Ancianos
víctimas de intereses inmobiliarios
Autor:
Antoni Maria Capdet
Los
ancianos, víctimas débiles de los intereses
inmobiliarios
El
Caso Antiguo de Barcelona se ha convertido en triste referente
de lo que ya se denomina ´´mobbing inmobiliario´´
para echar a gente mayor.
Mobbing inmobiliario.
Éste
es el nombre que mucha gente ha puesto a la actitud de algunos
propietarios, muchas veces empresas, de inmuebles del Casco
Antiguo de Barcelona. Consiste
en presionar a personas mayores, que viven solas en muchos
casos y pagan rentas antiguas, para que abandonen el piso
que ocupan. Al mismo tiempo, se da la circunstancia de que,
en muchos bloques, las víctimas de esta presión
son casi (si no totalmente) los únicos inquilinos
a causa de anteriores prácticas similares. Lo peor
de todo es que cualquier medio es bueno para estos personajes
cuando ven, en las viviendas que acaban de adquirir, una
posibilidad de negocio que, para ellos, está muy
por encima de las vidas humanas que, desde hace 50, 60 e
incluso 80 años, tienen su techo en aquel inmueble.
Algunos
de estos abuelos pagan sólo 10.000 pesetas,
un sólo relativo teniendo en cuenta que
fácilmente puede ser una quinta o una cuarta parte
de su pensión. El Ayuntamiento de la capital catalana,
que por el momento no ha hecho nada por evitar esta realidad,
se ha limitado a decir que son casos aislados.
Quizás son aislados pero, en cualquier caso, son
reales y representan un grave maltrato a hombres y mujeres
que ven atacada su dignidad, ya no sólo por la edad
sino sobre todo por la misma condición de personas.
Estamos
ante casos de desprotección a la gente mayor. A menudo
nos hemos referido últimamente a la importancia que
tiene la atención a los ancianos, y también
a las acciones que están poniendo en marcha en este
ámbito entidades como por ejemplo Cáritas
o la Comunidad de San Egidio tanto en Barcelona como en
Madrid u otras grandes ciudades, especialmente afectadas
por el problema. Cada vez son más las familias que
abandonan a sus abuelos o bisbuelos, les dejan vivir solos
incluso con 90 años y los ven más como una
carga que como una alegría
Por
su parte, las administraciones tampoco hacen lo suficiente
para garantizar a estas personas una vida más digna
y, como en el caso inmobiliario de Barcelona, permiten situaciones
como las de la presión para echarles de un piso.
Por
ejemplo, un matrimonio que vive desde hace 77 años
en la calle Rec Comtal de Barcelona sufre una agresión
moral (palabras del presidente de la Asociación
de Vecinos del Casco Antiguo, Pep Miró). Los propietarios
no arreglan las averías, les envían operarios
que no tapan los agujeros provocados por las termitas o
les obligan a soportar goteras de forma permanente. Otro
caso es el de un señor de 91 años que ocupa
un piso de la calle Portaferrissa y que, al cambiar el inmueble
de propietarios, le obligaron a acudir a un despacho de
abogados donde le iban dando largas hasta que se encontró
con una demanda de desahucio. Otros inquilinos han sido
engañados con una mensaje en el sentido de que el
pago pasaba a ser trimestral, también con la misma
finalidad. Incluso en algunos casos, se han llegado a romper
interfonos y buzones o se han cortado cables de luz de la
escalera.
Y
si a todo ello añadimos los bloques de pisos que
se van vaciando y que se encuentran en áreas comerciales
especialmente cotizadas de Barcelona, la gente mayor todavía
lo tiene más difícil para afrontar este mobbing.
Los vecinos de Ciutat Vella aseguran, por otro lado, que
el Ayuntamiento se inhibe ante el problema. Denuncian que
los Servicios Sociales Municipales no les ayudan, mientras
el Patronato Municipal de la Vivienda actúa con celeridad
cuando es reclamado. En definitiva, es necesario denunciar
estos hechos con fuerza, tanto en Barcelona como en otras
ciudades, para que las administraciones y todos los ciudadanos
defiendan los derechos de estos ancianos que son, en la
mayoría de los casos, las víctimas más
débiles de los especuladores y de los intereses inmobiliarios
en general.
Los
asustaviejas
Da
el diario El País la noticia de que el dueño
de una finca de inquilinos deja que se pudra, para echar a
cinco vecinos. Compró la finca hace diez años
y dicen que desde entonces no ha dejado de hacerles la vida
imposible. Tiene veinte viviendas pero en la actualidad sólo
cinco están ocupadas. Cuando se vacía una el
dueño tapia la puerta inmediatamente.

Comprar un edificio con inquilinos parece, a simple vista,
una inversión segura, con una rentabilidad aceptable.
Lo que ocurre es que en nuestros días el dinero ha
cobrado una importancia desmesurada y su simple posesión,
no importa cómo se haya conseguido, otorga prestigio
social. Quizá sea esto lo que hace que algunos de
esos compradores de fincas tengan prisa por verlas vacías.
Marina Parés viene hablando desde hace tiempo del
acoso inmobiliario. Parece ser que los acosadores inmobiliarios
son llamados asustaviejas en Andalucía. Visto el
auge que está tomando esa práctica, la Administración
debería tomar cartas en el asunto. Quienes compran
edificios con esa finalidad suelen conocer al dedillo la
ley y, por tanto, conocen hasta donde pueden llegar e incluso
qué leyes pueden vulnerar sin que los inquilinos
se enteren. Éstos, por su parte, pueden carecer de
recursos para consultar a un abogado y lógicamente
de la motivación para pleitear. No quieren ganar
dinero, sino vivir en paz. Por tanto, debería crearse
un registro de todas las fincas que se transmiten en estas
condiciones. El comprador debería recibir un escrito
en el que se le notificara que todo lo que hace en ese edificio
está sometido a inspección y que en el momento
en que se le detectaran actuaciones que demostraran de modo
inequívoco su interés en que el edificio se
vacíe antes de lo previsto, como tapiar las puertas
de las viviendas vacías, ya debería presentarse
periódicamente ante un juez para jurar que va a respetar
los derechos de los vecinos restantes y justificar documentalmente
que cumple con su obligación de mantener el edificio
en buenas condiciones.
9-4-2008