HACIA ORGANIZACIONES SIN VIOLENCIA LABORAL *
|
HACIA ORGANIZACIONES SIN VIOLENCIA LABORAL
Entiendo que la invitación corresponde a mi doble circunstancia de consultora y docente. Eso me coloca en dos posiciones privilegiadas para tratar con el tema: miro con ojos de médico allí donde duele, y hago campaña preventiva en el aula, antes del casi irremediable contagio. No es trivial que las metáforas sean del ámbito de la salud. Es que el sufrimiento laboral ya tiene características endémicas, produce locura y, en un extremo, mata. Y lo digo de muchas maneras: mata sueños, mata posibilidades, quiebra alas, asfixia. Por esa razón, por su gravedad, el tema fue ganando espacio en mis clases, adquiriendo todas las formas de estudio que nos permitieran salir al cruce de estas cuestiones. De todas las materias que dicto para el último año de la Licenciatura en Administración en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Dirección General es especialmente estratégica, dado que es cuando se espera que les trasmitamos a nuestros alumnos los conceptos integradores de todo lo visto. Es importante aclarar que a nuestras aulas concurren los futuros directivos de las empresas. De allí salen a razón de miles los dirigentes a cargo del país. Es la Facultad más frecuentada del mundo, con 60.000 estudiantes inscriptos cursando. Es decir, que lo que allí se forma es buena y significativa parte del futuro de la Nación. Por lo tanto, cuando miro cómo nos va, me pregunto qué estamos haciendo tan mal los formadores. Hay una anécdota en mi vida que me subrayó todas estas preocupaciones. Hace un par de años atrás, se vivió una escena de violencia en clase, que nos dejó a todos consternados. Como yo me quedara muy apenada y preocupada, un joven alumno, pretendiendo consolarme me dijo a modo de ejemplo de lo que era su cotidianeidad: "no se preocupe, Profesora: en todos lados siempre el gerente le grita al jefe y el jefe le grita al empleado". Esa frase, no sólo no me tranquilizó, sino que me dejó sin dormir y me marcó para siempre. Me di cuenta, con verdadero horror, que estaba instalándose o ya estaba instalada "la cultura del maltrato". Que el modelo hegemónico que se imponía era el del desprecio por el otro y el de la cadena de venganzas sucesivas y que esto estaba siendo aceptado con naturalidad por personas brillantes y estudiosas, que serían presidentes, ministros, profesores a la hora en que mis hijos ejercieran su ciudadanía. Y realmente sentí miedo. Sentí miedo de la paisajización del dolor, de la aceptación cómplice y silenciosa de las prácticas dañinas o ilegales, de la adscripción a modelos de éxito basados en la explotación y en la carencia de valores. Esa fue especialmente la confirmación del rumbo. Ya veníamos trabajando temas de empresas ultracompetitivas y sistemas sociales perversos, pero a partir de entonces nos dedicamos con mayor ahínco a distinguir todas aquellas cuestiones que pudieran actuar de profilaxis en una sanación anticipada y en una cura de lo que ya estaba enfermo o "enfermado". El objetivo, que repetimos permanentemente, tiene que ver con llamar a la reflexión, generando conciencia de lo que sucede, para que el que sufra situaciones de violencia pueda distinguirlas, prevenirlas, modificarlas o simplemente abandonar el lugar del sufrimiento. Y sobre todo para que quien tenga la oportunidad de dirigir o liderar, lo haga desde su sabiduría y a partir de valores universales de respeto por el otro, las leyes, la naturaleza.
Corriendo el riesgo de cometer errores conceptuales desde la perspectiva legal o científica específica, simplemente voy a repasar los temas de nuestro programa con los que trabajamos permanentemente mencionando cuando corresponda, a los que, por hacernos daño directo o indirecto, presente o futuro, llamamos VIOLENCIA en el ámbito laboral:
Lo hacemos para "delimitar el terreno" y poder comparar desde una perspectiva individual, qué está bien, qué está mal. Es decir: dentro de la ética, fuera de ella. Y desde una perspectiva social: qué hace daño, qué no. Dentro de la ley, fuera de la ley. Y qué pienso de lo que hacen y piensan los demás. ¿Acepto sin cuestionar? ¿Discuto aquello en lo que no creo?... ¿Cómo juega mi libertad con el deber que me dicta mi conciencia? ¿Cómo se cruza ley y moral? Porque "todos lo hacen", "hacerlo" ¿es bueno?...
Distinguimos las tramas perversas que se generan, no por única vez sino recurrentemente, instalándose en los vacíos legales y de tal modo que se hacen independientes de los nombres de los personajes, pues que aún cuando éstos cambiaran la trama persistiría. Es el caso del Jefe de compras que obliga al proveedor a entregarle una bonificación para seleccionarlo como abastecedor de sus productos. La tremenda violencia en este caso, es la sufrida por todos los que acompañan al actor, pues se resignan a su suerte y sienten que nada pueden hacer para salir de su situación. Obviamente, nosotros nos focalizamos en el análisis de la problemática y en la identificación de los mecanismos de destramado que liberan.
Una psiquiatra completa estos temas hablando de pánico y fobias laborales.
Y también les enseñamos sobre política, pero desde la versión griega: como una virtud, para que puedan conocer la nobleza de esa actividad que también hay que recuperar de manos de los que la usurpan para sus intereses particulares, generando violencia por las promesas incumplidas y la estafa moral.
Agrego a la lista: Es violencia: fijar objetivos inalcanzables, Es violencia tener que contar dinero
de la caja cuando el sueldo no alcanza.
1. Lo primero, tomar conciencia.
Sobre eso trabajamos fuerte y tenazmente. Como habrán escuchado, soy coordinadora de la Facultad de Ciencias Económicas en los Centros Universitarios de las Cárceles. Entro y salgo de ellas todas las semanas. Mi papel es placentero puesto que llevo alegría y libertad. Pero no quisiera quedarme detrás de los muros abriendo y cerrando candados. Yo agradezco que alguien quiera hacerlo por mí. Tal vez sea interesante comentarles que el Centro Universitario Devoto es de total autodisciplina. En un lugar extraordinariamente violento, como lo es la cárcel, pudo ser construido un espacio de paz en pos de un objetivo común. Todos los que en él o para él trabajamos, hemos encontrado la manera de acordar: el Servicio Penitenciario, el Ministerio de Justicia y la Universidad. Y por supuesto nuestros alumnos internos, que encuentran en ese lugar su espacio de realización y de esperanza, para volver a la sociedad con responsabilidad. Conciencia. Entendimiento. Apertura. Acuerdo. Convivencia. La sencillísima solución superadora, tiene que ver más con el desarrollo de la alteridad que ninguna otra cosa. Darse cuenta de que hay otro más allá de nuestros límites, con sus derechos y sus preferencias y sus necesidades. Los estudiantes que eligen nuestros cursos saben por qué lo hacen. Vienen buscando la posibilidad de recibir esta óptica diferente de la que van teniendo noticias. Yo diría que, valientemente, están dispuestos a dejar el formateo de toda una carrera y de toda una sociedad que privilegia otros modelos. Y a refundarse. Más libres. Más concientes. Toman un compromiso cuando así eligen. Y lo vemos a lo largo del tiempo. Vamos sabiendo de sus vidas y nos damos cuenta de que, si algo han podido hacer, lo han hecho. Y que han elegido en su mayoría, hacia el lado de la salud y de los valores. Nosotros solemos repetir que el acto de estudiar es un acto revolucionario. Porque echa por tierra diseños intencionales para una sociedad indiferente y mediocre, y construye otra mejor versión. Nosotros creemos que esa versión, todavía tiene posibilidades. De convivencia pacífica. De ética. De armonía. De prosperidad. De respeto. De Amor. Amor. Una buena palabra para cerrar una presentación que habla de la esperanza. MUCHAS GRACIAS.
Ing. Estela Camarotta * Ponencia presentada en el seminario "HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS", del Ministerio de Trabajo de Argentina. |
![]()
![]()