Primer paso: Tomar posesión de sí mismo.

por

José Luis González de Rivera y Revuelta

Primer paso: Tomar posesión de sí mismo.

Enhorabuena. Acabas de dar el primer paso.

Toda salvación y éxito empieza por la decisión de hacer algo personal para cambiar una situación que no te gusta.

Si estás leyendo este libro, es por que ya has tomado esa decisión. En caso contrario, hazlo ahora:

Decreta en tu corazón que eres dueño de tu destino, toma posesión de tu vida, acepta ser quien puedes ser.

Es muy fácil dar el primer paso. Lo hicimos nada más nacer. Siempre que hemos logrado algo ha sido por que estábamos seguros de que podíamos hacerlo, de una manera tan obvia y tan evidente que nunca nos dimos cuenta del poder de la convicción. Hemos vencido dificultades imposibles, llevados por un impulso innato a desarrollarnos y a ser lo máximo que podemos ser. Todo empieza con la determinación, primero instintiva, después aprendida, a funcionar en cada situación de la mejor manera posible.

Por desgracia, también es muy fácil retroceder. En cuanto olvidamos la decisión de vivir y renunciamos a nuestro papel en lo que nos ocurre caemos en la pereza, la dependencia y la queja tonta. Cuando estamos en ese estado, basta con que la situación nos sobrepase un poco para que empecemos a sentirnos solos, indefensos e incompetentes. Si los problemas arrecian, acabamos por verlo todo negro y negativo, nos dejamos llevar por la angustia, la tristeza, la apatía y el desánimo, nos volvemos irritables, hoscos y antipáticos, dormimos mal, perdemos las ganas de todo y acabamos llegando a la conclusión de que nadie nos quiere, que todo está en contra nuestra y que nuestra vida es, en el mejor de los casos, un auténtico fracaso.

Si sientes alguno de estos síntomas, por favor, para. No te dejes llevar por la desesperación. Si estás en plena crisis, si te sientes perdido o estás siendo perseguido, atormentado o discriminado, afloja y sonríe. Unas pocas páginas más y aprenderás a mantener la calma, a minimizar el daño y a progresar gracias, precisamente, a quienes te quieren hundir. No digo que no tengas razones para sentirte mal, sólo que es importante no sufrir más de la cuenta. Recupera tu fe en tu poder, porque ese es el primer paso para estar bien y ser feliz. Luego te explicaré más cosas, pero, de momento, concéntrate en el primer paso, toma de nuevo posesión de tu vida, decreta en tu corazón que eres dueño de tu destino.

Hay varias razones para retroceder después de haber dado el primer paso, y tenemos que saber como contrarrestarlas para seguir adelante. En primer lugar, sentirse dueño de la propia vida produce cierta inquietud, que, en algunos momentos, puede acabar convirtiéndose en autentico pánico. Entender nuestra naturaleza y aceptar el lugar que nos corresponde entre todo lo que existe nos ayudará a superar el miedo a la existencia.

El segundo problema es que no basta con querer. Nos hace falta, además, encontrar un sentido de propósito en la vida y un método para llevarlo a cabo, algo así como un camino que nos asegure que la conquista de la felicidad es posible. Finalmente, en la escala inmediata y práctica de la experiencia cotidiana, nos encontramos con el tercer problema: Todo es tan difícil y tantas veces nos salen las cosas mal, que es lógico que dudemos de nosotros mismos y de nuestro futuro. Sólo la combinación inteligente de nuestro esfuerzo con la inmersión despreocupada en las fuerzas que nos superan nos permitirá desarrollar el poder personal necesario para triunfar en nuestras vidas.

1. La vida humana es un experimento personal en una tarea universal.

No tenemos muy claro que es lo que quiere el Universo, pero es evidente que está comprometido en algún tipo de evolución, de la que somos, por ahora, la expresión más avanzada. Según los astrofísicos, todo empezó con una gran explosión de energía. Luego se formaron los primeros núcleos de materia. Después, una minúscula estructura cristalina dio origen a las primeras formas de vida, muy parecidas a los virus actuales. Finalmente, apareció la consciencia.

El comportamiento de los primeros seres vivos, igual que el de los animales inferiores actuales, reproduce exactamente el de sus antepasados. Cualquier pequeño cambio necesita cientos de miles de años de evolución y afecta más o menos por igual a todos los individuos de la especie. Los reptiles nacen preprogramados, saben lo que tienen que hacer desde que salen del cascarón, y es probable que no aprendan nada nuevo en el curso de sus crueles vidas. Con el desarrollo del cerebro en los mamíferos la situación cambió y, por primera vez en la historia de la naturaleza, cada individuo pudo variar su comportamiento en función de sus experiencias particulares, lo cual fue un gran logro en el camino hacia la aparición de la inteligencia. No es que las ratas, por ejemplo, sean Einsteins, pero son infinitamente más listas que una lagartija. En las siguientes etapas evolutivas fueron apareciendo nuevas funciones cerebrales, que ya podemos considerar como auténticamente inteligentes.

Los etólogos, que han estudiado mucho la conducta de los mamíferos superiores, han llegado a la conclusión de que se dan cuenta de las cosas, que anticipan las consecuencias de sus actos y que son capaces de cierta creatividad. El perro de mi amiga Isabel, por ejemplo y sin ir más lejos, ha descubierto el solito que, si se come el estofado con cuidado de que no se caiga la tapa de la cazuela y luego la empuja con el hocico hasta dejarla bien puesta, corre menos riesgo de ser descubierto y apropiadamente castigado.

La inteligencia de los seres humanos tiene algunos aspectos que son comunes con la de los demás animales y otros que son tan específicos que no se detectan en ninguna otra especie. Debemos gran parte de nuestra grandeza, y también de nuestras desgracias, a esta complejidad, que muchas veces nos hace sufrir contradicciones internas insoportables. Nuestra personalidad se forma por la superposición de tres capas de desarrollo sucesivo, que se mantienen activas y en continua interacción durante toda la vida.

La primera es innata, viene ya preprogramada en nuestro sistema nervioso, y está relacionada con funciones como la alimentación, el movimiento y la lucha por la supervivencia. La segunda empieza a formarse en cuanto nacemos, o quizás un poco antes, progresa con el interés y el ejemplo de nuestros mayores y culmina gracias a la educación sistemática que ofrece la sociedad. El problema con esta capa es que, desde niños, estamos sumergidos en programas de enseñanza que han sido elaborados en base a criterios y conveniencias que no son los nuestros y en los que se ha prestado poca atención a nuestras disposiciones personales. En cierto modo, el proceso de formación de la segunda capa recuerda al entrenamiento de los animales domésticos. No está nada claro que contribuya mucho a nuestra felicidad personal, aunque si es evidente que resulta imprescindible para nuestra integración social.

La tercera capa es estrictamente personal y específicamente humana. Se forma mediante la experiencia personal, el descubrimiento y la autoeducación. Gracias a ella podemos aspirar a la libertad y al autodominio que caracterizan al ser humano plenamente desarrollado. Aunque está implícita desde el principio como parte esencial de la condición humana, la tercera capa empieza verdaderamente a formarse hacia los cuatro años y medio. El cerebro humano, que ha venido desarrollándose a marchas forzadas desde el nacimiento, supera de sobra a esta edad el nivel de complejidad necesario para procesar e integrar toda la información que recibe del exterior. Se vuelve entonces hacia su propio funcionamiento interno, que se convierte en fuente de autoestimulación. La excesiva capacidad de computación del cerebro ya no se conforma con encontrarle sentido al ambiente, sino se aplica a la construcción de un mundo personal, con sus propias leyes, dinámicas y estructuras. Dicho de manera más sencilla, el niño entre cuatro y cinco años se vuelve consciente de si mismo y empieza a pensar. Es a esta edad, más o menos, cuando aparecen de manera espontánea la autoconsciencia y el pensamiento reflexivo, propiedades únicas y exclusivas del ser humano, fruto de millones de siglos de evolución. El problema está en que, a partir de ahí, no hay nada programado. Nuestros actos empiezan a ser creaciones propias, y cada una de nuestras decisiones inicia un trayecto vital original.

Una decisión critica es aquella que marca la coyuntura entre dos caminos esencialmente diferentes.

Con sólo cinco años ya estamos en la punta de la evolución, aunque puede pasar mucho tiempo hasta que nos demos cuenta de lo que esto significa. Los niños muy pequeños, como los animales, son naturales y no pueden evitar ser auténticos. El ser humano autoreflexivo puede elegir ser otra cosa distinta que sí mismo. De ahí la angustia del autoconocimiento.

A veces podemos pensar que hubiera sido mejor no darnos cuenta de que existimos, pero es igual, porque, una vez que lo sabemos, no hay marcha atrás. La única salida está hacia adelante. La autoconsciencia es el árbol del Bien y del Mal de que habla la Biblia, y el pecado original es la duda que surge al reflexionar sobre uno mismo. Es en esta reflexión cuando descubrimos que podemos elegir entre sentimientos, entre ideas, entre cursos de acción, entre estados físicos. Puedo elegir programarme de una manera determinada, entrenar ciertas funciones y otras no. También puedo fraccionarme, romper y alejar de mí los aspectos de mi ser que me molestan, que me comprometen o que no quiero aceptar. El niño o niña inicial sufre todo entero. Pero, al desarrollar su capacidad de reflexión, puede dividir su consciencia ante los traumas, los conflictos y los acontecimientos insoportables, escondiendo lo que de momento no puede controlar. Los bloqueos y las divisiones internas son el precio del autoconocimiento. La evolución continúa en cada uno de nosotros, y requiere tiempo y esfuerzo personal. Hay un momento en la infancia durante el que vivimos la vida en directo, en reacción automática con todo lo que nos ocurre, archivando y procesando información a un ritmo acelerado, pero respondiendo a ella sin particular creatividad, siempre de manera instintiva (preprogramada) o hetero-aprendida (lo que nos han enseñado). Nuestra enorme capacidad de aprendizaje nos hace descubrir estrategias cada vez mejores para conseguir que nos den lo que queremos, pero, aunque lo hacemos mucho mejor que el más inteligente de los chimpancés, no somos verdaderamente humanos hasta alcanzar la autoconsciencia y descubrir que tenemos una mente propia, distinta de la de los demás. Es entonces cuando empezamos a hacer un uso personal de la razón y a construirnos un mundo interno personal, en el que podemos guardar secretos, valorar experiencias, trazar planes para el futuro y predecir la conducta ajena. A partir de ahí somos, para bien y para mal, conscientes de nuestra existencia y de nuestro poder para modelarla.

EJERCICIO DE COMPROBACIÓN. Busca un lugar tranquilo, sin mucho ruido y en el que puedas desentenderte de todo lo que te rodea. Siéntate cómodo y cierra los ojos. Observa lo que viene a tu mente. Da igual lo que sea, sólo observa, sin intervenir. Puede que te venga la cara de alguien, o un movimiento de sombras y luces, o el recuerdo de algo que tienes que hacer o quizá las páginas de este libro. No te pongas nervioso, no hay que hacer nada, sólo observar.

Si todo ha salido bien, lo que has percibido es un pequeño panorama de tu mundo interior . Es muy posible que no hayas podido observar mucho rato sin intervenir, esto es, sin opinar sobre lo que te viene a la mente, sin criticar y sin juzgar. Pero, si lo haces algunas veces más, te darás cuenta de que hay un funcionamiento mental interno que es automático, que tiene lugar por si mismo sin que tu tengas que forzar nada. Los ensueños diurnos y los sueños nocturnos son paseos por el mundo interior. No te aconsejo que te dediques a soñar despierto, porque esa no es la mejor manera de utilizar el enorme poder de tu cerebro. Pero si puedes empezar a practicar este ejercicio de vez en cuando, quizás antes de dormirte por la noche, en los breves minutos que pasan entre estar despierto y estar dormido. No hay que forzar nada, se trata sólo de percibir el panorama interno, acéptalo tal como viene, hasta que te quedes dormido.

La conquista de la felicidad.

LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD ES LA CONQUISTA DE SI MISMO. EL SENTIDO DE LA VIDA ES LA VIDA MISMA. NO HAY NINGÚN OBJETIVO PREDETERMINADO QUE TENGAMOS QUE ENCONTRAR, SE HACE CAMINO AL ANDAR. CONSTRUIMOS NUESTRA VIDA SEGÚN VAMOS DESARROLLANDO LOS TALENTOS CON LOS QUE HEMOS NACIDO. (SI TE PARECE QUE VAS DEMASIADO DESPACIO, NO TE PREOCUPES: ES PEOR IR DEMASIADO DEPRISA Y ENCONTRARSE SIN NADA QUE HACER)

Hace más de dos mil años, el sabio griego Aristóteles examinó las distintas formas de buscar la felicidad y acabó concluyendo que la más eficaz y segura de todas es el ejercicio y la aplicación de las funciones más específicamente humanas. En mi opinión, la tarea más importante es la unificación de la consciencia, pero es cierto que tenemos que cultivar nuestra mente para poder ponernos de acuerdo con nosotros mismos, llegar a ser quien podemos ser y estar a gusto con nuestra vida.

Para quien se encuentra en una situación de crisis, acoso o amenaza, escapar de esas circunstancias es el más importante de los objetivos. El filósofo inglés Bertrand Russell ha señalado que no es posible sentirse desgraciado mientras uno está intensamente ocupado en algo, como, por ejemplo, luchar valientemente contra circunstancias adversas. El problema surge cuando uno tiene tiempo para comparar su estado actual con otro imaginario más agradable y satisfactorio. Aparece así el descontento, se agrava la fragmentación de la consciencia, y, si no ponemos solución a tiempo, podemos ir retrocediendo a estados mentales infantiles, con una renuncia progresiva al poder personal que conquistamos al dar el Primer Paso. Sólo haciendo operativa la aspiración hacia algo mejor que nuestro estado actual podemos conservar nuestra integridad, superar la adversidad y persistir en nuestro primer logro importante: La fe en nosotros mismos. Victor Frankl, Catedrático de psiquiatría de la Universidad de Viena y superviviente de los campos de concentración de la segunda guerra mundial, llamó a esta determinación "voluntad de sentido" y descubrió que su pérdida conduce a la neurosis, disminuye la adaptación al estrés y acaba quitando todo el interés por la existencia. Dedicarse plenamente a la persecución de objetivos personales con la seguridad de alcanzarlos es el más eficaz antídoto contra la pérdida del sentido de la vida.

Algunas de las personas más angustiadas que he conocido no tenían ninguna razón para ello, eran personas en cuya vida todo estaba bien, excepto que ellas estaban mal. Un problema común en estos casos es la falta de un sentido de propósito o, en términos de Frankl, el fracaso de la voluntad de sentido. Las razones de este fallo varían, aunque generalmente consisten en una combinación de ignorancia, educación errónea, experiencias vitales contradictorias y pura mala suerte. Un caso especial es la renuncia activa a tomar posesión de si mismo como medio para forzar a que otra persona lo haga. Siempre que he estudiado este fenómeno con alguno de mis pacientes, hemos acabado descubriendo un sentimiento profundo de falta de amor, combinado con una firme determinación a no progresar hasta que esa necesidad quede satisfecha. En cierta forma, parece razonable negarse a tomar posesión de la propia vida hasta no tener bien clara la sensación de haber sido aceptado de manera incondicional, es decir, sin haber hecho nada para merecerlo. Después de todo, todos hemos nacido sin que nadie nos pidiera nuestro consentimiento, y es lógico esperar que alguien se responsabilice de esa ocurrencia. La vivencia del amor básico es tan importante que, cuando se hecha en falta, la vida se convierte en una insatisfacción permanente, entregada a la búsqueda de ese amor que ningún otro logro puede compensar. Si percibes en ti algo de esto, te diré que la aceptación incondicional o amor básico es una sensación propia, que tienes que encontrarla en ti mismo y que, hagas lo que hagas, no puedes forzar a nadie a que te quiera de esa manera - aunque mucha gente lo hace cuando menos te lo esperas . Cierto es que el sentimiento de amor tiene que ser inducido por otra persona, pero, una vez que lo tienes, sólo tú puedes mantenerlo. Nadie te quiere de manera perfecta durante todo el tiempo ni en cualquier condición. Hasta con la madre más amante hay cortes, interrupciones, bloqueos.

Si repasas toda tu vida, siempre acabarás encontrando momentos en los que has sentido la aceptación positiva incondicional de alguien. Si no los hubiera habido, no estarías ahora leyendo esto, ni ninguna otra cosa, porque el amor es tan necesario para la vida como el aire, el agua y la comida. También es verdad que ha habido otros momentos en los que esa sensación te ha faltado dolorosamente, pero no te fijes en ellos ahora. El amor perfecto es la aceptación incondicional. Su aprendizaje es como el del abecedario. Parece muy difícil al principio, andas saltando de letra en letra, convencido de que te estás perdiendo algo, pero sin tener ni idea de que va la lectura. Pero una vez que te lo sabes, ya no se te olvida nunca. Sin embargo, como a leer, hace falta que alguien te enseñe el amor básico.

En una sesión de psicoterapia de grupo, Anabel interrumpió, bastante enfadada, mi rollo habitual sobre nuestra capacidad para superar circunstancias adversas:

"Vale, supongamos que me lo creo, eso de que uno puede construir su vida como quiera y tal. Pero, ¿qué pasa si yo no quiero cambiar las cosas? Yo no quiero tener ese poder"

Me quedé perplejo. Nunca había pensado en esa posibilidad. Sin embargo, otros miembros del grupo la entendieron muy bien y se mostraron totalmente de acuerdo con ella. Enseguida comprendí porque llevaban tanto tiempo tan mal y porque se habían vuelto tan incurables. En su búsqueda por una identidad personal se habían rebelado contra el Primer Paso: No querían ser dueñas de sus vidas. Pasamos algunas sesiones dando vueltas al tema, y, en relativamente poco tiempo, el crecimiento del grupo fue asombroso. Hablamos de los sentimientos de ineficacia, de la injusticia de tener que vivir sin haber sido consultada, de la rebelión ante tener que ganarse el amor o tener que hacer algo para sentirse querida... Descubrimos la importancia de la consideración positiva incondicional y la necesidad de ser aceptada por que si, sin ninguna razón, nada más que por existir… Poco a poco, todas fueron encontrando en si mismas el rescoldo de ese sentimiento y dándose cuenta de que negarse a si mismas y pretender ser otra persona no es el mejor camino para sentirse querida. Primero hay que aceptarse a si mismo, de manera total e incondicional, y después, ya veremos que posibilidades de crecimiento, ampliación y desarrollo existen. El sentido de la vida es la vida misma. No es lo que te dan, ni lo que te pasa, ni lo que consigues, sino como diriges tu vida. La vida en si es lo que importa, y tu vida es tuya. El efecto terapéutico de su decisión de vivir fue portentoso y sigue siendo permanente. Llegamos así a formular un principio que cambió sus vidas, de la misma manera que cambió la mía cuando yo era muy pequeño y cambiará la de todo aquel que la adopte:

Una vez que aceptas que tu vida es tuya, sabes que puedes dirigirla, y decides que quieres hacerlo, ya todo lo demás es fácil.

EJERCICIO DE COMPROBACIÓN.

Ve a tu lugar tranquilo, y siéntate cómodamente. La mejor postura es la más sencilla, en un sillón no muy bajo, con la espalda bien apoyada, los pies bien puestos en el suelo, los brazos apoyados sin esfuerzo a los lados. Afloja los hombros y el cuello. Cierra los ojos. Según percibes tu mundo interior, se consciente de la sensación de existir. Dirige toda la aceptación y consideración positiva incondicional que hay en ti a esa sensación. No discutas ni te enfades ni exijas nada, sólo descubre todo el amor básico que hay en ti.

¿Qué tal? Es mejor no hacerlo durante mucho tiempo seguido, unos pocos minutos bastan, pero puedes repetirlo de vez en cuando. El amor básico es una sensación que todos tenemos en algún sitio, todos lo hemos sentido alguna vez. También hemos sentido lo contrario, pero no te ocupes de eso. Si eres de los que les cuesta levantarse por las mañanas, ese es el mejor momento para hacer este ejercicio de comprobación. Intentar seguir dormido cuando es hora de levantarse suele indicar una insuficiencia de cariño, y es una buena idea empezar el día recordando la sensación de amor básico.

El Poder y la Fuerza

"Estamos sumergidos en un medio espiritual sin el cual no podemos vivir, como no podremos vivir sin el universo material, esto es, la tierra y el aire" (Alexis Carrel)

Mientras escribo esto, mis hijos están haciendo surf en las playas salvajes de Lanzarote. Las olas son enormes, inmensas masas de agua elevadas por fuerzas que no comprendo, sometidas a poderes que todavía entiendo menos. Pero los surfistas tienen una técnica. Saben como subirse encima de la ola y aprovechar todo su ciego empuje para dirigirse hacia donde quieren, como si cabalgaran un pony doméstico. Supongo que esto es lo que les gusta tanto, la sensación de dominio sobre la naturaleza. Cierto es que se dan más de un revolcón, pero eso sólo les sirve de estímulo para perfeccionar su técnica, aumentando su motivación para mejorar el equilibrio y aplicar la fuerza de sus músculos con mayor destreza.

La técnica no consiste en máquinas y aparatos, sino en procedimientos descritos, repetibles, enseñables, cuya secuencia acaba en la obtención de un fin deseado. Hay técnica para todo. Su opuesto es actuar como a uno le parece, según le sale o como se le ocurre. Un poco mejor es actuar de manera tentativa, por ensayo y error, "a ver si sale". La técnica da seguridad en la acción y permite desinterés y desapego por el resultado. Puede ser rígida y constrictiva, o puede tener cierta holgura para la improvisación creativa. Eso es la técnica: un procedimiento estandarizado para controlar y regular un proceso. Es la técnica lo que nos da el poder sobre los acontecimientos, naturales o artificiales, espontáneos o provocados.

Una de las propiedades esenciales de toda técnica es que tiene un objetivo, es decir, que se aplica para algo. Cada técnica es un regalo de aquellos que la descubrieron, de los que la perfeccionaron y, finalmente, de quienes te la enseñaron. Es un regalo sagrado, porque trasmite lo mejor de una cadena de personas dedicadas al perfeccionamiento de la humanidad. Por eso hay que ejercerla con respeto y corrección. Pero, por otra parte, ninguna técnica tiene sentido por sí misma, sino sólo en función de aquello que se pretende conseguir con ella. Ha de ser practicada hasta poder prescindir de ella, sabiendo que está destinada a disolverse en nuestra personalidad hasta desaparecer. Así es como se adquiere y se acumula el poder personal, que es cuestión de esfuerzo, técnica, correcta secuenciación de objetivos, aprendizaje y cooperación.

Tomar postura a favor de la creatividad y de la expresión personal, de la afirmación de uno mismo y de la responsabilidad por la propia vida permite un enfoque activo frente a los problemas y la construcción personal del sentido de la vida. Su parte mala es el orgullo y la exagerada independencia del resto del universo, que llevan a la separación, a la soledad y a la confusión entre rebelión y autoafirmación. Hay fuerzas que se nos escapan, y es mejor no oponerse a ellas. Por eso el sabio se aparta de los toros en estampida, busca cobijo en la tormenta y observa atentamente la muralla, hasta encontrar un resquicio para pasar; el necio, por el contrario, se pone delante del toro, maldice al rayo y se pega cabezazos contra las paredes que obstruyen su paso.

Nuestro Universo esta dominado por fuerzas enormes e incomprensibles que generan fenómenos sorprendentes, desde el cambio climático hasta la subida de los tipos de interés, pasando por los caprichos de nuestra bioquímica cerebral o el inevitable envejecimiento de nuestro cuerpo. Estamos acostumbrados a vivir sin plantearnos nuestra posición en este entramado de energías e intereses. Cuando las cosas se ponen tan mal que necesitamos urgentemente un cambio milagroso para sobrevivir, llegamos con frecuencia a la alarmante conclusión de que nuestro poder personal es minúsculo, angustiosamente insuficiente. Pero, por pequeño que sea, existe. Paradójicamente, la humildad es lo que nos permite valorar nuestro poder. "Mientras hay vida, hay esperanza" quiere decir que, simplemente con estar vivos, ya tenemos poder suficiente para cambiar las cosas.

Es en las situaciones desesperadas cuando más conscientes somos de que existe una Fuerza ajena a nosotros, que viene por sí misma, que no podemos controlar y que nos supera, hagamos lo que hagamos. Todas las culturas han reconocido este Poder Superior, al que siempre han dado un nombre sagrado como Divina Providencia, Consciencia Universal, Principio Supremo… También podríamos decir que es la suerte, pero la actuación y los efectos de esa Fuerza son tan consistentes que es difícil negarles la estructura y la sistematización que generalmente atribuimos a entidades personales. "Si Dios no existiera, habría que inventarlo", dijo Voltaire, un pensamiento cínico, pero sin duda acertado. Desde otro punto de vista, Alexis Carrel, premio Nóbel de Medicina, afirmaba que cultivar el sentido de lo sagrado es tan importante como cultivar la inteligencia. El poder personal se construye con esfuerzo, y la inteligencia bien aplicada es un buen ejemplo de ello. La Fuerza aparece por que si, no requiere ningún mérito especial, es incondicional, incomprensible e incontrolable. El sentido de lo sagrado nos permite percibirla, pero necesitamos mucho poder personal para saber como relacionarnos con ella. El amor a la Naturaleza, la meditación en silencio y, en general, una actitud serena y confiada nos hace más receptivos al espíritu del Universo y más susceptibles a recibir su ayuda.

 

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Acoso Moral