LA DIRECCIÓN DE UNA EMPRESA VERSUS TERRORISMO EMPRESARIAL

ANTONIO VIÑUELA


Dirigir no puede ser otra cosa que liberar talento humano para ponerlo al servicio de una causa noble. Un proceso que requiere tacto, sensibilidad y firmeza.

Un buen directivo como mínimo deberá tener las siguientes características:

1. Alto nivel de formación y conocimiento empresarial en todas sus áreas: marketing, comercial, innovación, productividad, recursos físicos y financieros, rentabilidad y beneficios, RRHH y crecimiento directivo, Responsabilidad Social.
2. Sólida formación directiva.
3. Dirigir y trabajar por objetivos dentro de una organización impregnada de valores.
4. Dirección estratégica.
5. -Trabajar con planificación
6. Capacidad de liderazgo, motivación al logro, iniciativa, empatía, confianza en uno mismo y capacidad para estimular el desarrollo a los demás.
7 Desarrollar una cultura organizativa y delegar en personas competentes.
8 Integridad y ética.- ser honesto para practicar una ética integral y que su conducta sirva de ejemplo.
9. La responsabilidad social
10. La objetividad
11. El rigor y capacidad de toma de decisiones
12. La libertad crítica y la pluralidad de pensamiento, entre otros
13. Respetar y considerar a cada una de las piezas que forman parte de la organización


Analizándome punto por punto a mi mismo he llegado a la siguiente conclusión que quiero compartir con todos vosotros:

1.- No tengo ni idea de nada. Soy un inspector ascendido y hombre de confianza de los italianos. De hecho presumo de "haberme hecho a mí mismo".


2.- No tengo ninguna formación directiva, post grado ni superior que me capacite para dirigir una empresa, ni siquiera me he interesado por formarme ni por aprender a ser un buen directivo.

3.- No sé que es trabajar por objetivos. No sé donde está el norte. A mí me ha ido bien con el "palo", funciono por impulsos y según me dé. Los valores de mi organización se resumen en tres palabras: "les tengo acojonados".

4.- Hablo constantemente de estrategia pero no sé ni lo que es y menos cómo ponerla en marcha. Es más, si existiese, yo no la necesito.

5.- La planificación es una palabra que no forma parte de mi vida. Si alquien planifica algo, me da exactamente igual, me lo salto a la torera cuando me place. Funciono a impulsos, hoy digo A y mañana digo B.


6.- ¿¿Liderazgo?? Se me teme, no se me respeta por ser un líder verdadero. No establezco sinergias ni hago que las personas se sientan parte de la empresa, ni que trabajen contentas con un objetivo común ni con satisfacción personal y profesional. Siembro la duda, la ambigüedad, la inestabilidad, falsas esperanzas. Me rodeo de espías para que me mantengan informado, sembrando de esta manera miedo y frustración. Además, odio delegar. Por eso centralizo todo en mí y me rodeo de fieles esbirros filibusteros adictos a su empobrecida pero segura nómina.

7.- ¿Capacidad organizativa?.- Centralizo mi poder y organizo a mi manera, poniendo esbirros y equipos de espionaje como pilares fundamentales de mi organigrama. Me preocupa poco que sean competentes, lo que me importa es que sean obedientes. Estoy muy orgulloso en este sentido de mis dos directores generales: Adolfo Fernández y José Ramón López. El primero, además de sumiso, es un incapaz como director general, pero para eso le he nombrado. El segundo, ex empleadillo de Arthur Andersen, incapacitado para dirigir equipos, pero es mi más fiel filibustero. Todavía Adolfo, más astuto por tener más años, no se cree nada de esta empresa, aunque sigue pegado a su sillón, sabiendo que tarde o temprano acabará como el resto de sus ex .... José Ramón, sin embargo es algo más confiado y cree que llegará muy arriba en esta empresa. Hombre! a lo mejor tiene suerte, porque ya se sabe que en XXXX no llega arriba el que más vale. (¡Me ha salido una rima!).

8.- En cuanto a la integridad y honestidad, tengo que decir que sé perfectamente que no sólo no está bien dar un cargo de responsabilidad a quien no lo merece por capacidad, formación, concimiento, etc., si no a alguien que además es mi novia. Efectivamente, Pilar es una buena chica, pero sólo eso. No tiene siquiera formación universitaria, no habla idiomas, ni tiene capacidad para ocupar el puesto que le he dado. Pero me tenéis que entender humanamente, he pasado de los 60 y me he enamorado de una mujer joven que me corresponde. Es mi último cartucho. Pilar además me sirve de controladora, ya que la envío a todas las reuniones para que me tenga informado sobre cualquier aspecto. Intento ser objetivo, pero la verdad es que su opinión me ha llevado a tomar muchas decisiones viscerales carentes de toda objetividad. Entre Pilar y yo tenemos controlada la empresa mediante la técnica del acojone permanente.

9.- La responsabilidad social ni me la planteo. Amenazo constamente a la gente, la despido si me place, sin tener en cuenta su situación familiar, personal... etc. Ya lo dije, lo que me importa es que sean obidientes antes de que sean capaces y eficaces.

10.- La objetividad.- Tampoco me preocupa, soy demasiado mayor para cambiar. Decido por impulsos y por comentarios de mis esbirros. No contrasto las cosas.

11.- ¿El rigor?.- No tengo ni palabra ni rigor. Cambio de opinión constantemente y me desdigo si hace falta.

12.- NO acepto crítica constructiva ni la pluralidad de pensamiento. Mi doctrina es única: o conmigo o contra mí. Mis esbirros lo saben muy bien.

13.- El respeto y la consideración hacia los demás son frases hechas que suelo promulgar para que queden políticamente correctas, pero me importan un cuerno. De hecho critico a cualquier persona, esté presente o no, y la menosprecio públicamente porque esto me llena de orgullo y me siento más directivo que nunca. Nadie puede confiar. Un día está dentro de mi círculo de "preferidos" y mañana le he mandado a freir gárgaras.


Tras analizar los 13 puntos me doy cuenta de que no cumplo ni una sola de las premisas necesarias para ser un buen directivo.

Esta situación sería insostenible en una compañía seria que funcione con criterios empresariales, pero afortunadamente, estamos en XXXX, ¡menos mal!!

 

Fase Empresa

Acoso Moral