Antonio París: El mobbing afecta
a los mejores profesionales, a los más honestos
PATRICIA HERMIDA FERROL
Antonio París, presidente. de Asoc. Gallega contra
el Acoso Moral en el Trabajo
OTO: Gallego
Tras una dura experiencia como víctima del mobbing,
en sus últimos años laborales, Antonio París
entró en la Asociación Gallega contra el Acoso
Moral en el Trabajo. Allí no sólo tuvo que
librar una batalla por su recuperación personal sino
también tender la mano a todos los que pasan por
un trance similar. Hace un año que defiende como
presidente de Agacamt los derechos de los que han sufrido
la violencia laboral.
La consolidación de su entidad no fue nada fácil.
Se fundó en 2001 a raíz de un artículo
en el diario El País. Pasamos por períodos
de adaptación y altibajos. Somos personas acosadas,
con secuelas psicológicas y muy sensibles. Pero ahora
logramos una mayor consolidación, sobre todo ante
el disparo de las denuncias.
¿A qué se debe ese incremento?
Recalquemos que no sube el número de casos, sino
de denuncias. La gente identifica su problema con la definición
dada en los medios de comunicación. Y nosotros asesoramos
y guiamos a las víctimas.
¿En qué estado llegan las víctimas
a la asociación?
Al principio no saben reconocer que sufren mobbing. Cuando
deciden consultar su problema, el acoso ya ha llegado lejos.
En muchos casos, ya se encuentran en una baja laboral prolongada.
Y sólo llevamos el 10% de los casos a los juzgados,
porque su estado psicológico no es bueno y resulta
difícil lograr pruebas importantes. Como alternativa,
buscamos una pensión.
Y, ¿cuál ha sido hasta ahora la posición
de los jueces?
De momento, dan la razón a las empresas. Según
un estudio realizado en Barcelona, en España los
tribunales superiores conceden un 30% de sentencias favorables
a las víctimas. Pero el porcentaje sólo beneficia
en un 2% al denunciante en el caso de Galicia. Aquí
tenemos una sociedad más conservadora, sobre todo
en las instituciones.
¿Hay profesionales más proclives a sufrir
mobbing?
Existen ciertos mitos: se dice que el acoso es denunciado
por gente que no quiere trabajar o que busca bajas por depresión
fraudulentas. Pero estadísticamente sufren mobbing
los mejores profesionales, los más honestos. Se encuentran
con un entorno laboral con una ética inferior a la
suya, no se adaptan y su entorno los rechaza.
¿Se necesitará una mayor concienciación
social, como ya ocurrió con la violencia de género?
Lo creemos así, aunque nosotros no contamos con
las pruebas de violencia física o incluso de muertes.
Pero el acoso puede llevar a una muerte psicológica
de un modo muy lento, tras un deterioro muy grave. No es
apreciable, y puede manipularse achacando a la víctima
ser rara o conflictiva.
En una situación más complicada se encuentran
las mujeres.
En más de un 70% de los casos de acoso laboral las
víctimas son mujeres. Si una mujer es competente
y no encaja, se crea un entorno aún más hostil.
Tenemos situaciones muy graves, como la vivida por una trabajadora
del Club de Campo de Ferrol que sufrió el acoso de
un directivo. Y a veces el mobbing llega después
del acoso sexual. En un supermercado de la comarca, el encargado
dijo a sus empleadas en una cena que sólo se les
renovaría el contrato si se acostaban con él.
Denunciaron la situación. Un juez sustituto consideró
que no existía delito. Pero un magistrado titular
tipificó los hechos como atentado.
Entre los sectores más afectados están
los funcionarios y la Armada.
La administración y el Ejército cuentan con
estructuras rígidas. Además, al régimen
militar se añade que las autoridades no comprenden
que el personal civil no debe seguir sus criterios.
¿Cómo sabe una persona que sufre acoso
moral en el trabajo?
Como síntoma está el síndrome ansioso
depresivo. Al principio, el paciente nota algo raro y se
autoculpa. En un entorno pequeño sufre desde insultos
hasta empujones. En las empresas grandes, el acoso es sutil
y echa mano de las calumnias, de detalles pequeños
que te merman. Muy pocos compañeros te apoyan. Los
testigos mudos no se meten, y los que ambicionan tu puesto
te darán zancadillas.
¿Hay un perfil del acosador?
Es una persona muy egocéntrica, sin escrúpulos
ni ética personal, carece de empatía y sólo
quiere escalar posiciones sociales. Tiene una doble fachada:
será encantador con los que le puedan ayudar y se
sacará la careta cuando se convierta en impune.
¿Las secuelas no se curan?
Quedan de por vida. La persona nunca vuelve a ser la misma,
aunque puede salir fortalecida. Si pides ética en
tu trabajo, te pueden aplicar la Ley del Talión.
A veces es más fácil taparte los ojos, el
precio es muy alto.
Extraído de
http://www.elcorreogallego.es/index.php?option=com_frontpage&Itemid=1&idNoticia=41820