MURIO ARTHUR MILLER
UNO DE LOS MAYORES DRAMATURGOS DEL MUNDO
ARGENPRESS
(Especial para ALTERCOM)
Compartido por: redaccion@altercom.org
El dramaturgo estadounidense Arthur Miller,
definido por muchos como la conciencia crítica de
su país, murió en Connecticut a los 89 años,
a raíz de un defecto cardíaco congénito,
sin que la noticia trascendiera hasta hoy.
Su deceso tuvo lugar la víspera y con él se
cierra un capítulo de notable importancia en el teatro
estadounidense, al cual aportó títulos como
La muerte del viajante, revelador de la crisis de
valores de una sociedad a la que desnudó con su pupila
lúcida y aguda de artista.
Nacido en Nueva York en 1915 y descendiente de una familia
de inmigrantes polacos de ascendencia judía, sufrió
en carne propia la cacería de brujas desatada
en los años 50 por el senador Joseph McCarthy, con
su secuela de investigaciones, acosos y condenas.
Fue uno de los pocos que no se escudó en el silencio
o invocó la protección de la Constitución,
sino que se enfrentó con valentía a las
acusaciones del anticomunista Comité de Actividades
Antiamericanas (que juzgó a muchos artistas como
Charles Chaplin).
Lo condenaron por desacato, pero apeló y resultó
finalmente absuelto.
De esa experiencia nació una de sus piezas emblemáticas,
LAS BRUJAS DE SALEM, en la que aparecen transmutadas
todas sus experiencias.
En 1944 debutó como dramaturgo con
Un hombre con mucha suerte, paradójicamente
de escasa resonancia. Su primer gran éxito lo obtuvo
con su novela Focus (1945), un ataque contra el antisemitismo.
Dos años más tarde, el Círculo de Críticos
de Teatro de Nueva York proclamó a Todos eran
mis hijos como la mejor obra teatral de 1947.
Miller se cubrió de gloria con La muerte de un
viajante, inscrita para siempre en la historia del teatro
contemporáneo. Con ella y Las brujas de Salem
se ganó un lugar permanente en esa inmortalidad tan
ambicionada como esquiva.
Entre sus piezas más destacadas figuran Panorama
desde el puente (1955); Después de la caída
(1963); El precio (1968) y El arzobispo (1977).
En su trayectoria se mezclan, a partes iguales, el activismo
político, el impacto de lo social en todo cuanto
escribió, su reivindicación del humanismo
y su defensa de los seres desprotegidos y más vulnerables
de la sociedad a la cual pertenecía.
Su dramaturgia ausculta, en profundidad, los conflictos
y aspiraciones de su época, a través de dramas
íntimos y cercanos, abordados con un lenguaje coloquial.
En 2002 recibió el Premio Príncipe de Asturias
de las Letras, en España.
Para Miller el arte fue también una forma de militancia
política.
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