Guerra al "mobbing"
UGT Catalunya - FSP l'Hospitalet - 10/06/2003
El mobbing o acoso psicológico en el trabajo es un
fenómeno de reciente aparición que se está convirtiendo
en una de las principales causas de baja laboral en la actualidad.
Los perjuicios y daños psicológicos que sufre la persona como
consecuencia de este fenómeno son tales que, en los últimos
años, están proliferando los libros relacionados con esta
práctica que tratan de aconsejar y prevenir sobre lo que algunos
consideran una enfermedad. El último es Mobbing. Manual de Autoayuda
con el que el psicólogo Iñaki Piñuel trata de ayudar
a las 2.300.000 personas y sus familias que sufren esta patología.
El mobbing consiste en una serie de actuaciones hostiles que sufre el trabajador por parte de sus jefes o compañeros de trabajo con la finalidad de degradarle y "aniquilarle" psicológicamente. "El mobbing no es una enfermedad sino un riesgo laboral cuyas víctimas niegan que los son", puntualiza Piñuel.
Las amenazas continuas, la críticas verbales, la atribución de méritos a otras personas, la invasión de la privacidad y el trato discriminatorio son algunas de las formas más frecuentes de mobbing que sufren las víctimas.
Los psicólogos coinciden en señalar que el proceso de acoso consta de varias fases a lo largo de las cuales la gravedad de las amenazas, insultos y desprecios se va incrementando. En un primer momento, la víctima experimenta un cambio repentino por parte de sus compañeros o jefes que normalmente coincide con momentos de cambio en la empresa. En esta primera fase, la persona acosada trata de restar importancia a estos comportamientos y no se toman en serio las vejaciones.
Ansiedad y depresión
En las siguientes fases, la provocación y el acoso se van haciendo más duros y, como consecuencia, ocasionan en la víctima ansiedad, depresión, ataques de pánico o irritabilidad que son algunas de las secuelas más frecuentes del mobbing.
Ya en la cuarta fase, la persona acosada necesita ayuda y asistencia psicológica y, en la quinta fase, el estado de la víctima es tan crítico que deriva incluso en el abandono del lugar de trabajo. Las consecuencias, según los expertos, son muy graves, especialmente cuando se presentan cuadros de depresión, estrés y ansiedad. El agotamiento y el deterioro emocional ocasionan un grave sentimiento de culpabilidad y una pérdida de la autoestima, que conducen a la persona a la depresión. Los ataques de pánico, la irritabilidad, el insomnio, la angustia o la agresividad son otras de las secuelas provocadas por el mobbing y que necesitan, en la mayoría de los casos, de asistencia médica.
Pero, a pesar de que hay quienes sufren "cuadros muy severos del mobbing se sale y se sobrevive", asegura Piñuel. Además, hay que tener en cuenta los efectos sobre la familia y amigos ya que, normalmente, el afectado proyecta su agresividad e irritabilidad sobre sus más allegados.
Paradójicamente, se da la circunstancia de que las víctimas más vulnerables para sufrir esta enfermedad son personas que destacan en su entorno laboral, por sus cualidades personales y profesionales. Precisamente por eso despiertan envidias entre sus compañeros, ya que son vistas como una amenaza para el resto. Suelen ser personas muy perfeccionistas con su trabajo, concienciadas con el orden y generalmente responsables. Todo ello hace que se sientan obligadas a asumir un volumen de trabajo muy superior al que verdaderamente pueden abarcar y su responsabilidad es tal que incluso acuden a trabajar los fines de semana o cuando están enfermas. Además, normalmente se trata de individuos con una gran vitalidad y resistencia física.
Por su parte, el agresor suele ser una persona envidiosa que se pone en estado de máxima alerta en cuanto detectan la presencia de alguien con más cualidades que él. Teme que le usurpen su puesto de trabajo y, de esta manera, trata por todos los modos de desembarazarse de quien pueda representar un obstáculo para él.
Más mujeres que hombres
El 54 por ciento de los trabajadores que sufren mobbing son mujeres y las
que tienen entre 40 y 50 años son el segundo perfil más afectado,
sólo por detrás de los menores de 30 años en situación
laboral precaria. Los sectores más afectados son la Administración
pública, la educación, la sanidad y los medios de comunicación.
El apoyo familiar y de los amigos es el factor de recuperación más importante para la víctima. Son ellos los que reciben las primeras consecuencias de la enfermedad y son, precisamente ellos los que tienen que dar todo su apoyo y comprensión a la persona.
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