Jefes
narcicistas, empleados infelices
Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: Ejecutivo
al borde de un ataque de nervios.

Un psicólogo suizo afirma que en la clase directiva
alemana abundan las personalidades psicopáticas.
Rodeados de ególatras y déspotas, los empleados
no logran desarrollarse, y el éxito de las empresas
es sólo aparente.
El
estereotipo del jefe gritón y colérico es en
muchas empresas una imagen que pertenece al pasado. Ahora,
un nuevo tipo de personalidad lo ha remplazado y mira desde
hace unos años desde la cima del éxito: el narcisista.
Un
ser sumamente centrado en sí mismo, flexible, paranoico
e inmune al estrés, de una amabilidad a prueba de balas,
a quien le encanta cegar a los demás con supuestos
talentos, venderse de la forma más desvergonzada y
hacer gala de un desdén por quienes, a diferencia de
él, no llevan pegados sus talentos como un cartel en
la frente.

Buenos
para paliar fases críticas en las empresas, estos individuos,
sin embargo, no constituyen un pilar humano positivo para
ninguna organización, contemplando las consecuencias
de su carácter a largo plazo.
¿Está enferma la clase directiva?
Según
el Dr. Gerhard Dammann, médico y psicólogo de
43 años y Jefe de la Clínica Psiquiátrica
de Münsterlingen, Suiza, y autor del libro Narcicistas,
ególatras y psicópatas en puestos jerárquicos,
en alemán Narzissten, Egomanen, Psychopaten in der
Führungsetagen.
Fallbeispiele
und Lösungswege für ein wirksames Managment,
publicado por la editorial Hauptverlag de Berna en septiembre
de 2007 y aún no traducido al castellano, las empresas
están tomando este problema cada vez más en
serio.
Según
comenta a Der Spiegel, el tema no es nuevo, pero hoy
se habla más abiertamente, y también se ven
claramente las consecuencias de las decisiones tomadas al
seleccionar personal. Durante el pasado reciente se favoreció
a personas que deslumbran a simple vista, especialmente en
el sector empresario.
El
narcisismo es, según el Dr. Dammann, la neurosis
de esta época, como lo fue la histeria en tiempos de
Sigmund Freud. Por ello, muchas empresas buscaron en
los últimos años personas que, viniendo de fuera,
actuaran a modo de salvadores o mesías.
Tendencia
que, por supuesto, pronto acabó, ya que estaba claro
que la salvación viene desde dentro mismo
de la empresa, es decir, desde quienes trabajan en ella.
DW-WORLD
conversó Gerhard Dammann.

DW-WORLD:
Ante el supuesto de que, para ejercer exitosamente cargos
directivos hacen falta, ante todo, inteligencia emocional,
capacidad para ponerse en el lugar del otro y talento en el
área transpersonal, ¿cómo se explica
Ud. que las personalidades narcisistas sean más exitosas
que otras en los puestos directivos?
Gerhard
Dammann: No siempre los gerentes con características
narcisistas son los más exitosos. En determinados contextos,
por ejemplo, en épocas de crisis empresarial, es cuando
las aparentes ventajas que aporta un carácter
narcisista (valentía, imposición de la voluntad
y concreción de objetivos) se vuelven significativas.
En mi libro explico que se trata más que nada de un
proceso de selección. Esto quiere decir que las personas
con características narcisistas más acentuadas
son las que, siguiendo su impulso y obsesión por ser
aceptadas y admiradas, son aquellas que avanzan en su carrera.
¿Existe
la posibilidad de realizar tests de personalidad estrictos
y eficientes antes de contratar a un directivo?
Sí,
existe. Dichos tests se hacen en los llamados assessments
center, o centros de evaluación o selección
de personal. Sin embargo, apelo en mi libro a que, además
de las pruebas tradicionales para valorar el potencial de
recursos y rendimiento se tomen en cuenta las diversas patologías
en la personalidad del individuo, cosa que hoy en día
casi no se hace.
¿No
son las consecuencias de un estilo gerencial patológico
diversas y, en su mayoría, a largo plazo, devastadoras
para una empresa, considerando, por ejemplo, el mobbing y
la desmotivación de los empleados, además de
los costos sanitarios que éstas implican?
Especialmente
en las formas más exacerbadas de narcisismo, llamado
también narcisismo maligno o destructivo, es tal cual
usted lo plantea. En estos casos la toma de decisiones y los
errores gerenciales de un solo alto cargo directivo pueden
tener consecuencias devastadoras para toda la compañía.
Justamente
en la cambiante realidad laboral actual podría pensarse
que tanto medianas como grandes empresas necesitan personas
que posean una visión más holística,
tal vez más humana, de su profesión. ¿Por
qué aún se discrimina y no se promueve a aquellos
empleados que demuestran tener cualidades humanas? ¿Por
qué no se los toma en serio en la carrera empresarial?
¿Hay que comprobar que se es intrigante
o lo suficientemente pérfido para hacer carrera?
Se
trata de un tema muy amplio. Claro está que un jefe
debe poder tomar decisiones a veces desagradables pero económicamente
necesarias y abogar por ellas hasta concretarlas. Pero es
correcto que cualidades de tipo femenino, que,
por supuesto, también los hombres poseen, como talento
para trabajar en equipo o dotes de comunicación, aún
son desacreditadas como debilidades de managment.
Sin embargo, hay que apuntar que esto está en pleno
proceso de cambio. Y, además, la responsabilidad no
está sólo en los jefes, sino que muchos empleados
necesitan un estilo estricto y paternalista de mando, y así
contribuyen incentivando tal estilo en la cadena de decisiones.
Si bien el estilo narcisista tiene que ver con una sociedad
o estilo de trabajo masculinos, son en parte también
las mujeres quienes copian este modelo de dirección
en lugar de contribuir a una modificación paulatina.
¿Qué
piensa que se puede hacer para mejorar el mundo laboral?
En
el proceso de contratación de personal se deberían
crear comités de selección que vigilen posibles
problemas de personalidad. El aspecto de la Corporate Governance,
que sienta normas éticas y legales en una empresa,
se debería fortalecer. El coaching no tendría
que ser únicamente una reflexión sobre sí
mismo, y esto requiere valor de parte del entrenador que la
empresa contrate. Después de todo, a los directivos
se les exige reflexionar cada vez más acerca de su
estilo de direccion. ¿Dónde están mi
lado fuerte y mi debilidad? Para esto es necesario fomentar
una cultura de la crítica constructiva. Pero esto,
lamentablemente, está aún lejos de ser una realidad.
Gerahrd
Damman es Médico en Jefe de la Clínica Psiquiátrica
de Münsterlingen, Suiza.
http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,2814194,00.html
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