Entrevista a Francesca Comencini
Denuncia, solidaridad y testimonio
Encuentro en París con la realizadora italiana con
motivo de la salida francesa y belga de Jaime travailler
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por Fabien Lemercier
23 marzo 2005
De paso en París para la salida de
su última película, Jaime travailler,
Francesca Comencini describe la génesis de su largometraje
consagrado al acoso moral en la empresa. Un tema
difícil que la realizadora eligió rodar en
condiciones próxima al documental y en un espíritu
de testimonio. Una ocasión también de mencionar
sus proyectos y de lanzar un llamado a los coproductores
europeos.
Cineuropa: ¿Por
qué Ud. eligió tratar el tema del acoso moral
en la empresa?
Francesca Comencini: Al principio,
se trataba de una curiosidad, entender este mecanismo del
que me había propuesto hablar, saber si existía
de verdad y cómo se desarrollaba. Ya que este proceso
de aislamiento, de demolición progresiva de la personalidad
de alguien dentro de su trabajo es una mezcla de componentes,
a la vez económicos, sociales y humanos, que es muy
interesante, un poco misteriosa, inquietante, por lo tanto
un buen tema de cine. Es un ángulo de ataque que
permite hablar de un determinado número de cuestiones
de tipo socioeconómicas a través de la emoción
y de un registro cinematográfico, y salir de la simple
denuncia. Ya que es un problema que afecta la intimidad
de la gente. Es también una película solidaria
con las mujeres que trabajan, con las madres sobre todo.
Las mujeres con quienes me entrevisté me contaron
historias increíbles que yo endulcé. Debido
a la influencia religiosa, Italia es un país que
se construye sobre el mito de la maternidad, de la familia.
Darme cuenta que en este país, se trata a las madres
de este modo, me escandalizó verdaderamente.
¿Cómo decidió abordar
el rodaje?
Saqué partido de mi experiencia de documentalista.
El mundo del trabajo cambió y ya no es representado
en el cine italiano. Sabía que no tendría
medios financieros, ni incluso la capacidad de reproducir
completamente en el modo ficticio algo que precisamente
se conoce poco: lo que pasa en las oficinas, en la empresa.
Toda la película es una alianza de condiciones económicas
y elecciones cinematográficas. Decidí rodar
en una verdadera empresa en Roma en la cual se nos concedieron
algunas oficinas vacías, pero la gente seguía
trabajando al lado y a menudo nos hemos infiltrado en ese
verdadero trabajo. El guión y los diálogos
no estaban escritos. Recurrí a actores no profesionales
contratados gracias a los sindicatos y que nos aportaron
sus propias experiencias, el lenguaje de la empresa. Intenté
poner juntos una especie de documental sobre una empresa
de hoy y una ficción sobre la vida emotiva e íntima
de esta mujer.



Anna, su personaje principal, vive casi
en autarquía.
Es una sola mujer. En la actualidad, la organización
del trabajo entrena la soledad, a una parcelación
de los seres que dificulta la solidaridad y la toma de conciencia
colectiva y política. Es un gran cambio con relación
a la imagen y al mundo del trabajo. Anna es el equivalente
de una obrera de antes, su salario y su estatuto la colocan
en la parte más baja de la escala. Pero las obreras
de antaño tenían camaradas, un estatuto muy
preciso, mientras que la gente ahora está muy sola
en esta nueva organización del trabajo. Por otra
parte, una mujer que educa sola a su hija con un salario
muy bajo y que debe alojarse, alimentarse, vestirse, en
una ciudad como Roma no tiene los medios de salir adelante.
Ella está un poco replegada sobre su hija pero es
una característica que toma la vida de toda mujer
que educa sola a sus niños.
¿Cuál fue la contribución
de Nicoletta Braschi?
La idea estaba muy clara: una única actriz profesional
y todo el resto del reparto compuesto de no profesionales.
Con, sin embargo, mucho rigor ya que era una elección
aventurada. Deseaba tener a Nicoletta Braschi por razones
puramente artísticas. No esperamos tener las financiaciones,
con 400.000 euros de presupuesto nadie fue pagado, excepto
por haber participado. Quería hacerlo como una película
de cine, y también como una película testigo,
en un corto plazo de tiempo y con una economía y
una ligereza próxima al documental. Recogí
testimonios para un mini documental que prácticamente
ofrecí a los sindicatos, luego tuve una especie de
impulso y decidí hacer la película, recurriendo
a amigos técnicos disponibles para venir a trabajar.
Ellos también fueron compensados solamente por su
participación. Estaba rodeada de gente de gran calidad
como el director de la fotografía más importante
actualmente en Italia.
¿Cuál es su próximo
proyecto?
Escribí un guión con Erri de Luca, una adaptación
de su novela Monte di Dio, una fábula muy realista
que se desarrolla en las calles de Nápoles. Pero
en Italia, todas las puertas de los productores se cerraron
ante nosotros. Entonces estoy escribiendo una nueva historia
que espero llegar a montar. Creo que el cine italiano y
europeo no son el cine americano y que deben dejar de intentar
serlo. El cine italiano fue muy grande cuando fue artesanal,
particular, diferente, inclasificable. No se puede ponerlo
en los sectores de la comercialización de hoy. Por
lo tanto es la lógica que reina actualmente con las
financiaciones públicas concedidas a los proyectos
que ya recibieron dinero de las cadenas de tele, que ya
hicieron entradas. Sin embargo, hay, y es milagroso, formas
de resistencia, películas espléndidas en cuanto
a la creatividad. Paradójicamente, el tiempo es más
bien condescendiente con estas pequeñas joyas aisladas
y formidables.
Biografía
Nacida en 1961 en Roma, Francesca Comencini es la hija
del famoso realizador Luigi Comencini. Pasa a la realización
con Pianoforte en 1984 y obtiene el premio De Sica en el
festival de Venecia. Participa a continuación en
las películas de su padre como guionista de Un enfant
de Calabre (1987) y La Bohême. Casada con Daniel Toscan
du Plantier, se instala en Francia donde realiza el rodaje
en 1988 y 1991 de i>La lumière du lac y Annabelle
partagée. Después de haberse alejado algunos
años del cine para consagrarse a sus tres hijos,
vuelve por medio del documental en 1997. Luego firma Zeno,
le parole di mio padre, seleccionada en 2001 en la sección
Un Certain Regard del festival de Cannes, antes de comprometerse
en el terreno del cine político y social con dos
documentales sobre el G8 de Génova, la obra colectiva
Un altro mondo è possibiley Carlo Giuliani, ragazzo
que trata de la muerte de un joven manifestante provocada
por un policía. Una vena social que explora de nuevo
por medio de la ficción en Mi Piace lavorare (2004).
Filmografía
2004, Mi Piace lavorare
2003, Firenze, il nostro domani, documental
2003, Carlo Giuliani, ragazzo , documental
2001, Un altro mondo è possibile, documental colectivo
2001, Zeno, le parole di mio padre
1997, Shakespeare a Palermo, documental
1997, Elsa Morante, documental
1991, Annabelle partagée
1988, a lumière du lac
1984, Pianoforte
http://www.cineuropa.org/interview.asp?documentID=51046&lang=spa