Las
personas que profundicen en los eneagramas, se verán reflejadas
en todos los tipos, ya que todas ellas no sólo pertenecen
a un tipo, sino a la especie humana. Toda persona pertenece prioritariamente
a un Tipo. En segundo lugar, tiene características de un
Tipo colindante. Cuanto más profundice en el desarrollo
de su personalidad, mejor podrá experimentar también
las posibilidades de otras estructuras.
Ningún
lector puede ni debe identificarse plenamente a sí mismo
ni a otras personas con un Tipo
Ningún
tipo es mejor ni peor que otro. Todos tienen su propia manera de
ser, sus dificultades y posibilidades específicas. Y por
ello todos los Tipos son indispensables para la sociedad.
Cada
Tipo tiene un problema fundamental. Reconocer este problema, percibir
su estructura y el curso de sus efectos, es una tarea necesaria
del trabajo personal con los eneagramas. Resulta que en cada problema
fundamental reside ya el germen de la posibilidad fundamental. Y
a cada Tipo le pertenece una resistencia específica contra
el desarrollo de su personalidad.
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RESISTENCIA
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TIPO
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Problema
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Posibilidad
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debo
hacer lo correcto
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REFORMADOR
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debo
ayudar al prójimo
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ALTRUISTA
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debo
tener éxito
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GANADOR
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debo
ser especial
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ROMÁNTICO
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debo
mantenr las distancias
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OBSERVADOR
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debo
cumplir con mi deber
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LEAL
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debo
ser feliz
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OPTIMISTA
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debo
ser fuerte
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LÍDER
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debo
vivir en armonía
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CONCILIADOR
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Experimentar
un tema de fondo de manera unilateral es signo de represión
de las propias verdades, tanto las verdades positivas como las que
son consideradas negativas. Profundizar en el tema de fondo, que
se ha convertido en la resistencia contra el desarrollo personal
del ser humano, es una tarea fundamental.
La
motivación y el significdo del eneagrama es proporcionar
instrumentos que ayuden a las personas para que puedan conocerse,
aceptarse a sí mismas, a los demás y aceptar también
todo cuanto les rodea, es decir, a la vida en su totalidad.
EL
REFORMADOR
El
Reformador adulto se pone en camino y muy pronto tiene la
impresión de que podría haber hecho un paseo
más interesante. Pero se adapta de inmediato para
afrontar la caminata. Camina con determinación, pero
sin prisa aparente.
A
veces se queda quieto para ver algo que le conmueve profundamente:
observar un águila que vuela hacia el sol. A veces
se detiene, porque ha descubierto un bache grande o una
grieta. Los observa durante un segundo y piensa que podría
comunicarlo a la autoridad competente. (...). Cuando por
la noche se pone a descansar recuerda ante todo las imágenes
bonitas a las cuales prestó atención.
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EL
ALTRUISTA
Cuando
el Altruista adulto sigue su camino, se alegra de que otros
le acompañen. Sabe observar la belleza y le gusta
que los demás también se fijen en ella. De
vez en cuando también sigue el camino en soledad.
Si
el camino resulta demasiado difícil para uno de los
que le acompañan, él está dispuesto
a ayudarle en la medida en que sea necesario. Si alguien
dijera algo inconveniente al que tiene un problema, es posible
que el Altruísta le parara los pies. El Altruista
cae bien a los demás, porque tiene una actitud abierta
con ellos sin resultar una carga. Es una persona cariñosa.
Al
final del camino insistirá en que el grupo no se
separe sin antes celebrar una pequeña fiesta.
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EL
GANADOR
El
Ganador adulto está preparado para emprender el camino,
ya que desea que se convierta en toda una experiencia para
él. También le gusta estar acompañado
por otras personas para compartir con ellas su alegría.
Si
la mañana se presenta lluviosa, nuestro caminante
no se mostrará sombrío, sino que observará
si el cielo le ofrece alguna esperanza de que salga el sol.
Si surgen dificultades, no dejará que éstas
le desanimen. Reflexionará e intentará extraer
lo mejor de la situación a la cual se debe enfrentar.
Pero
si la caminata fuera agradable como se había previsto,
demostrará su satisfacción con palabras y
gestos. Además, quienes sean testigos de su alegría,
no podrán evitar contagiarse de su alegía
de vivir.
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EL
ROMÁNTICO
El
Romántico adulto sólo se une por momentos
al grupo de caminantes. Pero cuando está en su compañía,
canta con una sonrisa las mismas canciones que ellos cantan
a plena voz caminando por el paisaje. De vez en cuando da
una palmadita a la espalda de aquellos que caminan cerca
de él y les enseña una planta maravillosa
en cuya belleza no habían reparado.
Luego
siente la necesidad de estar solo de nuevo para apreciar
la belleza en calma y dejar que actúe sobre él.
A veces, cuando el sol se pone, ya no presta atención
al camino y se encuentra totalmente ensimismado. En ese
momento ninguno de los que le acompaña se atreve
a perturbar su calma. Parece desprender algo que impone
respeto, incluso más que eso. Es que él es
un caminante especial.
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EL
OBSERVADOR
El
Observador adulto ha observado con detenimiento el camino
a seguir y es probable que lo conozca ya de antemano. Le
gusta unirse a los que le acompañan en su caminata.
Es cordial con ellos y le complace su presencia. Sin embargo,
valora mucho estar solo de vez en cuando, sobre todo cuando
el camino se pone interesante, cuando se le brinda la oportunidad
de descubrir nuevas cosas. Entonces el observador se toma
cierto tiempo para observarlo todo detalladamente, lo cual
le produce una gran satisfacción. Por ello, se alegra
de vivir en este mundo.
Si
surgen dificultades, mantiene la calma, reflexiona y alienta
a los demás con sus conocimientos. Pero no será
él quien les proporcione la ayuda que precisan. Si
al despedirse los demás empiezan a intercambiar direcciones,
no será él el primero en ofrecer la suya.
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EL
LEAL
Al
Leal adulto pocas veces lo veremos solo durante la caminata;
le resulta natural estar con los demás. Les transmite
el sentimiento de ser una gran familia. Es una persona que
gusta a todos y es fácil acceder a él. Todos
tienen la impresión de que la caminata será
una buena experiencia si él les acompaña.
Si
alguien se hace daño en el pie y debe volver, es
probable que el Leal sea quien le acompañe gustoso
durante el camino de vuelta.
Si
el grupo se volviera a reunir y a él le resultara
imposible asistir, lo que es muy poco probable de imaginar,
le echarían mucho de menos.
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EL
OPTIMISTA
Al
llegar al punto de encuentro, se le reconoce fácilmente
por su ropa de colores vivos. No cuestiona el camino que
los demás han decidido; piensa que tendrán
buenas razones para ello.
Todo
lo que encuentra en el camino le apasiona. El buen humor
del grupo, las flores en las pendientes, el vuelo del águila,
la alegría le contagía de tal manera que no
puede por menos de caminar, cantar y gritar de alegría
con los brazos abiertos.
Si
una fuerte tormenta asustara a los demás, a él
le entusiasmaría, pues, además de la diversión
que puede experimentar en esta caminata, sería testigo
de ese gran espectáculo de fuegos artificiales. Y
no pensaría que tal acontecimiento celestial les
deparara algún peligro.
Si
por la noche, los demás se muestran cansados y prefieren
irse a dormir, insistirá al máximo para que
por lo menos bailen una última canción.
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EL
LÍDER
El
Líder camina solemnemente, lleno de fuerza y ganas
de vivir, algo que transmite al grupo. A veces mira atrás
para ver si los demás le pueden seguir. Si decide
entonar alguna canción, los demás se mirarán
disimuladamente con diversión por la gran potencia
de su voz.
Cuando
el grupo llegue a un arroyo, algo que complace enormemente
al Líder, se dedicará a ayudar a quienes no
se atreven a cruzarlo y les llevará uno tras otro
hacia el otro lado. Cuando el grupo esté descansando
al pie de una montaña, él seguirá caminando
solo hacia la cima y cuando llegue, les lanzará un
potente grito producto de su felicidad.
Los
demás le tienen mucho respeto. Si alguno de ellos
más tarde tuviera que tomar alguna decisión
de gran trascendencia, llamaría al Líder aunque
éste siempe mantuviese las distancias con él
durante la caminata.
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EL
CONCILIADOR
Casi
siempre le vemos caminar en el centro del grupo. De él
emana una gran calma y siempre tiene una actitud abierta
frente a todo, sea lo que sea. Si el día se presenta
lluvioso, se pondrá una capucha y disfrutará
igualmente de la caminata.
A
veces no puede evitar despegarse del grupo para ir a ver
ese valle escondido de la montaña. pero como sabe
que los demás le echarán de menos, no permanece
demasiado tiempo en su sendero solitario.
Si
se produce una disputa en el grupo, escuchará primero
a los implicados con atención. Luego mediará
en el conflicto, pero con pocas palabras. Pero si alguien
se comporta de manera injusta, a los demás les estrañará
la severidad y claridad con la que reprende esta acción.
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Estractos seleccionados por M. Parés del libro "Los
9 Rostros del Alma" de Uwe Böschemeyer.
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