Alguien tiene un sentimiento de repulsión
, de aversión a alguien. En este caso, lo rechaza,
evita su contacto, alude a él negativamente.
Pero eso es una cosa; otra, el odio como
ingrediente básico de la existencia de alguien que
vive, por decirlo así, en el odio, que vive exclusivamente
para el odio. En este caso, el odio parece ahogar toda posibilidad
de objetividad sobre el odiado, y su deseo de destrucción
del mismo es tan poderoso que, si le fuera factible, lo
haría realidad.
El odio no debe confundirse con la envidia.
Mientras el envidiado, aun sin quererlo,
perturba anímicamente al envidioso por el hecho de
poseer un bien que el envidioso cree que le pertenecería
más bien a él, el odiado no tiene por qué
ser poseedor de un bien parecido. Si bien no hay envidia
sin odio, se puede odiar sin envidiar al que se odia.
El odio se suscita por el mal que se nos
hace, no, como en la envidia, por el bien, y sobre todo,
por la cualidad que el envidiado posee merced a la cual
le es posible obtener o haber obtenido ese bien. De todas
formas, no siempre es factible una delimitación nítida
entre envidia y odio. Pero, repito, el odio puede existir
sin que envidiemos a quien odiamos.
Lo que nos hace odioso un objeto es nuestro
odio hacia él , las connotaciones que nos inspira
. Sólo así se explica el hecho : un objeto
antes amado es bruscamente convertido en objeto odiado.
No debe soslayarse el hecho de que el amor
vincula con el objeto amado, pero el odio también,
y, como veremos, con el objeto odiado incluso más
poderosa y permanentemente que con el objeto amado.
Una persona que logra la destrucción
del objeto que odia puede alegrarse de su victoria y surgir
de esa relación pleno éxito: se ama y se exalta
por haber conseguido la destrucción del objeto.
¿Qué es el odio?
El odio es una relación virtual
con una persona y con la imagen de esa persona, a la que
se desea destruir, por uno mismo, por otros o por circunstancias
tales que deriven en la destrucción que se anhela.
El trabajo del odio consiste precisamente
en toda la serie de secuencias que van desde el deseo de
destrucción a la destrucción en forma de acciones
varias, desde la estrictamente material del objeto hasta
la de la imagen, lo que, usando la terminologia antigua,
sería la destrucción espiritual, pero que
en realidad es la de su imagen social.
A veces el odio no desaparece pese a haberse
hecho realidad la destrucción del objeto. El odio
a muerte, en realidad va más allá de la muerte.
(Estracto de "El Odio" de Carlos Castilla del
Pino y otros)