¿Quién es el enfermo?

(Extractos seleccionados por M. Parés del libro "Cómo tratar con personalidades difíciles" de F. Lelord y C. André.)

En calidad de psiquiatras y psicoterapeutas, estamos acostumbrados a escuchar a nuestros pacientes confiarnos las dificultades que experimentan en su vida afectiva y profesional. Sin embargo, ¿qué constatamos cada vez con más frecuencia?.

Al principio empiezan hablándonos de ellos mismos, de sus penas, de sus esperanzas; después , muy naturalmente, acaban por describirnos una persona de su entorno ( un pariente, un vecino, un colega) QUE LES CAUSA DIFICULTADES AGOTADORAS, día tras día, hasta el punto de llevarles , al límite de sus fuerzas, a consultar un "psi"*.

Escuchando su relato, sospechamos a menudo que esta persona de la que nos hablan, y que nosotros no conocemos, es precisamente una "personalidad difícil". Frecuentemente pensamos que precisaria de ayuda tanto como nuestro paciente , pero no es ella quien ha venido a consultarnos.

Trabajamos también con consultores de empresas sobre temas de gestión del estrés y de la psicología del cambio. Tras habernos encontrado con numerosos trabajadores de todos los niveles jerárquicos, nos hemos percatado de que también en este caso la preocupación de muchos de ellos estribaba en llegar a entenderse con una personalidad difícil, ya fuera un jefe, un conyuge, un colaborador , un cliente.

¿Qué és una Personalidad Difícil?

Podemos decir que una personalidad es difícil cuando ciertos rasgos de su carácter están demasiado marcados, o son demasiado fijos, no adaptados a las situaciones, y conllevan un sufrimiento para ella misma o para los otros (o para ambos).

Este sufrimiento es un buen criterio para establecer el diagnóstico de personalidad difícil.

Cuando proponemos que es necesario aceptar a las personalidades difíciles, provocamos a menudo desaprobación y desacuerdo. ¿Cómo aceptarlas, si tienen comportamientos intolerables, y precisamente, inaceptables?. En efecto, no les pedimos que se abandonen a una aceptación pasiva, que dejaría a la personalidad difícil en plena libertad para molestarles (y a menudo para perjudicarse ella misma igualmente). Se trata más bien de aceptar su existencia como ser humano.

Bien, pues las personalidades difíciles son como un fenómeno natural; han existido siempre y seguirán existiendo. Indignarse sería tan vano como montar en cólera. Existe otra razón para aceptarlas: ellos no han elegido ser una personalidad difícil. Mezcla de herencia y educación, han desarrollado comportamientos que les han fallado. ¿Quién elegiría libremente ser excesivamente ansioso, demasiado impulsivo, desconfiado en exceso, demasiado dependiente de otros, o muy obsesionado por los detalles?.

El rechazo jamás ha mejorado a nadie, en particular a la gente con problemas.

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