles
que los síntomas que experimentan constituyen "
la respuesta normal delante de una situación anormal".
Validar
la realidad de los acontecimientos y legitimar sus efectos
en la persona agredida tranquiliza y facilita la superación
del trauma. En los primeros momentos la evaluacación
médica y psicológica es importante, incluso
puede ser beneficioso el tratamiento psiquiátirco.