"La lenta y silenciosa alternativa al despido"
Cruz Blanco, El Pais, 13 de abril 2001
750.000
empleados son víctimas en España del 'acoso
moral' en el trabajo, una estrategia intimidatoria muy extendida
en la Administración pública.
El
acoso moral en el trabajo es especialmente frecuente en la
Administración pública.
Luz llevaba diez años trabajando como secretaria de
alta dirección. Entonces hubo un cambio de jefa, y
la nueva fue relegándola poco a poco de sus funciones.
En paralelo, las compañeras comenzaron a eludirla en
las conversaciones y a las horas de comer. En un clima de
desdén, no faltaron los apodos que aludían incluso
a su defecto físico al andar. A los cuatro meses, Luz
se había quedado sin ocupaciones y había perdido
la comunicación con su entorno. Nunca obtuvo explicaciones
por parte de su jefa. Por el contrario, fue recriminada como
culpable de su extraña actitud.
Con
síntomas de abatimiento, insomnio, pérdida de
memoria y accesos de llanto incontrolados, Luz recurrió
a un psicólogo. Fue diagnosticada de estrés
postraumático (propio de las personas que han vivido
una gran catástrofe, violación o graves accidentes)
y dada de baja. A los nueve meses consiguió un despido
improcedente visto que su puesto había sido ocupado
por otra.
Hoy,
tres años después, Luz no se ha recuperado y
dice sentirse incapaz de trabajar como secretaria. Tiene 37
años. Luz es una víctima de lo que se ha dado
en llamar 'acoso moral en el trabajo'. Los británicos
lo denominan mobbing (algo así como 'acoso colectivo')
y los norteamericanos bullying (intimidación). También
hay quien lo llama psicoterror.
El
fenómeno no es ninguna rareza: 13 millones de trabajadores
de Finlandia, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Bélgica,
Portugal, Italia y España han sido víctimas
de él en el último año, según
la Tercera encuesta europea sobre condiciones de trabajo 2000,
publicada por la Organización Internacional del Trabajo
(OIT). La cifra corresponde a una media del 9% de los asalariados
en los países consultados y supone un millón
más que en la misma encuesta de 1995.
En
España, el mobbing afecta a 750.000 trabajadores (un
5% de los asalarados), según una encuesta de la Fundación
Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo,
basada en 21.500 entrevistas.
El
fenómeno comenzó a estudiarse a principios de
los ochenta por el psicólogo alemán afincado
en Suecia Heinz Leymann, fallecido en 1999.
La
táctica, propia de los países ricos, consiste
en ir desgastando psicológicamente al empleado hasta
conseguir que se autoexcluya. Se trata de una técnica
de intimidación propia de empresas que no quieren o
no pueden proceder al despido (la Administración pública
tiene el mayor número de casos) por la cual el hostigador
utiliza su cargo superior para ir arrinconando y aislando
al trabajador elegido hasta acabar por inutilizarlo, después
de un lento proceso de desgaste del que, a diferencia del
acoso sexual o la violencia física, no quedan huellas
aparentes.
La
víctima, que según los psicólogos queda
sumida en la confusión porque se ve como culpable o
responsable -'Algo hago mal, no sirvo para nada...'- va deteriorándose
profesional y psicológicamente hasta perder su capacidad
de autoestima: primer paso para caer, en algunos casos y cuando
la situación se prolonga por encima de los seis meses,
en la depresión, enfermedades psicosomáticas
(úlceras de duodeno, crisis cardiacas, algunos psicólogos
hablan hasta de determinados tipos de cáncer relacionados
con el estrés mantenido), el insomnio, el alcoholismo
e incluso el suicidio.
Iñaki
Piñuel, psicólogo del trabajo en la Universidad
de Alcalá de Henares (Madrid) y autor del libro Mobbing:
cómo sobrevivir al psicoterror laboral (editorial Sal
Terrae), que verá la luz en estos días, apunta
que, en España, es un fenómeno 'tan extendido
como poco conocido' y destaca que lo más importante
es que el afectado se conciencie de su papel de víctima
y recupere la autoestima.
Autoestima
que no ha recuperado Manuel, ingeniero de telecomunicaciones
de 29 años. Pasó de ser un brillante responsable
de proyectos de desarrollo a trabajar durante 18 y 20 horas
al día para poder cumplir con complicados proyectos
con plazos imposibles para los que no le asignaban recursos
humanos y a los que después no se les daba salida.
Tuvo
que soportar motes -'pitagorín, Einstein...'- y mofas
de sus compañeros en las reuniones. Pasaron los días
y Manuel empezó a acercarse al alcohol, rechazado por
su novia, harta de no verle. El médico le diagnosticó
estrés, insomnio y ansiedad. Manuel acabó siendo
relevado de los proyectos a raíz de los rumores de
sus compañeros que afirmaban que se iba a ir a otra
compañía con información robada.
Cuando
Manuel consiguió cambiar de empresa, su antiguo jefe
se puso en contacto con la nueva y le acusó de robo
de planos. Manuel no superó el periodo de prueba y
fue despedido. Cuatro años después, sigue sin
trabajo aquejado de un síndrome de fatiga crónica
que le impide cualquier actividad laboral.
La
mayoría de los acosados callan por miedo a ser sojuzgados
por los compañeros y a que llegue su palabra a oídos
de sus superiores, comenta la psiquiatra francesa Marie France
Hirigoyen en la segunda parte de su libro El acoso moral.
El maltrato patológico en la vida cotidiana (Paidós).
Hirigoyen,
que subraya que el fenómeno se da principalmente en
centros mal organizados, aconseja todo lo contrario: 'Buscar
ayuda en el seno de la empresa', bien acudiendo al médico
de la misma, bien al comité de trabajadores.
Heinz
Leymann sugiere que lo mejor es cambiar de empresa. 'En las
sociedades altamente industrializadas de Occidente', dice
Leymann, 'el lugar de trabajo es el único campo de
batalla que queda donde la gente puede matar a otro sin correr
el riesgo de enfrentarse a los tribunales'.
El
catedrático de psicología de la Universidad
Complutense José María Prieto previene para
que no se caiga en 'el victimismo'. Experto en programas de
optimización de recursos humanos, Prieto sabe cómo
evitar el mobbing dentro de las empresas, aunque la mayoría
de ellas no reconocen que el fenómeno se produzca en
la propia.
Prieto
identifica los casos de mobbing y los divide en dos, los recuperables
y los que precisan tratamiento psicológico. Los primeros
suelen tener posibilidades de cambio de departamento con la
colaboración de 'un padrino potencial' y suelen aceptar
el cambio; los segundos, poco numerosos, o no los quiere nadie
o no están dispuestos a moverse de su puesto habitual.
Fuente: El País 13 Abril 2001
Extraído de: http://www.mobbing.nu/elpais13abril2001.htm
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